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La virtualidad como camino a la ruina individual.

 

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Siempre se ha especulado sobre otros niveles dentro de la realidad que nos rodea. Otras posibilidades de alterar nuestra existencia, para la concreción del propósito individual. No obstante, el progreso técnico permite recrear esas posibilidades consideradas “fantásticas”, para el incremento del potencial humano.

Aunque sigue desestimándose , la reproducción de la realidad y su posterior tratamiento podría trastornar la percepción del individuo sobre sí mismo. La profunda decepción que siente en el rol que ocupa en la sociedad, puede motivarlo a encontrar consuelos a sus carencias. Una gratificación poderosa que logre ampliar sus horizontes mentales, para -en apariencia- superar las limitaciones inmediatas.

Para individuos vulnerables, la virtualidad, puede llevarlos a creer que tienen control de sus acciones y desempeñar un papel relevante en ese entorno. Tienen la convicción de estar en un mundo donde se aprecia su “esfuerzo”, un mundo que lo integra a algo más espléndido con un significado trascendental.

La búsqueda de un sentido a la existencia, de una respuesta capaz de resolver todas sus aflicciones, se vuelva algo secundario por la urgente necesidad de encontrar una “salida” a la impotencia que rodea al individuo. Llega a interpretar ese mundo paralelo, como un medio ideal para escapar del tedio ocasionado por la rutina o la competencia constante de encontrar un lugar importante en el escalafón social.

Un mundo virtual, en este caso se convierte en una excusa para no enfrentar la vida, impide el desarrollo de una identidad sólida, capaz de resolver los enigmas personales, que motivan al ser humano a superar sus límites. Las excusas, junto al sobreestimulo producido por la interacción con el entorno virtual, pueden amplificar el sentimiento de derrota en la persona.

La derrota, el agotamiento de sentirse incapaz de superar una lógica implacable, compuesta principalmente en satisfacer necesidades básicas y personales, son distorsionadas. Los poderes creativos humanos son atrofiados, reduciendo esa energía a mantener la mente sobrecargada de estimulos.

Es así como el individuo se aleja de sí mismo; prefiere ignorar la vitalidad de su alma para irse consumiendo en una ilusión que promete un falso remedio a sus aflicciones. Proporciona una falaz seguridad.

Colectivamente, vivimos expuestos a constantes virtualidades con promesas de ser soluciones inmediatas, casi mágicas, a los problemas cotidianos. Desgraciadamente, las sombras de la naturaleza humana nos demuestran que tales mundos pueden conducirnos a senderos de enajenación.

Con estos medios, fácilmente puede desarrollarse nuevas formas de esclavizar a la voluntad ajena, sin darnos cuenta. Imponer hábitos restrictivos, motivadores de la autorepresión y renuncia a nuevas formas de creatividad, reflejo del enorme potencial humano.

El alma estaría derrotada, prisionera de una realidad enervante.

Encerrados en sus propias consideraciones, no creen poder cambiar nada.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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¿Por qué no hay héroes en el género Cyberpunk?

 

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          En los futuros distópicos, los individuos están perdidos-PFMS-DeviantArt.com

 

 

 

En los futuros distópicos, las sociedades se han sumido en una lobreguez moral y ética que bloquea toda posibilidad de esperanza para el ser humano. La “máquina”, el sistema social, envilece a sus miembros hasta normalizar la indiferencia entre ellos mismos e impidiendo el surgimiento de voluntades diáfanas, dispuestas a inspirar una sociedad mejor.

Los ciudadanos están colectivizados, obsecados por un medio ambiente sobreestimulante que prioriza la sensualidad y la inmediatez. No hay espacio para la reflexión ni el pensamiento profundo, todo está simplificado para vaciar la voluntad de los hombres e impulsar sus esfuerzos hacia metas efímeras. Cada decisión tomada, es una ilusión poderosa, creada para mantener una implacable lógica que diluye el espíritu humano.

Así, se constituye voluntades omniscientes, capaces de controlar el destino de cada persona para un oscuro propósito. La incomunicación y la soledad, aflije a los individuos, junto con una marcada sensación de incertidumbre, de colapso inminente que nunca se consuma.

Esa sensación de inestabilidad, está tan arraigado en los instintos humanos que separa y ensimisma a los individuos, imperando una desconfianza constante. Por ello, los seres humanos, de estos hipotéticos futuros están desequilibrados interiormente, perdidos en la vacuidad de satisfacer deseos que afianzan su enajenación.

