Month: November 2015

Análisis de un villano.

 

 

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Popularmente, el villano es una persona maléfica-PFMS-Star Page Images

El villano es, un personaje maléfico dotado de un genio muy peculiar, es un personaje antagónico que tiende a tener una relación muy personal con el héroe, desarrollándose una co-dependencia psicológica entre ellos. Representa una metáfora sobre la rivalidad entre el bien y el mal, la dualidad que mantiene al ser humano en constante confrontación con sí mismo, haciéndole reflexionar sobre su propia condición ética y moral. Aunque no necesariamente algunos individuos son villanos, se tiende a atribuir ese rol a ciertas personas cuyas conductas nos parecen peligrosas o anormales, personas que toman decisiones drásticas que pueden no ser aprobadas por otros. También solemos considerar así, a quienes temen del talento de otros y tratan de imponer sus dogmas a los demás, aunque no sean efectivos.

Para la mayoría, el villano no tiene nada de humano, personifica la mayor irracionalidad concebible, a pesar de que no sufra ningún desequilibro psíquico evidente, pero sus ambiciones son exageradas, superan todos los límites y nunca declina en su empeño en satisfacerlas. Es un vivo ejemplo de cómo las carencias interiores que sufre un individuo a lo largo de su vida, terminan por corroerlo, considerando insignificante otras motivaciones distintas a las suyas. Su individualismo es peculiar, puede flexibilizarse para trabajar con otros pero siempre que éstos se amolden a sus metas. Para un villano los demás no son importantes, salvo para cumplir sus objetivos, siendo frecuente que no lamente la pérdida de un aliado.

Pocas veces el villano se da cuenta de lo errado de sus ambiciones y aunque se arrepintiera de sus actos, nunca renunciaría a su hábito de intrigar. Cree ciegamente que debe conquistar algo, una meta superior, un objetivo supremo que le dé sentido a sus esfuerzos, si no se sentirá vacío, volviéndolo irritable y extremadamente competitivo, porque piensa que los otros tratan de controlarlo.

No cree en otra cosa más que, en su propia ambición. Puede justificarla amparado en un ideal, una venganza o algún resentimiento hacia la sociedad, pero lo que realmente desea es sentirse superior a los demás, demostrar que los otros son inferiores porque no tienen su misma agudeza mental, volviéndose arrogante e insensible. Esa falta de empatía hacia sus semejantes lo torna frío, calculador, hipócrita, manipulador y hasta sádico, puesto que nunca piensa que sus acciones sean dañinas, sino que todas tienen un propósito superior y de las cuales hay un beneficiario -el villano-, quien lo merece, porque “es más listo que los otros que no piensan en grandes objetivos”.

Hay ocasiones en las que el villano no es una persona abiertamente maléfica sino que alguien toma una decisión considerada injusta o tiene una actitud retrograda, lo que lo hace ser considerado como tal. Consideramos que sus acciones son amorales o su conducta desagradable, por lo que nos resulta imposible no pensar que es un egoísta o un demente, nuestro juicio de la forma de ser de otro, crea un villano, a pesar de que no exista como tal. Sólo se trata de un desacuerdo de cómo otro entiende la realidad, mas eso no indica que sea un potencial villano, sin embargo para nuestro juicio lo es, porque creemos que coincide con ese rol; esa percepción crea villanos virtuales que ponen en duda nuestra interpretación de cómo nos relacionamos con otras personas.

Curiosamente la gente detesta al villano, mas no puede evitar sentir una morbosa curiosidad por conocerlos, idolatrarlos, hasta sentir simpatía por su “causa” llegando a justificarla. Desde hace algún tiempo se ha inculcado erróneamente que el villano es una encarnación del mal y como el ser humano no ha derrotado el mal, entonces él debe seguir existiendo hasta que el bien absoluto triunfe; estableciéndose como una utopía el alcanzar ese bien absoluto, porque pareciera que queremos seguir viviendo con el temor de la amenaza del villano, generando la ilusión de que el bien tiene que reafirmar su existencia sólo con la presencia del mal, encarnado en un villano.

El clima social actual promueve una atmósfera negativa que prevé un futuro nefasto para la humanidad, el concebir que pueda existir un compromiso auténtico con el bien nos resulta absurdo, por lo que se nos quiere convencer de que el villano es una “medida de control” para equilibrar el orden social -así como es necesario el bien lo es el mal-, siendo imposible escapar de ese dualismo.

Las ambigüedades morales, le permitan al villano tener cierta impunidad pero los resultados de sus acciones no escapan del juicio del bien y el mal; así que la sociedad está obligada a evitar que se desborde el mal, aunque tenga que recurrir a él para preservar el bien, es decir, “se vale consentir recurrir al mal sí se puede contener una amenaza mayor.”

