La ilusión de las distopías adolescentes: los tipos (tercera parte).

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En una distopía la familia suele incomunicarse-PFMS-Start Page Images.

Las distopías adolescentes a veces tienden a mostrarnos otro tipo de ambiente: la sociedad existe y se ha trazado un nuevo camino o continúa igual, la descomposición social no es evidente mientras que la familia como núcleo principal se mantiene intacta. Sin embargo, los jóvenes son igualmente reprimidos a través de mecanismos sutiles, nunca de forma directa y se traman engaños elaborados con miras a impedir que la lógica del sistema sea alterada. Los ciudadanos de este orden no tienen mucho interés por el cambio social, porque gozan de seguridad material y están convencidos de que el camino escogido es el correcto. Un camino donde el “dolor” no existe, el “sacrificio” individual tienen valor si este protege los ideales de la sociedad -caso contrario se ignora deliberadamente- y la inocencia del hombre ha sido corrompida por una superficialidad que banaliza la profundidad del pensamiento, dirigiendo la voluntad humana al pragmatismo absoluto.
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Este escenario corresponde a la distopía adolescente utilitarista la cual nos presenta un futuro en donde el individuo sirve en función a los intereses del sistema social, no existe una meritocracia ni un mecanismo humanizado que valore al ciudadano por lo que es, sino por el beneficio que representa para los objetivos de la sociedad. La libertad del individuo no ha sido reducida de forma directa, sino condicionada a someterse a unas exigencias consideradas necesarias para gozar de las “oportunidades” que ofrece el sistema. Evidentemente, dichas exigencias son un medio de coacción pero son presentadas a la ciudadanía como un medio de reconocimiento social y de vía para ascender a mejores posiciones. La principal meta de este sistema social es mantener ocupados a sus miembros en una búsqueda insaciable por satisfacer su ego, el conseguir una mejor posición social en detrimento de los demás.

Puede decirse que la sociedad inculca a los jóvenes a conspirar por lograr el mayor reconocimiento social, de competir sin moral alguna en lograr aquello que desean, aún cuando no les corresponde. En el ambiente social impera una asepsia a cuestionar las decisiones ciudadanas cuando estas exigen un juicio crítico; de haber un desacuerdo es la masa adoctrinada la que se encarga de proscribir a los disidentes. El gobierno de la masa, es quien impone la autoridad y sus representantes se encargan de “administrarla”. La sociedad así constituida reduce a mero objeto al ciudadano. Lo puede sacrificar si este reporta un beneficio colectivo, a cambio este será reconocido, considerado un ciudadano ejemplar por su desprendimiento y valor.

El poder de este gobierno de la masa radica en sugestionar a sus miembros bajo la idea de que todo esfuerzo individual es efímero, el pensamiento disidente que no reporte una mejora para el sistema es peligroso, no se es alguien en la vida ni se considera que exista sino replica la conducta colectiva y no ascender dentro de los distintos niveles convierte al individuo en un ciudadano menor. Quienes no se ajusten a las rígidas normas impuestas, son presionados bajo la idea de que su conducta promueve una anarquía que justifica el dolor, el miedo, la soledad, la inseguridad y el regreso a una pasado indeseable que impedía el progreso.

Es decir, el nuevo contrato social que firman los ciudadanos de estas sociedades no considera humano las emociones -positivas o negativas-, el pensamiento individual, la necesidad de buscarse a si mismo, la profundidad de idea y las necesidades del espíritu. Reconoce como virtudes humanas el materialismo, la crueldad, el pragmatismo, el “sacrificio” con fines propagandistas para defender los valores de la sociedad, la falta de escrúpulos, la manipulación, el chantaje y el ansia de reconocimiento social. Tales contrastes se mantienen enfrentados en esta distopía sin que ningún cambio social modifique significativamente la naturaleza maligna de esta humanidad.

Los jóvenes descontentos o conformes con este orden siempre serán presionados en que deben encajar en la sociedad, deben ser útiles para el sistema aún cuando tenga que renunciar a lo que aman o a hacer lo correcto, deben ser “importantes” para ser reconocidos, deben poseer aquello que proyecte buen gusto o estatus, resignarse a aceptar que es prescindible si es útil para el bien colectivo, deben priorizar lo estético antes que lo auténtico y considerar la superficialidad como una sinónimo de refinamiento. La familia tampoco puede decirse que es totalmente libre, más bien reproduce las exigencias sociales en su seno a cambio de tener un futuro seguro que garantiza un estado paternalista quien domina con la astucia en vez de la fuerza. Tanto es así que la familia “ama” a sus miembros siempre que estos se ajusten a dichas exigencias, de lo contrario, puede prescindir de ellos para proteger su imagen.

Hay algunas historias que tratan de hacer creer que los jóvenes son auténticos protagonistas y los adultos sus enemigos. Los adultos son presentados como seres mezquinos y arcaicos mientras que los jóvenes son creativos y sensibles, pero en el fondo la realidad es más dura: los jóvenes son utilizados por otros adultos incapaces de actuar de forma abierta, así que los engañan explotando su disconformidad, deseo de independencia y ansias de aventuras. Terminan siendo sacrificados para construir el mundo de otro más cruel y calculador, es decir, en este futuro si hay “jóvenes rebeldes” será por creación de una voluntad adulta, no necesariamente será un acto espontáneo de ellos.

También en estas distopías es más evidente la incomunicación entre los adultos y los jóvenes producto de las presiones sociales. Los padres parecen preferir el criterio externo para educar a sus hijos antes de escucharlos y decidir. Para las familias de estos futuros criar un hijo no es visto como una responsabilidad, sino que es un medio para lograr un fin supremo que es el ser aceptado por una comunidad materialista que valora las apariencias antes que la sinceridad y la verdad.

Los errores y conflictos se ocultan, no se enfrentan con tal de conservar una imagen de perfección familiar que no perturbe a la comunidad porque ella es una extensión del gobierno de la masa y no tolera la anarquía de un individuo que no se ajuste a las pautas de comportamiento que impone. Ante la falta de comunicación, el joven se resigna porque no tiene otras opciones o trata de alcanzar roles de adulto sin tener todavía madurez para asumirlas. Lo hace porque cree que de esta manera podrá escapar de las presiones comunitarias y familiares, cree que si es reconocido tempranamente como “adulto” no será subestimado. No obstante el sistema vuelve a triunfar porque obliga a quienes no tienen opciones a aceptar solo lo que él le ofrece.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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