Análisis de la mentalidad conspiranoica

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La interpretación conspiranoica cree que la realidad cotidiana es una manipulación-PFMS-Start Page.

En la vida moderna suele crearse historias a partir de sucesos reales en donde muchas cosas no quedan aclaradas; hay misterios cuyas respuestas no existen o no se consideran comprensibles para el público, optándose por el silencio. La opacidad gubernamental ha mermado la confianza de la ciudadanía y afectado al resto de las instituciones, lo que lleva a algunos individuos a buscar nuevas creencias al margen del sistema social, como guía ante el desgaste que sufren las creencias aceptadas, es en esta etapa donde la mente de estas personas son susceptibles a aceptar ideas fantásticas que revelan una “verdad oculta”, que “explica” las causas de la inestabilidad presente en el mundo.

Esta “revelación” muestra que el mundo no es lo que parece, unos pocos son el “poder real” y que todo lo que creemos es falso. Quienes manejan dicho poder son los auténticos culpables del envilecimiento de la humanidad, viven al margen de la ley y están muy bien protegidos. La humanidad es esclava de estos personajes y todo la sociedad que nos rodea no es más que una medida de control diseñada para mantenernos ignorantes, los acontecimientos mundiales no suceden por explicaciones razonables, sino por obra de esa élite críptica quienes deciden provocarlos; paralelamente existen también grupos opuestos que “han despertado del letargo” impuesto y se atribuyen el papel de “libertadores de la humanidad”, siendo la contrainformación su principal herramienta para exponer a ese poder oculto.

La realidad así tratada nos muestra un submundo de bajas pasiones donde todo vale para perjudicar a los demás, obtener el poder, imponer un punto de vista y mantener una estructura mundial injusta. La humanidad no es dueña de su propio destino, sino que oscuros mecanismos y conspiradores tratan de mantenerla sometida siendo las instituciones gubernamentales, los medios de comunicación, los grupos de presión conocidos e incluso los partidos políticos marionetas de voluntades maléficas.

Una acción de masas que los detenga no es factible, porque estarían manipuladas y responderían a la influencia de esas voluntades siniestras; siendo imposible conquistar una libertad auténtica que garantice un mundo realmente justo, así se justifica una posición nihilista hacia todo. Este nihilismo duda de todo, desconfía de cualquier explicación oficial y siempre está en constante conflicto con el entorno, prefiere mantenerse en una suerte de clandestinidad social que evita exponerse ante opiniones que considera sesgadas y aprobar aquellas que cuestionen a los grupos de poder más influyentes. La mentalidad conspiranoica no cree que las causas de los problemas de la sociedad sean fruto de sus hábitos, mentalidades y creencias erróneas arraigadas en la colectividad, sino que han sido deliberadamente introducidos por agentes externos para obtener un beneficio.

Es evidente que el mayor problema de la modernidad está, en que creer cuándo la mutabilidad de nuestros pensamientos es cada vez más acelerado ante la vorágine de información y la rapidez con que se desgasta los conceptos que se consideraban inmutables; las contradicciones evidentes y el desencanto generalizado hacia una cultura considerada empobrecida por unos influencia mediática impaciente, sedienta de nuevas audiencias a quienes entretener hace dudar sobre la objetividad con que se difunden las informaciones. Contrastar con puntos de vista menos apasionados en la actualidad no es responsabilidad exclusiva de profesionales, sino que se comparte con el público que debería ser más cauto pero que tiende a la reactividad e inmediatez.

Para ciertas personas, ambas actitudes demuestran que el ser humano está perdido, no tiene rumbo y es fácil de manipular, como si ellos mismos no fueran vulnerables a ello aunque como lo notan piensan que son superiores, sin darse cuenta que todo es causa de un fuerte descontento ante lo externo; ese rechazo hacia seguir las tendencias y la falta de una explicación más simple que defina las causas de todos los comportamientos irracionales humanos posibilita el aceptar supuestas “verdades ocultas”.

Tales verdades repiten el manido discurso de culpar a algo externo, a atribuirle ser la causa de todos los males de la humanidad e invitan a rebelarse contra ello, nunca admiten que los males de la humanidad responden a motivaciones más complejas y depende de la suma de voluntades individuales, así como de lo difuso que puede resultar la naturaleza humana. El deseo de llenar ese vacío, ese espacio que impide encontrar conclusiones más sólidas sobre las contradicciones del funcionamiento del mundo actual, desespera a almas que no saben cuál lugar ocupan en el mundo, cuando sienten que no forman parte de él, que prefieren mantenerse al margen de pasiones que ya carecen de sentido y lucen desgastadas, mentes que muestran signos de hastío ante la unidimensionalidad de puntos de vistas repetitivos y a su juicio alienantes.

Son individualidades que se aventuran a explorar otras posibilidades, pero comenten el error de pensar que todavía es necesario una nueva confrontación -esta vez silenciosa- entre individuos “despiertos” contra una casta de tiranos crípticos quienes “programan” a la humanidad para que sea esclava. Piensan que el egoísmo humano terminará cuando el sistema sea extinguido, porque a él le atribuyen su origen cuando la realidad nos muestra que dicha característica es interna, fruto de una decisión, no necesariamente de una influencia externa además que tienden a conservar dos pensamientos contradictorios: por un lado presagian un futuro de esclavitud y miedo al mismo dicen que la humanidad presente esta despertando para liberarse de sus opresores.

La mentalidad conspiranoica prospera porque no sabemos en que creer ni en quien confiar , conocemos demasiado de los demás que nos horrorizamos ante la posibilidad de convertirnos en ellos especialmente si se comportan de forma destructiva; es una evidencia de negarse a admitir que el único punto de vista que no queremos abandonar -independientemente de que creamos- es el excusarnos en no admitir nuestros propios errores y flaquezas, en rechazar pensar cuáles son nuestras verdaderas prioridades y el no reconocer que somos criaturas que nos sentimos impotentes ante un mundo que quisiéramos cambiar, pero no sabemos cómo hacerlo sin dañar a nuestros semejantes.

