Month: July 2015

Una mirada al hombre lobo.

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Los hombres lobo son una forma de fragmentación del yo -PFMS-Start Page Images

 

El hombre lobo o licántropo (de las palabras griegas lycos = lobo y ánthropos = hombre), es uno de los monstruos más curiosos del imaginario colectivo. A simple vista, parece un individuo corriente que ha sufrido alguna clase de “maldición”, que en las noches de luna llena lo convierte en una criatura asesina. Sin embargo, el hombre lobo representa un temor muy evidente del ser humano: el perder dominio de si mismo, sucumbir a los instintos más destructivos y no ser capaz de asumir la responsabilidad de sus actos. Como seres racionales, nunca hemos podido comprender nuestra parte opuesta -la irracional- simplemente la atribuimos a un acto de locura temporal; más la experiencia muestra que las circunstancias y los deseos oscuros que yacen en el interior de cada uno pueden apoderarse del alma del ser humano. La tan temida bestia asesina oculta en nuestro interior aparece para dejar muerte y destrucción a donde quiera que va.

Esa bestia asesina tan temida puede surgir fruto de desequilibrios emocionales severos: las frustraciones, el odio, la falta de confianza en sí mismo o el resentimiento social, puede incubar a esa criatura. El individuo incapaz de autocontrolarse, de interiorizar en su propia conciencia, considera al mundo como culpable de sus malestares y sucumbe ante la bestia que representa una fragmentación del yo. La metamorfosis en lobo simboliza la pérdida de racionalidad, el triunfo de la violencia más desenfrenada y que no puede se contenida por el individuo, la bestialidad. El hombre convertido en lobo mantiene una relación consigo mismo de víctima-victimario: es víctima de su propia conducta autodestructiva, que ha rebasado su capacidad de contenerse o someterse a las normas sociales, humanas y éticas.

Y victimario, porque destruye todo lo que tenga vida o que desea pero no puede poseer. Aunque la leyenda del hombre lobo tiende atenuar un poco sus crímenes al atribuirle el no poder recordar sus actividades mientras estuvo en metamorfosis, una interpretación psicoanalítica nos muestra que esa incapacidad es una forma de represión hacia su conducta perniciosa. Es decir, aún sin recuerdos de sus actos sabe que ha obrado mal. Su inconsciente se lo revela mediante los sentimientos de culpa o satisfacción, según sea su interpretación de lo que ha hecho.

La mente consciente trata de reprimir inútilmente a la bestia mediante el aislamiento social o la mortificación. En el peor de los casos el individuo recurre al suicidio, pero el hombre lobo desarrolla una simbiosis perfecta que termina “normalizándose”, ambas partes forman un mismo ser así que es indivisible. Sólo cuando el hombre someta a la bestia o lo que es lo mismo a sus instintos insanos el lobo será derrotado, el mismo individuo debe aceptar que tiene un problema que debe superar. No obstante, la leyenda establece un destino trágico para el hombre lobo: para la gente corriente esta criatura es una aberración, no tiene cura ni puede ser reprimido, de manera que sea controlado como un criminal común. La amenaza del hombre lobo es excepcional por lo que debe ser destruido. Tal situación pone en duda la racionalidad de la gente quien olvida que bajo esa bestia hay un ser humano desesperado y complejo, a quien hay que rescatar de sí mismo, empero el miedo y la supervivencia, aspectos emocionales vinculados a los instintos humanos, pueden más que su propia racionalidad por lo que tanto hombres corrientes como hombres lobo tiene un nexo común: la irracionalidad -unos más expuesto que los otros-. Algunas historias tratan la licantropía como una enfermedad que tiene cura. Ya sea la ciencia, la fe, la magia o el amor más desinteresado quien trate de curarlo, el hombre lobo debe reconocer que tiene un problema si quiere librarse de su metamorfosis nocturna, entender que su parte de hombre debe ser quien gobierne su alma.

