La fascinación por lo sobrenatural.

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Siempre ha existido en la humanidad un interés peculiar por conocer la naturaleza de aquellos fenómenos que carecen de una explicación racional, muchos de ellos nos han servido para progresar y gozar de comodidades impensables en otros tiempos. Sin embargo, aun contando con medios avanzados para estudiar la naturaleza de algunos prodigios que no tienen una explicación concreta, pudiendo dominarlos para nuestro beneficio, muchas personas tienden a creer que ellos son fruto de fuerzas que están más allá del saber científico y racional.

Tristemente, cuando parece que nuestro conocimiento puede demostrar las falacias de interpretaciones absurdas de la realidad, la cultura popular tiende a enfocar su atención en posibilidades alejadas del progreso intelectual. Existen personas que quieren aferrarse a la creencia de que el ser humano puede penetrar en los misterios de fenómenos extraordinarios a través de caminos inciertos y oscuros, ajenos al iluminismo intelectual, próximos a la mentalidad de épocas pasadas donde en medio de la ignorancia y el desconocimiento, los mitos eran la única forma “racional” para explicar fenómenos nuevos en esos momentos históricos.

Vemos como grupos de individuos desilusionados de sus vidas, temerosos del futuro y cansados de explicaciones comprobables, entregan su interés en posibilidades fantásticas, en un desesperado intento de recuperar el control de su existencia ante fuerzas sociales aparentemente superiores a ellos. Empiezan a depositar su fe en “poderes o entidades procedentes de otras dimensiones” con la meta de encontrar “seguridad” y de que podrán remediar su desafortunada realidad con su ayuda; estas personas sienten que han sido llevadas al límite y tienen un profundo descontento con sus vidas, por lo que se esfuerzan en construir un mundo paralelo fuera del control de la razón, de la vida social o de renunciar a la identidad que poseen como miembros de la sociedad.

Si bien, el pasado histórico de cada nación muestra que en épocas pretéritas las personas depositaron su confianza en explicaciones mágicas, hay que entender que eso corresponde a un modo de pensamiento ya caduco, por lo tanto sería irracional continuar aceptando esa mentalidad en la actualidad cuando disponemos de medios más creíbles para comprender nuestro entorno. El prolongar esas explicaciones mágicas en el mundo moderno puede tener motivaciones estrictamente fundadas en un folklore o idiosincrasia: el aferrarse a un modo de vida arcaico ante la falta de capacidad de adaptación frente a los cambios, una educación deficiente, un desencanto profundo hacia los modos de vida modernos, el usar la manipulación para aprovechar la ingenuidad de otros o la ausencia de un pensamiento lógico.

La última opción es el mayor problema de la sociedad moderna, porque la educación nos trasmite los conocimientos que hacen funcionar al mundo, pero la cotidianidad contradice las enseñanzas adquiridas cuando no existen voluntad para organizar coherentemente las prioridades de cada quien, además vivimos en un mundo donde fuerzas ubicuas compiten ferozmente por nuestra atención en un esfuerzo destinado a lograr conquistar sus objetivos apelando al apoyo de una colectividad sugestionada. Estas fuerzas apelan a los mitos, a la fantasía, a crear una imagen mágica de que su simple respaldo podrá lograr un objetivo supuestamente común; siendo muy pocos los que logran estructurar sus argumentos para demostrar la veracidad o falsedad de ellos, aunque al llegar a confiar en esto establece que no necesitan de argumentos sólidos, simplemente se dejan llevar por historias inverosímiles, pero que son lo que dentro de la ingenuidad o ignorancia del otro quiere en su vida o quiere saber y escuchar.

Existe un desinterés en mirar más allá de lo evidente y el mediatismo junto a la reactividad programada en la mente de la gente sofoca la posibilidad de usar la lógica para estructurar los hechos y comprobar la veracidad de los mismos. Popularmente se culpa a la vida moderna, a las fallas en la educación o a las autoridades, del clima de inestabilidad psíquica actual cuando es nuestro poco ejercicio del pensamiento lógico o la renuencia a prescindir de ciertos hábitos mentales dañinos los grandes conspiradores que nos impiden alcanzar una mirada objetiva de los hechos.

Al estar atrofiado el pensamiento lógico, se es vulnerable a tomar seriamente explicaciones sin fundamentos, pudiéndose sublimar la fe en creencias absurdas que atribuyen la causa de los hechos a fuerzas extrañas que escapan de toda explicación racional; también existe una lamentable creencia a no confiar en el potencial que tiene cada uno para dominar una habilidad o entender conceptos complejos producto de un discurso que afirma que el ser humanos no usa todo ese potencial ¿no lo usa para qué? La ausencia de propósito en esta afirmación la invalida, pero para personas vulnerables es fácil relacionarlo con una carencia y no le parece incoherente aceptar que para satisfacerlas apele a poderes misteriosos.

Influye mucho la explotación mediática de que nuestro destino o que ciertos misterios que no tienen explicación, son fruto de la acción del cosmos o de entes destructivos dispuestos a hacer el mal, sin olvidar que los detalles sobre su naturaleza están ocultos por las autoridades, es decir en nuestro empeño de llenar el vacío ante la ausencia de respuestas no buscamos la explicación más razonable, sino la más fantasiosa, que alimente extravagantes historias sobre sucesos extraños que ni siquiera podemos asegurar que sean ciertos. Jugar con la percepción de la realidad es la habilidad predilecta de charlatanes y cineastas de cuestionables méritos artísticos para beneficiarse del morbo y la credulidad de personas sugestionables.

La sugestión es la naturaleza real de todos esos fenómenos sobrenaturales -algo demostrable- que emplean con sutileza personas inescrupulosas para lograr un beneficio y que forman parte de esas fuerzas que buscan nuestra atención. En la actualidad con tantas vías para comunicarnos, la mayoría tiende a aceptar como ciertas las informaciones de las fuentes más centralizadas y masivas que no están sujetas a un código de ética que evalué su actuación, facilitando así la creación de falsas realidades que pueden tomarse como ciertas, alimentando la idea de que una fenomenología ajena mueve los acontecimientos y que es falso que somos dueños de nuestras decisiones.

Otro factores que influyen es que pareciera que existe en el hombre moderno un sentimientos de vaciedad que convierte su ánimo en amargura, se siente “solo” ante un mundo que exige demasiado de él pero que es incapaz de mostrarse amistoso. El hastío hacia una vida que interpreta como “falsa” o que sienta que todas sus creencias terminaran siendo envilecidas herramientas para aumentar el poder de otros, le impulsa a buscar en mundos no racionales ni regidos por explicaciones científicas aquello que interiormente le falta; vemos que para librarse de esa insatisfacción prueba con sentimientos negativos o deposita su fe en realidades virtuales en donde siente que puede ser él, desdoblarse de manera irreversible en alguien que habita en una realidad menos complicada o por lo menos que él puede controlar de una mejor manera porque puede construirla según su antojo y sin influencia o intromisión de terceros.

Es absurdo pensar que existe fenómenos “inexplicables” o misterios imposibles de resolver si no se acepta una creencia en particular, más bien, la mente humana puede descifrar cualquier enigma que se proponga siempre y cuando no esté contaminado de falsos conceptos, así como aceptar el hecho de que sólo tiene sentido las explicaciones que tengan como principio la verdad, no la superchería.

El ser humano debe reencontrarse con la sabiduría que encierra las cosas simples, porque en ellas están las respuestas a todos nuestros enigmas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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