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El miedo se apodera de Internet.

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La sociedad contemporánea estimula el miedo-PFMS-StartPage Images.

Con lo intrincado del panorama mundial, no es de extrañar que exista temor hacia el futuro e incertidumbre sobre las consecuencias de las decisiones que se toman a nivel político. La confusión reinante pude paralizar a la ciudadanía y dar paso al pesimismo; el mismo ambiente social contradictorio y poco transparente hace pensar que vivimos en otra de esas “interminables” crisis de valores. En este escenario la red, lejos de convertirse en un medio para coordinar soluciones, se convierte en un instrumento para amenazar a los ciudadanos o en un poderoso medio de disuasión con miras a silenciar la verdad. No representa ninguna novedad el empleo del miedo como arma en los medios de comunicación, no obstante con Internet los esfuerzos para paralizar a una sociedad con ésta tecnología son menores por el “efecto contagio” donde los mismos internautas divulgan sus temores y otros empatizan con ellos.

El internauta sin darse cuenta termina siendo vector de aquello que no le agrada -sentir miedo-, pero buena parte de ese miedo es artificial y nuestras creencias pueden magnificarlos, o dar por sentado la materialización de escenarios negativos. Es cierto que el miedo forma parte de nuestra naturaleza emocional y difícilmente podremos desprendernos de él en momentos críticos no obstante, nuestra civilización suele inculcarlo a través de la cultura y la política –por ejemplo- teniendo como consecuencia que todos nos aferremos a lo que tenemos por temor a perderlo o que nos los quiten. Así hemos aceptado el miedo y a veces nuestras decisiones son producto de su influencia, los esfuerzos a nivel social por librarnos de él sólo se intensifican siempre que estos estén encarnados en personajes o situaciones amenazantes.

La red, desafortunadamente, termina siendo otra extensión del miedo. Los rumores, las teorías conspirativas y los infaltables timadores que aprovechan las circunstancias promueven un clima de inestabilidad que mortifican a los internautas si aceptan creerles. Valerse de un buen sentido crítico, sería el mejor medio para no caer en la trampa del miedo, sin embargo este valioso recurso se desestima a la hora de interpretar las informaciones y con el auge de las redes sociales es demasiado fácil que inmovilizar a los ciudadanos, viviendo todos una realidad distorsionada. Si a eso le sumamos el incremento de la desconfianza hacia la autoridad y el auge del crimen en línea, pasamos de estar en un ambiente virtual cooperativo a uno donde impera la suspicacia.

Ese temor puede inmovilizar y motivar a otros a tomar acción, siempre que fuera de manera organizada y pacífica en todos los casos, pero últimamente vemos que ese temor acumulado estalla y tiende hacia la reactividad, claro ejemplo de que la sociedad contemporánea sigue habituada a “dejar para después” las medidas más necesarias para garantizar la convivencia. Dado que dichas medidas ya no son prácticas porque el problema evolucionó, los más reactivos deciden actuar de forma directa, violenta y drástica. El ciberespacio es escenario de confrontaciones en donde los que incluso no tienen una postura definida puede salir afectados; la reactividad social que vemos actualmente no es sino otra forma de expresión del temor reinante.

Dicha emoción tan arraigada y explotada mediáticamente está destrozando la convivencia ciudadana, por eso en Internet prospera con rapidez el fanatismo, la amenaza, el odio, la imposición y sobre todo la intolerancia. Con tantos peligros virtuales no es descartable que los ciudadanos concluyan que estos terminarán materializándose en la cotidianidad, de hecho, ha sucedido con nefastas consecuencias. Por supuesto, creemos que con más leyes, más presencia policial y reclamos públicos solucionamos todo más eso es reducir el problema, es nuestra cultura del miedo la que debe ser superada pues por ella estamos a un paso de perder nuestras libertades y el progreso obtenido en este siglo.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La responsabilidad individual en Internet.

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Responsabilidad, algo muy necesario en la red-PFMS-DuckDuckGo Images.

Lamentablemente, se está volviendo común el no evaluar las consecuencias de lo que se dice o hace en Internet. Muchos piensan que su uso irresponsable es una forma de ejercer su libertad de expresión, creen que las distancias físicas y el aparente anonimato es una inmunidad a cualquier secuela producto de sus actos. No obstante, la realidad demuestra lo contrario. Una sociedad tan mediatizable como la actual, lo que se expresa tiene efectos en la realidad física, puede moldear la opinión y más delicado aún, determinar el curso de los acontecimientos. Lo cotidiano es también parte del mundo virtual, lo que parece rutinario y simple termina siendo tema de conversación de millones de individuos. Rápidamente lo banal y profano se difunde por todo el mundo; muchos ni saben qué pasa realmente, pero igual participan. Es el tema en el tapete digital.

El asunto más penoso es que en medio de esa vorágine de disquisiciones, existe el morbo, el insano deseo de participar en tendencias improductivas que menoscaban el respeto y engrandecen la discriminación. Así como se defiende la necesidad de expresarse, otros están refugiados en la autocensura por la simple razón de que la falta de autocontrol de los demás le hace considerar más seguro el silencio y la cautela. Puede que opinen miles empero resta preguntarse ¿qué valoración puede dársele a quienes saturan la red de infamias?, ¿realmente todos los internautas tienen bien definido lo qué es crítica e insulto?, ¿por qué es constante la queja de que pasamos de tener una Internet colaborativa a una destructiva?