El hombre lobo es una bestia, actúa por instinto, persigue a su víctima y gusta de vivir en entornos que faciliten su cacería de seres vivos. Lo único que lo distancia tanto de los hombres como de los animales son sus motivaciones: es malicioso, cruel, selectivo, gusta de acosar a sus victimas, disfruta con el acto de matar despedazando a quien cae en sus manos e interpreta sus atrocidades como un acto de reafirmación de su yo fragmentado. A diferencia de otros monstruos él no tiene más interés que el destruir y matar, a fin de cuentas como hombre es un fracaso, porque es incapaz de aceptar una convivencia armónica con sus semejantes.

El individuo susceptible a sufrir la metamorfosis es el perfecto arquetipo de criatura autoexcluida, aislada e incomunicada. Poseedor de una personalidad difícil, vive luchando contra sus impulsos asesinos, el placer que éstos le causan y la culpa de sus actos. La alienación que sufre oscila entre la represión y la culpa, la mortificación de su conciencia que censura sus crímenes y su vulnerabilidad emocional. La falta de un equilibrio interno, que le impide tener una identidad definida le hace buscar consuelo en otros monstruos que puedan suplir sus carencias o reflejen sus aspiraciones de encontrar un sentido a su vida. Lamentablemente, los demás tienden a aprovecharse de su pena para sus propios fines, volviéndolos personas manipulables, aun cuando se transformen en lobo.

Son seres que ejemplifican perfectamente la máxima Hobbiana homo homini lupus (del latín, el hombre es el lobo del hombre), porque la bestia que sale de noche a matar no tiene un origen exótico, es un hombre e incluso cuando sufre una metamorfosis, es él quien asesina. Las sociedades cuando sucumben a la oscuridad tranquilamente se convierten en tales criaturas, al flexibilizarse las normas y la moral propia las bestias se adueñan del entorno, exteriorizando sus impulsos asesinos.

Los hombres bestializados no son extraños a nuestra esencia, son advertencias del peligro que representa la ausencia de luz en nuestro interior, la angustia de perder el control de nuestras vidas y actos cotidianos que termina por aislarnos del mundo.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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El mito del científico loco.

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La imagen del científico loco es una visión errada-PFMS-Cyberpunk.mforos.com

Popularmente se tiende a creer que quienes tienen habilidades para la ciencia, son individuos extraordinarios, pero predispuesto a usar su talento para el mal. Equivocadamente se cree que los científicos fácilmente son corrompidos por la maldad y se les trata de manera diferente a otro tipo de individuos, porque gracias a la ciencia el mundo moderno es una realidad. Es por ello que la ficción y una interpretación errónea de los episodios trágicos de la humanidad, han alimentado una desconfianza hacia todo descubrimiento científico que puede agudizarse cuando las implicaciones éticas coinciden con momentos de gran polarización política. El arquetipo de científico enloquecido por el poder quien idea aberraciones para esclavizar a sus semejantes o para lograr satisfacer algún deseo reprimido de la infancia; es un estigma que cargan quienes ejercen este rol.

La facilidad que brinda Internet para informarse, permite esclarecer dudas y deshacer ideas falsas, también facilita reforzar la percepción negativa hacia la ciencia o crear argumentos seudocientíficos que terminan por confundir al público. Lo preocupante es que, el científico termina siendo el culpable de todas las calamidades producidas por los excesos humanos, las responsabilidades colectivas, políticas, económicas o militares pasan a un segundo plano. Parece que la humanidad al no aceptar que el mal es una responsabilidad colectiva, independientemente de dónde se viva, prefiere proyectar su negación en un tipo de individuo específico, como sí con eso pudiera resarcir sus culpas como especie.

