La conspiranoia en la política contemporánea.

WCENTER 0XMKCDSNNL                L'aula della Camera in una foto d'archivio.  ANSA/GIUSEPPE LAMI
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En la historia humana, los acontecimientos políticos suelen tener personajes perfectamente identificados, quienes son los motivadores de los mismos; no obstante, las investigaciones posteriores a la época que protagonizaron demuestran que hay otros personajes o acontecimientos considerados “menores” que nos da una visión más amplia de los sucesos. Permite entender la magnitud del cambio que suscitó para una sociedad esos personajes o acontecimientos “menores” y apreciar con otra óptica los valores que la rigen, también demuestra la necesidad de identificar con precisión las causas de mentalidades retrógradas que impidan el desarrollo de la ciudadanía.

La ciudadanía es el primer elemento que sustenta la sociedad, es quien puede orientar los esfuerzos colectivos a través de su participación política e indicar a sus gobernantes qué considera necesario para el bien común. Tener representatividad en el gobierno es una expresión de su voluntad y sí ella no llega a satisfacer sus aspiraciones no es responsabilidad exclusiva de los gobernantes o de sus organizaciones políticas, sino también de la ciudadanía quien debe reflexionar en qué falló. A medida que avanza la humanidad, empieza a evidenciarse un peligroso alejamiento de la ciudadanía y sus representantes; ambos toman decisiones alejadas de sus propias aspiraciones y mantienen una relación de tensión constante.

Los modernos medios de comunicación permiten disminuir distancias, sin embargo pensar que eso puede contribuir al acercamiento es sensato y al mismo tiempo ingenuo, porque los ciudadanos siguen sintiendo que sus representantes no piensan en ellos, deciden valorando más sus propios intereses que respetar la confianza depositada en su figura; podemos decir que la política más que ser un medio para servir lo mejor posible a la ciudadanía, ha retrocedido hasta convertirse en una lucha permanente entre los grupos políticos para hacerse con el Poder y satisfacer sus propios deseos, el cargo ocupado por un representante político no se interpreta como un privilegio otorgado por los ciudadanos, sino como un “premio” por vencer a sus rivales.

Ese esfuerzo que realiza un representante político -a la vista de los ciudadanos- es efímero, pues no interpreta el Poder como un medio para servir sino para dominar y castigar a quienes disientan, un medio para satisfacer los egos de unos pocos deseosos de calmar sus carencias, creyendo que dirigir es mandar y obedecer, cerrados a desarrollar los potenciales de la nación. Con tal práctica se llega a la amarga conclusión de que la política es una profesión mafiosa donde es imposible ser honesto y tener una carrera impecable, ya que el político es definido como un criminal dispuesto a sacrificar todo con tal de no separarse del Poder. No entienden el Poder como un instrumento para servir a su nación, sino un modo de vida adictivo, inseparable de la esencia del político.

Al agotarse la confianza, los valores morales se diluyen y las bases que sustentan a la sociedad son socavadas para dar paso a la supervivencia más violenta, que se traduce en indiferencia, todos enfocan sus esfuerzos en sus propios intereses en detrimento de la sociedad. Se acepta que el Poder no es para servir a una nación sino para beneficio propio, un objeto codiciado obtenido por los más pícaros y desalmados, no es nadie quien no crea que el Poder lo es todo para vivir “seguro” de los peligros del mundo y se trata de imponer que el uso del Poder es invariable de la agrupación política que se apoye, es decir, no hay cambio en la forma de ejercerlo todo es aparente.

Los individuos más disconformes prefieren desentenderse de la acción política (participación en elecciones, conformación de partidos políticos, organizar a los ciudadanos en torno a temas comunes…) optando por la radicalización. Definen al Estado como una instrumento creado por el gobierno para obligar a la gente a depender de él, en vez de como una entidad formada por mutuo acuerdo de los ciudadanos -incluidos los representantes políticos- por ende consideran que éstos les están negando la posibilidad de vivir de forma distinta a lo establecido, no se cree que los partidos políticos sean autónomos en su acción sino que son controlados por cofradías poderosas ocultas, siempre se ponen en duda la verdad oficial aun cuando haya sido contrastada y predican la desconfianza más extrema a toda forma de gobierno.