Obviamente, subyace una errada práctica de considerar la red como un objeto de Poder. Ya sabemos que tenemos un concepto equivocado de esta palabra –salvo honrosas excepciones- siendo la tendencia el abusar de ese supuesto Poder. También sabemos que la red acorta distancias, aunque ha creado otras, no por el invento en sí, sino porque los mismos internautas las forman: nos alejamos de quienes juzgamos “distintos”, de quienes no son fanáticos en momentos de crisis, de encontrar un entendimiento con las autoridades o de quienes ejercen su derecho a expresarse en el marco del respeto mutuo.

Distancias que a la larga perjudican la convivencia social, porque la exclusión no basta para quienes presumen de tener razón absoluta, llevarán más lejos su deseo de imponer su punto de vista: la violencia cotidiana aumenta por eso, los disturbios y la postura antiautoridad -tan común en estos momentos- es aprobado como medio de lucha política, el acoso y la humillación… todo comienza por la red para prolongarse en la realidad física. No es tampoco sensato culpar a Internet como la incubadora de todos los males de la sociedad; sino a aquellos internautas que multiplican los mismos por su falta de autocontrol. Urge educar en lo ético y lo moral, a todos los internautas, no como un castigo sino como una solución. Debemos entender que aunque sepamos utilizar la red, también hay que comprometernos a evitar comportamientos destructivos a través de ella.

La mejor manera de prevenir los males que imperan en la sociedad, es haciendo consciente a los ciudadanos de su existencia y brindarles las herramientas morales para rechazarlos. También hay que vencer esa mentalidad narcisista que dicta que tecnología digital es domino de los jóvenes y los profesionales. Eso es un error. Vivimos en una sociedad que depende casi exclusivamente de ella para poder funcionar, los procesos sociales son cada vez más automatizados y la participación humana en ellos es menor. De alguna manera nuestra rutina la moldea la tecnología, así que escudarse en un papel pasivo no es más que una excusa; especialmente los padres que creen estar en desventaja frente a sus hijos en esta materia.

Los jóvenes pueden ser hábiles con la tecnología, pero carecen de experiencia de vida suficiente como para diferenciar el bien y del mal. Son todavía mentes en formación por lo que dejarlos a su suerte puede tener consecuencias nefastas, esto obliga a los padres a supervisar, a involucrarse con el entendimiento de la tecnología y compartir experiencias con sus hijos. Así como el adulto debe tener noción de que como es ejemplo en el mundo físico para las nuevas generaciones, también es tomado del mismo modo en el mundo digital, por ende su responsabilidad es aún mayor.

La mejor manera de evitar que Internet siga siendo tema de controversia, es enseñando su buen uso y comprometernos -como internautas- en crear las condiciones ideales para que todos puedan participar en este ambiente virtual, sin miedo y principalmente con respeto mutuo.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El odio se apodera de Internet.

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El mal uso de la red, la hace propagadora del odio-PFMS-Ixquick Images.

A pesar de que Internet es una gran herramienta para el progreso social, no está libre de tan pernicioso sentimiento. La tecnología más importante del presente siglo, convertida en un instrumento de cosificación masivo. Una extraña mentalidad se adueña de una parte de la comunidad de internautas que considera “correcto” el verter sus rencores en el ciberespacio; ni siquiera podemos hablar de un momento en donde se pierde la compostura y después se rectifica por el yerro, no, estamos ante una práctica desenfrenada de desprecio hacia el otro, de burla bizarra ante la tragedia ajena o de imponer mediante el insulto y la amenaza un punto de vista. La cortesía practicada en el mundo real desaparece en la red dando paso a la irracionalidad.

Si bien existen mecanismos para limitar la acción de éste venenoso sentimiento, no deja de ser sorprendente que la auto observación de los actos individuales esté ausente en la red. Pareciera “aprobable” el tomar una actitud desinhibida en Internet, que la irracionalidad hace más atractivo el uso de tan fantástica tecnología; sobre todo que sea tan fácil -en apariencia- el aceptar confundir la libertad de expresión con libertinaje de expresión, cosas muy opuestas. Lo más lamentable de todo es, que se confirma que existe una equivocada creencia de que el ciberespacio es una realidad en sí misma, cuando resulta ser una extensión de la sociedad para funcionar. El que refleje parte de lo que somos como miembros de la sociedad es algo accidental.

Sin embargo, es irreversible que dicha interpretación sea modificada inmediatamente. Casi toda nuestra rutina depende de la red y pasamos más tiempo en ella resolviendo nuestros quehaceres por este medio que por otra vía. El hábito nos ha trastocado nuestra interpretación de la red al mismo tiempo que incuba una masa de individuos problemáticos –muchos sin oficio definido- incapaces de canalizar su disconformidad de forma coherente y que no resisten las ganas de participar en cualquier acontecimiento que coincidan con su rencor.