Con ésta premisa se pretende justificar la imposibilidad de que en algún momento de la historia humana, el bien absoluto logre vencer el mal, que el ser humano se reivindique consigo mismo y construya un mundo realmente justo.

Por eso el mayor triunfo del villano y su permanencia en la cultura popular está en, que hemos dejado de creer en la candidez del bien.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El significado social del fantasma.

 

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El fantasma es una entidad vinculada popularmente a lo sobrenatural, a la vida después de la muerte y a las fuerzas del mal. Aunque no existen pruebas concretas sobre su presencia en el mundo físico, los seres humanos desean creer que hay algo más en la realidad circundante que todavía desconocemos; una certidumbre de que la vida no es nada más el mundo material que nos rodea. Para muchos, el fantasma no es ni siquiera de este mundo sino que es una entidad maléfica que atormenta a los vivos por placer como recordánles la transitoriedad de la vida humana en la Tierra o también la prueba de que tenemos un alma y que esta al morir, se libera del cuerpo.

Sin embargo, los diversos relatos sobre fantasmas han dado una imagen negativa de ellos los muestran como entes agresivos, de emociones bajas y con un fuerte complejo de territorialidad que les hace creer que los vivos son un peligro, mientras en su fuero interno viven acongojados por no encontrar su camino “hacia el otro mundo”. Pareciera que ellos no tuvieran pasado, sino un perpetuo presente del que no se pueden liberar, a menos que les muestren el camino pero ¿a donde conduce ese camino? Eso es algo que solo los fantasmas saben, por eso algunos tienen tanto interés en comprobar la existencia de mundos que convergen con el nuestro como evidencia de que la muerte no es tan terrible como creemos.

Pero el fantasma, así como tiene que lidiar con encontrar el camino “hacia el otro mundo”, también debe enfrentar la indiferencia de los vivos, de aquellos que no creen que existan, o que están tan concentrados en el mundo material que les resulta inconcebible que sea real; en este aspecto el fantasma actúa como una metáfora, sobre como la indiferencia social de las grandes urbes y de sociedades corrompidas termina por invisibilizar a los individuos.

Esa invisibilidad es un terrible peligro porque nos volvemos distantes de nuestros semejantes y las relaciones humanas se vuelven una monotonía, un tedio del que para escapar se recurre a artificios dañinos. El fantasma aparece en ocasiones para advertirnos de las consecuencias de no resolver situaciones pasadas que preferimos olvidar, aquellos asuntos pendientes que en su momento creímos superados pero que en realidad solo postergamos porque no nos sentimos en capacidad de solucionarlos. Por eso él aparece como un aviso que nos invita a enfrentar dichos asuntos antes de que dañe nuestro presente; dichos asuntos son comunes y humanos empero tienen onda resonancia en nuestras vidas.

Generalmente el fantasma tiene una imagen tenebrosa, triste y maligna, a veces se le ve aliado con seres destructivos que representan una amenaza para los seres humanos convirtiéndose en su sirviente o como catalizador para aumentar su poder gracias al aporte de su energía vital. Otras veces se le atribuye una imagen vengativa, como el azote de aquellos que obran mal o tienen culpas que no saben manejar, dedicándose a perseguirlos hasta enloquecerlos incluso ajusticiarlos para que “paguen penitencia” vagando como seres desencarnados en el mundo de los vivos o siendo enviados a mundos infernales.

Este ente representa el temor a la muerte pero, en la circunstancia donde el alma no descansa en paz quedando errante en el mundo físico sin poder reunirse con Dios, sin lograr resolver sus asuntos pendientes ni lograr comunicarse con quienes aprecia porque estos ignoran que todavía esta atrapado en el mundo físico.

Sin poder lograr resolver su situación, el alma se convierte en una entidad triste, ajena y perdida que queda atrapada en un ciclo donde se mezcla la realidad física -el presente- con los recuerdos del pasado para terminar siendo un fantasma.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El monstruo como azote de la humanidad.

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Los monstruos suelen ser vistos como peligrosos-PFMS-StartPage Images

La imagen más frecuente que se tiene de un monstruo es de un ser destructivo que amenaza la vida humana. Aunque los seres humanos pueden mostrarse indefensos e impotentes ante el empuje de esta criatura, estos no tienen otra opción que enfrentarla para poder sobrevivir; en ese el ingenio humano se impone ante la intimidante figura del monstruo hasta someterlo. Nunca claro porque esta criatura se ensaña tanto con los seres humanos y aunque se introduce motivaciones razonables o demasiado fantasiosas para justificar su conducta sigue siendo un misterio el porqué de su acoso.

