El monstruo como azote de la humanidad.

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Los monstruos suelen ser vistos como peligrosos-PFMS-StartPage Images

La imagen más frecuente que se tiene de un monstruo es de un ser destructivo que amenaza la vida humana. Aunque los seres humanos pueden mostrarse indefensos e impotentes ante el empuje de esta criatura, estos no tienen otra opción que enfrentarla para poder sobrevivir; en ese el ingenio humano se impone ante la intimidante figura del monstruo hasta someterlo. Nunca claro porque esta criatura se ensaña tanto con los seres humanos y aunque se introduce motivaciones razonables o demasiado fantasiosas para justificar su conducta sigue siendo un misterio el porqué de su acoso.

El monstruo parece tener alguna fascinación extraña con el ser humano, como si en él existiera algo atractivo que le impide resistirse a irrumpir en su existencia y trastocar toda sus creencias, pero de forma destructiva; llega destrozando su obra (sus ciudades, rutinas, relaciones…), la seguridad que le brinda la sociedad y poniendo en duda su conocimiento de la realidad. Más que matar al ser humano trata de reafirmarse en su mundo, trata de cuestionar sus conceptos exponiendo su fragilidad porque la humanidad no sabe como lidiar contra algo que escapa de su entendimiento, empujándola a la supervivencia, la cual revela lo mejor y lo peor de si misma.

En las intenciones de cada monstruo pareciera que no existiera nada civilizado, solo irracionalidad y un irrefrenable impulso por destruir, o una eficiente capacidad de camuflarse en la monotonía de la cotidianidad para sorprender al ser humano. Quizá su mayor placer es obligarlo a que se haga consciente de una realidad distinta que linda entre la locura y lo fantástico como si considerara un juego el atormentarlo.

Para el ser humano un monstruo es una confirmación de que su parte maléfica no es exclusivo de él, existen criaturas que también están regidas por el bien y el mal aunque por conveniencia solo ve la parte maligna de ellas. Son pocas las ocasiones en donde el monstruo muestra su parte benigna y logra tocar la humanidad de las personas, confirmando que si una criatura es “peligrosa” para otros no es nada más por su decisión sino también por como lo miran los demás seres, porque el miedo a lo que no conocemos o a lo que no es común nos incapacita actuar equilibradamente. Esta tan arraigado el orden y la rutina, que nadie sabe como actuar ante algo que no se comprende en el momento.

La humanidad hasta parece tener una interpretación masoquista del monstruo, porque es más frecuente aceptar una imagen negativa de él, siempre le atribuye una función destructiva, de ser enemigo de su obra o de considerar molesta su presencia, sintiéndose con derecho de aniquilarla resaltándose que debido a su presencia la humanidad se ha estancado, ha perdido su papel protagónico en la Tierra y ha tenido que enfrentar la nada cómoda situación de ver su mundo -el orden social- derrumbarse. Contradictoriamente parte de la humanidad considera al monstruo como un castigo merecido porque cree que esta perdida y degenerada, el hombre arruinó la tarea de elevarse a si mismo construyendo una sociedad insostenible y amoral que debe ser aniquilada para que “despierte”.

Esa sensación de verse rodeado de un entorno social asfixiante, que sucumbe a la monotonía y las contradicciones e incapacita para actuar termina por convencerla de que es cómplice de un sistema miserable el cual no puede seguir existiendo; por ello, invoca inconscientemente a un monstruo como una forma de autocastigo y medio de falsa liberación ante la impotencia que carcome la bondad humana, esa incapacidad de comprender un mundo que no se parece a los valores que le han inculcado.

Los individuos interpretan que los valores languidecen frente a los intereses creados volviéndolos crueles y deseando una voluntad superior, -casi divina- que destroce lo que creen es la causa de todas las flaquezas humanas -la sociedad imperante- porque no consideran que la humanidad pueda reivindicarse, reaccionar a tiempo para reconciliarse consigo misma o lograr sinceramente acordar un gran proyecto de progreso común. Más bien, existe un convencimiento pleno de que un apocalipsis deseable será la única medida para detener lo que consideran un proceso irreversible de degeneración social.

El monstruo aparece invocado por esta necesidad psicológica de autocastigo creando un vínculo muy personal con el ser humano, porque el puede percibir dimensiones supramentales que le revelan el interior de cada uno, facultad que no esta evidente pero se infiere por la facilidad con que puede rastrear a sus víctimas. Empero el monstruo también representa no solo los temores arraigados del ser humano sino aquello que el mundo moderno es incapaz de aceptar: la bestialidad, un comportamiento que no conoce límites, no es capaz de negociar y se regocija del horror más obsceno, una forma de conducirse en la vida que parece no amilanarse ante cualquier medida represiva.

La bestialidad ha sido algo característico en la humanidad, la protagonista de episodios trágicos en la historia pero que nadie termina por reconocer que existe porque estamos tan absortos en que el pensamiento puede explicar todo que cuando nos sentimos incapaces de resolver un enigma de nuestros más bajos comportamientos, preferimos callar y negar su existencia; nuestra falta de referentes o pistas para resolver esta parte de nuestra conducta es algo que todo monstruo aprovecha para aventajar al ser humano reduciéndolo a ser una criatura indefensa, que pierde la fe en si mismo y puede ser sometida fácilmente.

Por ello la única forma de derrotar a un monstruo no es nada más enfrentándolo, sino evitando convertirse en uno si no se deja abierta la posibilidad de que otro venga a atormentar al ser humano dado que el monstruo puede percibir la bestialidad inherente de cada uno.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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