Más penoso es que delante de ellos está un número exponencial de “anónimos” que coinciden con ese sentimiento y quienes no desaprovechan la oportunidad para exponer lo peor de si mismo, sin ese apoyo estas personas serían seres aislados, lo que significa que en la sociedad prospera una adicción a los sentimientos negativos. De alguna manera ese estímulo hacia la negatividad está presente en la cultura, los medios de comunicación y hasta en el discurso político influyendo considerablemente, no obstante en el ciberespacio la instrumentalización del odio es el resultado de esa excitación de los sentimientos negativos.

Para comprobar lo anterior es conveniente citar una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Wolverhampton sobre las emociones en Internet:

“Enfocados a determinar el papel que las emociones humanas tienen dentro de la interacción en línea, los científicos emplearon un algoritmo denominado análisis de sentimientos para identificar palabras claves, emoticones, marcadores lingüísticos y fallos de ortografía, que permitieron valorar, en términos negativo o positivo, el contenido de más de 2.5 millones de comentarios en los foros de discusión online de la BBC de Londres y de la página de noticias digg.com. Los resultados fueron: los mensajes cuyo contenido emocional tiende a ser negativo son mucho más extensos comparados con aquellos que muestren actitudes positivas. ”

“Notaron que también existe una tendencia en cuanto a la autoorganización de grupos. Mike Thelwall, líder del equipo de investigación, explicó que las emociones negativas aceleran el número de mensajes enviados por los usuarios, y pareciera que de la nada llegan a surgir grupos sociales. Es decir, los miembros de las comunidades online forman alianzas contra aquello que perciben como un ataque.”

En pocas palabras, a pesar de nuestro iluminismo intelectual somos incompetentes para lograr equilibrar nuestra emotividad y aconsejar el domeñar las emociones es visto por muchos como una forma de “esclavitud” o de querer anular su individualidad; todo lo contrario, el lograr balancear nuestras emociones para permitir una expresión consciente de ellas impediría que el odio prosperara, sobre todo el cesar, por parte de la sociedad, de alimentar este sentimiento permitiría formar ciudadanos menos conflictivos y capaces de tener pensamientos productivos.

No obstante, tal posibilidad no se subordina exclusivamente en modelar una sociedad de polaridades equilibradas, también depende de que sus miembros deseen renunciar a tanto “consumo” de emociones nocivas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El auge del tecno anarquista.

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Internet puede incubar acciones subversivas-PFMS-Google Images

Aunque la tecnología nos ha acercado a otras realidades distantes, también su desarrollo provoco el renacimiento de grupos marginales quienes tienen la tecnología como apoyo político. Emplean las herramientas disponibles con un fin subversivo, dirigidas a cuestionar la influencia de los grupos de poder político y tecnológico. Pueden hacerlo pasivamente mediante el arte digital, la protesta, actividades comunitarias o “eventos libres” sin restricción de acceso. En otro extremo está los que prefieren la acción directa mediante ataques cibernéticos, protestas en la red, o en casos extremos el robo y filtración de información sensible. Considerarlos como “anarquista” no es porque sean simpatizante de esta ideología, si no por ciertas prácticas adoptadas en sus acciones.

En primer lugar, mantienen una actitud de desconfianza a toda forma de autoridad. Simplemente la ven como un estorbo que limita la creatividad y hasta la libertad personal. Les gusta compartir lo que saben sin esperar nada a cambio, sobre todo con la gente, siempre que ésta muestre un interés en aprender. A pesar de que muchos han aprendido por su cuenta no desdeñan de trabajar en equipo a través de la “comunidad”, las organizaciones jerárquicas no les interesan. Creen que la tecnología es un instrumento creativo con el que pueden experimentar al máximo y por cuenta propia, superando los límites legales, técnicos y hasta éticos.

Persiguen un ideal político de una sociedad altamente intelectualizada, de individuos autosuficientes a nivel técnico y críticos del orden establecido, que comparta el conocimiento sin competencias ni limitaciones donde todos sus integrantes puedan aportar. Se puede decir que son creyentes de un “colectivismo tecnológico” comprometido con el bienestar social, pero sin sacrificar la libertad individual. Por supuesto, los más activos y temerarios creen que la sociedad debe tener el control de la tecnología empoderando a las personas, más allá de lo básico o de lo que saben. A nivel político, son muy críticos y suelen anteponer los valores universales frente a los intereses nacionales. No todos buscan notoriedad y son escépticos de la información que se transmite por los medios de comunicación, muchos de estos grupos prefieren construir sus propias estructuras informativas.

Evidentemente todos estos grupos varían en objetivos e ideales; pero es común en ellos el invitar a sus miembros y a las personas a tomar la tecnología como instrumento de acción política. Al ser la humanidad tan dependiente de la red para casi todo, no es subestimable su actuación ni muchos menos que dentro de ellos surjan organizaciones más radicales que apuesten por la confrontación directa con las autoridades y grupos de poder que integran la sociedad. Muchos internautas terminan integrando sus filas, no tanto por sus ideas sino por compartir su mensaje contestatario y porque encuentra en ellos una guía con la que canalizar su descontento social. Ese descontento también se extiende a la parte tecnológica con internautas disconformes de tener un rol limitado y pasivo.

