La violencia como espectáculo (segunda parte y final).

Los medios de comunicación pueden actuar como un poderoso modelador de la percepción-Google Images

En el artículo previo exploré sobre como la violencia se puede reproducir, tergiversar su contexto y actuar como disparador de nuevos delitos con las nuevas tecnologías de telecomunicación. En esta segunda parte y final sobre este tema voy ampliar con algunas otras observaciones.

 El principal problema de esta aparente “epidemia” de violencia que padece algunas partes del mundo, aparte de los factores sociológicos más evidentes, es que ha desarrollado una especie de capacidad de atracción hipnótica por parte de los espectadores en querer multiplicarla, algún nuevo o desconocido factor inconsciente pareciera interesar a muchos ha hacerlo “suyo” mediante la identificación o quizá la mente humana en tanto años de exposición audiovisual pareciera haber sufrido un cambio muy drástico que interpreta aspectos de la realidad como si “estuviera detrás de una pantalla”. Tal vez una parálisis del juicio frente a ciertos estímulos negativos o estamos ante una crisis existencial global, cuyo epicentro iría más allá de lo científico, quizá una sobrecarga… informacional de tantos conceptos, ideas, y símbolos junto a una herencia de disconformidad social acumulado durante tantos años.

 Podemos citar en nuestra búsqueda de respuestas, todas las investigaciones científicas sobre como la imagen (la que se puede ver en la pantalla) modela la interpretación de la violencia, pero la falta de consenso en sus resultados, sumados a los radicalismo de turno no ayuda a encontrar una solución. En lo que si estamos de acuerdo casi todos es que la violencia y su uso en la consecución de un objetivo social reconocible o personal tuviera visos de ser un objeto de “culto”… suena tenebroso pero pareciera así.

Sin un consenso científico ni social, seguimos a la deriva para frenar la violencia armada-Google Images.

 Y si fuera así ¿entonces toda esa maquinaria de “entretenimiento audiovisual” nos ha hecho propensos a convertirnos en violentos?, ¿será que no estamos viendo más a fondo que dispara la violencia en una persona del siglo XXI?, ¿acaso lo que creemos  “inofensivo e irreal” no aplica de la misma forma en como puede entenderla el ser humano?. Quiérase o no muchos jóvenes con la era de la información saben mucho de armas y formas de matar en parte a la industria de los videojuegos, industria que desde el siglo pasado nunca ha abandonado la polémica sobre si sus productos son peligrosos para la juventud y aunque no conviene culparla de todo, por ser esa una posición radical y carente de objetividad, es curioso que muchos de los grandes éxitos de esta industria son historias donde no hay otra forma de resolver los problemas sino con el uso de la  fuerza, en algunos casos de forma muy desproporcionada.

Los videojuegos influyen notablemente entre lo jovénes, pero ¿estarán diluyendo su sensibilidad sin darnos cuenta?-Google Images.

Sobra decir que mucho de los contenidos de algunos de esos “éxitos” no nada más hay violencia, también plantean tramas y elementos como torturas, formas alternativas de matar al enemigo o  guerra de forma nada seria, cayendo en lo enajenante, ¿estamos en una contradicción entonces? evidentemente si, pero ¿si esos productos están en el mercado, no será acaso que gozan de una sociedad permisiva?. Sí hay sociedades indiferentes o facilitadoras de los medios para matar, existen las que si bien controlan el acceso a estos medios contradictoriamente subliman a los mismos con alguna complicidad de ella, en parte porque se subestima sus efectos, por falta de consenso, o amparándose en una interpretación libertina de la libertad de expresión se crean obras mediáticas de entrenimiento violentas que pueden dar la falsa impresión en mentes pobres de criterio de que destruir es “divertido y gratificante”.

