El significado social del fantasma.

 

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El fantasma es una entidad vinculada popularmente a lo sobrenatural, a la vida después de la muerte y a las fuerzas del mal. Aunque no existen pruebas concretas sobre su presencia en el mundo físico, los seres humanos desean creer que hay algo más en la realidad circundante que todavía desconocemos; una certidumbre de que la vida no es nada más el mundo material que nos rodea. Para muchos, el fantasma no es ni siquiera de este mundo sino que es una entidad maléfica que atormenta a los vivos por placer como recordánles la transitoriedad de la vida humana en la Tierra o también la prueba de que tenemos un alma y que esta al morir, se libera del cuerpo.

Sin embargo, los diversos relatos sobre fantasmas han dado una imagen negativa de ellos los muestran como entes agresivos, de emociones bajas y con un fuerte complejo de territorialidad que les hace creer que los vivos son un peligro, mientras en su fuero interno viven acongojados por no encontrar su camino “hacia el otro mundo”. Pareciera que ellos no tuvieran pasado, sino un perpetuo presente del que no se pueden liberar, a menos que les muestren el camino pero ¿a donde conduce ese camino? Eso es algo que solo los fantasmas saben, por eso algunos tienen tanto interés en comprobar la existencia de mundos que convergen con el nuestro como evidencia de que la muerte no es tan terrible como creemos.

Pero el fantasma, así como tiene que lidiar con encontrar el camino “hacia el otro mundo”, también debe enfrentar la indiferencia de los vivos, de aquellos que no creen que existan, o que están tan concentrados en el mundo material que les resulta inconcebible que sea real; en este aspecto el fantasma actúa como una metáfora, sobre como la indiferencia social de las grandes urbes y de sociedades corrompidas termina por invisibilizar a los individuos.

Esa invisibilidad es un terrible peligro porque nos volvemos distantes de nuestros semejantes y las relaciones humanas se vuelven una monotonía, un tedio del que para escapar se recurre a artificios dañinos. El fantasma aparece en ocasiones para advertirnos de las consecuencias de no resolver situaciones pasadas que preferimos olvidar, aquellos asuntos pendientes que en su momento creímos superados pero que en realidad solo postergamos porque no nos sentimos en capacidad de solucionarlos. Por eso él aparece como un aviso que nos invita a enfrentar dichos asuntos antes de que dañe nuestro presente; dichos asuntos son comunes y humanos empero tienen onda resonancia en nuestras vidas.

Generalmente el fantasma tiene una imagen tenebrosa, triste y maligna, a veces se le ve aliado con seres destructivos que representan una amenaza para los seres humanos convirtiéndose en su sirviente o como catalizador para aumentar su poder gracias al aporte de su energía vital. Otras veces se le atribuye una imagen vengativa, como el azote de aquellos que obran mal o tienen culpas que no saben manejar, dedicándose a perseguirlos hasta enloquecerlos incluso ajusticiarlos para que “paguen penitencia” vagando como seres desencarnados en el mundo de los vivos o siendo enviados a mundos infernales.

Este ente representa el temor a la muerte pero, en la circunstancia donde el alma no descansa en paz quedando errante en el mundo físico sin poder reunirse con Dios, sin lograr resolver sus asuntos pendientes ni lograr comunicarse con quienes aprecia porque estos ignoran que todavía esta atrapado en el mundo físico.

Sin poder lograr resolver su situación, el alma se convierte en una entidad triste, ajena y perdida que queda atrapada en un ciclo donde se mezcla la realidad física -el presente- con los recuerdos del pasado para terminar siendo un fantasma.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El monstruo como azote de la humanidad.

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Los monstruos suelen ser vistos como peligrosos-PFMS-StartPage Images

La imagen más frecuente que se tiene de un monstruo es de un ser destructivo que amenaza la vida humana. Aunque los seres humanos pueden mostrarse indefensos e impotentes ante el empuje de esta criatura, estos no tienen otra opción que enfrentarla para poder sobrevivir; en ese el ingenio humano se impone ante la intimidante figura del monstruo hasta someterlo. Nunca claro porque esta criatura se ensaña tanto con los seres humanos y aunque se introduce motivaciones razonables o demasiado fantasiosas para justificar su conducta sigue siendo un misterio el porqué de su acoso.

El monstruo parece tener alguna fascinación extraña con el ser humano, como si en él existiera algo atractivo que le impide resistirse a irrumpir en su existencia y trastocar toda sus creencias, pero de forma destructiva; llega destrozando su obra (sus ciudades, rutinas, relaciones…), la seguridad que le brinda la sociedad y poniendo en duda su conocimiento de la realidad. Más que matar al ser humano trata de reafirmarse en su mundo, trata de cuestionar sus conceptos exponiendo su fragilidad porque la humanidad no sabe como lidiar contra algo que escapa de su entendimiento, empujándola a la supervivencia, la cual revela lo mejor y lo peor de si misma.

En las intenciones de cada monstruo pareciera que no existiera nada civilizado, solo irracionalidad y un irrefrenable impulso por destruir, o una eficiente capacidad de camuflarse en la monotonía de la cotidianidad para sorprender al ser humano. Quizá su mayor placer es obligarlo a que se haga consciente de una realidad distinta que linda entre la locura y lo fantástico como si considerara un juego el atormentarlo.

Para el ser humano un monstruo es una confirmación de que su parte maléfica no es exclusivo de él, existen criaturas que también están regidas por el bien y el mal aunque por conveniencia solo ve la parte maligna de ellas. Son pocas las ocasiones en donde el monstruo muestra su parte benigna y logra tocar la humanidad de las personas, confirmando que si una criatura es “peligrosa” para otros no es nada más por su decisión sino también por como lo miran los demás seres, porque el miedo a lo que no conocemos o a lo que no es común nos incapacita actuar equilibradamente. Esta tan arraigado el orden y la rutina, que nadie sabe como actuar ante algo que no se comprende en el momento.

