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La ilusión de las distopías adolescentes: El escenario. (Primera parte).

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El sentimiento de fracaso del hombre moderno conduce a la incomunicación con sus semejantes-PFMS-Start Page Images.

El género distópico ha encontrado un nuevo protagonista: el adolescente; un personaje de acciones compulsivas e impredecibles, quien debe enfrentar un mundo adulto oscuro y terrible que trata de someterlo usando el miedo, la violencia y la represión. El objetivo del adulto es esclavizarlo porque lo percibe como una “amenaza” para el orden social que él ya ha establecido, lo trata como un gamberro que puede ser desechado. La idea de considerar a los jóvenes como víctimas de la cosificación social por los adultos parte del sentimiento de fracaso que agobia al hombre moderno, quien temeroso de su futuro no sabe como dirigirse a los jóvenes, está sumido en una profunda impotencia de no tener respuestas de por qué el mundo que creó y heredó “funciona” de una manera tan absurda. Teme incluso, a los cuestionamientos que harían sobre él y prefiere evadir su responsabilidad en el proceso de formación de los mismos.

Adultos irresponsables e incapaces, llevan a los jóvenes a un estado de desencanto que les impide explorar de forma racional la realidad que le rodea, manteniendo a ambas partes en una constante hostilidad. El trasfondo de una distopía adolescente -si se trata con seriedad-, es reflejar la necesidad de mejorar las basas morales y educativas que hagan sentir a los jóvenes integrados a la sociedad, denunciar su utilización con fines perversos, y exponer la situación de aquellos que se encuentran desocupados y desprotegidos por las instituciones. Hay que notar que en estas historias, los adolescentes protagonistas son individuos inseguros, vulnerables y con poca idea de cómo enfrentar la vida. Quizá sean personas excepcionales, pero vacías internamente, porque no se sienten integrados ni comprenden la rigidez de las normas impuestas por los adultos dado que los mismos, le han enseñado a temer a todo.

En este tipo de distopía queda evidente un elemento fundamental: la sociedad se sumerge en una vorágine autodestructiva que le lleva a sacrificar su propio futuro -encarnado en los jóvenes- ya que no tiene ni metas ni objetivos concretos, tampoco desea avanzar y arrastra a todos sus miembros a la decadencia. Para ello se crean gobiernos represivos, retos de supervivencia extrema, espectáculos televisivos violentos, se sobrevolara el materialismo, se fomenta el uso de drogas o se obliga a los jóvenes a participar en terribles guerras. Recrea sociedades que imponen un utilitarismo social donde todo es aparente y el auténtico móvil está oculto: la represión, la violencia y el odio hacia la juventud forma parte de un mecanismo externo que esconde el desinterés de la sociedad por cambiar.

La sociedad se hunde junto a sus miembros a la extinción, porque el hombre ha perdido todo interés en la vida, así que prefiere inmolar al futuro -los jóvenes- antes de admitir que tiene un gran problema interno. Erróneamente, los gobernantes empujan a sus miembros a la utopía en un intento por recuperar el sentido a la existencia con consecuencias desastrosas para el desarrollo mental de los ciudadanos, a quienes sumerge en la más agobiante paranoia o en un estado histérico inquietante. Los jóvenes terminan siendo unos desheredados, no tienen conocimiento del pasado o sí lo tienen está tergiversado, no saben desarrollar sus talentos de forma constructiva, viven temerosos o se ven obligados a rebelarse sin darse cuenta de que son utilizados, y su estabilidad mental es poca, volviéndolos incapaces para ocupar un puesto en la sociedad sin considerar la responsabilidad que conlleva.

Los adultos “forman” jóvenes desarraigados, con escasos vínculos familiares, hostiles, tendientes a tribalizar, a ser sugestionados con antivalores, proclives a la violencia, mentalmente perturbados e irresponsables y propensos a victimizarse, a quienes visten con el traje de héroes para justificar las acciones a las que los impulsan. En el fondo estos jóvenes mantienen severos problemas de comunicación con los adultos, no tienen una identidad propia y tratan de buscarla en el exterior, carecen de visiones constructivas del futuro, y en caso de rebelarse el único punto de vista que valoran es el suyo. La sabiduría que otorga la experiencia del adulto no les interesa.