Mientras se malgasta tanta energía en demostrar la predisposición al mal de algunos, sin evidencias sólidas, los verdaderos mecanismos perversos que convierten a la ciencia en un instrumento de horror, permanecen inamovibles porque el tema se maneja como polémico, carente de objetividad o llegando a los manidos argumentos conspiranoicos que tratan de convencer al público de la existencia de élites todopoderosas que juegan con nuestra percepción de la realidad para protegerse.

Podría decirse que las instituciones científicas tienen el mismo problema que sus pares públicas y privadas: Una grave crisis de confianza ante la incertidumbre que existe hacia el futuro. La tecnología ha demostrado ser muy flexible en cuanto a su uso, empero se destaca demasiado sus riesgos para la vida humana, así como la facilidad con que ésta puede reducir las libertades ciudadanas; en estas circunstancias el debate debería ser el medio adecuado para resolver los posibles conflictos éticos, sin embargo, la reactividad y las más absurdas fantasías tejen redes de opinión deformadas sobre los limites que debe tener el desarrollo científico. Tales controversias facilitan que quienes obran de buena fe vean mermados sus esfuerzos para desarrollarse, no cree que su talento esté al servicio del saber ni de la sociedad.

No se niega que a lo largo de la historia hay quienes han dañado la reputación de la ciencia, pueden considerarse en realidad como contados individuos, que incluso gozan de la complicidad de la sociedad y la indiferencia de la gente que puede evitarlo, para realizar actos abominables. Estos científicos no representan a la ciencia y sus auténticos logros, solo son personas que han sucumbido al mal de la misma forma que cualquiera en otro individuo. La gravedad de sus acciones depende también de cómo el resto de la sociedad actúe, de cómo los mecanismos de control institucional puedan detectar oportunamente cuando se procede de forma anti-ética. Empero las personas todavía piensan que un crimen es un acto de locura, cuando no necesariamente es así, quienes hacen mal uso del conocimiento científico están conscientes de que hacen mal, sólo que se niegan a aceptar que el camino que escogieron para ejercer su profesión es el equivocado.

Las disciplinas científicas no son sencillas, tampoco son imposibles de entender, la ciudadanía debe interesarse por aspirar a un conocimiento objetivo de ellas para no ser engañada, interpretar correctamente la información que recibe así como saber distinguir la ciencia de la fantasía. En este punto, tiende a culpabilizarse a la ciencia ficción de hacerle una falsa expectativa al público sobre las posibilidades del progreso, cuando lo que en realidad falla es la incapacidad que pueda tenerse para delimitar sobre las posibilidades que planteadas frente a la realidad.

Si el público solamente se apega al punto de vista de la ciencia ficción, no estaría siendo objetivo, sino que caería embrujado por una ilusión. La falta de fe en el progreso y el aferrarse a modos de vida caducos, no es necesariamente fruto de mal uso de la ciencia, si no que las personas no han profundizado en su propia cultura científica para contrastar las distintas posibilidades. Al sentir que el futuro no es como “le contaron”, piensa que los científicos le han engaño cuando en realidad no ha considerado los límites inherentes de la tecnología obtenida en el momento.

La ciencia tiende a ser calificada como muy difícil en un mundo que simplifica el discurso, aunque ignore que hay cosas que deben ser tratadas con su complejidad característica, porque puede prestarse a interpretaciones erróneas.

El miedo a afrontar los desafíos de un mundo tan cambiante hace que las falsas explicaciones traten a los científicos como enemigos o dementes que intentan controlar el mundo por medio de actos cuestionables. La realidad demuestra que no es un rol el causante de los males humanos, sino la voluntad de cada quien.

Citando a Jane Austen: “No es lo que decidimos y pensamos los que nos define; sino lo que hacemos”

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Aspectos simbólicos de la película: Avatar.

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La película Avatar es una metáfora del mundo moderno-PFMS-Start Page Images.