La humanidad hasta parece tener una interpretación masoquista del monstruo, porque es más frecuente aceptar una imagen negativa de él, siempre le atribuye una función destructiva, de ser enemigo de su obra o de considerar molesta su presencia, sintiéndose con derecho de aniquilarla resaltándose que debido a su presencia la humanidad se ha estancado, ha perdido su papel protagónico en la Tierra y ha tenido que enfrentar la nada cómoda situación de ver su mundo -el orden social- derrumbarse. Contradictoriamente parte de la humanidad considera al monstruo como un castigo merecido porque cree que esta perdida y degenerada, el hombre arruinó la tarea de elevarse a si mismo construyendo una sociedad insostenible y amoral que debe ser aniquilada para que “despierte”.

Esa sensación de verse rodeado de un entorno social asfixiante, que sucumbe a la monotonía y las contradicciones e incapacita para actuar termina por convencerla de que es cómplice de un sistema miserable el cual no puede seguir existiendo; por ello, invoca inconscientemente a un monstruo como una forma de autocastigo y medio de falsa liberación ante la impotencia que carcome la bondad humana, esa incapacidad de comprender un mundo que no se parece a los valores que le han inculcado.

Los individuos interpretan que los valores languidecen frente a los intereses creados volviéndolos crueles y deseando una voluntad superior, -casi divina- que destroce lo que creen es la causa de todas las flaquezas humanas -la sociedad imperante- porque no consideran que la humanidad pueda reivindicarse, reaccionar a tiempo para reconciliarse consigo misma o lograr sinceramente acordar un gran proyecto de progreso común. Más bien, existe un convencimiento pleno de que un apocalipsis deseable será la única medida para detener lo que consideran un proceso irreversible de degeneración social.

El monstruo aparece invocado por esta necesidad psicológica de autocastigo creando un vínculo muy personal con el ser humano, porque el puede percibir dimensiones supramentales que le revelan el interior de cada uno, facultad que no esta evidente pero se infiere por la facilidad con que puede rastrear a sus víctimas. Empero el monstruo también representa no solo los temores arraigados del ser humano sino aquello que el mundo moderno es incapaz de aceptar: la bestialidad, un comportamiento que no conoce límites, no es capaz de negociar y se regocija del horror más obsceno, una forma de conducirse en la vida que parece no amilanarse ante cualquier medida represiva.

La bestialidad ha sido algo característico en la humanidad, la protagonista de episodios trágicos en la historia pero que nadie termina por reconocer que existe porque estamos tan absortos en que el pensamiento puede explicar todo que cuando nos sentimos incapaces de resolver un enigma de nuestros más bajos comportamientos, preferimos callar y negar su existencia; nuestra falta de referentes o pistas para resolver esta parte de nuestra conducta es algo que todo monstruo aprovecha para aventajar al ser humano reduciéndolo a ser una criatura indefensa, que pierde la fe en si mismo y puede ser sometida fácilmente.

Por ello la única forma de derrotar a un monstruo no es nada más enfrentándolo, sino evitando convertirse en uno si no se deja abierta la posibilidad de que otro venga a atormentar al ser humano dado que el monstruo puede percibir la bestialidad inherente de cada uno.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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Análisis de un Vigilante.

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El Vigilante surge de la descomposición social-PFMS-Start Page Images.

El Vigilante nace del desgaste social. La decepción profunda que tiene la ciudadanía hacia su entorno, le hace desear un individuo que le devuelva sentido a la existencia dentro de la urbe porque la vida en ella se ha tornado insoportable. La falta de justicia, la apatía de los ciudadanos de obrar bien y la excesiva acumulación de Poder en manos de unos pocos, terminan por socavar los cimientos de la sociedad y facilitar el ascenso de un Vigilante, quien regido por su propio concepto de justicia y métodos cuestionables pretende imponerla. No es un individuo fácil de reconocer porque parece una persona cualquiera, con las mismas preocupaciones e intereses de los demás y sumido en la misma impotencia de sentirse disgustado viendo como la corrupción se adueña de su entorno, sin que la autoridad pueda detenerla ni los hombres de bien exponerla.

Se atribuye el papel de ser el representante del interés colectivo, imponiendo una justicia en la que no importa los medios ni métodos para lograrlo, sembrado el terror entre los infractores y debilitando la influencia de quienes abusan del Poder. Sus acciones son temerarias y directas, pueden ser desastrosas para las autoridades quienes quedan en ridículo ante su osadía, mientras la ciudadanía apoya sus actuaciones, porque ha sido el único capaz de “hacer lo que todos quieren pero no se atreven”; a la interpretación de la ciudadanía ha logrado librarse de la impotencia y tomado acciones realmente contundentes contra el mal.

Es un individuo insatisfecho con su existencia, consciente de las debilidades que asechan en su entorno pero incapaz de mejorarlo con formas menos drásticas, prefiere enfrentar con sus propios medios a quienes considera enemigos de la paz social y desprenderse del temor a ser condenado por las leyes en las que no cree por resultar -a su juicio- ineficaces, ya que ante ellas siempre habrá desigualdad, serán los poderosos y pícaros los únicos que nadie se atreverá a tocar.