La distopía adolescente debe tratar de reflejar la incomunicación del adulto con el joven, más que mostrar meras aventuras banales. Estas historias recrean el enfrentamiento entre el paternalismo social y una juventud descontenta que se autoatribuye una misión redentora, cuando en realidad está abandonada y desea el afecto -y atención- del adulto quien lo trata como un incordio. En las tramas podemos encontrar dos personajes importantes, que actúan como metáforas, de la mitología griega: Cronos representaría el paternalismo social violento, que odia a sus miembros y que temeroso de ser derrocado los “devora” mediante la represión, la corrupción del individuo y abandonando su responsabilidades como educador.

El adulto retratado es un ser vil quien valora más su propia existencia y ve a los demás como “inferiores”, empero en el fondo su forma de ser es consecuencia del descuido de otros adultos. No tiene sentimientos nobles, y gusta que le adulen. Es consciente de la vaciedad de la existencia que lleva aunque se niega a renunciar a ella. El otro personaje que podemos encontrar es Edipo simboliza la juventud de una distopía adolescente, ignora todo sobre si mismo y mantiene una relación conflictiva con los adultos caracterizada por los secretos, la violencia, la ignorancia y el rechazo. Desea tener una identidad, pero carece de un referente adulto y una educación concreta que le otorgue las herramientas para desarrollarla. No tiene claro cuál es su papel dentro de la sociedad, teniendo que volverse un errante o un imitador de los poco roles adultos que llega a conocer.

Termina por odiar a los adultos porque lo han dejado solo y sin recursos en el mundo, así que planifica destruirlos para construir su propio mundo que vanamente ocultará sus frustraciones. Dicho mundo no será muy diferente del que ya conoce, aunque lo niegue. Es un niño abandonado que imitará lo que considera puede ayudarle a cubrir sus necesidades, extrayéndolo siempre de la conducta de los adultos. Es inmaduro, porque no tuvo ni afecto ni educación suficiente por lo que su rebeldía será un intento de exigirle a los adultos su atención; si llega a obtener el Poder su destino será trágico porque toda su vida se sustenta en la soledad y la ausencia de relaciones sinceras, actuando de la misma forma que los gobernantes déspotas que derrocó, convirtiéndose en un Cronos aún peor que el anterior y temeroso de ser derrocado. Un ciclo pernicioso de maltrato que nunca tiene fin.

La distopía adolescente trata dentro de una dimensión futurista pesimista, el fracaso de la sociedad en educar a sus miembros más jóvenes a quienes intenta “corregir” mediante el maltrato para obtener su sumisión, más que su respeto. Los jóvenes que crecen en ambientes carentes de afecto y valores, se convierten en verdugos de sí mismos. Sin embargo, ciertos autores pretenden justificar sus rebeliones con un discurso pseudopolítico que trata de presentarlas como “un acto reivindicativo ante la indolencia gubernamental”, quien los reprime porque ellos representan el cambio, la vanguardia ante una sociedad cruel, son los depositarios de la esperanza de un mundo más justo.

En realidad, los jóvenes de los futuros distópicos son esclavos de los adultos aunque se rebelen y harán exactamente lo que ellos ya planificaron previamente. El paternalismo social nunca será humano, sino más cruel y sanguinario, su derrocamiento confirma que los adultos han triunfado nuevamente sobre una juventud abandonada, sin experiencia en la vida y alienada. Hay que recordar que los adultos de estos mundos crearon un sistema que sacrifica a los individuos, creando circunstancias extremas para lograr la mayor cantidad de muertes y mantener su lógica inalterable.

Con nuevos gobernantes, quizá se suavicen ciertas condiciones “molestas”, pero el odio de los jóvenes hacia el rol de adulto que conocen -indolente y violento- será dirigido hacia otro individuo que encaje con ese perfil. Así el sistema preserva su lógica inmoladora, con otras autoridades, pero inmutable en su crueldad. Además tenemos una juventud condicionada a destruir sin ninguna referencia de un mundo distinto al que conoce ¿como podrían ellos crear un mundo diferente? No es posible.

Sencillamente, son individuos convencidos de que su juventud será eterna y que podrán vivir con esa misma mentalidad toda la vida. Tratarán de recuperar su inocencia perdida con actividades propias de un adulto sin tener una madurez mental para comprender ese rol, condenándolos a vivir en el autoengaño.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Las redes sociales no son un espacio político.