La disconformidad avivada por las crisis recientes, así como la excesiva respuesta represiva de muchas autoridades ante el reclamo popular, ha obligado a muchos el tener que replantearse el cómo comunicar sus ideas sin riesgos ni usando “canales inseguros” susceptibles de ser controlados. También la censura aplicada por los gobiernos en la red o a los distintos medios de comunicación ha soliviantado a los ciudadanos, quienes han tenido que construir sus propias estructuras informativas al margen del control estatal. Claro que no necesariamente la acción colectiva con fines de protesta, responde a las acciones de un grupo concreto de expertos con ideas políticas, sino a la misma dinámica social del conflicto, pero que puede atraer a dichos personajes para apoyar las acciones colectivas en las calles o la red.

No obstante, las actuaciones activas de estos activistas electrónicos no todo el tiempo provocan un retroceso en la forma de proceder de las autoridades, muchas veces se crean leyes más severas para castigar a quienes actúen contra la autoridad a través de la red. Otras veces se justifica la adopción de tecnologías de vigilancia masiva para mantener el orden o aprueban medidas más drásticas -que atentan contra la legislación internacional en algunos casos- para proteger las comunicaciones del país. Las actuaciones de estos grupos suelen ser un arma de doble filo para la comunidad internauta según las circunstancias.

Hay que tomar en cuenta que, la tecnología como arma política es una consecuencia previsible de los actuales momentos, llevar a cabo acciones concretas utilizándola es algo que ya está integrado al instinto del ciudadano actual. No obstante el crecimiento de acciones subversivas en la red se debe a la pérdida de credibilidad de la autoridad: nadie confía en ella y todos ven “justo” que sus secretos sean públicos ya que se cree que es derecho de la ciudadanía el conocer la causa real de ciertas decisiones incompresibles para los ciudadanos. Las herramientas de subversión política son más fáciles de usar y obtener por lo que cualquier individuo automotivado puede actuar conforme a sus necesidades de información; esto quizá expresa una forma de las personas de tener protagonismo en un tema que antes era exclusivo.

Sin embargo, el convertir la red como escenario de confrontación política es un reflejo de hasta donde estamos dispuesto ha llegar con tal de imponer nuestro punto de vista, lo cual podría poner en riesgo no solo las libertades ciudadanas sino la neutralidad de la red. Bien conocido es la reacción hostil -en la mayoría de los casos- de las autoridades ante los ataques recibidos de grupos políticos a través de la red al mismo tiempo que los ciudadanos ante esta reacción actúan de forma muy desproporcionada porque se sienten “una víctima del sistema”. La red así se convierte en un campo de batalla en donde todo se vale para someter al contrario y ya sabemos muy bien que sucede si la tecnología se usa como instrumento bélico. No es ético ni justo que ambas partes conviertan el ciberespacio en una zona de guerra, al final todos nos sumergiremos en el atraso.

Pero ¿por qué prospera la figura tecno anarquista? ¿por qué los ciudadanos prefieren identificarse con la temeridad de un puñado de individuos? La respuesta no es sencilla, empero podemos decir que nuestra cultura popular e histórica alimenta la idea de que en tiempos de crisis y oscurantismo la sociedad debe invocar la presencia de héroes que defiendan los intereses colectivos de autoridades indolentes. Estos paladines dirigirán al pueblo a conquistar su propia libertad y bienestar social, quienes así lo asumen fácilmente son aceptados por la ciudadanía e incluso les consienten que de ser necesario romper con el equilibrio social -sin medir las consecuencias- con la finalidad de sustituir un “orden decante y corrupto” entonces “valdrá la pena el esfuerzo.”

Desafortunadamente la confrontación nunca permite soluciones civilizadas de los problemas sociales, más bien los aviva y empuja a la ciudadanía a un estado de incertidumbre que descarta la mesura, privilegiando la acción. En los tiempos actuales el uso de la red para influir en la vida política de un país -si no se tiene noción de las consecuencias- puede que avive los deseos de cambios pero también alimentar sentimientos revanchistas de que podrían ser aprovechados por arribistas y radicales, además que podría otorgar un papel negativo a la tecnología en la sociedad lo que conduciría a ser demonizada por peculiares grupos ultraconservadores de quienes se apoyarían los dirigentes políticos cuestionados.

El tener un papel activo y experimentar hasta sus últimas consecuencias con la tecnología, sin que con esto se busque perjudicar ni confrontar, es algo benéfico para su misma evolución, no obstante su empleo indiscriminado para reprimir, destruir u hostilizar en nombre de una causa política -o cualquier causa mal utilizada- nos estanca inevitablemente.

Queda en manos de cada sociedad decidir como va a usar la tecnología.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La privacidad en #Internet no es solo un derecho; es una práctica.

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En la red abundan quienes negocian nuestros datos- Google Images.