Esa impotencia, no nos impulsa a ser creativos sino a aislarnos en nuestras propias consideraciones, a rechazar que a pesar de todo sí podemos hacer algo diferente en beneficio de los demás y nos burlamos de esos pequeños detalles que hacen especial el compartir con nuestros semejantes. La angustia de creer sentirse apartado de los otros, de pensar que si hacen las cosas de manera distinta significa que debemos luchar contra presiones sociales, que nos considerarían una amenaza es propio de una percepción autoexcluyente que desafortunadamente aceptamos y territorializa las relaciones sociales.

Vemos la realidad, no como algo mutable sino como un engaño y que debemos ser “despertados” para luchar contra un enemigo que nos esclavizo porque nos odia; una visión simplista que muchos emplean como excusa para ocultar sus resentimientos, insatisfacciones, miedos y falta de confianza en que las cosas puedan cambiar. Puede decirse que la mentalidad conspiranoica adolece de arrogancia porque piensa que su verdad es auténtica o porque si vive de forma diferente se es mejor que los demás, tal postura subestima la inteligencia de los otros y hasta niega que exista otras personas que piensen distinto.

Desafortunadamente, la mentalidad conspiranoica forma parte de ese cúmulo de distracciones que agotan al ser humano y le impiden pensar con claridad en como alcanzar una vida plena, cómo hacer las cosas sin necesidad de menospreciar la inteligencia de los demás ni hacerles daño. Otra forma sublimada de dar por ciertos temores fantasiosos con base a hechos mal interpretados, una desesperada tendencia a aferrarse a una creencia que haga pensar que jamás seremos como los demás que consideramos “esclavos de un sistema explotador.”

Esta mentalidad niega que haya soluciones, voluntades sinceras que quieran hacer el bien y un empeño absurdo de negar que lo bueno y lo malo de la raza humana sea su entera responsabilidad, no de una voluntad extraña e invisible.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El mito del superviviente.

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El superviviente solo vive para si mismo-PFMS-Start Page Images.

Popularmente se tiene al superviviente como un personaje prodigioso, como una suerte de ungido que pudo burlar a la muerte en diversos desafíos impuestos por circunstancias ajenas a su voluntad; un individuo que nadie esperaba ni imaginaba que poseía habilidades tan excepcionales para momentos en donde se requiere tenacidad y frialdad para tomar decisiones. El superviviente no necesariamente es una persona adiestrada previamente, puede ser cualquiera, pero se distingue del resto porque es capaz de acometer acciones que nadie puede realizar. Nunca duda y aunque pueda que tenga miedo ese sentimiento no lo paraliza, sino le impulsa a tomar seriamente ideas que la mente racional consideraría, en otras circunstancias, como absurdas.

El superviviente es el resultado puro del instinto, lo único que le importa es su propia integridad, aferrándose a su vida como lo único que vale la pena salvar; aún cuando tome decisiones moralmente cuestionables, se le disculpa y justifica por las circunstancias en que se encuentra: ese es el arquetipo más fácil de aceptar públicamente dado que cuenta solo con opciones que siempre le impulsarán hacia el instinto. Los pocos espacios de reflexión sirven para justificar su amoralidad y planificar su siguiente movimiento, lograr vencer los retos que hay en el camino, es la meta más importante.

En torno al superviviente se crea un oscuro ideal de persona renegada que goza de una libertad absoluta para hacer lo que desee, sin miedo a la represión y libre de inhibiciones, aflora lo que oculta en su interior -frecuentemente, lo peor de sí mismo- con una marcada despreocupación por las consecuencias de sus actos. Para él, los demás son prescindibles porque su utilitarismo es exacerbado y tiende a trivializar las relaciones con otras personas, salvo ciertas excepciones, mantiene con muy pocas interacciones auténticas aunque todas ellas están condenadas a languidecer por su afán de preservarse.

La imagen más común de este personaje, es la de un individuo desarraigado, extraño, egoísta y pragmático, que poco a poco va transformándose en una persona muy opuesta a lo que era hasta el punto de ser un completo desconocido, tanto para sí mismo como para quienes creían conocerle antes de su cambio. Es como si todas las circunstancias se confabularán para demostrar que nadie es lo que aparenta ser, que toda nuestra existencia y creencias son frágiles dando lugar a los instintos más primarios para comprobarlo, como una especie de metáfora que interpreta a la civilización como una ilusión perfecta que oculta lo subconsciente, quien está a la espera de esas circunstancias para liberarse y mostrar al individuo tal como “realmente es”.

Las circunstancias que rodean a un superviviente no necesariamente son un colapso físico, del entorno o de su existencia, incluso teniendo una vida ordenada se enfrenta a situaciones que lo llevan a una estado de desesperación que pone a prueba su racionalidad. Vemos este comportamiento en ciertos entornos laborales, oficios, zonas urbanas, círculos familiares o en la política, allí imperan relaciones instintivas donde lasasociaciones sólo persiguen un beneficio propio o en caso contrario las “enemistades”, son producto de que se percibe al otro como una amenaza, por lo que se vale cualquier estratagema para destruirlo.

Así las relaciones humanas se alejan de la cordialidad y el respeto, dando paso a la hipocresía y la violencia, esto último no se limita a una agresión física sino también a la manipulación de las voluntades ajenas que producen un desenlace fatal, es decir, usar la persuasión para impulsar a otros a destruirse o ser aniquilados de manera que se pueda conquistar lo que se desee sin necesidad de grandes esfuerzos; el superviviente apela a la picaresca como herramienta y avanza en lograr sus metas. Las personas son cosificadas, no se consideran valiosas y únicas, sino útiles o prescindibles según sea el caso y su necesidad.

La mentalidad popular ha privilegiado al superviviente, le reverencia y perdona sus omisiones, lo tiene como una élite por su desprendimiento y falta de juicio, se le admira su supuesto ingenio para superar las circunstancias más adversas. Es muy apreciado su falta de sentimientos, su desinterés por someterse a la razón, su actitud desinhibida y cínica hacia la vida, se le toma como excusa para justificar decisiones amorales, pero que traen satisfacción como si fuera la encarnación del hedonismo. Se admira su falta de fe en las reglas porque no la percibe necesaria, simplemente actúa y ve los resultados, su pensamiento es inmediatista, entiende el mundo como si fuera una lucha constante donde sólo él puede salir adelante.