No conviene para ninguna parte, caer en posiciones radicales especialmente en ultraconservadurismo, tampoco podemos dejar las cosas así, pienso que hay que establecer límites y sobre todo rescatar los valores positivos del ser humano que sin ellos no avanza ninguna sociedad, hay que también dejar esa costumbre de “culpar a alguien” para ocultar el problema de cuya práctica ya vemos los resultados: muy nefastos. Urge a la sociedad global, dejar a un lado las excusas y amenazas de ficción, para centrarse en reorientar los instintos humanos a cosas más benéficas ya que si esto esta pasando y todavía seguimos polemizando sobre el tema es porque no hemos hecho nada.

Se muy bien que muchas personas que lean esto traerán a colación la tan manida excusa de “pero eso que pides es utopía porque….”, puede parecer, pero la utopía permanece en nuestra mente porque no somos capaces de hacer lo correcto ni llevarlo hasta sus últimas consecuencias, para todo vamos creando obstáculos, así si queremos una sociedad de paz… dejemos las excusas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

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La violencia como espectáculo (primera parte).

The running man, la violencia como show mediático.- Google Images

La violencia ha cobrado notoriedad recientemente y no es para menos, dado las cada vez más destructivas consecuencias. En esta ocasión exploraré otro aspecto de la violencia un tanto inquietante: su “promoción” utilizando los actuales medios de comunicación.

Un rasgo característico del siglo XXI es la ubicuidad de la información, todos podemos acceder y compartir datos con rapidez incomparable a otros tiempos. Sin embargo muchas personas emplean estas ventajas, para difundir su participación en actos violentos ejemplo de ello esta en el “bullying” o acoso protagonizados por jóvenes quienes graban sus acciones y luego publican en Internet muchas veces por morbo, para humillar a su víctima o para llamar la atención del “público”.

Se podría decir que estas personas buscan convertirse en “celebridades”, aún cuando ganen el más contundente rechazo, siempre existen simpatizantes de sus acciones. Estos simpatizantes tienden a repetir de manera más bizarra lo que vió y también lo difunden, haciendo complejo el determinar que fuente de violencia puede estimular en un espectador su interés en ser partícipe en hechos de este tipo.

Esta el caso más extraño aún de los criminales comunes de mediatizar sus delitos, colgándolos en la red como si fuera una “gran obra” y buscando que se hable de los mismos. Por supuesto, a veces sucede lo opuesto siendo el público quién populariza al delincuente cuando su crimen se filtra o es divulgado. El colmo, es que el delincuente puede obtener “aprobación” desvirtuando su imagen, en detrimento de las víctimas. Llega la situación al punto, de escribirse libros de su vida delictiva o ellos mismos negocian con productoras para contar su historia, a través del cine o la televisión, con notable éxito volviendolos “populares”. Nadie parece importarle los antivalores promocionados, todo se vale con tal de saciar los oscuros gustos del público.

Otro aspecto esta en el “llamado” a participar en hechos violentos a través de la mensajería instantánea o por redes sociales; quienes planifican estas acciones emplean los teléfonos móviles con estas herramientas. En la mayoría de los casos captan su vandalismo para divulgarlos, aumentando el número de participantes quienes también lo promueven y difunden hasta formar un “enjambre” destructivo donde nunca falta quién lo grabe para compartirlos con más personas. Esto hace que muchos disturbios sean coordinados en la red antes de ejecutarlos o durante los mismos, haciendo imposible predecirlos.

Como siempre, dentro de los espectadores existen personas que “disfrutan” viendo tal orgía de destrucción; sin criterio crítico. El resultado de esta “mediatización de la violencia” es su completa vanalización volviendo indiferente al público e incapaz de distinguir la violencia real con la ficción, los espectadores se pueden convencer rápidamente de que ser transgresores los vuelve importantes e interesantes; terminan creyendo que podrán contar con el “afecto de un público” no siendo consciente de las consecuencias.

Paralelo a los que participan están los que se satisfacen de forma malsana de los sucesos violentos transmitidos, son individuos que sienten placer viendo y retransmitiendo todo contenido con dicha características, hasta volverse casi adictos. No sienten nada hacia las víctimas, tampoco poseen juicio crítico sobre lo que ven y empatizan con los protagonisas de sucesos violentos. Estan carentes de humanidad, aunque muchos no son capaces de usar la fuerza, son personas que pueden convertirse en cómplices si coinciden con un acto de violencia real, serán meros espectadores porque su mente esta condicionada a sentir placer con la violencia recibida a través de los medios. Otro individuos encuentran en la violencia audiovisual herramientas y motivos para cometer asesinatos.