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Las redes sociales pueden provocar una polarización política peligrosa-PFMS-Start Page Images-

“En los medios sociales por Internet no importan tus parámetros de privacidad, se tomará en cuenta todo lo que hagas. Todo es público”

                                            Ernesto Priego, Editor de The Comics Grib

“No necesitas 5.000 amigos en Facebook para saber que los medios sociales de Internet pueden tener una mezcla notable de rumores, chismes y desinformación”

                                                       Adam Rawnsley, periodista

La política no es un tema fácil, mucho menos debatir equilibradamente sobre él. Generalmente quienes no poseen una preparación adecuada sobre la materia, creen que solamente con imponer su punto de vista se es un “buen estadista” y no es así. La política -como ejercicio- es un tema que requiere mucha concentración, evaluar amplios escenarios y contar con una visión a largo plazo, sobre todo exige un gran esfuerzo para mantener la sensatez en todo momento, -especialmente en los momentos más difíciles- pero también pone a prueba la honestidad del político, quien debe corresponder tanto como pueda con sus ciudadanos.

El debate político siempre está sujeto a reglas claras que todos cumplen y aceptan, porque la política es un acto racional, quienes la ejercen dejándose llevar por la emotividad no pueden ser considerados buenos representantes políticos, necesitan más experiencia hasta que aprendan a dominarse. Desafortunadamente las mismas contradicciones de la naturaleza humana así como los cambios en la historia, pueden trastocar la conducta de los dirigentes y es allí donde un nuevo actor puede cambiar dramáticamente los acontecimientos: las redes sociales. Este invento terminó –erróneamente- siendo considerado un espejo de toda la sociedad, cuando ellas sólo son una pequeña parte de la complejidad mediática del presente siglo.

Sin embargo, su fácil interactividad y grandes posibilidades de ubicuidad, han permitido que muchos estén convencidos de que las redes sociales son la única cara visible de la red en el mundo político. También está el hecho de que la comunicación con ellas se hace más dinámicas incluido el uso de elementos simbólicos –los llamados “memes” o caricaturas digitales, por ejemplo- de gran repercusión social. En este espacio virtual es sencillo marcar tendencias y modelar la opinión pública en torno a un tema, según el estado de ánimo de la “audiencia”. Están más valorados los factores emocionales, deseos y la reactividad de los internautas en ellas que los juicios objetivos y opiniones serias.

En pocas palabras, sólo porque es más fácil interactuar por este medio es sobrevalorado su efectividad para considerarlo como un espacio adecuado para el debate político; una apreciación sustentada en el “efecto de cercanía” que produce las redes sociales en la psiquis, que es potenciado por la posibilidad de que cada actualización está sujeta al tiempo real. Lo anterior es evaluado dentro de parámetros técnicos, empíricos, comunicacionales y sensitivos no políticos, porque un auténtico espacio político está sujeto a reglas que limitan los excesos y constituyen un clima de confianza que permiten valorar las opiniones de los distintas posturas, eso incluye un respeto absoluto a su punto de vista.

La realidad política en una red social es opaca, muy influenciada por la mutabilidad de opiniones que no necesariamente se ajustan a la realidad, porque la mayoría de los comentarios parten de acciones automáticas, emotivas o dirigidas. Son pocas las opiniones que parten del pensamiento, del uso coherente de los sentidos de la mano con la racionalidad, casi todos parten de la reactividad y de tomar en cuenta lo que siente o quieren hacer sentir en el público, no lo que piense. Quien conoce del poder de la palabra puede distinguir cuando “alguien pensó y escribió” de quien no, pero esto es un talento restringido a pocos, porque la mayoría sigue sin comprender que la palabra es pensamiento en acción siendo un instrumento muy poderoso.

Una red social en política actúa como un muro de contención en donde los ciudadanos demasiados apasionados, desahogan sus malestares sin que estos se traduzcan en acciones concretas en el mundo físico y manteniendo intacto al Poder porque todo dirigente sabe lidiar con las pasiones exacerbadas, sin que esto represente gran preocupación para él. Aunque la situación se trasladase al plano físico es fácil para las autoridades conocer de antemano –según las tendencias, datos de geolocalización, frecuencia con que se comenta un tema específico…- cómo esta va a desarrollarse y reducirla sin dificultad o cambiar el discurso inicial por otro aparentemente conciliador o acusador, mientras se traza un plan para aplicar una medida especifica en otro momento más ventajoso.