Recientemente, el tema de la privacidad en Internet empieza a ser objeto de preocupación para muchos. Nos hemos dado cuenta que nuestra información, vaga por la red sin ningún control y como si no fuera poco es cada vez más difuso catalogar dónde o quién sabe qué sobre nosotros. La transparencia de la que algunos presumían, se ha puesto en duda mientras que otros prefieren tomar medidas y “retomar el control” de su privacidad, aunque la mayoría escoge continuar ignorando el tema.  Es entonces cuando nos damos cuenta que proteger nuestra privacidad, ya no depende tanto de un entramado legal casi transnacional sino del interés que le dediquemos a evitar que terceros sepan qué hacemos en Internet.

La gran mayoría de la gente siempre va en busca de las tecnologías más cómodas para comunicarse; las más “populares” terminan en manos de ellos y casi nadie se pregunta si confiar ciegamente en estas herramientas no implica un riesgo. La tan mencionada “identidad digital”, para la mayoría, les parece más un término jurídico que un elemento inherente a su actividad en la red; por lo tanto, ignoran que dicha identidad está compuesta por todo lo que hacemos, decimos, colgamos o enlazamos en la red y eso pasa por muchas manos mientras nosotros lo consentimos, sin cuestionar.  Así miles de intereses -algunos no muy benignos- saben lo suficiente de cualquier internauta, el cuál tiene la palabra de los proveedores del servicio como garantía de “buena fe”.    

Hasta aquí nada nuevo se ha dicho, sin embargo la situación de descuido de los internautas persiste porque se cree popularmente que “si yo no tengo nada que le importe a…” nuestra información no corre riesgo o nadie se va a tomar la “molestia” de averiguar qué guarda o qué dice por la red. La realidad demuestra que esto es un error fatal, el cibercrimen apela a esta mentalidad para robar mucha información y negociarla con terceros en miles de foros ilegales en la red, dicha información no se limita a cosas específicas sino que incluye todo lo que el internauta cree que a nadie le importa.

Nuestra “identidad digital” es negociable para cualquiera; y los servicios más populares siempre han sido objetos de ataques exitosos. Aunque mejoran las medidas de seguridad estas terminan siendo inútiles, en parte porque la pericia de los malhechores es bastante notable para descubrir fallas y también porque la gente no protege correctamente sus sistemas. La otra arista del problema, son las complejas y difusas políticas de privacidad de los servicios más conocidos. Para muchos, dichas políticas sólo buscan rentabilizar inescrupulosamente la información de los internautas haciéndole creer que es para mejorar el servicio. En parte, esto es cierto, pero no necesariamente ello implica que toda la estructura funciona de forma “maléfica”, porque es el internauta quien decide usar o no un servicio.

No obstante, la rentabilidad a veces va en detrimento de la transparencia que promete un “servicio popular” y son muchos los escándalos donde la recolección de datos -sin consentimiento del internauta- merma la confianza hacia quienes gestionan el servicio. Hay que tomar en cuenta también que las políticas de privacidad, enfrentan las presiones de las leyes e interpretaciones de los gobiernos sobre qué es privado, a lo que muchas empresas no le es cómodo, porque no es posible crear una “política de privacidad universal” que satisfaga a todos los involucrados; sin que ellos implique que su servicios se encarezcan,  sean complicados de usar para sus clientes o terminen creando nuevas brechas que comprometan su propia seguridad que también involucra la privacidad de los internautas. La seguridad y la privacidad van de la mano…    

Las leyes tampoco pueden decirse que ayudan mucho a aclarar el panorama; el desigual desarrollo de los países de todo el mundo así como las posibilidades que tiene un gobierno para acceder a las tecnologías de telecomunicaciones, crean complejas interpretaciones sobre la privacidad que siempre divergen entre los distintos grupos sociales. Las lagunas legales, son constante en muchos países así como la falta de confianza de sus ciudadanos hacia las figuras políticas locales, dificultan un diálogo sincero sobre el tema.

Los cambios legales, a veces, ni se efectúan por lógica consecuencia del mismo desarrollo tecnológico sino por actos criminales que comprometen la integridad de algún internauta que obligan a elaborar apresuradamente instrumentos legales que condenan un delito, pero no identifican correctamente los medios o establece los procedimientos adecuados, es decir, una correcta evaluación técnica no es considerada, lo que le da facilidades a los cuerpos policiales a violentar la privacidad para cumplir la ley. Más complicado se vuelve la situación en el funesto escenario de confrontación política; donde el gobierno se atribuye poderes especiales para vigilar las comunicaciones en contra del respeto que merece los ciudadanos. Las leyes, para muchos, se anulan así mismas según como se interprete cada situación.   

No puede tampoco omitirse las difíciles relaciones internacionales, cuando se toca el tema. Cada gobierno es antagónico, y verá con recelo cualquier cambio en materia de privacidad, porque el tema no esta lejos de incluirse en los asuntos que competen a la seguridad nacional y el espionaje. Es bien sabido, que muchos cambios, omisiones o “tácticas rastreras” llevadas a cabo por los organismos de inteligencia en materia legal y técnica responden a la necesidad que tienen de saber que hacen los demás países para delimitar futuras acciones y decisiones, algunas de carácter diplomático o hasta económico. En otros casos, la férrea competencia entre superpotencias, obliga a “romper todas las reglas” con tal de tener ventaja sobre el competidor inmediato; eso incluye el robo de información vital. Es ingenuo pensar que la ausencia o adopción de medidas para proteger la privacidad, no implica un interés político, íntimamente ligado a un interés de seguridad nacional.