No se puede creer ingenuamente que quienes “disfrutan” de la violencia audiovisual son orates, muchas personas “normales” pueden sentir cierta satisfacción con algunas escenas o empatizar con personajes, ficticios o reales, con características violentas. Ciertamente, habría que estudiarse otros aspectos como la familia, ambiente social, la criminalidad, educación entre otros aspectos antes de sacar conclusiones apresuradas sobre este punto.

En lo personal considero, la sociedad ha descuidado y subestimado la capacidad destructiva humana en lo cotidiano preocupandose más por actores, de violencia reconocida, latentes en ella. Se ha ignorado el papel predominante de la técnica como elemento modelador del pensamiento, relegando el debate a “círculos académicos cerrados”, según el criterio de las esferas culturales oficiales… hasta el momento.

El presente siglo, la ciencia y la tecnología, influye en el hombre, ha desplazado al humano del centro social para ser ellos el centro; aunque el antropocentrismo humano se sigue predicando en las escuelas, seguimos empeñados en construir un humanismo ético acorde al presente siglo en la práctica estas ideas languidecen frente a la arrolladora realidad en que vivimos.

No podemos tampoco demonizar los progresos obtenidos ni caer en la tentación del radicalismo, hay que investigar la influencia de nuestro progreso sobre el ser humano con tal de buscar soluciones objetivas ante el reto que esto conlleva.

El hombre es responsable de sus actos, pero si el hombre enfundando una máquina, destruye a sus semejantes más cuidado debe tener… Las máquinas son neutrales hasta que el hombre las usa… la voluntad del primero traduce la del segundo…

Después de todo, quizá habría que darle razón al movimiento Tecnorealista cuando dicen:” las tecnologías no son neutrales”… a lo que se le podría agregar: “porque el hombre no lo es”.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

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A próposito de la violencia armada.

El actor Charlton Heston empuñando un rifle en un discurso para la Asociación Nacional del Rifle (NRA).- Google images

Se ha vuelto muy noticioso el problema de la violencia armada, pero creo que sigue la tendencia de buscar un culpable externo en vez de asumir como sociedad e individuos nuestra responsabilidad en la materia. La industria armamentística basa su existencia en la simple idea “de que existe una amenaza a combatir” lo cuál termina por convencer a la gente de que armado “se esta seguro”, sin embargo, esta industria existe porque la legitimamos con nuestros temores; la mayoría de ellos irracionales. Si el ser humano no renuncia adsolutamente del uso de la violencia para solucionar sus problemas, las armas y su venta estarán allí.

Parece utópico que el ser humano renuncie en masa al uso de la violencia, sobre todo al ser tan diversa y contradictoria en cada sociedad la relación violencia-armas, pero si no se empieza a trabajar indivual y socialmente en una cultura de la paz, del equilibrio emocional y racional, será igual de frecuente las matanzas perpetradas por individuos “desequilibrados” que en el fondo son un reflejo de nuestras omisiones como sociedad. Nadie se arma a menos que se sienta amenazado, aún cuando parezca absurda la interpretación subjetiva que se tenga de que es una amenaza. Las guerras son un ejemplo de eso.

El uso insensato de la tecnología moderna ha quedado muy arraigado dentro de la “cultura popular”, un concepto morboso de violencia que se perpetúa gracias a la industria del entretenimiento; teniendo generaciones de jovénes, convencidos muchos, de que la violencia no se puede combatir sino con más violencia. Es poco los casos donde se promociona el uso pacífico de los talentos humanos para cambiar el clima de violencia a través de la paz; aún en esta era de Internet. Pero ¿quienes permiten que se perpetúe esta mentalidad violenta? nosotros los ciudadanos, aceptándolo, ¿acaso no hemos apoyado “posiciones violentas” con expresiones tales como “se lo merece, porque era un asesino”, “mano dura con esos desgraciados”…?. El que este libre de pecado que arroje la primera piedra.