Sin embargo, detrás del superviviente se esconde una realidad trágica: la ausencia de unos valores morales sólidos, una irrefrenable necesidad de saciar los instintos, el considerar válido el hacer daño o ejercer la coacción sobre los otros, el interpretarse más importante que los demás, la búsqueda de adulación y una enorme impotencia ante su incapacidad de actuar de manera distinta. El superviviente no cree que el controla su vida, sino que serán factores externos quienes lo obliguen a actuar de esa forma, cree que el instinto es su último recurso para no colapsar, se siente desesperado porque no sabe como controlar sus propios deseos.

Para él lo único importante serán sus necesidades y cree que nadie puede juzgarle por ello, usa las circunstancias difíciles como excusa para protegerse de cualquier crítica o juicio moral hacia sus decisiones, quiere manipular las normas de manera que éstas no lo condenen sino que lo premien por haber superado los retos que enfrentó en la vida, quiere que se le reconozca como un individuo extraordinario porque no tiene dudas ni remordimientos, sino una gran capacidad de reaccionar ante la adversidad de manera firme y contundente.

Quiere ponerse como evidencia de que existe la supervivencia del más apto, en vez de aspirar a buscar maneras más humanas de vivir.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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La fascinación por lo sobrenatural.

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Siempre ha existido en la humanidad un interés peculiar por conocer la naturaleza de aquellos fenómenos que carecen de una explicación racional, muchos de ellos nos han servido para progresar y gozar de comodidades impensables en otros tiempos. Sin embargo, aun contando con medios avanzados para estudiar la naturaleza de algunos prodigios que no tienen una explicación concreta, pudiendo dominarlos para nuestro beneficio, muchas personas tienden a creer que ellos son fruto de fuerzas que están más allá del saber científico y racional.

Tristemente, cuando parece que nuestro conocimiento puede demostrar las falacias de interpretaciones absurdas de la realidad, la cultura popular tiende a enfocar su atención en posibilidades alejadas del progreso intelectual. Existen personas que quieren aferrarse a la creencia de que el ser humano puede penetrar en los misterios de fenómenos extraordinarios a través de caminos inciertos y oscuros, ajenos al iluminismo intelectual, próximos a la mentalidad de épocas pasadas donde en medio de la ignorancia y el desconocimiento, los mitos eran la única forma “racional” para explicar fenómenos nuevos en esos momentos históricos.

Vemos como grupos de individuos desilusionados de sus vidas, temerosos del futuro y cansados de explicaciones comprobables, entregan su interés en posibilidades fantásticas, en un desesperado intento de recuperar el control de su existencia ante fuerzas sociales aparentemente superiores a ellos. Empiezan a depositar su fe en “poderes o entidades procedentes de otras dimensiones” con la meta de encontrar “seguridad” y de que podrán remediar su desafortunada realidad con su ayuda; estas personas sienten que han sido llevadas al límite y tienen un profundo descontento con sus vidas, por lo que se esfuerzan en construir un mundo paralelo fuera del control de la razón, de la vida social o de renunciar a la identidad que poseen como miembros de la sociedad.

Si bien, el pasado histórico de cada nación muestra que en épocas pretéritas las personas depositaron su confianza en explicaciones mágicas, hay que entender que eso corresponde a un modo de pensamiento ya caduco, por lo tanto sería irracional continuar aceptando esa mentalidad en la actualidad cuando disponemos de medios más creíbles para comprender nuestro entorno. El prolongar esas explicaciones mágicas en el mundo moderno puede tener motivaciones estrictamente fundadas en un folklore o idiosincrasia: el aferrarse a un modo de vida arcaico ante la falta de capacidad de adaptación frente a los cambios, una educación deficiente, un desencanto profundo hacia los modos de vida modernos, el usar la manipulación para aprovechar la ingenuidad de otros o la ausencia de un pensamiento lógico.

La última opción es el mayor problema de la sociedad moderna, porque la educación nos trasmite los conocimientos que hacen funcionar al mundo, pero la cotidianidad contradice las enseñanzas adquiridas cuando no existen voluntad para organizar coherentemente las prioridades de cada quien, además vivimos en un mundo donde fuerzas ubicuas compiten ferozmente por nuestra atención en un esfuerzo destinado a lograr conquistar sus objetivos apelando al apoyo de una colectividad sugestionada. Estas fuerzas apelan a los mitos, a la fantasía, a crear una imagen mágica de que su simple respaldo podrá lograr un objetivo supuestamente común; siendo muy pocos los que logran estructurar sus argumentos para demostrar la veracidad o falsedad de ellos, aunque al llegar a confiar en esto establece que no necesitan de argumentos sólidos, simplemente se dejan llevar por historias inverosímiles, pero que son lo que dentro de la ingenuidad o ignorancia del otro quiere en su vida o quiere saber y escuchar.

Existe un desinterés en mirar más allá de lo evidente y el mediatismo junto a la reactividad programada en la mente de la gente sofoca la posibilidad de usar la lógica para estructurar los hechos y comprobar la veracidad de los mismos. Popularmente se culpa a la vida moderna, a las fallas en la educación o a las autoridades, del clima de inestabilidad psíquica actual cuando es nuestro poco ejercicio del pensamiento lógico o la renuencia a prescindir de ciertos hábitos mentales dañinos los grandes conspiradores que nos impiden alcanzar una mirada objetiva de los hechos.

Al estar atrofiado el pensamiento lógico, se es vulnerable a tomar seriamente explicaciones sin fundamentos, pudiéndose sublimar la fe en creencias absurdas que atribuyen la causa de los hechos a fuerzas extrañas que escapan de toda explicación racional; también existe una lamentable creencia a no confiar en el potencial que tiene cada uno para dominar una habilidad o entender conceptos complejos producto de un discurso que afirma que el ser humanos no usa todo ese potencial ¿no lo usa para qué? La ausencia de propósito en esta afirmación la invalida, pero para personas vulnerables es fácil relacionarlo con una carencia y no le parece incoherente aceptar que para satisfacerlas apele a poderes misteriosos.