La atmósfera tenebrosa, fuertemente contaminada, es una metáfora de la corrupción humana. La dependencia del hombre a su ambiente artificial, lo ha vuelto vanidoso y sin darse cuenta, esclavo de él. Aunque es consciente de ello, no sabe como liberarse e ignora si una lucha por reconquistar su libertad perdida realmente lo conducirá hacia un mundo mejor. La indecisión, lo conduce a la contradicción y de allí a la corrupción: todo lo que toca el hombre, lo profana.

El utilitarismo se impone despóticamente sobre el individuo, produciéndole una sensación de impotencia que, reafirma su necesidad de autopreservarse. Puede que sirva a una causa noble, sin embargo, el cuidar de si mismo hasta límites egoístas aborta toda iniciativa de cambio, refuerza el control social con mejores herramientas y desplaza al hombre como centro del cambio social.

La pérdida de fe del hombre en su parte noble, de liberarse de la enajenación que transtorna su alma, lo impulsa a evadirse de la realidad. Vive alejado del mundo físico buscando un consuelo a su angustia existencial, en espejismos creados por fuerzas que escapan a su comprensión

Al final, acepta resignado el ser utilizado por dichas fuerzas, en un empeño de encontrar alguna satisfacción a sus carencias. Pero todo ese esfuerzo lo condena al olvido, no hay respuestas a sus dudas, ni alguna gratificación de lograr una hazaña memorable.

Toda acción extraordinaria lo conduce a su ruina individual. Los héroes unen e inspiran, motivan a la gente a renunciar al ostracismo y externalizar lo mejor de si mismos. En cambio, los futuros distópicos los aniquilan, porque los individuos están tan confundidos que no saben la dirección a donde encauzar sus aspiraciones.

Encerrados en sus propias consideraciones, no creen poder cambiar nada.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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¿Pérdida de armonía social?

 

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A lo largo de la historia, uno de los grandes desafíos de las estructuras sociales es encontrar un centro de equilibrio que le permita alcanzar un nivel de armonía justo, para todos sus miembros. Desafortunadamente, existen circunstancias donde deliberadamente la armonía es socavada para satisfacer intereses egoístas o por una acusada incapacidad de comunicación entre los individuos

Otras veces la desarmonía es producto de un violento acontecimiento, que conduce a realidades demasiado extrañas para entenderse. En esas u otras circunstancias, aquellos individuos surgidos de ellas pasan a ser considerados “peligrosos” o “indeseables” trayendo consigo consecuencias desastrosas

Lo primero que sorprende de la película District 9 (Neil Blomkamp, 2009), es que plantea el tan ansiado contacto con extratrrestres, pero como un hecho accidental. Los visitantes no son los dioses que vienen a contestar todas las dudas de la humanidad ni los bárbaros conquistadores dispuestos a destruirnos. Por el contrario, llegan a la Tierra como náufragos anónimos a quienes los humanos prestan ayuda.

En este punto, los guionistas se desmarcan del típico contacto hostil o existencialista, tan frecuente en la ciencia ficción, para mostrar a unos seres vulnerables, quienes a pesar de su avanzada tecnología no son infalibles. Los humanos internamente, podrían sentir una gran decepción al darse cuenta que sus espectativas no son satisfechas.

Esa espectativa insatisfecha, aviva el sentimiento de rechazo de los humanos hacia los extraterrestres que sumado a su comportamiento irresponsable y su aspecto (muy próximo a insectos grotescos), termina provocando su marginación de la sociedad humana. La convivencia de ambas especies no es viable, ante la aparente falta de inteligencia de las criaturas

Esa falta de una inteligencia desarrollada, parece una contradicción si se toma en cuenta que llegan a la Tierra en un vehículo sofisticado y más avanzado que los creados por el hombre. La ciencia plantea algunas hipótesis para hallar una solución, pero el miedo, la ausencia de información sobre el origen de los extraterrestres y algunos intereses mezquinos, generan la exclusión de éstos más que un avance ante tan trascendental acontecimiento.

Al estar fuera del entorno del hombre, los extraterrestres son considerados una carga social molesta e incómoda donde van a parar todas las frustaciones de la humanidad (metafóricamente representado en el basurero en el que habitan) y en el cual estos seres conocerán las sombras de la naturaleza humana.