Estamos a la deriva. Se nos olvidó que un hombre, SOLO UNO, llamado Adolfo Hitler convenció a todo un pueblo que con las armas y la violencia se conseguía las cosas. Un hombre que usó medios modernos y sofisticados para demonizar la vida, construyendole un altar a la muerte…Adolfo Hitler, es solo un culpable, todo el pueblo aléman de su tiempo, “se convenció” de que la violencia les permitiría ser “superiores” por lo tanto ellos son cómplices, entonces, ¿cuantas veces no hemos ordenado matar a otro ser humano “porque es una amenaza” con un comentario o pensamiento?. Todo esta dentro de nosotros, Adolfo Hitler fue solo una expresión de las frustaciones interiores del pueblo aléman de esa época.

Sin ánimo de ser agorero, me parece que el problema de la violencia armada se esta manejando de forma burocrática, no hay detrás de esas medidas correctivas que se quieren implementar, una estrategia planificada cuidadosamente para promover la paz. De nada, sirve poner leyes más severas si de niños ya sabemos matar… como si fuéramos espartanos modernos. Será mejor ir trabajando en la paz ahora para no seguir lamentándonos mañana, o si no podemos conevertirnos en una quimera destructiva como lo plantea el escritor de ciencia ficción Robert Heinlein en su libro Starship Troopers: una sociedad muy sofisticada a nivel técnico y científico pero deshumanizada debido a una paranoica concepción belicista del universo. Mucho peor, es llegar a niveles como los de la película Robocop: para “combatir” el crimen se vale arruinarle la vida a un hombre, el agente policial Alex Murphy,convirtiendolo en un engendro cibernético tan brutal con el fin de “mantener el orden público y proteger al ciudadano”. En ambos escenarios todos los ciudadanos serían asesinos. A veces la ficción dice más que la realidad misma.

Halo: Boot Camp, de seguir así, los niños del mañana serían soldados- Google images.

Personalmente no estoy de acuerdo con que la gente ande armada, bajo ningún concepto, demasiadas muertes han ocurrido por un arma vendida a un ciudadano…es una ilusión creer que no se puede equivocar el que usa un arma…

No obstante, depende de la ciudadanía desarmarse o seguir igual. Todos escogemos, todavía estamos a tiempo de tomar la decisión más sabia o la más tonta.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Opinión sobre el deporte venezolano.

Rollerball, ¿será la violencia el deporte del mañana? muchos prefieren ignorarlo.-Google images

 Abandonando mi habitual “neutralidad” con respecto al tema deportivo, lamento tener que expresar mi desilusión en lo que hemos convertido el deporte nacional. El deporte desde el inicio de los tiempos se concibió como medio para encauzar los instintos humanos, lograr la unión a través del trabajo en equipo y disciplinar al hombre; no así se le puede llamar deporte ha esa mezcla insana de emociones exacerbadas como las vistas en el público nacional ni tampoco la evidente cantidad de irregularidades en los partidos.

La violencia es la protagonista en el deporte local, la presión de un grupo sobre otro a partir de la amenaza solo muestra cuan primitiva se ha vuelto nuestra sociedad, cuan incapaces somos de disciplinar nuestros instintos y emociones nada más para demostrar lo poco maduros (palabra tan acariciada y mal interpretada) que somos en nuestra cotidianidad.

No hace mucho tiempo leí un análisis de la película  Rollerball (Norman Jewison, 1975), donde el director en su obra proyectaba una inquietud demasiado preocupante: como el deporte en el transcurso del tiempo se ha vuelto un medio factible para drenar esa absurda apetencia destructiva que aqueja todavía al ser humano.

Convendría a cada ciudadano de este país tomarse más en serio en disciplinar a ese “troglodita interior”, dirigirle racionalmente hasta convertirlo en un adulto, es decir, una persona capaz de dominar sus pasiones.

Recuerden aquella frase que dice:

“Educar al niño y no tendremos que castigar al adulto”

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.