El monstruo parece tener alguna fascinación extraña con el ser humano, como si en él existiera algo atractivo que le impide resistirse a irrumpir en su existencia y trastocar toda sus creencias, pero de forma destructiva; llega destrozando su obra (sus ciudades, rutinas, relaciones…), la seguridad que le brinda la sociedad y poniendo en duda su conocimiento de la realidad. Más que matar al ser humano trata de reafirmarse en su mundo, trata de cuestionar sus conceptos exponiendo su fragilidad porque la humanidad no sabe como lidiar contra algo que escapa de su entendimiento, empujándola a la supervivencia, la cual revela lo mejor y lo peor de si misma.

En las intenciones de cada monstruo pareciera que no existiera nada civilizado, solo irracionalidad y un irrefrenable impulso por destruir, o una eficiente capacidad de camuflarse en la monotonía de la cotidianidad para sorprender al ser humano. Quizá su mayor placer es obligarlo a que se haga consciente de una realidad distinta que linda entre la locura y lo fantástico como si considerara un juego el atormentarlo.

Para el ser humano un monstruo es una confirmación de que su parte maléfica no es exclusivo de él, existen criaturas que también están regidas por el bien y el mal aunque por conveniencia solo ve la parte maligna de ellas. Son pocas las ocasiones en donde el monstruo muestra su parte benigna y logra tocar la humanidad de las personas, confirmando que si una criatura es “peligrosa” para otros no es nada más por su decisión sino también por como lo miran los demás seres, porque el miedo a lo que no conocemos o a lo que no es común nos incapacita actuar equilibradamente. Esta tan arraigado el orden y la rutina, que nadie sabe como actuar ante algo que no se comprende en el momento.

La humanidad hasta parece tener una interpretación masoquista del monstruo, porque es más frecuente aceptar una imagen negativa de él, siempre le atribuye una función destructiva, de ser enemigo de su obra o de considerar molesta su presencia, sintiéndose con derecho de aniquilarla resaltándose que debido a su presencia la humanidad se ha estancado, ha perdido su papel protagónico en la Tierra y ha tenido que enfrentar la nada cómoda situación de ver su mundo -el orden social- derrumbarse. Contradictoriamente parte de la humanidad considera al monstruo como un castigo merecido porque cree que esta perdida y degenerada, el hombre arruinó la tarea de elevarse a si mismo construyendo una sociedad insostenible y amoral que debe ser aniquilada para que “despierte”.

Esa sensación de verse rodeado de un entorno social asfixiante, que sucumbe a la monotonía y las contradicciones e incapacita para actuar termina por convencerla de que es cómplice de un sistema miserable el cual no puede seguir existiendo; por ello, invoca inconscientemente a un monstruo como una forma de autocastigo y medio de falsa liberación ante la impotencia que carcome la bondad humana, esa incapacidad de comprender un mundo que no se parece a los valores que le han inculcado.

Los individuos interpretan que los valores languidecen frente a los intereses creados volviéndolos crueles y deseando una voluntad superior, -casi divina- que destroce lo que creen es la causa de todas las flaquezas humanas -la sociedad imperante- porque no consideran que la humanidad pueda reivindicarse, reaccionar a tiempo para reconciliarse consigo misma o lograr sinceramente acordar un gran proyecto de progreso común. Más bien, existe un convencimiento pleno de que un apocalipsis deseable será la única medida para detener lo que consideran un proceso irreversible de degeneración social.

El monstruo aparece invocado por esta necesidad psicológica de autocastigo creando un vínculo muy personal con el ser humano, porque el puede percibir dimensiones supramentales que le revelan el interior de cada uno, facultad que no esta evidente pero se infiere por la facilidad con que puede rastrear a sus víctimas. Empero el monstruo también representa no solo los temores arraigados del ser humano sino aquello que el mundo moderno es incapaz de aceptar: la bestialidad, un comportamiento que no conoce límites, no es capaz de negociar y se regocija del horror más obsceno, una forma de conducirse en la vida que parece no amilanarse ante cualquier medida represiva.

La bestialidad ha sido algo característico en la humanidad, la protagonista de episodios trágicos en la historia pero que nadie termina por reconocer que existe porque estamos tan absortos en que el pensamiento puede explicar todo que cuando nos sentimos incapaces de resolver un enigma de nuestros más bajos comportamientos, preferimos callar y negar su existencia; nuestra falta de referentes o pistas para resolver esta parte de nuestra conducta es algo que todo monstruo aprovecha para aventajar al ser humano reduciéndolo a ser una criatura indefensa, que pierde la fe en si mismo y puede ser sometida fácilmente.

Por ello la única forma de derrotar a un monstruo no es nada más enfrentándolo, sino evitando convertirse en uno si no se deja abierta la posibilidad de que otro venga a atormentar al ser humano dado que el monstruo puede percibir la bestialidad inherente de cada uno.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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