El temor de la humanidad a ser dominada.

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Half Life 2, la humanidad tiende a fantasear con la pérdida de su libertad producto de una amenaza externa-PFMS- Start Page Images

La historia humana nos muestra las catastróficas consecuencias de un contacto abrupto entre una cultura más avanzada con una considerada como primitiva. Los valores de ambas, tan distintos, inevitablemente desembocan en un conflicto destructivo para las dos, resultando más perjudicada la de menor desarrollo; culturas enteras han desaparecido ante el empuje de una civilización más avanzada y de su pasado poco ha quedado para la posteridad. Con el pasar de los siglos este escenario todavía permanece, ya no como un problema de “choque de civilizaciones”, sino de la inoperancia de pautas éticas que prevengan los conflictos y cree una vía de comunicación para que ambas partes puedan convivir. Tal dilema ha sido magnificado con la especulación científica sobre un posible contacto con seres extraterrestres, la integración de robots a la sociedad, o la creación de seres artificiales por parte de la humanidad.

Sin embargo, el antropocentrismo domina la mentalidad humana. Estamos convencidos de ser dueños del planeta y que nadie debe quitárnoslo, aun cuando ni siquiera hemos creado un clima mundial de armonía absoluta con los miembros de nuestra propia especie. Existe un temor latente de que alguien desconocido quiere subyugarnos. Al estudiar las distintas corrientes ideológicas, políticas, y nacionalistas, casi todas tienden a caer en el extremismo de concebir enemigos imaginarios con diversos objetivos: todos dirigidos a imponer un dogma y cohesionar a la ciudadanía a mantenerse fiel a una causa considerada justa. Los móviles de esos esfuerzos son el odio y el miedo, tememos perder lo que creemos es “nuestro” por la presencia de otro grupo considerado “invasor”.

Los actos de intolerancia hacia grupos específicos, el rechazo de personas extranjeras o el constante esfuerzo por imponer una forma de vida a otras culturas consideradas “atrasadas”, son síntomas de la mentalidad territorial que tiene la especie humana; de delimitar ficticias fronteras en cualquier parte y disputárselas a sus semejantes.

Con tan lamentable panorama, la necesidad de una prédica que reivindique la hermandad de los hombres por encima de sus diferencias se hace necesaria. Recuperar el ideal de una humanidad unida, altruista, que avance junta hacia el progreso, a alcanzar el esplendor de sus potenciales. Como tal empresa todavía es lejana, la cultura popular aviva los temores comunes del ser humano para lograr ese objetivo, usa el miedo para -artificialmente- unir en una causa común al ser humano. Por ello nos interesamos en historias donde somos atacados masivamente por invasores -del espacio, por ejemplo-, quienes tienen un potencial bélico imposible de contener por una sola nación y la circunstancia impide mantenerse al margen o establecer alianzas de conveniencias transitorias.

Claro está, en ocasiones no salimos triunfantes, los invasores nos someten a un régimen cruel que obliga a los seres humanos a unirse a una empresa épica por alcanzar nuestra libertad y sobrevivir. El “enemigo” no es humano, ni tiene nada en común con nosotros “ni merece nuestra compasión”, puede que existan descontentos en su cultura y aprovecharlos a nuestro favor, empero siempre los veremos como “inferiores” porque nos han hecho daño y han “atrasado” nuestro desarrollo como civilización. Así hemos creado fantásticas amenazas y conspiraciones con un marcado énfasis militarista, para convencernos de que sólo en la guerra podemos dejar nuestras diferencias.  No obstante, siempre surgen las dudas: ¿por qué debemos esperar amenazas extraordinarias para unirnos como especie?, ¿por qué exacerbamos nuestros temores ante una posibilidad irreal?, ¿por qué nuestra hermandad aparece únicamente cuando nos vemos en situación de sobrevivencia?

Las respuestas están en el mismo entorno del ser humano: con el pasar de los siglos nuestros progresos se han enfrentado a nuestras mezquindades y ansias de Poder sobre los demás. El hombre rivaliza contra sus semejantes en una competencia hacia la nada, a alcanzar metas carentes de equidad mirando indiferente el mundo que el creó y heredó. Como no cree en un mejor destino, opta por una autosatisfacción enajenante, que le refuerza la idea de estar sólo, distante de sus semejantes. Vivir en sociedad, no es visto como un éxito de su ingenio, sino una carga esclavizante imposible de eludir, “porque no hay otras opciones”.

En su afán de encontrar un modelo social más humano, empático con sus necesidades interiores ha fracasado en lograr ser como realmente le dicta su corazón. Todas las utopías han sido derrotadas por su egoísmo, así que intentar nuevamente con esa opción es un esfuerzo vano, preferible quedarse con algo “seguro y flexible” a probar un nuevo proyecto condenado de antemano a frustrarse. Alejado mentalmente de sus semejantes por jerarquías, burocracias, prejuicios o intereses opta por escapar de la impersonalidad del entorno con su fértil imaginación quien le alimenta pasiones destructivas, destinadas a romper las distancias mentales entre él y sus semejantes. Crear situaciones límite que obliguen a los seres humanos a imponer su naturaleza gregaria, es el objetivo inconsciente de esa fantasía, pero a costa de renunciar a su condición de ser civilizado

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Oblivion, la humanidad tiende a culpar a enemigos imaginarios de la pérdida de rumbo-PFMS- Start Page Images

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Para ello se exacerban los miedos. Las amenazas no son evidentes, pero están allí. El mismo mundo que creó el hombre es repetitivo con sus excusas y peligros. Exigir un esfuerzo para remediar su propia condición de precariedad moral, implica una renuncia de cargas existenciales que lo alejan de la pureza espiritual. Sin embargo, la humanidad no cree en el espíritu porque lo siente lejano. Entiende por renuncia a perder algo, a la anarquía, a la incertidumbre o a la destrucción. En su interior siente que sus expectativas sobre el futuro han sido “traicionadas”. Por ello sus retorcidas fantasías la llevan a realidades alternativas donde monstruos, mutantes, extraterrestres, inteligencias artificiales enloquecidas, entes de otras dimensiones, o seres vivientes artificiales amenazan la seguridad de su mundo.

Aceptar tales posibilidades como tangibles, tiene una finalidad de autocastigo ante su propia incapacidad de construir un mundo mejor. La humanidad considera imposible reprimir eficazmente su propio egoísmo, por ello interpreta que debe ser “amonestada” por una entidad superior dispuesta a arrasar con su obra, con miras a obligarla a sincerarse y unirse contra unas circunstancias que los afecta a todos. Considera que si eso sucediese, si podría construir una verdadera hermandad de hombre y mujeres libres (¿?) porque la sensación de sentirse separados sería -en teoría- destruida por esa amenaza común.

Obviamente la necesidad de autocastigarse con semejante fantasía, no es más que una excusa para desviar en otro su propia conducta barbárica, como consecuencia de su falta de fe en poder cambiar su propio destino.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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