Dentro de esta mentalidad la autoridad es molesta, un enemigo que se sostiene porque engaña a una masa idiotizada que debe ser “despertada”, se le culpa de cualquier calamidad y de practicar el engaño. Nunca puede aceptarse que las organizaciones mundiales puedan alcanzar acuerdos justos con las naciones o grupos antagónicos sino que conspiraran para provocar el caos, tampoco las creencias establecidas se consideran escogidas sino impuestas por grupos hegemónicos que no quieren perder su influencia. La conspiranoia política aprueba a grupos afines que se mantengan al margen de la política reconocida, esgrimen la antipolítica para enfrentar el “autoritarismo de una dirigencia decadente y viciosa” y disfrazan sus acciones con otros nombres, definiciones…

Define la realidad como una lucha perpetua entre ciudadanos y “poderosos” en el que los primeros debe destruir a los segundos para conquistar la libertad absoluta (sin especificar a cuál clase de libertad se refiere o qué hacer luego de llegar a “obtenerla”), no cree en el activismo político sin confrontación más bien aprueban un activismo reactivo, hostil y tendiente a la clandestinidad -pero bien difundida en medios de comunicación tradicionales y/o alternativos-. La posición conspiranoica acepta que el Poder al ser un objeto codiciado es causante de intrigas que merman la voluntad humana, el origen de la degeneración moral del presente y estará siempre dominado por unos pocos que nunca rendirán cuentas de sus nefastas acciones sobre la humanidad.

Constantemente predica que las naciones o grupos de ciudadanos organizados que quieren vivir de manera diferente, “conforme a modelos no ajustados a lo establecido”, serán atacados por conspiradores que impedirán el éxito de su empresa porque -según esta mentalidad- el modelo que defienden es el “verdadero” puesto que no sacrifica al ser humano y si está comprometido con lo social; en cambio el modelo de los conspiradores encarna el mal, corrompe a la humanidad, aliena, confunde y defiende el odio disfrazándolo de amor, la sociedad creada por ellos está destinada a implosionar así que mientras se espera ese “cataclismo inevitable”, “los ciudadanos realmente comprometidos deben prepararse para una batalla épica contra un enemigo moribundo”.(¿?)

La política vista de esta forma no cree que las transformaciones sociales partan de la toma de conciencia de los ciudadanos y sus líderes, sino que ambos son marionetas de grupos crípticos, consideran la información como instrumento de guerra que debe emplearse para exponer a los conspiradores y a quienes controlan el Poder de modo que pueda detenerse sus oscuros planes; acepta que la única manera de vencer al Poder es desde la clandestinidad y de ser necesario actuar de forma directa sobre él para abortar sus intrigas, los creyentes de esta mentalidad predican la necesidad de destruir el sistema para “liberar” a los ciudadanos.

Resulta lamentable que la interpretación conspiranoica de la política penetre en los planes de muchos gobernantes, quienes la usan para sus discursos y ejercicio del Poder porque creen que con esto protegerán a la nación de sus enemigos o porque piensan que con este medio podrán distraer a la ciudadanía de los temas que deben interesarles, de manera que terminen desgastándose. Son una clase particular de dirigentes políticos que piensan que la intriga es la mejor manera de controlar el Poder y la credulidad de la ciudadanía es su principal objetivo, porque si ella permanece confundida no podrá discernir de cuales son las verdaderas causas de las crisis que sufre la sociedad, no creerá que su opinión será importante y que el Poder que le otorga a los dirigentes políticos parte de sus decisiones, no de un acto predestinado o controlado por cofradías ocultas.

Las causas de esta mentalidad no pueden negarse que tienen cierto respaldo en la realidad una de ellas es la falta de transparencia en la práctica política que merma la confianza ciudadana, la influencia de nuevos grupos casi monolíticos que despiertan la desconfianza, el pesimismo causado por la aparente falta de rumbo en la sociedad actual y sobre todo, la indolencia de quienes corresponde tomar decisiones importantes ante las grandes tragedias provocadas por el ser humano.

Pero la conspiranoia no es una solución, es un mero sentimiento de hastío ante la falta de resultados de la política contemporánea que se alimenta del resentimiento y la desconfianza, subestima la inteligencia de los demás, no cree que cada decisión que tomamos es consciente independientemente de nuestro estado mental y emocional, promueve la suspicacia hacia los valores humanos.

Nunca admite que sus ideas parten de mitos e ideas erróneas sobre las dinámicas sociales, y tienden a desviar en otro lo que es entera responsabilidad de cada ciudadano.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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