Influye mucho la explotación mediática de que nuestro destino o que ciertos misterios que no tienen explicación, son fruto de la acción del cosmos o de entes destructivos dispuestos a hacer el mal, sin olvidar que los detalles sobre su naturaleza están ocultos por las autoridades, es decir en nuestro empeño de llenar el vacío ante la ausencia de respuestas no buscamos la explicación más razonable, sino la más fantasiosa, que alimente extravagantes historias sobre sucesos extraños que ni siquiera podemos asegurar que sean ciertos. Jugar con la percepción de la realidad es la habilidad predilecta de charlatanes y cineastas de cuestionables méritos artísticos para beneficiarse del morbo y la credulidad de personas sugestionables.

La sugestión es la naturaleza real de todos esos fenómenos sobrenaturales -algo demostrable- que emplean con sutileza personas inescrupulosas para lograr un beneficio y que forman parte de esas fuerzas que buscan nuestra atención. En la actualidad con tantas vías para comunicarnos, la mayoría tiende a aceptar como ciertas las informaciones de las fuentes más centralizadas y masivas que no están sujetas a un código de ética que evalué su actuación, facilitando así la creación de falsas realidades que pueden tomarse como ciertas, alimentando la idea de que una fenomenología ajena mueve los acontecimientos y que es falso que somos dueños de nuestras decisiones.

Otro factores que influyen es que pareciera que existe en el hombre moderno un sentimientos de vaciedad que convierte su ánimo en amargura, se siente “solo” ante un mundo que exige demasiado de él pero que es incapaz de mostrarse amistoso. El hastío hacia una vida que interpreta como “falsa” o que sienta que todas sus creencias terminaran siendo envilecidas herramientas para aumentar el poder de otros, le impulsa a buscar en mundos no racionales ni regidos por explicaciones científicas aquello que interiormente le falta; vemos que para librarse de esa insatisfacción prueba con sentimientos negativos o deposita su fe en realidades virtuales en donde siente que puede ser él, desdoblarse de manera irreversible en alguien que habita en una realidad menos complicada o por lo menos que él puede controlar de una mejor manera porque puede construirla según su antojo y sin influencia o intromisión de terceros.

Es absurdo pensar que existe fenómenos “inexplicables” o misterios imposibles de resolver si no se acepta una creencia en particular, más bien, la mente humana puede descifrar cualquier enigma que se proponga siempre y cuando no esté contaminado de falsos conceptos, así como aceptar el hecho de que sólo tiene sentido las explicaciones que tengan como principio la verdad, no la superchería.

El ser humano debe reencontrarse con la sabiduría que encierra las cosas simples, porque en ellas están las respuestas a todos nuestros enigmas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La conspiranoia en la política contemporánea.

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En la historia humana, los acontecimientos políticos suelen tener personajes perfectamente identificados, quienes son los motivadores de los mismos; no obstante, las investigaciones posteriores a la época que protagonizaron demuestran que hay otros personajes o acontecimientos considerados “menores” que nos da una visión más amplia de los sucesos. Permite entender la magnitud del cambio que suscitó para una sociedad esos personajes o acontecimientos “menores” y apreciar con otra óptica los valores que la rigen, también demuestra la necesidad de identificar con precisión las causas de mentalidades retrógradas que impidan el desarrollo de la ciudadanía.

La ciudadanía es el primer elemento que sustenta la sociedad, es quien puede orientar los esfuerzos colectivos a través de su participación política e indicar a sus gobernantes qué considera necesario para el bien común. Tener representatividad en el gobierno es una expresión de su voluntad y sí ella no llega a satisfacer sus aspiraciones no es responsabilidad exclusiva de los gobernantes o de sus organizaciones políticas, sino también de la ciudadanía quien debe reflexionar en qué falló. A medida que avanza la humanidad, empieza a evidenciarse un peligroso alejamiento de la ciudadanía y sus representantes; ambos toman decisiones alejadas de sus propias aspiraciones y mantienen una relación de tensión constante.

Los modernos medios de comunicación permiten disminuir distancias, sin embargo pensar que eso puede contribuir al acercamiento es sensato y al mismo tiempo ingenuo, porque los ciudadanos siguen sintiendo que sus representantes no piensan en ellos, deciden valorando más sus propios intereses que respetar la confianza depositada en su figura; podemos decir que la política más que ser un medio para servir lo mejor posible a la ciudadanía, ha retrocedido hasta convertirse en una lucha permanente entre los grupos políticos para hacerse con el Poder y satisfacer sus propios deseos, el cargo ocupado por un representante político no se interpreta como un privilegio otorgado por los ciudadanos, sino como un “premio” por vencer a sus rivales.

Ese esfuerzo que realiza un representante político -a la vista de los ciudadanos- es efímero, pues no interpreta el Poder como un medio para servir sino para dominar y castigar a quienes disientan, un medio para satisfacer los egos de unos pocos deseosos de calmar sus carencias, creyendo que dirigir es mandar y obedecer, cerrados a desarrollar los potenciales de la nación. Con tal práctica se llega a la amarga conclusión de que la política es una profesión mafiosa donde es imposible ser honesto y tener una carrera impecable, ya que el político es definido como un criminal dispuesto a sacrificar todo con tal de no separarse del Poder. No entienden el Poder como un instrumento para servir a su nación, sino un modo de vida adictivo, inseparable de la esencia del político.

Al agotarse la confianza, los valores morales se diluyen y las bases que sustentan a la sociedad son socavadas para dar paso a la supervivencia más violenta, que se traduce en indiferencia, todos enfocan sus esfuerzos en sus propios intereses en detrimento de la sociedad. Se acepta que el Poder no es para servir a una nación sino para beneficio propio, un objeto codiciado obtenido por los más pícaros y desalmados, no es nadie quien no crea que el Poder lo es todo para vivir “seguro” de los peligros del mundo y se trata de imponer que el uso del Poder es invariable de la agrupación política que se apoye, es decir, no hay cambio en la forma de ejercerlo todo es aparente.