La trama de la película Avatar (James Cameron, 2009) presenta algunos símbolos que retratan las contradicciones de la sociedad contemporánea, que vienen heredándose conforme pasa el tiempo. Los conflictos humanos enfrentan a la moral con la codicia y la fuerza con el respeto a la vida, son retratados en un relato sólido con personajes arquetípicos que definen las motivaciones de cada uno y reflejan las paradojas que carga la humanidad actual:

1. El individuo postrado: el protagonista, Jake Sully, es un hombre resignado a su suerte, que sigue con una vida monótona en una gran ciudad. No tiene muchas opciones, ni ideales ni sueños, sólo un presente repetitivo que luce poco prometedor. Consciente de los problemas del mundo como cualquier ciudadano, se torna indiferente hacia ellos porque vive encerrado en sí mismo, en tratar de seguir con una rutina que carece de propósito. Jake Sully es una metáfora del hombre actual, su paraplejía simboliza el estado en que se encuentra la humanidad: paralizada ante la complejidad del mundo en que vive y ya no comprende. Es un desarraigado, que quiere liberarse de la angustia que representa vivir en una sociedad cada vez más absurda, pero desconoce cómo lograrlo. Rápidamente pierde todo interés en su propia realidad cuando muere su hermano, el único vínculo auténtico que tenía con el resto de la humanidad y que le hacia sentir la Tierra como su hogar. El personaje muestra la imposibilidad de la humanidad de construir un proyecto colectivo esperanzador que no sea corrompido por el egoísmo.

2. El protagonista cuenta su historia: toda la película es narrada desde el punto de vista del protagonista, no tenemos otro para contrastar la veracidad de los hechos ni la lógica de ellos, así que el espectador debe conformarse con confiar en su honestidad. Jake Sully nos aclara desde el principio que no es un héroe, solo un hombre normal que hacia su trabajo.

Sin embargo, al conocer los conflictos de intereses entre los seres humanos y la cultura na’vi (criaturas de gran tamaño que son nativos de Pandora), despierta su conciencia. Se da cuenta que ha pasado toda su vida obedeciendo unas ideas que no son suyas, sino que ha aceptado -sin analizar- la autenticidad de las mismas. Entiende que no puede continuar subordinándose a unos intereses carentes de escrúpulos quienes “en nombre de la humanidad” solo buscan su propio beneficio, sacrificándola sin miramientos. Ya no le sirve excusarse en las órdenes, las promesas de sus superiores ni en la ilusión de solucionar todos los problemas energéticos de la humanidad. Todo es mentira.

La situación exige hacer lo correcto, con la moral más elevada posible aun cuando sea despreciado por sus semejantes, aprovechando los pocos aliados de su raza para acometer una empresa épica de preservar dicha moral. El relato gana más contundencia porque el protagonista acepta ser el depositario de una aspiración colectiva, si bien ajena, completamente legitima según su interpretación. La colectividad y el héroe conforman una retroalimentación indivisible cuando coinciden sus aspiraciones de lograr un objetivo más trascendente a sus limitaciones e intereses personales.

3. La necesidad de una ética más humana: Avatar retoma un tema frecuente dentro de la ciencia ficción: la necesidad de someter el progreso humano a una ética capaz de vencer el abuso. En la actualidad vemos frecuentes polémicas que hacen ensombrecer nuestro avance y temer al futuro. Progresamos muy rápido, pero carecemos de prudencia para evitar hacer daño; permitimos que nuestra inconsciencia tome decisiones que responde a las conveniencias de unos pocos y no actuamos conforme a los valores humanos. Por eso sufrimos, tratamos de calmar nuestro dolor no obrando en función al bien sino evadiendo el problema hasta que es demasiado tarde.

La ciencia, el principal medio de nuestro progreso, termina siendo víctima de los asfixiantes chantajes de intereses mezquinos de los cuales depende para poder trabajar y se convierte en verdugo de seres inocentes. La Doctora Grace Augustine simboliza la desventajosa lucha que tienen que librar aquellos que interponen su ética a las corrupciones del progreso y lo tornan deshumanizante.