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La iniciativa, http://prism-break.org/en/, ofrece opciones para proteger nuestra privacidad- Google Images.

 De esto último surge algunas dudas razonables: ¿la falta de privacidad es beneficiosa para ciertos intereses?, ¿la aparente fragilidad de algunos servicios es por causas técnicas o por acciones deliberadas?, ¿es necesario solicitar transparencia a los organismos de inteligencia de cada país?, ¿cómo queda el internauta en todo esto?… Paciera entonces que en el terreno de la privacidad -al igual que en el resto de Internet- no sirve ninguna moral, pareciera como si cualquier cambio en las normas implica tener un ganador y muchos perdedores; cosa que en materia de seguridad nacional es algo muy serio. Es necesario realizar, profundas reflexiones al respecto; de lo contrario estaríamos divagando…

Analizando concienzudamente todo el escenario, pareciera que nuestra privacidad no está en nuestras manos, que el ser parte de la “sociedad de la información” implica perder el control sobre nuestros datos. Sin embargo, existen diversas herramientas, medidas y opciones que podemos usar si queremos proteger nuestra privacidad. Todo consiste en consultar en la red. Pero también un cambio en nuestros “hábitos digitales”, implica a veces renunciar a la “popularidad” ofrecida por servicios muy conocidos; las tecnologías que protegen nuestra privacidad trabajan bajo formas distintas, a parte de que solo tenemos su palabra y buena fe como garantía para resguardar nuestra información.

A todas estas, dependerá de cada quién saber cómo proteger su privacidad y adaptarse a los cambios que implica, quizá sea necesario cuestionar la transparencia de los procesos que hacen funcionar nuestros dispositivos y explorar otros terrenos de la tecnología que nos parecían inabarcables…

 

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

 

¿Se está militarizando #Internet?

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                    Imagen extraída de DevianArt.com

A pesar de que Internet es una invención de origen militar, su implementación en otros entornos la han hecho una gran herramienta para el progreso y potenciación de los talentos humanos; así como facilitar las comunicaciones entre todas las naciones del planeta, quienes pueden encontrar en él un espacio de intercambio abierto. Sin embargo, recientemente se esta notando que existe en algunas esferas políticas un interés preocupante por “controlar” este medio, situación que ha encendido las alarmas entre los internautas. Nadie niega que los gobiernos deban crear mecanismos legales que regulen el uso de Internet, siempre que estos no contradigan el principio del libre acceso y sin restricciones a la información que deben gozar los ciudadanos, pero en nombre de la “seguridad nacional” algunas de esas esferas políticas llegan a los extremos más antidemocráticos con el fin de monitorear el tráfico en la red.

Hay que considerar que el concepto de “seguridad nacional”, es una máxima militar que se presta a interpretaciones demasiados liberales. En lo que respecta al acceso a la información, amparándose en esta máxima, cualquier gobierno puede disponer de los medios informativos y todo lo que se difunda en él, al mismo tiempo que decide que se puede comunicar o como ha sucedido en la actualidad, obtener los datos de terceros si estos permiten “proteger al país de sus enemigos”. Por supuesto, a pesar de que la visión de “seguridad nacional” se aplica de maneras distintas en cada país, existe varios puntos comunes: el primero la inclinación de las autoridades de controlar la información y el segundo, dejar a discreción del gobierno o de alguna organización “neutral” cercana al mismo el definir que contenidos pueden ser una “amenaza”.

Los movimientos para concretar dicho “control” comienzan por reformas, leyes o poderes especiales que buscan ser aprobadas o impuestas en corto plazo. La característica común de dichas herramientas legales es el excesivo poder punitivo que tiene el gobierno para castigar a los “infractores”, el justificar acciones sin un procedimiento transparente, la adopción del espionaje o en el peor de los casos el imponer a las empresas de Internet que el gobierno tenga acceso ilimitado de la información de sus usuarios. No podemos tampoco mencionar, la discrecionalidad con que se bloquea webs o enlaces, que se consideren “peligrosos”. El otro paso es subrepticio y discreto, puede ser la implementación de sofisticados medios de espionaje de los cuáles los limites legales parecieran no existir o el monitoreo silencioso de algún internauta especifico, a través de medios como las redes sociales o los contactos falsos en programas de mensajería instantánea. Empero si los acontecimientos políticos se vuelven extremos, “los bloqueos totales” y sistemáticos de las comunicaciones o los ataques cibernéticos a gran escala pueden ser empleados para controlar la información.  Esto último se ha visto con frecuencia en gobiernos totalitarios y guerras.