Los extraterrestres, son un símbolo de la desafortunada suerte de los grupos marginales: desarraigados, desunidos, sin líderes e inconscientes de su propio poder son sometidos a un severo régimen de control que depauperisa a los individuos. Tal ambiente los conduce a la supervivencia, aniquilando su identidad como cultura. Para los seres humanos, ellos son vulgares bestias sin alma ni intelecto, conformables desgraciados.

El protagonista de la trama, tiene el penoso rol de evidenciar la desafortunada situación de los extraterrestres. Sufriendo una irreversible metamorfosis, va entendiendo que estas criaturas no son tan primitivas como creía, sino que son víctimas de una intriga que las arrastra a ser parte de la incansable creatividad del hombre para crear armamento que se usará contra cualquiera que esté dispuesto a pagarlo.

Dicha transformación, con evidentes tintes kasfkianos, simboliza la caída del hombre y su conversión a una criatura despreciable que termina provocando sufrimiento o rechazo de quienes trata. Se inicia un complejo conflicto de intereses, donde el poder absoluto es lo que importa.

Durante la travesía, el protagonista encuentra un singular aliado en un extraterrestre con quien mantiene una relación difícil: ambos persiguen objetivos opuestos, no confían entre ellos, a veces uno interfiere en el progreso del otro conduciéndolos a situaciones desventajosas. Lo único que logra, a duras penas, unirlos es el terror impuesto por la persecución implacable a la que son sometidos

Ese terror expone lo mejor de ambos; dando como resultado la decisión de trabajar juntos para defenderse de sus perseguidores y lograr sobrevivir en un entorno cada vez más hóstil. Esta frágil alianza revela la tragedia en que ambos se encuentran: por un lado el protagonista entiende que es sólo un medio para sus superiores conquistar el poder absoluto. Por ello termina aceptando lo irreversible de su transformación, porque los extraterrestres en esta estructura social son invisibles. A nadie le importa su suerte. Un camuflaje perfecto para quien nada tiene que perder.

Mientras, su aliado extraterrestre personifica a un padre temeroso de la suerte de su hijo, llega incluso a humillarse para evitar ser separado de él. Es el único miembro de su raza que no ha perdido su consciencia ni su identidad, pero es incapaz de vencer la ignorancia que le esclaviza.

En vista de ello, opta por escapar apelando a su genio. No es indiferente al martirio de sus paisanos, empero antepone el futuro de su hijo y su vida ante la imposibilidad de cambiar el entorno.

Él es una singularidad y las circunstancias lo han puesto en un rol complejo: no es capaz de vencer el empobrecimiento mental de su raza, que los ha llevado a resignarse a una suerte miserable. Es un individuo brillante con un potencial libertador pero ante los suyos y los humanos, es nadie.

Es el individuo talentoso, reprimido por la falta de interés de oponerse a la injusticia y la apatía. Está solo con su consciencia. Ante ello, decide salvar el futuro de su raza representado en su hijo, librando una desventajosa lucha en la que logra escapar de la Tierra.

El final de la película es trágico, no deja espacio para alguna esperanza. La aventura revela la incapacidad de la humanidad por lograr desterrar sus mezquidades, más bien éstas son aparentemente sancionadas sin resolverse el problema de fondo que son sus impulsos destructivos, los cuales lo llevan a causar dolor y sufrimiento a seres inocentes.

Por otro lado, la incomunicación social expone a los individuos normales, aquellos al margen de pasiones destructivas o epopeyas quijotescas, a preferir la supervivencia antes que inmolarse por un colectivo delirante cuyos trastornos internos impiden lograr un consenso, un cambio diáfano que devuelva el equilibrio.

Dichos individuos terminan sumidos en una impotencia y soledad que los obligan a tomar la determinación de actuar de forma autónoma; para no sucumbir a las fuerzas sociales que lo convierten en un insecto.

Hay mucho de realidad en la ciencia ficción.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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La metamorfosis en la ciencia ficción.

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El rápido avance tecnológico plantea inquietantes posibilidades-PFMS-Start Page Images.