Los individuos más disconformes prefieren desentenderse de la acción política (participación en elecciones, conformación de partidos políticos, organizar a los ciudadanos en torno a temas comunes…) optando por la radicalización. Definen al Estado como una instrumento creado por el gobierno para obligar a la gente a depender de él, en vez de como una entidad formada por mutuo acuerdo de los ciudadanos -incluidos los representantes políticos- por ende consideran que éstos les están negando la posibilidad de vivir de forma distinta a lo establecido, no se cree que los partidos políticos sean autónomos en su acción sino que son controlados por cofradías poderosas ocultas, siempre se ponen en duda la verdad oficial aun cuando haya sido contrastada y predican la desconfianza más extrema a toda forma de gobierno.

Dentro de esta mentalidad la autoridad es molesta, un enemigo que se sostiene porque engaña a una masa idiotizada que debe ser “despertada”, se le culpa de cualquier calamidad y de practicar el engaño. Nunca puede aceptarse que las organizaciones mundiales puedan alcanzar acuerdos justos con las naciones o grupos antagónicos sino que conspiraran para provocar el caos, tampoco las creencias establecidas se consideran escogidas sino impuestas por grupos hegemónicos que no quieren perder su influencia. La conspiranoia política aprueba a grupos afines que se mantengan al margen de la política reconocida, esgrimen la antipolítica para enfrentar el “autoritarismo de una dirigencia decadente y viciosa” y disfrazan sus acciones con otros nombres, definiciones…

Define la realidad como una lucha perpetua entre ciudadanos y “poderosos” en el que los primeros debe destruir a los segundos para conquistar la libertad absoluta (sin especificar a cuál clase de libertad se refiere o qué hacer luego de llegar a “obtenerla”), no cree en el activismo político sin confrontación más bien aprueban un activismo reactivo, hostil y tendiente a la clandestinidad -pero bien difundida en medios de comunicación tradicionales y/o alternativos-. La posición conspiranoica acepta que el Poder al ser un objeto codiciado es causante de intrigas que merman la voluntad humana, el origen de la degeneración moral del presente y estará siempre dominado por unos pocos que nunca rendirán cuentas de sus nefastas acciones sobre la humanidad.

Constantemente predica que las naciones o grupos de ciudadanos organizados que quieren vivir de manera diferente, “conforme a modelos no ajustados a lo establecido”, serán atacados por conspiradores que impedirán el éxito de su empresa porque -según esta mentalidad- el modelo que defienden es el “verdadero” puesto que no sacrifica al ser humano y si está comprometido con lo social; en cambio el modelo de los conspiradores encarna el mal, corrompe a la humanidad, aliena, confunde y defiende el odio disfrazándolo de amor, la sociedad creada por ellos está destinada a implosionar así que mientras se espera ese “cataclismo inevitable”, “los ciudadanos realmente comprometidos deben prepararse para una batalla épica contra un enemigo moribundo”.(¿?)

La política vista de esta forma no cree que las transformaciones sociales partan de la toma de conciencia de los ciudadanos y sus líderes, sino que ambos son marionetas de grupos crípticos, consideran la información como instrumento de guerra que debe emplearse para exponer a los conspiradores y a quienes controlan el Poder de modo que pueda detenerse sus oscuros planes; acepta que la única manera de vencer al Poder es desde la clandestinidad y de ser necesario actuar de forma directa sobre él para abortar sus intrigas, los creyentes de esta mentalidad predican la necesidad de destruir el sistema para “liberar” a los ciudadanos.

Resulta lamentable que la interpretación conspiranoica de la política penetre en los planes de muchos gobernantes, quienes la usan para sus discursos y ejercicio del Poder porque creen que con esto protegerán a la nación de sus enemigos o porque piensan que con este medio podrán distraer a la ciudadanía de los temas que deben interesarles, de manera que terminen desgastándose. Son una clase particular de dirigentes políticos que piensan que la intriga es la mejor manera de controlar el Poder y la credulidad de la ciudadanía es su principal objetivo, porque si ella permanece confundida no podrá discernir de cuales son las verdaderas causas de las crisis que sufre la sociedad, no creerá que su opinión será importante y que el Poder que le otorga a los dirigentes políticos parte de sus decisiones, no de un acto predestinado o controlado por cofradías ocultas.

Las causas de esta mentalidad no pueden negarse que tienen cierto respaldo en la realidad una de ellas es la falta de transparencia en la práctica política que merma la confianza ciudadana, la influencia de nuevos grupos casi monolíticos que despiertan la desconfianza, el pesimismo causado por la aparente falta de rumbo en la sociedad actual y sobre todo, la indolencia de quienes corresponde tomar decisiones importantes ante las grandes tragedias provocadas por el ser humano.

Pero la conspiranoia no es una solución, es un mero sentimiento de hastío ante la falta de resultados de la política contemporánea que se alimenta del resentimiento y la desconfianza, subestima la inteligencia de los demás, no cree que cada decisión que tomamos es consciente independientemente de nuestro estado mental y emocional, promueve la suspicacia hacia los valores humanos.

Nunca admite que sus ideas parten de mitos e ideas erróneas sobre las dinámicas sociales, y tienden a desviar en otro lo que es entera responsabilidad de cada ciudadano.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El mito de los “padres fundadores”.

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Frecuentemente se tiende a atribuir el nacimiento de una nueva república o civilización a un reducido grupo de individuos “extraordinarios” en detrimento del protagonismo colectivo; es un hábito que ha sido disminuido en los análisis históricos pero todavía pervive en la mentalidad de muchas naciones. Una costumbre perniciosa de no admitir que el progreso social no es obra exclusiva de un hombre, sino del esfuerzo mancomunado de una ciudadanía dispuesta a conquistar metas superiores en donde destaca el genio de ciertos individuos con los cuales se mantiene una relación de gratitud; desafortunadamente la interpretación personalista de la historia justifica el que una colectividad viva dependiendo de la necesidad de invocar un personaje mesiánico que pueda llevarla hacia una nueva era de “paz, progreso y felicidad para todos” al convencerse de que no es posible lograrlo por si misma.

La realidad muestra que este personalismo ha sido peor para el bienestar social y solo un gran acuerdo compartido entre lideres serios y ciudadanos conscientes puede lograr una transformación radical; lamentablemente persiste una mentalidad recalcitrante que quiere seguir imponiendo la tesis de que sin grandes hombres nunca se alcanzará una era de esplendor, cuando resulta de que esos hombres son modelados bajos unos conceptos e ideas ajenas al resto de la sociedad, no existe en ellos participación del resto de la ciudadanía. El Poder termina siendo monopolizado por un grupo reducido que se protege tras una figura mesiánica para justificar sus actos los cuales son contrarios a las aspiraciones ciudadanas.