Esas supuestas “victorias ciudadanas” en algunas circunstancias no pasan de ser un simple retroceso momentáneo. Paralelamente, la política en una red social siempre está fuertemente influenciada por la ausencia del respeto al punto de vista contrario, porque en este medio no hay un mecanismo de control que parta de los administradores que detecte y/o sancione a un infractor, todo depende de una denuncia previa de otro internauta. También se presentan casos donde más de un internauta puede convertirse en cómplice de otro(s) si estos dicen algo con lo que concuerden, aquí tampoco los mecanismos tienen una celeridad para identificar y castigar al infractor, más allá de suspender “una cuenta” en conformidad con el número de denuncias reportadas y que sea coincidente con infracciones de términos de uso de la red social.

Los mecanismos existentes son limitados y represivos, no son contundentes y punitivos porque las mismas limitaciones técnicas, las diferencias culturales, los pocos acuerdos entre las autoridades y dueños de las redes sociales, así como las lagunas legales de sus propias normas hacen complejo poner orden en el espacio social. Con tales dificultades los infractores tienen la sensación de que no hay reglas en las redes sociales, que en ellas son inmunes a las consecuencias, creando un clima de permanente hostilidad para opiniones más moderadas, pero en cambio se aplican las leyes digitales de cada país, que algunos desconocen o pretenden ser inmunes a ellas. Los ambientes adecuados para un debate político, no admiten este tipo de participaciones porque lo que interesa es lo que piensa el político sobre un tema a tratar, ya que de ello depende el bienestar o el fracaso de su gestión.

Asimismo en las redes sociales se maneja la política de manera frívola, como si fuera un tema de farándula y los políticos son tratados como celebridades del momento que se les debe adorar u odiar según lo considere el público. La seriedad con la que debe evaluarse su gestión es reducida, siendo valorado aspectos como su estado civil, la apariencia, los comentarios inadecuados que hizo hacia sus opositores, el cuantificar la cantidad de comentarios que generó su reunión con un homólogo o el presumir que cuenta con gran cantidad de simpatizantes en una red social considerándolo como muestra de ser “muy popular” y con grandes posibilidades de éxito electoral (¿?).

Si el esteticismo y la banalidad determinan la escogencia de un dirigente político, entonces se apoya la mediocridad, descartándose la capacidad de un líder. Los escenarios políticos no se manejan con el inmediatismo y las estímulos automatizados que producen el uso habitual de las redes sociales, requiere una cuidadosa preparación en donde se debe estar dispuesto a admitir los errores y comprometerse a corregirlos, a respetar los protocolos establecidos en el comportamiento político y sobre todo hacer un uso moderado del lenguaje porque el político con su palabra dice quien es, esto último también aplica a quienes opinan sobre política en las redes sociales.

Empero, dentro de la ciudadanía y los mismos grupos políticos existe un desinterés por dejar de polarizar el ambiente político en las redes sociales porque pareciera que es más fácil culpar de todo a los políticos o porque con este medio es más sencillo sacar ventaja sobre el rival. Ambos puntos de vista son errados y carentes de ética, porque el político es un servidor público, un asalariado más dentro de la sociedad, cuyas tareas son muy exigentes y afectan a todo el tejido social por lo que los ciudadanos deben mostrar una actitud equilibrada al igual que los diversos grupos políticos.

Hay que dejar de creer que las redes sociales son la puerta principal de Internet, este medio –si bien muy relevante- es sólo uno de los miles que existen para poder expresarnos y consultar información en la red de redes, cuyo uso está sujeto a las mismas normas del buen comportamiento que aplicamos en la vida real, más aun cuando nosotros consentimos exponernos tal cual como somos. Si vamos a participar con este medio en política debemos ser cautos con lo que decimos porque nuestras palabras también forman parte de lo que somos, un comentario mal intencionado será asociado con nuestra persona y podría ser nefasto.

El aconsejar cautela y moderación no puede seguir siendo considerado como “cobardía” ni “debilidad”, sino como la más elemental de las pautas a seguir en la política y más aún en las redes sociales.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El odio se apodera de Internet.

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El mal uso de la red, la hace propagadora del odio-PFMS-Ixquick Images.