Amparado en esa interpretación de la realidad actúa al margen de la ley, siendo brutal e implacable, no importándole que tampoco mejorará la situación, porque si bien siembra el terror entre los individuos corrompidos, también aviva su resentimiento y deseo de hacer el mal; algo que olvida el Vigilante es que quienes delinquen lo hacen para satisfacer una necesidad personal y harán lo que sea para defender esta postura ante cualquiera, aun cuando sucumban ante el terror impuesto por el Vigilante, nunca olvidará “esa afrenta”; no porque haya tenido un momento de debilidad en donde se da cuenta que su poder y maldad no es capaz de corromperlo o destruirlo significa que acepte la derrota y se regenere, más bien le aviva el deseo de vengarse.

A pesar de ello el Vigilante trata de mantenerse en el imaginario colectivo como un símbolo de justicia, bastante peculiar porque se trata de una visión que invita al ciudadano a tomarse la justicia por sus propias manos si nota que las autoridades y los hombres de bien no son capaces de hacerle frente al mal, a librarse de la impotencia que sume al ciudadano que quiere que prevalezca el bien, pero no desea violar la ley. A su juicio la ley sirve de poco si ésta no logra ser cumplida, no tiene la influencia que invita al ciudadano a respetarla aunque sea tentado a violarla e interpreta a las autoridades como incompetentes para enfrentar al mal.

Los ciudadanos depositan su fe en él porque sienten que logran recuperar el sentido de hacer el bien aunque toleren que sus acciones sean opuestas y contrarias al orden, es un anarquista que se burla de la autoridad, pero sin aspirar a una utopía social sino moral que consiste en una lucha implacable contra el mal, a pesar de que se tenga que romper las leyes que tratan de garantizar la equidad dentro de la comunidad, incluyendo el derecho que tiene cada uno de defenderse ante un tribunal legítimamente constituido con la aprobación de los ciudadanos.

Para un Vigilante no existe un límite entre respetar la ley o romperla porque no se rige por ella sino por su propio “código moral”, que varía según su concepto de justicia, reduce la realidad a un maniqueísmo que impone “el bien más absoluto” o la aplicación de un severo castigo directo y sin derecho a defensa, a menos que el infractor se arrepienta sinceramente de sus actos o colabore con él revelando información de su interés. El bien debe prevalecer a como de lugar, incluso si es necesario usar el miedo y la violencia como medio para obligar a todos a practicarlo. El terrorismo psicológico es su arma más efectiva porque sugestiona a todos los ciudadanos de que él está en todas partes, conoce tus debilidades y crímenes así que mejor abstente de hacer el mal porque sino vendrá por ti.

Sus acciones a la larga terminan por paralizar a los ciudadanos quienes practicaran el bien por miedo, no porque les nazca un deseo profundo de no perjudicar a sus semejantes, hasta podría avivar otras formas de delinquir motivadas por ese sentimiento, ya que nadie querrá estar frente al Vigilante si éste se entera de que alguien cometió un delito. La autoridad queda inutilizada porque los ciudadanos no la sentirán necesaria, el Vigilante luce más eficaz porque “puede entrar a donde ella no puede” obligándola a considerar dos posibilidades: si persigue al Vigilante tendría que ser más implacable que él para demostrar ante la opinión pública que si es eficaz o tolerarlo y hasta hacer una alianza de conveniencia para luchar contra amenazas comunes.

La sociedad regida por la influencia del Vigilante no es libre ni justa, vive extorsionada con la idea de que si no hay alguien extraordinario que le diga cómo hacer el bien entonces nadie hará nada, se estanca en el mesianismo que inspira su figura y vive dependiendo de que no hay maneras legales de sancionar a los infractores, sino que debe recurrirse a alguien más severo para castigarles más aun si éstos tienen mucho poder. El que use el miedo para obligar a los demás a hacer el bien, es una forma también de coartar su libertad porque ser libre implica poder decidir sin temor alguno.

Al carecer de libre albedrío la sociedad será esclava del concepto del bien que tiene el Vigilante, jamás podrá tener un definición propia, será una comunidad sin identidad ni capacidad para actuar sin depender de su figura.

Ha divinizado a un individuo que sin su presencia todo se derrumbará. Ha engrandecido a un individuo retorcido y no han buscado una forma de hacer el bien como valor humano.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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Análisis de la mentalidad conspiranoica

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La interpretación conspiranoica cree que la realidad cotidiana es una manipulación-PFMS-Start Page.

En la vida moderna suele crearse historias a partir de sucesos reales en donde muchas cosas no quedan aclaradas; hay misterios cuyas respuestas no existen o no se consideran comprensibles para el público, optándose por el silencio. La opacidad gubernamental ha mermado la confianza de la ciudadanía y afectado al resto de las instituciones, lo que lleva a algunos individuos a buscar nuevas creencias al margen del sistema social, como guía ante el desgaste que sufren las creencias aceptadas, es en esta etapa donde la mente de estas personas son susceptibles a aceptar ideas fantásticas que revelan una “verdad oculta”, que “explica” las causas de la inestabilidad presente en el mundo.

Esta “revelación” muestra que el mundo no es lo que parece, unos pocos son el “poder real” y que todo lo que creemos es falso. Quienes manejan dicho poder son los auténticos culpables del envilecimiento de la humanidad, viven al margen de la ley y están muy bien protegidos. La humanidad es esclava de estos personajes y todo la sociedad que nos rodea no es más que una medida de control diseñada para mantenernos ignorantes, los acontecimientos mundiales no suceden por explicaciones razonables, sino por obra de esa élite críptica quienes deciden provocarlos; paralelamente existen también grupos opuestos que “han despertado del letargo” impuesto y se atribuyen el papel de “libertadores de la humanidad”, siendo la contrainformación su principal herramienta para exponer a ese poder oculto.