En los hipotéticos futuros ideados por la ciencia ficción se plantea una interrogante: ¿cómo el progreso científico y tecnológico cambiará a la humanidad?; la mayoría de los autores hablan de cambios drásticos que afectan el cuerpo y la mente del ser humano, que si bien pueden mejorar nuestra calidad de vida, también pueden acarrear consecuencias negativas para el desarrollo normal de la identidad del individuo.

Las sociedades llegan a dividirse en posiciones irreconciliables cuando estos cambios se vuelven habituales y la conflictividad social producida pone en duda los beneficios de dichos cambios. Frecuentemente la ética y la moral suelen enfrentarse a intereses mezquinos que quieren monopolizar el progreso humano para su beneficio, o la misma ciudadanía recela de él por el mal uso que se le da y exige más controles que podrían prevenirlo, aunque a veces afecte el avance obtenido.

Sea como fuere, lo inevitable es la transformación que experimenta la humanidad por el progreso, su hábitat artificial ya no concibe una realidad estática, el dinamismo social se acelera a niveles que escapan del control de la especie. Nuestro mundo no se identifica con el humano universal sino con uno artificial, mejorado y amplificado por la ciencia, dejando atrás las limitaciones de la biología que sirvió al hombre en su evolución. Los seres humanos dejamos nuestra fragilidad natural para convertirnos en “dioses” capaces de lograr grandes prodigios o tragedias, según la consideración personal de los autores de ciencia ficción. Sin embargo, existen individualidades renuentes a aceptar lo que creen es, una imposición de una humanidad cegada por su propio avance, es decir, son opositores a dejar alterar su biología entregada por la lógica de la Madre Naturaleza.

Estos individuos, que podríamos considerar naturalistas o universalistas, piensan que el ser humano debe estar por encima del determinismo científico y tecnológico sin perder su papel central en la historia ni su vínculo con la naturaleza. Consideran que la especie humana está gravemente alienada por su propio avance que la conduce a una era decadente y materialista. En ocasiones ésta tendencia tiende a radicalizarse, recurriendo a la violencia y creando una dialéctica con tintes místicos que reniega de la “máquina” -la ciencia, el sistema social, el orden- porque consideran que controla el destino humano sin permitirle escoger libremente.

Su discurso cuestiona las presiones que sufren los individuos por causa de las tendencias sociales que le impiden ejercer su libre albedrío. Estos grupos a veces cambian su postura intransigente, aliándose temporalmente con el sistema que cuestionan, para enfrentar a otros individuos “mejorados” que aceptan los cambios de la sociedad, pero exigen participar en ella porque se sienten marginados. La tendencia común de estos humanos naturalistas es que siempre viven de forma paralela a la sociedad.

Del otro extremo se encuentran los que aceptan el progreso con sus virtudes y defectos, son la realidad dominante que aunque tengan sus críticos, no deja de crecer. La humanidad tecnificada goza de los beneficios del desarrollo científico, viven en sociedades avasallantes, eficientes y contradictorias. En ocasiones suelen estar dominadas por grupos de poder monolíticos o gobiernos con tendencias poco transparentes, empero los seres humanos influenciados por éste entorno no creen que exista una realidad ajena a la tecnología ni creen que una civilización progrese sin la técnica. Han normalizado el ambiente artificial y reglamentado de las sociedades modernas, hasta el punto que únicamente se identifican con ella.

Los individuos que viven en ella lidian con dilemas propios de un entorno que no deja de cambiar aceleradamente: la sensación de vaciedad, la curiosidad que le produce las posibilidades de los adelantos técnicos, la falta de identidad, la incomunicación, los dilemas éticos, morales y filosóficos de la modificación del cuerpo humano y la dudas existenciales. De este entorno, surgen individuos –cyborgs, mutantes, transhumanos– que sirven como metáforas de la complejidad interior con la que se tienen que lidiar en la era moderna porque, si bien su vida ya no se encuentra sujeta a los límites de la biología, sienten que han perdido algo por lo que se embarcan en un viaje metafísico para resolver sus dudas.

La mayoría de las obras ciencia ficción plantean que la metamorfosis del ser humano es un proceso inevitable, con sus aciertos y errores. Nada puede reprimir eternamente los impulsos creativos de la humanidad, su deseo de liberarse de los límites que le impone su fragilidad corporal y vencer los temores que le acompañan como especie gracias al poder de su ingenio. Pareciera que es un reto personal dominar hasta el último aspecto de la vida con tal de surgir como un dios y alcanzar nuevos horizontes que le responda sus interrogantes, sin embargo, si logra ese objetivo ¿qué pasará después?, ¿qué camino tomará?, ¿será el fin de nuestra especie o un nuevo comienzo?