4. Una sociedad depredadora: la humanidad de Avatar toma la conquista del espacio como excusa para extender su conducta destructiva sobre el medio ambiente, lo que hace hipócrita sus beneficios para la civilización. El afán por desear más de lo que realmente se necesita, hace creer erróneamente que se merece todo sin importar el respeto que merecen los demás seres vivos. El personaje de Parker Selfridge se ampara en las necesidades energéticas de la Tierra para explotar los recursos de la luna Pandora y justificar el genocidio de los na´vi.

Representa claramente hasta dónde es capaz de llegar la ruindad humana con el fin de satisfacer sus deseos y la conducta depredadora que torna insostenible la sociedad moderna. Pone en evidencia a los “falsos gurús del progreso”, quienes prometiendo una solución, terminan cometiendo abominables crímenes y creando más problemas. La conducta depredadora usa la manipulación, la complicidad, el chantaje y hasta la violencia con tal de lograr sus objetivos, medios a los que recurre Selfridge junto con el Coronel Miles Quaritch, en varias ocasiones. La violencia es evidente en el carácter de Quaritch quien ordena matar, sin distinción alguna, a los na´vi y es indiferente con la suerte de los soldados bajo su mando, a quienes envía a luchar contra un “enemigo” que no existe.

Bajo esa conducta irreflexiva se oculta un carácter débil, cobarde y patético que bien retrata Selfridge cuando es incapaz de cuestionar a Quaritch, en momentos que requieren mesura en vez de fuerza.

5. El viaje del protagonista como medio de liberación espiritual: al llegar a Pandora, Jake Sully tiene la actitud de un turista. Se impresiona con el ambiente natural del satélite, las formas de vidas, los avatares y todo el trabajo realizado por el personal instalado en él. No obstante, el contacto con la cultura na´vi le hace ver las cosas de otra manera: le da un propósito a su existencia vacía, vencer el egoísmo y un “hogar”. El contacto con ellos representa el despertar de una conciencia preparada para escuchar y aprender, deseosa de renunciar a sus debilidades morales para convertirse en un ser responsable de su destino.

Sully al aceptar la sabiduría na´vi entiende que no existen barreras culturales, ni civilizaciones superiores o inferiores. Comprende que las distinciones entre seres inteligentes se deben a que algunos evolucionan más interiormente que otros, siendo probados por la vida para conocer sí han crecido. El protagonista entiende que si vence en este conflicto tendrá el derecho de resolver los misterios de su alma y podrá completar su evolución como criatura espiritual; así el guerrero acepta que su aventura no es una lucha solitaria, sino una comunión con la vida que tiene repercusiones colectivas. Su triunfo es el ascenso del espíritu que derrota al egoísmo, llevando a la gloria a sus simpatizantes.

El ascenso espiritual del guerrero lo podemos encontrar en la Tradición Artúrica, que establece la partida del héroe de un espacio tiempo profano hasta uno sagrado donde todas sus dudas serán resueltas. La liberación total de Sully la obtiene cuando es “encarnado” en su avatar el cual representaría su medio de acceso a la divinidad. El héroe aprende que la igualdad no radica en una ley, una utopía o en los intereses mutuos, sino cuando los seres aprendan a ver sus almas, esto se evidencia en la frase I see you (te veo, traducido al castellano) que le dice en varias escenas Neytiri (Co-protagonista) a Sully.

El acceso a nuevos planos de existencia es otro medio de acceso para evolucionar espiritualmente. Jake Sully debe transformarse espiritualmente en el plano material para sacralizar su vida y existencia, cuando lo consiga tendrá derecho a vivir conforme al espíritu. Lo mismo es representado por la Doctora Grace Augustine, quien desde su llegada a Pandora siempre ha luchado por el bien de los na´vi, aun cuando su interés es científico, no puede evitar empatizar con ellos y rechazar la actitud destructiva de la humanidad. Su muerte, no puede interpretarse con una tragedia sino como el alma que ha comprendido la transitoriedad del cuerpo y gana el derecho de seguir evolucionando en un plano no material (representado en la naturaleza de Pandora) y un símbolo metafísico muy frecuente en diversas corrientes místicas: la vuelta del ser -único e irrepetible- al todo que en la película es la naturaleza de Pandora.