La realidad así tratada nos muestra un submundo de bajas pasiones donde todo vale para perjudicar a los demás, obtener el poder, imponer un punto de vista y mantener una estructura mundial injusta. La humanidad no es dueña de su propio destino, sino que oscuros mecanismos y conspiradores tratan de mantenerla sometida siendo las instituciones gubernamentales, los medios de comunicación, los grupos de presión conocidos e incluso los partidos políticos marionetas de voluntades maléficas.

Una acción de masas que los detenga no es factible, porque estarían manipuladas y responderían a la influencia de esas voluntades siniestras; siendo imposible conquistar una libertad auténtica que garantice un mundo realmente justo, así se justifica una posición nihilista hacia todo. Este nihilismo duda de todo, desconfía de cualquier explicación oficial y siempre está en constante conflicto con el entorno, prefiere mantenerse en una suerte de clandestinidad social que evita exponerse ante opiniones que considera sesgadas y aprobar aquellas que cuestionen a los grupos de poder más influyentes. La mentalidad conspiranoica no cree que las causas de los problemas de la sociedad sean fruto de sus hábitos, mentalidades y creencias erróneas arraigadas en la colectividad, sino que han sido deliberadamente introducidos por agentes externos para obtener un beneficio.

Es evidente que el mayor problema de la modernidad está, en que creer cuándo la mutabilidad de nuestros pensamientos es cada vez más acelerado ante la vorágine de información y la rapidez con que se desgasta los conceptos que se consideraban inmutables; las contradicciones evidentes y el desencanto generalizado hacia una cultura considerada empobrecida por unos influencia mediática impaciente, sedienta de nuevas audiencias a quienes entretener hace dudar sobre la objetividad con que se difunden las informaciones. Contrastar con puntos de vista menos apasionados en la actualidad no es responsabilidad exclusiva de profesionales, sino que se comparte con el público que debería ser más cauto pero que tiende a la reactividad e inmediatez.

Para ciertas personas, ambas actitudes demuestran que el ser humano está perdido, no tiene rumbo y es fácil de manipular, como si ellos mismos no fueran vulnerables a ello aunque como lo notan piensan que son superiores, sin darse cuenta que todo es causa de un fuerte descontento ante lo externo; ese rechazo hacia seguir las tendencias y la falta de una explicación más simple que defina las causas de todos los comportamientos irracionales humanos posibilita el aceptar supuestas “verdades ocultas”.

Tales verdades repiten el manido discurso de culpar a algo externo, a atribuirle ser la causa de todos los males de la humanidad e invitan a rebelarse contra ello, nunca admiten que los males de la humanidad responden a motivaciones más complejas y depende de la suma de voluntades individuales, así como de lo difuso que puede resultar la naturaleza humana. El deseo de llenar ese vacío, ese espacio que impide encontrar conclusiones más sólidas sobre las contradicciones del funcionamiento del mundo actual, desespera a almas que no saben cuál lugar ocupan en el mundo, cuando sienten que no forman parte de él, que prefieren mantenerse al margen de pasiones que ya carecen de sentido y lucen desgastadas, mentes que muestran signos de hastío ante la unidimensionalidad de puntos de vistas repetitivos y a su juicio alienantes.

Son individualidades que se aventuran a explorar otras posibilidades, pero comenten el error de pensar que todavía es necesario una nueva confrontación -esta vez silenciosa- entre individuos “despiertos” contra una casta de tiranos crípticos quienes “programan” a la humanidad para que sea esclava. Piensan que el egoísmo humano terminará cuando el sistema sea extinguido, porque a él le atribuyen su origen cuando la realidad nos muestra que dicha característica es interna, fruto de una decisión, no necesariamente de una influencia externa además que tienden a conservar dos pensamientos contradictorios: por un lado presagian un futuro de esclavitud y miedo al mismo dicen que la humanidad presente esta despertando para liberarse de sus opresores.

La mentalidad conspiranoica prospera porque no sabemos en que creer ni en quien confiar , conocemos demasiado de los demás que nos horrorizamos ante la posibilidad de convertirnos en ellos especialmente si se comportan de forma destructiva; es una evidencia de negarse a admitir que el único punto de vista que no queremos abandonar -independientemente de que creamos- es el excusarnos en no admitir nuestros propios errores y flaquezas, en rechazar pensar cuáles son nuestras verdaderas prioridades y el no reconocer que somos criaturas que nos sentimos impotentes ante un mundo que quisiéramos cambiar, pero no sabemos cómo hacerlo sin dañar a nuestros semejantes.

Esa impotencia, no nos impulsa a ser creativos sino a aislarnos en nuestras propias consideraciones, a rechazar que a pesar de todo sí podemos hacer algo diferente en beneficio de los demás y nos burlamos de esos pequeños detalles que hacen especial el compartir con nuestros semejantes. La angustia de creer sentirse apartado de los otros, de pensar que si hacen las cosas de manera distinta significa que debemos luchar contra presiones sociales, que nos considerarían una amenaza es propio de una percepción autoexcluyente que desafortunadamente aceptamos y territorializa las relaciones sociales.

Vemos la realidad, no como algo mutable sino como un engaño y que debemos ser “despertados” para luchar contra un enemigo que nos esclavizo porque nos odia; una visión simplista que muchos emplean como excusa para ocultar sus resentimientos, insatisfacciones, miedos y falta de confianza en que las cosas puedan cambiar. Puede decirse que la mentalidad conspiranoica adolece de arrogancia porque piensa que su verdad es auténtica o porque si vive de forma diferente se es mejor que los demás, tal postura subestima la inteligencia de los otros y hasta niega que exista otras personas que piensen distinto.