Para esta mentalidad el sistema imperante no puede transformarse, debe ser destruido para reemplazarlo por otro con tintes utópicos y la ciudadanía, vivir esclavizada con la consigna de que sin esos hombres excepcionales nunca alcanzaríamos esta era dorada, es decir, deben estar dependiendo de unos ungidos que creen tener las claves para formar una sociedad mejor.

Así quienes controlan el Poder alienan a la ciudadanía y le imponen la tesis de que solo sometiéndose al dictamen de ellos podrán alcanzar mejor calidad de vida, se priva el derecho de que lideres de ideas distintas puedan lograr cambios benéficos o que la ciudadanía pueda autoorganizarse para proteger sus derechos. Niega la inteligencia de los ciudadanos en como pensar y decidir de forma responsable o que puedan presentar propuestas serias; la vida comunitaria solo sirve para rendirle culto a unos seres casi sobrehumanos, excluir e imponer un modo de vida definido por lo que el Poder cree “correcto” e ir confundiendo a los miembros de la comunidad sobre su propósito. La meta es mantener dividido a los distintos grupos que conforman la sociedad para que dependan del Poder.

La gratitud que debe existir entre la colectividad con sus miembros más notables se sustituye por un enfermizo culto a la personalidad, a negar los logros pasados y a discriminar a los personajes históricos entre “auténticos patriotas” y traidores; la historia para ellos no es un aprendizaje sino una confrontación constante entre un sistema desgastado y una casta de personajes prodigiosos que traerán la renovación. Tales personajes son presentados como héroes que nunca se equivocan, que “el pueblo pedía a gritos” ante la incapacidad del sistema imperante y son los únicos que pueden traer la paz a la sociedad, nunca admiten que su modelo de sociedad puede tener límites o puede que no sea práctico. Todo su proyecto político parte de su juicio, no de acuerdos con los demás miembros de la sociedad ni de un estudio profundo de la mentalidad popular.

Estos personajes aspiran al Poder Absoluto explotando el desencanto, vertebrando un discurso supuestamente reivindicativo que capta a los resentidos, tratan los errores pasados como justificaciones para su postura revanchista, no les interesa rodearse de los mejores lideres sino de los individuos más genuflexos, corrompibles y fanatizados. Para ellos la única manera de superar los males de la sociedad es mediante la destrucción total de la institucionalidad y purgarla de quienes consideran “enemigos de la patria” porque representan el “fracaso” de la sociedad anterior.

Curiosamente en la cultura popular contemporánea empieza a permear la idea de una sociedad ideal, de considerar necesario anteponer la utopía frente al desgaste de la institucionalidad actual pero invocando a personajes demagógicos, pintorescos, sin un plan ni un proyecto, con discursos antipolítico y antisistema, no cree en la representatividad sino en la “acción directa del pueblo”, y siempre culpan al pasado de todo lo malo del presente. Tratan a las personas no como ciudadanos sino como un público enervado que hay que entretener, no ven la política con seriedad sino como un espectáculo, siempre descalifican e insultan a sus opuestos y apelan al chantaje de que si ellos no están en el Poder entonces todo colapsará.

Lejos quedaron los arquetipos de utopistas “románticos”, ahora surgen personajes que aprovechan los momentos de crisis para conquistar el Poder y fundar una falsa Nueva Era de Esplendor partiendo de la nada. Enemigos acérrimos de la alternancia política lo único que pueden ofrecer es una ilusión, una meta lejana que nunca se alcanzará porque nunca existió y su único interés es usar el Poder para atacar a quienes cree enemigos o interpreta como tales.

Únicamente las sociedades pueden aspirar a un futuro mejor, cuando todos las partes involucradas puedan llegar a acuerdos sólidos y duraderos, cuando exista una verdadera voluntad comprometida con el bienestar colectivo libre del personalismo y los absurdos cultos a individuos mesiánicos.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La ilusión de las distopías adolescentes: conclusiones. (cuarta parte y final).

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El cine puede distorsionar la escencia de la distopía-PFMS-Start Page Images

Las distopías son un reflejo de los temores y excesos en los que puede incurrir la sociedad moderna, sin embargo, el poner de protagonista al adolescente cambia la percepción que se tiene de este género porque tenemos a un protagonista que se ve forzado a sufrir una transformación radical de su concepción del mundo debido a la excesiva presión de los adultos. Ellos lo obligan a tomar un camino que no le satisface, pero tampoco tiene otras opciones y de tenerlas estas no le llevarán a superar sus carencias interiores; se supone que esta distopía debe recrear lo complejo del proceso de adaptación de las mentes juveniles en sociedades estancadas, el conflicto ético y moral que surge cuando el paternalismo social sacrifica a los demás con miras a protegerse y las desastrosas consecuencias de la sublimación del Complejo de Edipo entre la juventud.

La adolescencia, en la sociedad moderna no se considera una etapa de cambios en el individuo sino que se interpreta como un proceso traumático debido a las presiones con las que lidia la juventud; sobre todo cuando se trata de crear una identidad que sentará las bases para su futuro como adulto porque sin ella no sabrá cuales son sus aptitudes o si pertenece a alguna comunidad. El ambiente moderno tiende a saturar a los jóvenes con modas, restricciones, exigencias falaces y mensajes contradictorios que le impulsan a tratar de “disfrutar” de fugaces placeres antes de que su juventud se acabe, a seguir tendencias consideradas “aceptables” a pesar de su inmoralidad y a tratar de condicionar sus instintos en una búsqueda insaciable del gozo mundano.

Es por ello que la típica afirmación “la juventud esta perdida” suele ser una efímera respuesta de los adultos cuando observa que los resultados de los mensajes absurdos que envía a los jóvenes terminan siendo peligrosos para la estabilidad social. Hay pues, una complicidad silente entre adultos y jóvenes que conduce a manejarse en la vida con una doble moral que aprueba una conducta rechazable y condena otra que es razonable.