Los opuestos a la metamorfosis y sus adeptos pueden parecernos posiciones irreconciliables, empero ambas posturas tienen puntos en común: el temor a perder lo que nos hace humanos por el rápido cambio tecnológico aún cuando no logran definir ¿qué es lo que nos hace humanos, únicos y especiales?; ninguna de las posturas tienen una respuesta clara, más bien su definición es algo subjetivo, no social. Los opositores reivindican lo natural ante lo artificial, olvidando que desde el primer momento donde los hombres se asociaron para lograr metas comunes y formaron una sociedad, lo artificialidad es lo dominante, nada de lo que funcione en sociedad es obra de la Madre Naturaleza sino de la mente humana, así que su organización también lo es.

Lo realmente opuesto a lo artificial, sucedería si la humanidad renunciase a su creatividad y pensamiento, limitándose a existir para sobrevivir, a competir con otras especies en el domino de un espacio vital y a rivalizar con sus semejantes por los recursos más elementales. Tendría la especie que atrofiarse en su desarrollo civilizatorio de forma definitiva y someterse a los dictámenes de la Madre Naturaleza.

La causa del conflicto entre los opositores de la metamorfosis y sus adeptos radica en, la capacidad de adaptarse a una sociedad en constante cambio, que muchas veces termina por rebasar al individuo quien considera afectado su modo de vida. Un aspecto ignorado por ambas posiciones es que, en el camino de la metamorfosis podrían surgir transformaciones accidentales -epidemias, accidentes industriales, contaminación, experimentos científicos que superan lo previsto-, factores que influyen en la especie humana y la transforma radicalmente sin que pueda contenerse, dichos cambios son imprevistos y muchas veces ajenos a su voluntad.

Muchas obras contemplan que estos factores pueden ser más poderosos que la voluntad humana, atribuyéndoles un papel nefasto, siendo frecuente los futuros donde la humanidad conocida sucumbe ante ellos y surge una nueva sociedad con individuos quiméricos. Dichos individuos conciben la humanidad anterior a la metamorfosis como lejana, extraña. En otras ocasiones la humanidad sobrevive, pero en condiciones muy difíciles, al mismo tiempo que combate a individuos barbáricos que han sufrido cambios físicos y mentales que les ha privado de la razón. Pero la metamorfosis en un escenario como éste, no necesariamente significa progreso, sino degeneración, la especie vive acosada por una amenaza exótica que parte del mismo ser humano.

Otro camino de la metamorfosis es simbólico: la humanidad progresa de forma acelerada sin embargo, los cambios físicos no son relevantes sino se toman en cuenta los mentales. La observación cuidadosa de cómo la mente humana se adapta o rechaza un entorno cambiante, los sentimientos de individuos que tratan de conocer otras fronteras de la realidad física ante el tedio que representa la rutina urbana o cómo evoluciona su identidad al interactuar con realidades virtuales.

Tratar la metamorfosis mental es más complejo, ya que es necesario el símbolo para representar cómo es la psiquis del individuo y con qué lo asocia. El inicio de los cambios es un viaje inmaterial al interior del individuo, quedando descartado lo externo o las personas del entorno. La motivación más frecuente es la búsqueda de una identidad, el querer librarse de la vaciedad que siente frente a un entorno que percibe como ajeno.

Una vez que empieza el viaje, no hay manera de detenerlo, ya que nace en el individuo nuevas sensaciones que desea experimentar, provocando cambios drásticos en su conducta y modo de vida. La experiencia afecta la interpretación que tiene de sí mismo; cambios que le dejan interrogantes: ¿el proceso es real?, ¿el individuo se está liberando o encerrando en sí mismo?, ¿no será todo una aguda expresión de alienación?

La falta de evidencia física que compruebe si lo que experimenta el individuo es real o fruto de una autosugestión profunda, dificulta comprender su punto de vista, quedando a libre interpretación la experiencia.

A pesar de los apoyos y oposiciones lo cierto es que, una nueva humanidad está surgiendo de tantas transformaciones originadas por la influencia de la ciencia y la tecnología…

Cuál será su rumbo es algo que no podemos conocer hasta vivirlo.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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Análisis de un villano.