Desafortunadamente, la mentalidad conspiranoica forma parte de ese cúmulo de distracciones que agotan al ser humano y le impiden pensar con claridad en como alcanzar una vida plena, cómo hacer las cosas sin necesidad de menospreciar la inteligencia de los demás ni hacerles daño. Otra forma sublimada de dar por ciertos temores fantasiosos con base a hechos mal interpretados, una desesperada tendencia a aferrarse a una creencia que haga pensar que jamás seremos como los demás que consideramos “esclavos de un sistema explotador.”

Esta mentalidad niega que haya soluciones, voluntades sinceras que quieran hacer el bien y un empeño absurdo de negar que lo bueno y lo malo de la raza humana sea su entera responsabilidad, no de una voluntad extraña e invisible.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El mito del superviviente.

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El superviviente solo vive para si mismo-PFMS-Start Page Images.

Popularmente se tiene al superviviente como un personaje prodigioso, como una suerte de ungido que pudo burlar a la muerte en diversos desafíos impuestos por circunstancias ajenas a su voluntad; un individuo que nadie esperaba ni imaginaba que poseía habilidades tan excepcionales para momentos en donde se requiere tenacidad y frialdad para tomar decisiones. El superviviente no necesariamente es una persona adiestrada previamente, puede ser cualquiera, pero se distingue del resto porque es capaz de acometer acciones que nadie puede realizar. Nunca duda y aunque pueda que tenga miedo ese sentimiento no lo paraliza, sino le impulsa a tomar seriamente ideas que la mente racional consideraría, en otras circunstancias, como absurdas.

El superviviente es el resultado puro del instinto, lo único que le importa es su propia integridad, aferrándose a su vida como lo único que vale la pena salvar; aún cuando tome decisiones moralmente cuestionables, se le disculpa y justifica por las circunstancias en que se encuentra: ese es el arquetipo más fácil de aceptar públicamente dado que cuenta solo con opciones que siempre le impulsarán hacia el instinto. Los pocos espacios de reflexión sirven para justificar su amoralidad y planificar su siguiente movimiento, lograr vencer los retos que hay en el camino, es la meta más importante.

En torno al superviviente se crea un oscuro ideal de persona renegada que goza de una libertad absoluta para hacer lo que desee, sin miedo a la represión y libre de inhibiciones, aflora lo que oculta en su interior -frecuentemente, lo peor de sí mismo- con una marcada despreocupación por las consecuencias de sus actos. Para él, los demás son prescindibles porque su utilitarismo es exacerbado y tiende a trivializar las relaciones con otras personas, salvo ciertas excepciones, mantiene con muy pocas interacciones auténticas aunque todas ellas están condenadas a languidecer por su afán de preservarse.

La imagen más común de este personaje, es la de un individuo desarraigado, extraño, egoísta y pragmático, que poco a poco va transformándose en una persona muy opuesta a lo que era hasta el punto de ser un completo desconocido, tanto para sí mismo como para quienes creían conocerle antes de su cambio. Es como si todas las circunstancias se confabularán para demostrar que nadie es lo que aparenta ser, que toda nuestra existencia y creencias son frágiles dando lugar a los instintos más primarios para comprobarlo, como una especie de metáfora que interpreta a la civilización como una ilusión perfecta que oculta lo subconsciente, quien está a la espera de esas circunstancias para liberarse y mostrar al individuo tal como “realmente es”.

Las circunstancias que rodean a un superviviente no necesariamente son un colapso físico, del entorno o de su existencia, incluso teniendo una vida ordenada se enfrenta a situaciones que lo llevan a una estado de desesperación que pone a prueba su racionalidad. Vemos este comportamiento en ciertos entornos laborales, oficios, zonas urbanas, círculos familiares o en la política, allí imperan relaciones instintivas donde lasasociaciones sólo persiguen un beneficio propio o en caso contrario las “enemistades”, son producto de que se percibe al otro como una amenaza, por lo que se vale cualquier estratagema para destruirlo.

Así las relaciones humanas se alejan de la cordialidad y el respeto, dando paso a la hipocresía y la violencia, esto último no se limita a una agresión física sino también a la manipulación de las voluntades ajenas que producen un desenlace fatal, es decir, usar la persuasión para impulsar a otros a destruirse o ser aniquilados de manera que se pueda conquistar lo que se desee sin necesidad de grandes esfuerzos; el superviviente apela a la picaresca como herramienta y avanza en lograr sus metas. Las personas son cosificadas, no se consideran valiosas y únicas, sino útiles o prescindibles según sea el caso y su necesidad.

La mentalidad popular ha privilegiado al superviviente, le reverencia y perdona sus omisiones, lo tiene como una élite por su desprendimiento y falta de juicio, se le admira su supuesto ingenio para superar las circunstancias más adversas. Es muy apreciado su falta de sentimientos, su desinterés por someterse a la razón, su actitud desinhibida y cínica hacia la vida, se le toma como excusa para justificar decisiones amorales, pero que traen satisfacción como si fuera la encarnación del hedonismo. Se admira su falta de fe en las reglas porque no la percibe necesaria, simplemente actúa y ve los resultados, su pensamiento es inmediatista, entiende el mundo como si fuera una lucha constante donde sólo él puede salir adelante.

Sin embargo, detrás del superviviente se esconde una realidad trágica: la ausencia de unos valores morales sólidos, una irrefrenable necesidad de saciar los instintos, el considerar válido el hacer daño o ejercer la coacción sobre los otros, el interpretarse más importante que los demás, la búsqueda de adulación y una enorme impotencia ante su incapacidad de actuar de manera distinta. El superviviente no cree que el controla su vida, sino que serán factores externos quienes lo obliguen a actuar de esa forma, cree que el instinto es su último recurso para no colapsar, se siente desesperado porque no sabe como controlar sus propios deseos.