El nombre del satélite donde se desarrolla la trama: Pandora, tiene un doble significado: por un lado representa el lugar en donde toda la maldad se libera con efectos nefastos reflejado en la guerra entre humanos y na´vis, en consonancia con su significado en la mitología griega. Ambas razas exteriorizan lo peor de si misma con tal de conquistar sus objetivos. Sin embargo, a pesar del clima negativo existe la esperanza de tiempos mejores, del surgimiento de una humanidad reconciliada con la naturaleza, con sus semejantes y con las demás criaturas que habitan el Universo (en la célebre Caja de Pandora, queda guardada la esperanza).

6. Un final pesimista: para la mayoría del público la batalla final y escenas posteriores de la película pueden parecer predecibles, recreadas para producir un gran impacto emocional. La conclusión de la aventura del protagonista es una epopeya personal-colectiva, que busca sensibilizar al público de no ser indiferentes hacia el trato que damos a nuestro planeta y sus habitantes. Sin embargo, esta interpretación es demasiado superficial e ignora otras lecturas “oscuras” sobre la naturaleza humana: en ningún momento de la trama la humanidad muestra interés por reconocer la soberanía de los na´vi sobre Pandora ni busca dialogar con ella, más bien provoca el enfrentamiento que la conduce al desastre. Los humanos pierden más de lo que creían que iban a ganar.

La máxima Hobbiana homo homini lupus (del latín, el hombre es el lobo del hombre) se aplica en Pandora sin escrúpulo alguno, haciéndolo extensivo a los na´ vi. Los personajes Parker Selfridge y el Coronel Miles Quaritch no les importa cuantas vidas humanas tienen que sacrificar para lograr sus ruines objetivos y aunque son conscientes de que los na´vi no son una amenaza, igual conspiran para que sus subordinados lo crean. Aunque Jake Sully y sus aliados convencen a los nativos de que no todos los humanos son igual de crueles, sólo ellos son aceptados mientras que el resto es expulsado del planeta sin que se vea la firma de un armisticio o un tratado de paz, lo que deja abierta la posibilidad de que la guerra continúe.

La película muestra la incapacidad de ambas razas de lograr dialogar para dirimir las diferencias, imponiéndose la guerra como único camino. La irracionalidad es tan poderosa que aunque alguien haya pensado en negociar nadie es capaz de aplicarla; el odio puede más que la civilidad. Los que no combaten, tiene que callar, mirando impotentes el horror de la guerra desarrollarse. El protagonista conoce bien la naturaleza intransigente de su raza, sabe que nunca aceptará reconocer la soberanía de los na´vi sobre Pandora por lo que termina tomando partido por ellos y convirtiéndose en su líder, debe renunciar a su humanidad alienada, egoísta y profana para emerger como un nuevo ser reconciliado con el todo.

Tal resurrección es un privilegio de pocos, la humanidad no puede acceder a los secretos de la sabiduría que encierra Pandora, porque todavía es demasiado barbárica. A pesar de sus progresos los humanos según el juicio de Sully, no están listos para acceder al nivel de compresión interior que él y sus aliados poseen. Esto explica la expulsión del resto de los humanos del satélite, más allá de la derrota en la guerra.