 

 

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Popularmente, el villano es una persona maléfica-PFMS-Star Page Images

El villano es, un personaje maléfico dotado de un genio muy peculiar, es un personaje antagónico que tiende a tener una relación muy personal con el héroe, desarrollándose una co-dependencia psicológica entre ellos. Representa una metáfora sobre la rivalidad entre el bien y el mal, la dualidad que mantiene al ser humano en constante confrontación con sí mismo, haciéndole reflexionar sobre su propia condición ética y moral. Aunque no necesariamente algunos individuos son villanos, se tiende a atribuir ese rol a ciertas personas cuyas conductas nos parecen peligrosas o anormales, personas que toman decisiones drásticas que pueden no ser aprobadas por otros. También solemos considerar así, a quienes temen del talento de otros y tratan de imponer sus dogmas a los demás, aunque no sean efectivos.

Para la mayoría, el villano no tiene nada de humano, personifica la mayor irracionalidad concebible, a pesar de que no sufra ningún desequilibro psíquico evidente, pero sus ambiciones son exageradas, superan todos los límites y nunca declina en su empeño en satisfacerlas. Es un vivo ejemplo de cómo las carencias interiores que sufre un individuo a lo largo de su vida, terminan por corroerlo, considerando insignificante otras motivaciones distintas a las suyas. Su individualismo es peculiar, puede flexibilizarse para trabajar con otros pero siempre que éstos se amolden a sus metas. Para un villano los demás no son importantes, salvo para cumplir sus objetivos, siendo frecuente que no lamente la pérdida de un aliado.

Pocas veces el villano se da cuenta de lo errado de sus ambiciones y aunque se arrepintiera de sus actos, nunca renunciaría a su hábito de intrigar. Cree ciegamente que debe conquistar algo, una meta superior, un objetivo supremo que le dé sentido a sus esfuerzos, si no se sentirá vacío, volviéndolo irritable y extremadamente competitivo, porque piensa que los otros tratan de controlarlo.

No cree en otra cosa más que, en su propia ambición. Puede justificarla amparado en un ideal, una venganza o algún resentimiento hacia la sociedad, pero lo que realmente desea es sentirse superior a los demás, demostrar que los otros son inferiores porque no tienen su misma agudeza mental, volviéndose arrogante e insensible. Esa falta de empatía hacia sus semejantes lo torna frío, calculador, hipócrita, manipulador y hasta sádico, puesto que nunca piensa que sus acciones sean dañinas, sino que todas tienen un propósito superior y de las cuales hay un beneficiario -el villano-, quien lo merece, porque “es más listo que los otros que no piensan en grandes objetivos”.

Hay ocasiones en las que el villano no es una persona abiertamente maléfica sino que alguien toma una decisión considerada injusta o tiene una actitud retrograda, lo que lo hace ser considerado como tal. Consideramos que sus acciones son amorales o su conducta desagradable, por lo que nos resulta imposible no pensar que es un egoísta o un demente, nuestro juicio de la forma de ser de otro, crea un villano, a pesar de que no exista como tal. Sólo se trata de un desacuerdo de cómo otro entiende la realidad, mas eso no indica que sea un potencial villano, sin embargo para nuestro juicio lo es, porque creemos que coincide con ese rol; esa percepción crea villanos virtuales que ponen en duda nuestra interpretación de cómo nos relacionamos con otras personas.

Curiosamente la gente detesta al villano, mas no puede evitar sentir una morbosa curiosidad por conocerlos, idolatrarlos, hasta sentir simpatía por su “causa” llegando a justificarla. Desde hace algún tiempo se ha inculcado erróneamente que el villano es una encarnación del mal y como el ser humano no ha derrotado el mal, entonces él debe seguir existiendo hasta que el bien absoluto triunfe; estableciéndose como una utopía el alcanzar ese bien absoluto, porque pareciera que queremos seguir viviendo con el temor de la amenaza del villano, generando la ilusión de que el bien tiene que reafirmar su existencia sólo con la presencia del mal, encarnado en un villano.

El clima social actual promueve una atmósfera negativa que prevé un futuro nefasto para la humanidad, el concebir que pueda existir un compromiso auténtico con el bien nos resulta absurdo, por lo que se nos quiere convencer de que el villano es una “medida de control” para equilibrar el orden social -así como es necesario el bien lo es el mal-, siendo imposible escapar de ese dualismo.