Para él lo único importante serán sus necesidades y cree que nadie puede juzgarle por ello, usa las circunstancias difíciles como excusa para protegerse de cualquier crítica o juicio moral hacia sus decisiones, quiere manipular las normas de manera que éstas no lo condenen sino que lo premien por haber superado los retos que enfrentó en la vida, quiere que se le reconozca como un individuo extraordinario porque no tiene dudas ni remordimientos, sino una gran capacidad de reaccionar ante la adversidad de manera firme y contundente.

Quiere ponerse como evidencia de que existe la supervivencia del más apto, en vez de aspirar a buscar maneras más humanas de vivir.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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La fascinación por lo sobrenatural.

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Siempre ha existido en la humanidad un interés peculiar por conocer la naturaleza de aquellos fenómenos que carecen de una explicación racional, muchos de ellos nos han servido para progresar y gozar de comodidades impensables en otros tiempos. Sin embargo, aun contando con medios avanzados para estudiar la naturaleza de algunos prodigios que no tienen una explicación concreta, pudiendo dominarlos para nuestro beneficio, muchas personas tienden a creer que ellos son fruto de fuerzas que están más allá del saber científico y racional.

Tristemente, cuando parece que nuestro conocimiento puede demostrar las falacias de interpretaciones absurdas de la realidad, la cultura popular tiende a enfocar su atención en posibilidades alejadas del progreso intelectual. Existen personas que quieren aferrarse a la creencia de que el ser humano puede penetrar en los misterios de fenómenos extraordinarios a través de caminos inciertos y oscuros, ajenos al iluminismo intelectual, próximos a la mentalidad de épocas pasadas donde en medio de la ignorancia y el desconocimiento, los mitos eran la única forma “racional” para explicar fenómenos nuevos en esos momentos históricos.

Vemos como grupos de individuos desilusionados de sus vidas, temerosos del futuro y cansados de explicaciones comprobables, entregan su interés en posibilidades fantásticas, en un desesperado intento de recuperar el control de su existencia ante fuerzas sociales aparentemente superiores a ellos. Empiezan a depositar su fe en “poderes o entidades procedentes de otras dimensiones” con la meta de encontrar “seguridad” y de que podrán remediar su desafortunada realidad con su ayuda; estas personas sienten que han sido llevadas al límite y tienen un profundo descontento con sus vidas, por lo que se esfuerzan en construir un mundo paralelo fuera del control de la razón, de la vida social o de renunciar a la identidad que poseen como miembros de la sociedad.

Si bien, el pasado histórico de cada nación muestra que en épocas pretéritas las personas depositaron su confianza en explicaciones mágicas, hay que entender que eso corresponde a un modo de pensamiento ya caduco, por lo tanto sería irracional continuar aceptando esa mentalidad en la actualidad cuando disponemos de medios más creíbles para comprender nuestro entorno. El prolongar esas explicaciones mágicas en el mundo moderno puede tener motivaciones estrictamente fundadas en un folklore o idiosincrasia: el aferrarse a un modo de vida arcaico ante la falta de capacidad de adaptación frente a los cambios, una educación deficiente, un desencanto profundo hacia los modos de vida modernos, el usar la manipulación para aprovechar la ingenuidad de otros o la ausencia de un pensamiento lógico.

La última opción es el mayor problema de la sociedad moderna, porque la educación nos trasmite los conocimientos que hacen funcionar al mundo, pero la cotidianidad contradice las enseñanzas adquiridas cuando no existen voluntad para organizar coherentemente las prioridades de cada quien, además vivimos en un mundo donde fuerzas ubicuas compiten ferozmente por nuestra atención en un esfuerzo destinado a lograr conquistar sus objetivos apelando al apoyo de una colectividad sugestionada. Estas fuerzas apelan a los mitos, a la fantasía, a crear una imagen mágica de que su simple respaldo podrá lograr un objetivo supuestamente común; siendo muy pocos los que logran estructurar sus argumentos para demostrar la veracidad o falsedad de ellos, aunque al llegar a confiar en esto establece que no necesitan de argumentos sólidos, simplemente se dejan llevar por historias inverosímiles, pero que son lo que dentro de la ingenuidad o ignorancia del otro quiere en su vida o quiere saber y escuchar.

Existe un desinterés en mirar más allá de lo evidente y el mediatismo junto a la reactividad programada en la mente de la gente sofoca la posibilidad de usar la lógica para estructurar los hechos y comprobar la veracidad de los mismos. Popularmente se culpa a la vida moderna, a las fallas en la educación o a las autoridades, del clima de inestabilidad psíquica actual cuando es nuestro poco ejercicio del pensamiento lógico o la renuencia a prescindir de ciertos hábitos mentales dañinos los grandes conspiradores que nos impiden alcanzar una mirada objetiva de los hechos.

Al estar atrofiado el pensamiento lógico, se es vulnerable a tomar seriamente explicaciones sin fundamentos, pudiéndose sublimar la fe en creencias absurdas que atribuyen la causa de los hechos a fuerzas extrañas que escapan de toda explicación racional; también existe una lamentable creencia a no confiar en el potencial que tiene cada uno para dominar una habilidad o entender conceptos complejos producto de un discurso que afirma que el ser humanos no usa todo ese potencial ¿no lo usa para qué? La ausencia de propósito en esta afirmación la invalida, pero para personas vulnerables es fácil relacionarlo con una carencia y no le parece incoherente aceptar que para satisfacerlas apele a poderes misteriosos.