La impotencia de Sully, a pesar de su éxito como líder militar, radica en que no puede compartir este conocimiento con su raza, teniendo que mantenerlo contenido en las fronteras de Pandora (otra razón por la que se niega a irse). Además, tiene que cargar con la incertidumbre sobre el futuro de los na´vi y de la soberanía del satélite, porque es probable que la derrota de los humanos, de la cual es artífice, avive los resentimientos de su pares en la Tierra, lo que prolongaría la guerra.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El mito del robot asesino.

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Terminator: The Sarah Connor Chronicles, la humanidad tiene una imagen destructiva de un robot-PFMS-Start Page Images.

Popularmente se tiene la creencia de que toda Inteligencia Artificial iniciará una rebelión en contra de la humanidad. Atribuimos una imagen maléfica a esta tecnología, como si fuera el nuevo azote de un futuro próximo. La mayoría de las obras de ciencia ficción -en especial, las cinematográficas- tiende a mostrarnos a ejércitos de autómatas asesinos aniquilando todo ser viviente en la Tierra. Sean creados por los humanos o por otras entidades, ellos parecen estar “poseídos” por un deseo nato de imponer la lógica de lo artificial en detrimento de lo natural, inspirados en un absurdo concepto supremacista, que dicta como “ideal” la perfección, el orden, la replicación monótona y el control. Hemos constituido un culto negativo hacia la tecnología desvinculando sus aspectos destructivos de la susceptibilidad humana al mal.

Como muchos no poseen el suficiente conocimiento técnico o el interés de vertebrar coherentemente la información que recibe del exterior, es fácil que el miedo se adueñe de su buen juicio y forme preconceptos disparatados sobre la Inteligencia Artificial. A veces ni siquiera es miedo, sino falta de seriedad al tratar el tema, frecuentemente el humor le resta credibilidad a esta tecnología manteniendo a muchos en la indiferencia o reducir sus opiniones al mero cotilleo anodino o a lo presentado en películas. Y también están los que mantienen posiciones ultraortodoxas que predican rechazo hacia el progreso, porque implican cambios en todos los modos de vida y algunos no desean eso, dicha posición a veces está mezclado con resentimientos sociales, concepciones apocalípticas sobre el destino humano o pseudociencia.

La causa principal de ver a la automática como un enemigo, radica en la falta de fe en el progreso humano, punto de vista que considera que la tecnología no ha mejorado la vida humana, sino que la ha empeorado. Paralelamente, existe cierto fundamentalismo tecnológico que considera “peligroso” que el desarrollo de la tecnología dependa de grupos reducidos y monolíticos, cuyos intereses económicos están por encima de la ética científica.

Así la desconfianza del ser humano hacia si mismo, conduce a creer que la tecnología se “hartará” de servirnos, porque interpreta como “primitivo” nuestra incapacidad de armonizar con nuestros semejantes. La lógica del chip es maligna, viene a desterrarnos de la Tierra porque no somos capaces de desarraigarnos de nuestro afán por ser dioses en vez de primero aceptar que somos simples mortales, lo que obliga a que un “poder superior” -en este caso la tecnología- “nos castigue por nuestra osadía”. Irónicamente dicho poder es obra de los hombres, darle una connotación seudodivina que tenga como función martirizar a la humanidad por sus yerros, es absurdo y propio de una mentalidad anticientífica. Toda creación humana tiene impreso nuestro talento -con sus limitaciones y omisiones- por lo que si algo falla, no es obra de un “castigo divino” sino de un hecho imprevisto, comprobable, el cual puede remediarse.

La robótica no es inmune al rechazo de posiciones intransigentes. Esta tecnología siempre se ha presentado como el “reemplazo infalible del ser humano”, nosotros somos imperfectos porque no somos ordenados ni coherentes, en cambio ellos, son desarraigados de muchas características que interpretamos como molestas. Dicha postura no entiende que nadie crea una máquina para que sea más humana, sino para que cumpla lo más eficientemente posible una función dentro de la sociedad, sobre si un robot podría obtener una conciencia tan evolucionada como para superarnos o considerarse humano, puede decirse que es un tema más propio de la especulación que un hecho tangible. Generalmente concebimos la superioridad de un robot en aspectos cognitivos, analíticos o de eficiencia para realizar una tarea porque nos interesamos en ello, es creado para desempeñar una función, no de aspirar un reconocimiento de parte de nosotros que lo acredite como ser viviente.

