La ilusión de las distopías adolescentes: los tipos. (Segunda parte).

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Los jóvenes desorientados son individuos desarraigados-PFMS-Start Page Images.

Las distopías adolescentes suelen tener elementos comunes, se podría decir que nos ofrecen poca variedad en sus argumentos y conflictos. No obstante esos nexos comunes, permite clasificarlas en dos tipos específicos: la distopía de supervivencia y la distopía utilitarista. De momento, desarrollaremos la del primer tipo para lograr comprender mejor este género.

La distopía adolescente de supervivencia, plantea una trama donde los jóvenes son llevados a vivir situaciones extremas con miras a reducir su voluntad y humanidad, pero no se les dice directamente, se les envuelve en una conveniente mentira de heroísmo. El objetivo de los adultos es destruir su identidad como seres humanos, obligándolos a subsistir con recursos mínimos en ambientes hostiles, monótonos y carentes de esperanzas. El sistema social será siempre indiferente a su suerte y los adultos proyectarán una imagen negativa de sí mismos; los jóvenes no tienen en quien apoyarse ni a quien recurrir porque ya han sido condicionados a desconfiar de los adultos. El consuelo que les queda es la amistad con otros individuos de su edad, pero sus relaciones no serán del todo sinceras, sobre ellas siempre pesará la sombra de la vigilancia del sistema a quien le conviene mantener la desconfianza entre ellos para garantizar el control.

Junto a esa estrecha vigilancia, se encuentra la falta de afecto de las familias quienes son absorbidos por sus responsabilidades laborales o sociales que les impide educar a sus hijos. Ese tiempo esencial de compartir en familia, se lo roba las obligaciones contraídas por el rol que ocupan los padres en la sociedad. Los padres que tienen estos jóvenes son personas deshechas, agotadas e impotentes que terminan por incomunicarse con sus hijos o verlos como una carga. El sistema social aniquila los nexos familiares para formar individuos vacíos y carentes de ideales, incapaces de lograr un acto solidario o desarrollar unos sentimientos puros. Con los lazos familiares rotos, los adultos pasan a crear circunstancias aun más terribles imponiéndoles pruebas mortales o llevándolos a participar en situaciones límite.

La idea es convencer a la juventud de que no tienen valor alguno, por lo tanto debe habituarse a vivir en la estrechez, porque es prescindible. La relación con esta sociedad resulta aún más difícil para aquellos individuos huérfanos, ellos están más vulnerables y tienen menos opciones por lo que suelen ser los más recurridos para satisfacer los objetivos del sistema. Para los adultos, ellos son una “carga administrativa”, “un problema ajeno” y excelente medio con el cual realizar experimentos sociales con miras a imponer su voluntad. Los huérfanos, en este tipo de sociedad, son fáciles de convencer porque están solos en un ambiente donde impera la supervivencia más que la racionalidad, ellos estarán más preocupados por sí mismos, ya que nadie velará por ellos ni los cuidará. Sin embargo, sus pares con familia pueden ser mucho peores, pueden utilizar a los demás miembros para conseguir lo que desean. El egoísmo adulto es inculcado a los más jóvenes y ellos lo practican hasta sus últimas consecuencias.

El éxito de estas medidas es casi absoluto, aunque no en todas las circunstancias porque la naturaleza gregaria del ser humano todavía pervive, empero mal orientada. Los individuos se agrupan en función a intereses de conveniencias, la falta de otras opciones, la presión de circunstancias extremas, por maquinaciones de algún personaje persuasivo o por imposición de los adultos. No importa si los miembros del grupo se agraden o tengan alguna afinidad, lo que interesa es cumplir el objetivo que se trazan a pesar de que el mismo es una ilusión, una trampa más para mantener desunidos a los ciudadanos.

A veces se da el caso de que los protagonistas son los únicos sobrevivientes de algún cataclismo y están solos. No hay adultos experimentados que los orienten, se tienen a sí mismos y los pocos recuerdos felices de su vida anterior. Podría creerse que en este escenario el adulto no tienen la culpa, sin embargo, su ausencia es una metáfora de dos deseos contradictorios: la necesidad de los jóvenes de independizarse, de tener un espacio propio y probarse que no necesita de los demás para conquistar sus metas dentro de una óptica destructiva. Los jóvenes consideran asfixiante su entorno y desean hacerlo desaparecer de alguna manera.

Esto se contrasta con el deseo de atención del joven, abrumado por la falta de un contacto afectuoso con el adulto interpreta de forma magnificada que está siendo abandonado, y teme perder a quienes ama. Un mundo destruido es un símbolo de ese temor. En escenarios distintos, los adultos lo manipulan jugando con su percepción de la realidad para que cumpla una serie de objetivos sin cuestionar, razonar, quejar…

Los jóvenes de este tipo de distopía son lo más próximo a una bestia y al mismo tiempo, a un niño abandonado; sufre debido a la falta de sinceridad del adulto quien parece disfrutar atormentándolos de una forma sádica. Los adultos parecen más interesados en impedirles desarrollarse, que cultiven el pensamiento y la racionalidad conduciéndolos a un camino de autodestrucción.

En la distopía adolescente de supervivencia, está sublimado el instinto, la instantaneidad, la violencia y el abandono. El conflicto no es algo circunstancial, es introducido deliberadamente por los adultos para empobrecer su relación con los más jóvenes de manera que éstos terminen por humillarse, condenados a ser individuos perturbados e inmaduros, garantizando así el eterno ciclo -cuando los hoy adolescentes sean adultos, deben comportarse igual con las generaciones adolescentes de su futuro-. Las sociedades de este tipo carecen de un plan, meta o transformación radical que aspire a una realidad mejor, es indiferente a su suerte.

Puede que en apariencia quiera perpetuarse un sistema social inhumado, sin embargo al estar sustentado en la mentira y la indiferencia, éste se derrumbará por su propia inercia. Las rebeliones, los errores de los funcionarios o un acontecimiento imprevisto no hacen sino acelerar la destrucción del sistema sin ser esto garantía de que sus ciudadanos serán libres; todo lo contrario, ellos han sido adoctrinados en el egoísmo y la humillación llevando a sus miembros a luchar unos contra otros con miras a conquistar lo que creen les pertenece de las ruinas de ese sistema. Un circulo vicioso difícil de romper.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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