Las ambigüedades morales, le permitan al villano tener cierta impunidad pero los resultados de sus acciones no escapan del juicio del bien y el mal; así que la sociedad está obligada a evitar que se desborde el mal, aunque tenga que recurrir a él para preservar el bien, es decir, “se vale consentir recurrir al mal sí se puede contener una amenaza mayor.”

Con ésta premisa se pretende justificar la imposibilidad de que en algún momento de la historia humana, el bien absoluto logre vencer el mal, que el ser humano se reivindique consigo mismo y construya un mundo realmente justo.

Por eso el mayor triunfo del villano y su permanencia en la cultura popular está en, que hemos dejado de creer en la candidez del bien.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El significado social del fantasma.

 

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El fantasma es una entidad vinculada popularmente a lo sobrenatural, a la vida después de la muerte y a las fuerzas del mal. Aunque no existen pruebas concretas sobre su presencia en el mundo físico, los seres humanos desean creer que hay algo más en la realidad circundante que todavía desconocemos; una certidumbre de que la vida no es nada más el mundo material que nos rodea. Para muchos, el fantasma no es ni siquiera de este mundo sino que es una entidad maléfica que atormenta a los vivos por placer como recordánles la transitoriedad de la vida humana en la Tierra o también la prueba de que tenemos un alma y que esta al morir, se libera del cuerpo.

Sin embargo, los diversos relatos sobre fantasmas han dado una imagen negativa de ellos los muestran como entes agresivos, de emociones bajas y con un fuerte complejo de territorialidad que les hace creer que los vivos son un peligro, mientras en su fuero interno viven acongojados por no encontrar su camino “hacia el otro mundo”. Pareciera que ellos no tuvieran pasado, sino un perpetuo presente del que no se pueden liberar, a menos que les muestren el camino pero ¿a donde conduce ese camino? Eso es algo que solo los fantasmas saben, por eso algunos tienen tanto interés en comprobar la existencia de mundos que convergen con el nuestro como evidencia de que la muerte no es tan terrible como creemos.

Pero el fantasma, así como tiene que lidiar con encontrar el camino “hacia el otro mundo”, también debe enfrentar la indiferencia de los vivos, de aquellos que no creen que existan, o que están tan concentrados en el mundo material que les resulta inconcebible que sea real; en este aspecto el fantasma actúa como una metáfora, sobre como la indiferencia social de las grandes urbes y de sociedades corrompidas termina por invisibilizar a los individuos.

Esa invisibilidad es un terrible peligro porque nos volvemos distantes de nuestros semejantes y las relaciones humanas se vuelven una monotonía, un tedio del que para escapar se recurre a artificios dañinos. El fantasma aparece en ocasiones para advertirnos de las consecuencias de no resolver situaciones pasadas que preferimos olvidar, aquellos asuntos pendientes que en su momento creímos superados pero que en realidad solo postergamos porque no nos sentimos en capacidad de solucionarlos. Por eso él aparece como un aviso que nos invita a enfrentar dichos asuntos antes de que dañe nuestro presente; dichos asuntos son comunes y humanos empero tienen onda resonancia en nuestras vidas.

Generalmente el fantasma tiene una imagen tenebrosa, triste y maligna, a veces se le ve aliado con seres destructivos que representan una amenaza para los seres humanos convirtiéndose en su sirviente o como catalizador para aumentar su poder gracias al aporte de su energía vital. Otras veces se le atribuye una imagen vengativa, como el azote de aquellos que obran mal o tienen culpas que no saben manejar, dedicándose a perseguirlos hasta enloquecerlos incluso ajusticiarlos para que “paguen penitencia” vagando como seres desencarnados en el mundo de los vivos o siendo enviados a mundos infernales.

Este ente representa el temor a la muerte pero, en la circunstancia donde el alma no descansa en paz quedando errante en el mundo físico sin poder reunirse con Dios, sin lograr resolver sus asuntos pendientes ni lograr comunicarse con quienes aprecia porque estos ignoran que todavía esta atrapado en el mundo físico.

Sin poder lograr resolver su situación, el alma se convierte en una entidad triste, ajena y perdida que queda atrapada en un ciclo donde se mezcla la realidad física -el presente- con los recuerdos del pasado para terminar siendo un fantasma.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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