Lógicamente, la adopción de medidas militares para regular Internet no resulta del agrado de nadie porque todas incurren en el exceso, los gobiernos fácilmente pueden abusar de su poder y castigar impunemente, así no tenga evidencias suficientes. Los puntos de vista críticos, podrían ser reprimidos con una eficiencia perniciosa y ser desvirtuados ante la opinión pública, igualmente la red puede convertirse en un arma que podría perjudicar a los ciudadanos de otros países, atacando servicios críticos. Tampoco es un secreto que en la política interna de ciertos países, existen “grupos de choque” gubernamentales quienes para desacreditar a sus rivales crean noticias falsas y los ofenden masivamente. Las posibilidades de mal uso de la red, bajo un criterio militar, son aterradoramente enormes.

Aunque los gobernantes piensan que es necesario controles sobre Internet y algunos se empeñan en extremarlos, lo único que han logrado -desafortunadamente-  es radicalizar a los internautas. La comunidad se ha convencido que la presencia del gobierno en Internet, no “augura nada bueno” y se muestran reaccionarios, los más extremos han adoptado por los ataques cibernéticos para contrarrestar las intenciones de las autoridades. Han abrazado una actitud hostil, a cualquier medida gubernamental. No podemos decir que es toda la comunidad, pero un grupo considerable no ve necesario que los gobiernos siquiera mencionen a Internet en sus debates; peor se presenta la situación en aquellas sociedades donde la gente está en abierta hostilidad con sus gobernantes, porque estos reaccionan con medidas antidemocráticas o extremas para “protegerse de sabotajes”. El auge del hacktivismo, es un síntoma de ello.

Este florecimiento del “hacktivismo” –consentido y apoyado por los ciudadanos- reafirma en la gente la idea de que “ellos son víctimas de una conspiración del gobierno” y deben salir en su defensa una miríada de “héroes anónimos”, con los cuales apoyarse para enfrentar el poder. Irónicamente, frente a estas acciones, muchas autoridades han reaccionado de forma más dura, para evitar que sus sistemas sean comprometidos. Internet –manejada de esta forma- ya no es un espacio de interacción e intercambio, sino un campo de batalla donde cada quién “empuña las armas” a favor y en contra de algún interés, visión que refuerza el concepto militar de la red, aunque se luche contra éste. Tristemente, todo apunta a que este conflicto se prolongará y las vías del diálogo van siendo descartadas.

Aunque suene inútil, seria constructivo que las autoridades y los ciudadanos retomaran el diálogo para evitar que Internet sea considerado el “quinto frente de guerra”. Sobre todo es menester que la humanidad, empiece a desarraigar la premisa de que no “existe información éticamente inviolable”, ya que todo lo que suceda en la red nos afecta, sin importar las fronteras o distancias. Es cierto, que existen posiciones extremas que merman el libre acceso a la información pero actuar con el mismo radicalismo solo reafirmará a los que se cuestionan, será también necesario que muchas sociedades debatan sobre la ética de las acciones de los diversos actores que confluyen en la red; pero queda en manos de cada pueblo del planeta si quiere que tan maravilloso invento sea utilizado para lograr el mayor bienestar social posible o caer en la más angustiante paranoia militar, de cuyos efectos, la historia tiene un amplio registro.              

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

 

 

 

Una mirada a los “magufos” digitales.

CHARLATAN
Los charlatanes son lo opuesto a la razón- Bing.com

Desde tiempos pretéritos, la humanidad ha tenido que lidiar con los charlatanes y timadores más curiosos. Individuos inescrupulosos que han utilizado la sugestión; para cautivar a aquellas personas ingenuas o muy crédulas con tal de beneficiarse de ellas. Han aparecido a lo largo de la historia apelando a aquellas creencias mágicas y desechadas por la racionalidad para convencer a los incautos; su poder radica en sustentar hábilmente una realidad fantástica e inexistente, como un prestidigitador, pero con fines perversos. El presente siglo tiene sus charlatanes, que usando el poder de la tecnología digital y los trucos ancestrales que ha acumulado el “oficio” han dado paso a toda una suerte de absurdas creencias; contrarias a los que debería ser de una “sociedad del conocimiento”.

Los charlatanes del presente siglo se les denomina “magufos”, término producto de la unión de las palabras mago y ufólogo. Estos individuos explotan las fantasías de la creencia popular sobre la existencia de conocimientos esotéricos, supuestos poderes interiores que dicen poseer y la naturaleza extraterrestre que se le atribuye al fenómeno OVNI. Hilvanando cuidadosamente, para que no haya dudas de sus capacidades sobrenaturales o de sus evidencias irrefutables; toda una suerte de tramas e historias increíbles sobre temas carentes de trascendencia. Juegan con la credulidad de la gente -especialmente- la que no posee una adecuada educación o las que tienen tendencia a creer en el esoterismo o el ocultismo, no obstante, hay muestras de que personas muy serias y educadas también caen en sus trampas; convirtiéndose en sus “discípulos” o colaboradores. Hay ocasiones, que ellos mismos se convierten en magufos.