A pesar de que Internet es una gran herramienta para el progreso social, no está libre de tan pernicioso sentimiento. La tecnología más importante del presente siglo, convertida en un instrumento de cosificación masivo. Una extraña mentalidad se adueña de una parte de la comunidad de internautas que considera “correcto” el verter sus rencores en el ciberespacio; ni siquiera podemos hablar de un momento en donde se pierde la compostura y después se rectifica por el yerro, no, estamos ante una práctica desenfrenada de desprecio hacia el otro, de burla bizarra ante la tragedia ajena o de imponer mediante el insulto y la amenaza un punto de vista. La cortesía practicada en el mundo real desaparece en la red dando paso a la irracionalidad.

Si bien existen mecanismos para limitar la acción de éste venenoso sentimiento, no deja de ser sorprendente que la auto observación de los actos individuales esté ausente en la red. Pareciera “aprobable” el tomar una actitud desinhibida en Internet, que la irracionalidad hace más atractivo el uso de tan fantástica tecnología; sobre todo que sea tan fácil -en apariencia- el aceptar confundir la libertad de expresión con libertinaje de expresión, cosas muy opuestas. Lo más lamentable de todo es, que se confirma que existe una equivocada creencia de que el ciberespacio es una realidad en sí misma, cuando resulta ser una extensión de la sociedad para funcionar. El que refleje parte de lo que somos como miembros de la sociedad es algo accidental.

Sin embargo, es irreversible que dicha interpretación sea modificada inmediatamente. Casi toda nuestra rutina depende de la red y pasamos más tiempo en ella resolviendo nuestros quehaceres por este medio que por otra vía. El hábito nos ha trastocado nuestra interpretación de la red al mismo tiempo que incuba una masa de individuos problemáticos –muchos sin oficio definido- incapaces de canalizar su disconformidad de forma coherente y que no resisten las ganas de participar en cualquier acontecimiento que coincidan con su rencor.

Más penoso es que delante de ellos está un número exponencial de “anónimos” que coinciden con ese sentimiento y quienes no desaprovechan la oportunidad para exponer lo peor de si mismo, sin ese apoyo estas personas serían seres aislados, lo que significa que en la sociedad prospera una adicción a los sentimientos negativos. De alguna manera ese estímulo hacia la negatividad está presente en la cultura, los medios de comunicación y hasta en el discurso político influyendo considerablemente, no obstante en el ciberespacio la instrumentalización del odio es el resultado de esa excitación de los sentimientos negativos.

Para comprobar lo anterior es conveniente citar una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Wolverhampton sobre las emociones en Internet:

“Enfocados a determinar el papel que las emociones humanas tienen dentro de la interacción en línea, los científicos emplearon un algoritmo denominado análisis de sentimientos para identificar palabras claves, emoticones, marcadores lingüísticos y fallos de ortografía, que permitieron valorar, en términos negativo o positivo, el contenido de más de 2.5 millones de comentarios en los foros de discusión online de la BBC de Londres y de la página de noticias digg.com. Los resultados fueron: los mensajes cuyo contenido emocional tiende a ser negativo son mucho más extensos comparados con aquellos que muestren actitudes positivas. ”

“Notaron que también existe una tendencia en cuanto a la autoorganización de grupos. Mike Thelwall, líder del equipo de investigación, explicó que las emociones negativas aceleran el número de mensajes enviados por los usuarios, y pareciera que de la nada llegan a surgir grupos sociales. Es decir, los miembros de las comunidades online forman alianzas contra aquello que perciben como un ataque.”

En pocas palabras, a pesar de nuestro iluminismo intelectual somos incompetentes para lograr equilibrar nuestra emotividad y aconsejar el domeñar las emociones es visto por muchos como una forma de “esclavitud” o de querer anular su individualidad; todo lo contrario, el lograr balancear nuestras emociones para permitir una expresión consciente de ellas impediría que el odio prosperara, sobre todo el cesar, por parte de la sociedad, de alimentar este sentimiento permitiría formar ciudadanos menos conflictivos y capaces de tener pensamientos productivos.

No obstante, tal posibilidad no se subordina exclusivamente en modelar una sociedad de polaridades equilibradas, también depende de que sus miembros deseen renunciar a tanto “consumo” de emociones nocivas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x