Los jóvenes disconformes que tratan de desmarcarse de las presiones, modas e imposiciones de las tendencias sociales terminan desarraigándose, y percibir de manera pesimista la realidad social, afiliándose a grupos “transgresores” o “alternativos” para comunicar su desagrado. Los adultos también se preocupan cuando ven estos comportamientos que tratan de censurar, lo que aviva la idea de que la adolescencia en la sociedad moderna es una etapa difícil y se sublima la necesidad de que los jóvenes quieren ser “libres” pero ¿libres de que?, ¿que concepto de libertad han definido?, ¿que clase de influencias le impulsan de desear un mundo independiente de los adultos si igualmente ellos lo serán?

La distopía adolescente evidencia que ante la imposibilidad de uniformar totalmente a los individuos, dada la naturaleza conflictiva del género humano, opta por tratar de crear una inmovilidad de etapa es decir, mantener mentalmente a los ciudadanos en perpetua adolescencia. En la realidad lo vemos reflejado en comportamientos absurdos y destructivos que protagonizan tanto jóvenes como adultos quienes son conscientes de lo perjudicial de sus acciones, pero se niegan a abandonar lo que para ellos es un hábito permanente. Peor aun, es un hábito que promueven como “deseable” y lleva a pensar que la sociedad ya no tiene rumbo ni metas. Este desenfreno conduce a aceptar a quienes exigen orden a renunciar a la libertad, al papel de orientador para darle poder a la represión más brutal. Es el adulto quien promueve una juventud desenfrenada o sumisa y resentida.

Lamentablemente el género distópico a veces es víctima de lo que critica sobre todo cuando se proyecta al gran público a través de los medios de comunicación, especialmente en el cine contemporáneo quien tiende fuertemente ya no a promover arte e ideas, sino entretenimiento y evasión. La asepsia de un discurso moral que una a los ciudadanos de todas las sociedades a aspirar a un mundo mejor, caricaturiza a la distopía mostrándose ante el público como un relato épico, que tiene sus héroes, villanos, penitentes redimidos y hazañas magnificas, cuando este género es totalmente lo opuesto.

Las distopías adolescentes son fáciles de vender porque el gran público quiere sentirse seguro de que la juventud siempre encarnará su concepto de cambio común, un proyecto social construido desde el pueblo fundido con un caudillo que no quiere -teóricamente- el Poder sino coadyuvar a conquistar ese cambio. La ciudadanía cree imposible alcanzar un acuerdo con el sistema o con grupos opuestos por lo que se justifica la necesidad de invocar la autoorganización, tener un líder que inspire e identificar a un enemigo contra el cual conspirar; ese líder ya no es un adulto experimentado y hábil, sino un joven complejo e inseguro que se apropia de la lucha porque es tomado en cuenta, ya no es deliberadamente incomunicado y excluido se le ha entregado una “responsabilidad” de adulto.

Estas historias construidas de esta manera, son aceptadas fácilmente porque los jóvenes se han vertebrado una imagen negativa de ser adulto, no tienen un “modelo” que les resulte atractivo e inspirador ni creen que exista alguno que logre comunicarse de forma sincera con ellos; así la incomunicación latente entre los jóvenes y los adultos es aprovechada en los medios de comunicación para ofrecer personajes que encajen con los deseos de los jóvenes y sean radicales opositores de los adultos. Son mostrado como sensibles, víctimas de la mezquindad de unos adultos enfermos, inseguros e impulsivos, con una fuerte tendencia a la autosuficiencia y tener una urgente necesidad de encontrar un sentido a la vida que le permita encontrar un espacio en el mundo.

Con este modelo juvenil se crea un falso héroe que no tiene un programa político, un plan para construir una mejor sociedad ni mucho menos interés en ofrecer justicia de forma transparente. Tenemos más bien a un joven envalentonado, que le es útil a otros quienes prefieren sacrificarlo antes de ellos arriesgarse, una trama seudoromántica cursi y forzada con énfasis en la carnalidad, un final feliz donde los “buenos” han triunfado sobre los “malos” y el protagonista tiene cierto dominio de la tecnología.

La distopía adolescente termina siendo sobrecargada con personajes fáciles de penetrar en el imaginario colectivo pero vacíos de conceptos críticos y reflexivos, rimbombante en secuencias de acción que apoyan su concepción épica pero los aleja de la tragedia personal que significa para los protagonistas sucumbir ante la violencia promovida por el ambiente social. La violencia se banaliza hasta el punto de que la muerte termina siendo algo decorativo y los gobernantes lejos de parecer seres humanos que han sucumbido al mal, son convertidos en extraños individuos, villanos anodinos; imposible de tomar en serio sus decisiones porque están construidos sin ninguna humanidad, son solo símbolos pasajeros de maldad.

El aspecto distópico termina siendo decorativo, un relato de aventuras que se disfruta momentáneamente y quiere aparentar ser un manual de política con miras a inspirar a los jóvenes a insurreccionarse contra la opresión, pero ¿cuál opresión?, ¿la del relato o la que creen encarna la autoridad de la realidad? La mediatización de la distopía anula su aspecto crítico y termina siendo una fantasía para estimular los sentidos, no para ejercitar el pensamiento.

El gran problema que enfrenta el género distópico es que ya esta estigmatizado como historias pesimistas y se le niega su carácter didáctico. La profundidad que tiene muchas de estas obras puede resultar incomprensible para el gran público que no esta habituada a ellas y que llevado por el prejuicio o el desconocimiento, ignoran estos relatos. Erróneamente se considera que la única función de las distopías es criticar todo, cuando no necesariamente es así ni es obligatorio que para cuestionar o reflejar lo que se considera malo en la sociedad, hay que apelar a ellas.

Existe la incomprensible tendencia del público a subestimarse y termina convenciéndose de que solo podrá comprender un relato distópico “simplificado”, con un discurso maniqueísta que no promueve la reflexión sino la reactividad.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Nota: el autor recomienda los siguientes enlaces para profundizar en el tema:

La ilusión de las distopías adolescentes: los tipos (tercera parte).

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En una distopía la familia suele incomunicarse-PFMS-Start Page Images.