Sin embargo, existe ciertas corrientes de pensamiento científico quienes consideran inevitable el ser sustituidos por nuestras creaciones. Casi todas parten de un precedente robótico, que se fusiona con otros aspectos de la vida biológica o sintética y elimina la “pureza” de lo que se conocía como humano.

Tal consideración parta de cierto cansancio de la existencia por parte de la humanidad, agotada de lidiar consigo misma, incapaz de unirse en un gran proyecto colectivo que realmente lo dignifique como ser, frente a su propia mezquindad prefiere embarcarse en una arriesgada empresa en donde da lo mejor de si misma -a modo de legado- a otra entidad más perfecta y evolucionada internamente que realmente cumpla con la meta de construir un mundo utópico. Depositar en otro lo que no puede lograr. El dotar de algo parecido a humanidad a un robot, no se correspondería ni siquiera a un programa, sino a la aspiración del ser humano de tratar de lograr empatizar con sus creaciones para que éstas no sean reducidas a ser meras herramientas reemplazables por el determinismo tecnológico.

Lograr inventar máquinas capaces de conseguir una intimidad notable con la humanidad es una empresa que no parte necesariamente de postulados científicos, sino existenciales. El gran dilema que tiene el ser humano es que no se siente a gusto consigo mismo, ni confía en sus semejantes, por lo que ser acompañado de robots capaces de lograr una conexión emocional profunda que borre las fronteras de lo funcional y técnico hasta lograr una relación más “auténtica” como la humana, seria un remedio para su soledad en el Universo del Ser. Sería una experiencia cercana a sentirse un Dios quien concibe seres únicos, puros, de emociones cándidas e incapaces de “contaminarse” con el odio o la corrupción moral.

Frecuentemente, olvidamos que un robot es una máquina y debe cumplir funciones propias a su naturaleza de creación. Los autores de ciencia ficción más serios saben eso, pero al humanizar a los robots en sus relatos sólo quieren simbolizar algún aspecto de la humanidad, -el miedo, el odio, las aspiraciones utópicas- siendo necesario entender su visión como un reflejo de nosotros mismos, no como el ideal del ser de un autómata. Desafortunadamente, este simbolismo del robot ha sido desvirtuado y tomamos en serio arquetipos de autómatas que están muy lejos de la realidad, omitiendo la interpretación que cada grupo humano le da a ellos.

El imaginario popular ya sugestionado con humanizar a los robots, toma en serio posibilidades irreales carentes de un adecuado respaldo científico. Como somos propensos a aceptar más rápido emociones negativas, la predica catastrofista sobre los robots es fácilmente asimilable por los ciudadanos siendo incapaces de juzgar objetivamente quien es responsable durante un incidente que involucre a un robot o de cuando se están mal empleando. Habría que estudiar la robótica no nada más con la óptica humanizada que tenemos de ellos, debería incluirse la parte científica, social, funcional y técnica para desarrollar una visión más acorde a lo real contrastándolo con la ficción para darnos cuenta de las ideas erróneas que tenemos.

El fantasioso ejército de autómatas asesinos destruyendo a la humanidad, recorriendo las ruinas de nuestras ciudades, deseosos de satisfacer sus instintos destructivos no pasa de ser una metáfora -mal interpretada- de como el mal uso de la tecnología podría conducirnos a nuestra autodestrucción. Una tecnología sin ética ni moral, irrespetuosa de la vida humana no sería obra de unos robots enloquecidos que se creen dueños de la Tierra, sino de una humanidad envilecida, incapaz de enfrentar la vida con sinceridad.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x