Influye mucho la explotación mediática de que nuestro destino o que ciertos misterios que no tienen explicación, son fruto de la acción del cosmos o de entes destructivos dispuestos a hacer el mal, sin olvidar que los detalles sobre su naturaleza están ocultos por las autoridades, es decir en nuestro empeño de llenar el vacío ante la ausencia de respuestas no buscamos la explicación más razonable, sino la más fantasiosa, que alimente extravagantes historias sobre sucesos extraños que ni siquiera podemos asegurar que sean ciertos. Jugar con la percepción de la realidad es la habilidad predilecta de charlatanes y cineastas de cuestionables méritos artísticos para beneficiarse del morbo y la credulidad de personas sugestionables.

La sugestión es la naturaleza real de todos esos fenómenos sobrenaturales -algo demostrable- que emplean con sutileza personas inescrupulosas para lograr un beneficio y que forman parte de esas fuerzas que buscan nuestra atención. En la actualidad con tantas vías para comunicarnos, la mayoría tiende a aceptar como ciertas las informaciones de las fuentes más centralizadas y masivas que no están sujetas a un código de ética que evalué su actuación, facilitando así la creación de falsas realidades que pueden tomarse como ciertas, alimentando la idea de que una fenomenología ajena mueve los acontecimientos y que es falso que somos dueños de nuestras decisiones.

Otro factores que influyen es que pareciera que existe en el hombre moderno un sentimientos de vaciedad que convierte su ánimo en amargura, se siente “solo” ante un mundo que exige demasiado de él pero que es incapaz de mostrarse amistoso. El hastío hacia una vida que interpreta como “falsa” o que sienta que todas sus creencias terminaran siendo envilecidas herramientas para aumentar el poder de otros, le impulsa a buscar en mundos no racionales ni regidos por explicaciones científicas aquello que interiormente le falta; vemos que para librarse de esa insatisfacción prueba con sentimientos negativos o deposita su fe en realidades virtuales en donde siente que puede ser él, desdoblarse de manera irreversible en alguien que habita en una realidad menos complicada o por lo menos que él puede controlar de una mejor manera porque puede construirla según su antojo y sin influencia o intromisión de terceros.

Es absurdo pensar que existe fenómenos “inexplicables” o misterios imposibles de resolver si no se acepta una creencia en particular, más bien, la mente humana puede descifrar cualquier enigma que se proponga siempre y cuando no esté contaminado de falsos conceptos, así como aceptar el hecho de que sólo tiene sentido las explicaciones que tengan como principio la verdad, no la superchería.

El ser humano debe reencontrarse con la sabiduría que encierra las cosas simples, porque en ellas están las respuestas a todos nuestros enigmas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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La conspiranoia en la política contemporánea.

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En la historia humana, los acontecimientos políticos suelen tener personajes perfectamente identificados, quienes son los motivadores de los mismos; no obstante, las investigaciones posteriores a la época que protagonizaron demuestran que hay otros personajes o acontecimientos considerados “menores” que nos da una visión más amplia de los sucesos. Permite entender la magnitud del cambio que suscitó para una sociedad esos personajes o acontecimientos “menores” y apreciar con otra óptica los valores que la rigen, también demuestra la necesidad de identificar con precisión las causas de mentalidades retrógradas que impidan el desarrollo de la ciudadanía.

La ciudadanía es el primer elemento que sustenta la sociedad, es quien puede orientar los esfuerzos colectivos a través de su participación política e indicar a sus gobernantes qué considera necesario para el bien común. Tener representatividad en el gobierno es una expresión de su voluntad y sí ella no llega a satisfacer sus aspiraciones no es responsabilidad exclusiva de los gobernantes o de sus organizaciones políticas, sino también de la ciudadanía quien debe reflexionar en qué falló. A medida que avanza la humanidad, empieza a evidenciarse un peligroso alejamiento de la ciudadanía y sus representantes; ambos toman decisiones alejadas de sus propias aspiraciones y mantienen una relación de tensión constante.

Los modernos medios de comunicación permiten disminuir distancias, sin embargo pensar que eso puede contribuir al acercamiento es sensato y al mismo tiempo ingenuo, porque los ciudadanos siguen sintiendo que sus representantes no piensan en ellos, deciden valorando más sus propios intereses que respetar la confianza depositada en su figura; podemos decir que la política más que ser un medio para servir lo mejor posible a la ciudadanía, ha retrocedido hasta convertirse en una lucha permanente entre los grupos políticos para hacerse con el Poder y satisfacer sus propios deseos, el cargo ocupado por un representante político no se interpreta como un privilegio otorgado por los ciudadanos, sino como un “premio” por vencer a sus rivales.

Ese esfuerzo que realiza un representante político -a la vista de los ciudadanos- es efímero, pues no interpreta el Poder como un medio para servir sino para dominar y castigar a quienes disientan, un medio para satisfacer los egos de unos pocos deseosos de calmar sus carencias, creyendo que dirigir es mandar y obedecer, cerrados a desarrollar los potenciales de la nación. Con tal práctica se llega a la amarga conclusión de que la política es una profesión mafiosa donde es imposible ser honesto y tener una carrera impecable, ya que el político es definido como un criminal dispuesto a sacrificar todo con tal de no separarse del Poder. No entienden el Poder como un instrumento para servir a su nación, sino un modo de vida adictivo, inseparable de la esencia del político.