Construyen una reputación, a partir de sus “trabajos” que resaltan repetidas veces y nunca rechazan una entrevista en los medios de comunicación. Pueden llegar a confundir, si tienen experiencia y malicia suficiente, a los más duros cuestionamientos incluso apelando al fanatismo recalcitrante de quienes creen en ellos; como elemento disuasorio. Utilizan la teatralidad, una emotividad casi manipuladora para convencer y enfatizan que sus “prodigios” no son obra suya, sino de algún “poder superior” que actúan a través de ellos, eso los convierte en “showmans” -comercialmente atractivos- para ciertos medios de comunicación quienes lo tratan como una “celebridad” o un “tipo curioso”. Pueden recurrir y alardear de las más curiosas excentricidades, las cuales proyectan en el público como una forma de “lograr conectarse con las fuerzas superiores”, como una consecuencia de luchar contra un “malvado gobierno que oculta la verdad” o solamente para llamar la atención. Los fines varían según la circunstancias.

Pueden ser agradables, bromistas, exóticos y carismáticos. También pueden ser fanáticos, extremadamente serios y hasta apocalípticos. Están informados de todo tipo de fantasía popular que mezclan con argumentos seudocientíficos, religiosos, culturales e históricos y no permiten que la gente interprete su punto de vista sino quiere que se le tome por cierto. Sin embargo, algunos de estos personajes aparentan querer permitir que sus argumentos sean evaluados críticamente por el público, aunque primero pide que le permita explicar “con pruebas irrefutables”  sus razonamientos empleando un lenguaje enrevesado que dificulta su compresión. Por supuesto, como buen charlatán, plantean la realidad social contemporánea dentro de una óptica conspiranoica, de intrigas sin fin, donde él es el único capaz de descubrirlas; esto último les hace creer que tiene la autoridad moral suficiente para involucrarse en los asuntos políticos nacionales e internacionales apoyando una causa que interpreta justa; ya sea como “consejero espiritual”, asesor o activista mediático.

El aspecto digital de un magufo, radica en su permanente interés en sacar de contexto un símbolo, argumento o elemento significativo para darle su propia valoración, de forma que pueda ser rápidamente recibido por el público y este lo difunda. De esa manera, los mismos “engranajes” de Internet trabajan a su favor, basta con un solo estímulo concreto del subconsciente colectivo de la comunidad de internautas que ellos produzcan, para que la red divulgue sus “revelaciones”. Si le da una mirada a sus cuentas en redes sociales, se nota la “histeria digital” que producen sus comentarios, mensajes, videos o las controversias públicas en que participan, todo eso forma parte de su “show”. Nada debe ser aislado, todo tiene que ser público y si es necesario llegar al escándalo a fines de captar la atención de todos lo medios disponibles. Por supuesto, si ha eso le sumamos que la red -tristemente-  también está plagada de webs que soportan sus supuestas revelaciones muchas personas caen en la trampa, algo bastante fácil si consideramos la vorágine de información con la que contamos actualmente, gracias a Internet.

Es bien sabido por muchos expertos, de los cuantiosos servicios en línea que explotan para su beneficio económico, las fantasías de la cultura popular, ya sean tratando de posicionar en los primeros puestos en los resultados de búsquedas webs con contenido mágico, esotérico u ocultista y de supuestos “contactados” por extraterrestres cargados de un tono exagerado. Otras veces,  a través de tácticas como la minería de datos, la captura de palabras clave, el envío masivo de mensajes no deseados, aplicaciones “encantadas” para móviles… tratan de obtener ganancias mediante estos temas, que son el soporte de muchos magufos para beneficiarse. En pocas palabras, nuestra sociedad de la información, otorga herramientas sofisticadas a estos charlatanas contradiciendo el pensamiento objetivo, crítico, veraz y analítico que exige la “sociedad del conocimiento”.

En conclusión, los magufos digitales no son más que los charlatanes que siempre han acompañado a la humanidad con sus exageraciones y disparates. Son los que, empleando la credulidad de muchos buscan satisfacer los mismos objetivos terrenales de cualquier persona común: el ser reconocido, tener un buen sueldo, las mayores satisfacciones materiales y sobre todo, no tener que preocuparse por el futuro. La existencia de ellos, nos advierte que a pesar de tener un mundo tecnocrático y científico no hemos podido desterrar de nuestra especie, la irracional tendencia de creer en absurdos seudoprofetas y supuestas revelaciones de individuos ajenos a la realidad. Creer en cosas “mágicas” como un sano ejercicio de distracción, no es negativo para la mente porque forma parte de nuestra naturaleza imaginativa; lo preocupante es tomar la fantasía como verdad absoluta para beneficiarse de ella y en el peor de los casos caer en la más delirante locura, situación frecuente entre quienes depositan su fe en las palabras de un magufo digital.

Hay que recordar que por encima de cualquier circunstancia, toda persona debe ser responsable de su destino y debe decidir conforme a su propio juicio, no a partir de sugestiones ni creencias extraordinarias, que atentan contra el éxito del esfuerzo intelectual de la especie humana que ha dado más resultados comprobables en contraposición a los de inexistentes “fuerzas sobrenaturales”  invocadas por un hombre común, convencido de que es extraordinario, ante su incapacidad de encontrar su camino en la vida.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.