Las distopías adolescentes a veces tienden a mostrarnos otro tipo de ambiente: la sociedad existe y se ha trazado un nuevo camino o continúa igual, la descomposición social no es evidente mientras que la familia como núcleo principal se mantiene intacta. Sin embargo, los jóvenes son igualmente reprimidos a través de mecanismos sutiles, nunca de forma directa y se traman engaños elaborados con miras a impedir que la lógica del sistema sea alterada. Los ciudadanos de este orden no tienen mucho interés por el cambio social, porque gozan de seguridad material y están convencidos de que el camino escogido es el correcto. Un camino donde el “dolor” no existe, el “sacrificio” individual tienen valor si este protege los ideales de la sociedad -caso contrario se ignora deliberadamente- y la inocencia del hombre ha sido corrompida por una superficialidad que banaliza la profundidad del pensamiento, dirigiendo la voluntad humana al pragmatismo absoluto.
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Este escenario corresponde a la distopía adolescente utilitarista la cual nos presenta un futuro en donde el individuo sirve en función a los intereses del sistema social, no existe una meritocracia ni un mecanismo humanizado que valore al ciudadano por lo que es, sino por el beneficio que representa para los objetivos de la sociedad. La libertad del individuo no ha sido reducida de forma directa, sino condicionada a someterse a unas exigencias consideradas necesarias para gozar de las “oportunidades” que ofrece el sistema. Evidentemente, dichas exigencias son un medio de coacción pero son presentadas a la ciudadanía como un medio de reconocimiento social y de vía para ascender a mejores posiciones. La principal meta de este sistema social es mantener ocupados a sus miembros en una búsqueda insaciable por satisfacer su ego, el conseguir una mejor posición social en detrimento de los demás.

Puede decirse que la sociedad inculca a los jóvenes a conspirar por lograr el mayor reconocimiento social, de competir sin moral alguna en lograr aquello que desean, aún cuando no les corresponde. En el ambiente social impera una asepsia a cuestionar las decisiones ciudadanas cuando estas exigen un juicio crítico; de haber un desacuerdo es la masa adoctrinada la que se encarga de proscribir a los disidentes. El gobierno de la masa, es quien impone la autoridad y sus representantes se encargan de “administrarla”. La sociedad así constituida reduce a mero objeto al ciudadano. Lo puede sacrificar si este reporta un beneficio colectivo, a cambio este será reconocido, considerado un ciudadano ejemplar por su desprendimiento y valor.

El poder de este gobierno de la masa radica en sugestionar a sus miembros bajo la idea de que todo esfuerzo individual es efímero, el pensamiento disidente que no reporte una mejora para el sistema es peligroso, no se es alguien en la vida ni se considera que exista sino replica la conducta colectiva y no ascender dentro de los distintos niveles convierte al individuo en un ciudadano menor. Quienes no se ajusten a las rígidas normas impuestas, son presionados bajo la idea de que su conducta promueve una anarquía que justifica el dolor, el miedo, la soledad, la inseguridad y el regreso a una pasado indeseable que impedía el progreso.

Es decir, el nuevo contrato social que firman los ciudadanos de estas sociedades no considera humano las emociones -positivas o negativas-, el pensamiento individual, la necesidad de buscarse a si mismo, la profundidad de idea y las necesidades del espíritu. Reconoce como virtudes humanas el materialismo, la crueldad, el pragmatismo, el “sacrificio” con fines propagandistas para defender los valores de la sociedad, la falta de escrúpulos, la manipulación, el chantaje y el ansia de reconocimiento social. Tales contrastes se mantienen enfrentados en esta distopía sin que ningún cambio social modifique significativamente la naturaleza maligna de esta humanidad.

Los jóvenes descontentos o conformes con este orden siempre serán presionados en que deben encajar en la sociedad, deben ser útiles para el sistema aún cuando tenga que renunciar a lo que aman o a hacer lo correcto, deben ser “importantes” para ser reconocidos, deben poseer aquello que proyecte buen gusto o estatus, resignarse a aceptar que es prescindible si es útil para el bien colectivo, deben priorizar lo estético antes que lo auténtico y considerar la superficialidad como una sinónimo de refinamiento. La familia tampoco puede decirse que es totalmente libre, más bien reproduce las exigencias sociales en su seno a cambio de tener un futuro seguro que garantiza un estado paternalista quien domina con la astucia en vez de la fuerza. Tanto es así que la familia “ama” a sus miembros siempre que estos se ajusten a dichas exigencias, de lo contrario, puede prescindir de ellos para proteger su imagen.

Hay algunas historias que tratan de hacer creer que los jóvenes son auténticos protagonistas y los adultos sus enemigos. Los adultos son presentados como seres mezquinos y arcaicos mientras que los jóvenes son creativos y sensibles, pero en el fondo la realidad es más dura: los jóvenes son utilizados por otros adultos incapaces de actuar de forma abierta, así que los engañan explotando su disconformidad, deseo de independencia y ansias de aventuras. Terminan siendo sacrificados para construir el mundo de otro más cruel y calculador, es decir, en este futuro si hay “jóvenes rebeldes” será por creación de una voluntad adulta, no necesariamente será un acto espontáneo de ellos.

También en estas distopías es más evidente la incomunicación entre los adultos y los jóvenes producto de las presiones sociales. Los padres parecen preferir el criterio externo para educar a sus hijos antes de escucharlos y decidir. Para las familias de estos futuros criar un hijo no es visto como una responsabilidad, sino que es un medio para lograr un fin supremo que es el ser aceptado por una comunidad materialista que valora las apariencias antes que la sinceridad y la verdad.

Los errores y conflictos se ocultan, no se enfrentan con tal de conservar una imagen de perfección familiar que no perturbe a la comunidad porque ella es una extensión del gobierno de la masa y no tolera la anarquía de un individuo que no se ajuste a las pautas de comportamiento que impone. Ante la falta de comunicación, el joven se resigna porque no tiene otras opciones o trata de alcanzar roles de adulto sin tener todavía madurez para asumirlas. Lo hace porque cree que de esta manera podrá escapar de las presiones comunitarias y familiares, cree que si es reconocido tempranamente como “adulto” no será subestimado. No obstante el sistema vuelve a triunfar porque obliga a quienes no tienen opciones a aceptar solo lo que él le ofrece.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x