Al agotarse la confianza, los valores morales se diluyen y las bases que sustentan a la sociedad son socavadas para dar paso a la supervivencia más violenta, que se traduce en indiferencia, todos enfocan sus esfuerzos en sus propios intereses en detrimento de la sociedad. Se acepta que el Poder no es para servir a una nación sino para beneficio propio, un objeto codiciado obtenido por los más pícaros y desalmados, no es nadie quien no crea que el Poder lo es todo para vivir “seguro” de los peligros del mundo y se trata de imponer que el uso del Poder es invariable de la agrupación política que se apoye, es decir, no hay cambio en la forma de ejercerlo todo es aparente.

Los individuos más disconformes prefieren desentenderse de la acción política (participación en elecciones, conformación de partidos políticos, organizar a los ciudadanos en torno a temas comunes…) optando por la radicalización. Definen al Estado como una instrumento creado por el gobierno para obligar a la gente a depender de él, en vez de como una entidad formada por mutuo acuerdo de los ciudadanos -incluidos los representantes políticos- por ende consideran que éstos les están negando la posibilidad de vivir de forma distinta a lo establecido, no se cree que los partidos políticos sean autónomos en su acción sino que son controlados por cofradías poderosas ocultas, siempre se ponen en duda la verdad oficial aun cuando haya sido contrastada y predican la desconfianza más extrema a toda forma de gobierno.

Dentro de esta mentalidad la autoridad es molesta, un enemigo que se sostiene porque engaña a una masa idiotizada que debe ser “despertada”, se le culpa de cualquier calamidad y de practicar el engaño. Nunca puede aceptarse que las organizaciones mundiales puedan alcanzar acuerdos justos con las naciones o grupos antagónicos sino que conspiraran para provocar el caos, tampoco las creencias establecidas se consideran escogidas sino impuestas por grupos hegemónicos que no quieren perder su influencia. La conspiranoia política aprueba a grupos afines que se mantengan al margen de la política reconocida, esgrimen la antipolítica para enfrentar el “autoritarismo de una dirigencia decadente y viciosa” y disfrazan sus acciones con otros nombres, definiciones…

Define la realidad como una lucha perpetua entre ciudadanos y “poderosos” en el que los primeros debe destruir a los segundos para conquistar la libertad absoluta (sin especificar a cuál clase de libertad se refiere o qué hacer luego de llegar a “obtenerla”), no cree en el activismo político sin confrontación más bien aprueban un activismo reactivo, hostil y tendiente a la clandestinidad -pero bien difundida en medios de comunicación tradicionales y/o alternativos-. La posición conspiranoica acepta que el Poder al ser un objeto codiciado es causante de intrigas que merman la voluntad humana, el origen de la degeneración moral del presente y estará siempre dominado por unos pocos que nunca rendirán cuentas de sus nefastas acciones sobre la humanidad.

Constantemente predica que las naciones o grupos de ciudadanos organizados que quieren vivir de manera diferente, “conforme a modelos no ajustados a lo establecido”, serán atacados por conspiradores que impedirán el éxito de su empresa porque -según esta mentalidad- el modelo que defienden es el “verdadero” puesto que no sacrifica al ser humano y si está comprometido con lo social; en cambio el modelo de los conspiradores encarna el mal, corrompe a la humanidad, aliena, confunde y defiende el odio disfrazándolo de amor, la sociedad creada por ellos está destinada a implosionar así que mientras se espera ese “cataclismo inevitable”, “los ciudadanos realmente comprometidos deben prepararse para una batalla épica contra un enemigo moribundo”.(¿?)

La política vista de esta forma no cree que las transformaciones sociales partan de la toma de conciencia de los ciudadanos y sus líderes, sino que ambos son marionetas de grupos crípticos, consideran la información como instrumento de guerra que debe emplearse para exponer a los conspiradores y a quienes controlan el Poder de modo que pueda detenerse sus oscuros planes; acepta que la única manera de vencer al Poder es desde la clandestinidad y de ser necesario actuar de forma directa sobre él para abortar sus intrigas, los creyentes de esta mentalidad predican la necesidad de destruir el sistema para “liberar” a los ciudadanos.

Resulta lamentable que la interpretación conspiranoica de la política penetre en los planes de muchos gobernantes, quienes la usan para sus discursos y ejercicio del Poder porque creen que con esto protegerán a la nación de sus enemigos o porque piensan que con este medio podrán distraer a la ciudadanía de los temas que deben interesarles, de manera que terminen desgastándose. Son una clase particular de dirigentes políticos que piensan que la intriga es la mejor manera de controlar el Poder y la credulidad de la ciudadanía es su principal objetivo, porque si ella permanece confundida no podrá discernir de cuales son las verdaderas causas de las crisis que sufre la sociedad, no creerá que su opinión será importante y que el Poder que le otorga a los dirigentes políticos parte de sus decisiones, no de un acto predestinado o controlado por cofradías ocultas.

Las causas de esta mentalidad no pueden negarse que tienen cierto respaldo en la realidad una de ellas es la falta de transparencia en la práctica política que merma la confianza ciudadana, la influencia de nuevos grupos casi monolíticos que despiertan la desconfianza, el pesimismo causado por la aparente falta de rumbo en la sociedad actual y sobre todo, la indolencia de quienes corresponde tomar decisiones importantes ante las grandes tragedias provocadas por el ser humano.

Pero la conspiranoia no es una solución, es un mero sentimiento de hastío ante la falta de resultados de la política contemporánea que se alimenta del resentimiento y la desconfianza, subestima la inteligencia de los demás, no cree que cada decisión que tomamos es consciente independientemente de nuestro estado mental y emocional, promueve la suspicacia hacia los valores humanos.

Nunca admite que sus ideas parten de mitos e ideas erróneas sobre las dinámicas sociales, y tienden a desviar en otro lo que es entera responsabilidad de cada ciudadano.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x