El gran olvido de Venezuela.

alzheimer1

Fuente.

 

 

La gran contrariedad que enfrentamos, no radica en sí tenemos un mal gobierno, sino en la clase de ciudadanos que somos. Nos hemos habituado a aceptar sin reparo, que lo opuesto al bienestar se considere “normal” y relegamos el buen uso de nuestros potenciales a tareas nimias.

Nos amoldamos al deterioro y caemos en la autosugestión de: “siempre fuimos así”. Convertimos nuestros desacuerdos en un acto circense, en vez de tomar con la seriedad merecida cada uno de ellos. El ciudadano venezolano, lejos de sentirse integrante de un orden social estable, funcional, en el cual puede confiar, se encuentra rodeado de una estructura corroída a causa de su desinterés.

Ha tomado como bandera la queja, la chanza y el insulto. Ha relegado a otros las responsabilidades que son exclusivamente suyas para, posteriormente, lamentarse. Tanto se ha arraigado el deterioro en su alma que ve lejano una patria opuesta a la actual, no por falta de talento, sino de una voluntad diáfana comprometida con la grandeza, con tener arraigado el objetivo de conquistar un país superior.

Los venezolanos han dejado de creer en si mismos y ven con sorna, cualquier voluntad que cuestione su situación interna. Han preferido rendirse al fatuo brillo de aquello que brinde poder sobre los demás, no para servir, sino para esclavizar.

Parece que nos hemos convencido que el único rol merecedor de todos los beneficios es el ser prepontente, es decir, un individuo obsesionado con el poder absoluto que dilapida en lo efímero.

Habría de realizar un hercúleo ejercicio mnenotécnico, para considerar que la grandeza de una nación está en la calidad moral de sus ciudadanos, porque de ellos depende hacia donde se dirige un país. El ciudadano no puede aceptar el deterioro, debe superarlo con una voluntad implacable. No huir de él o dejárselo a otro.

El ciudadano debe recordar que ni mártires ni héroes salvan de la destrucción a un país. Sólo su determinación de rechazar la degradación moral allana el camino al bienestar. Debe ser indiferente a los charlatanes, despreciar a los arribistas que obstaculizan el progreso.

Evitar identificarse con lo mediocre, con modelos que encarnan la miseria moral. Ha de aspirar siempre a lo superior e identificarse con ello. Abandonar toda destructiva creencia de “sacrificios” o de “baños de sangre” para renovar a la nación, porque es injusta con los inocentes y ensombrece su futuro.

Dejar de aprobar los hábitos perniciosos, de admitirlos como parte de nuestra identidad. Somos aquello que aceptamos y si nuestro mayor deseo es un destino magnífico, es menester prescindir de aquello que nos debilita.

 

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

También puede encontrar mi entrada en Steemit.

https://steemit.com/@c1udadan0x

 

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