Month: June 2015

¿Cuán ético puede ser la transferencia tecnológica por parte de una civilización extraterrestre a la humanidad?

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Babylon 5, una transferencia de tecnología extraterrestre podría originar conflictos con otros seres del espacio-PFMS-Start Page Images

Un escenario muy frecuente dentro de la ciencia ficción, es la obtención por parte de la humanidad de tecnología muy superior que le permite conquistar grandes avances. La fuente de dicha tecnología es una civilización extraterrestre avanzada, quienes se han extendido por el Universo, y tiene un vasto conocimiento del mismo. También, es frecuente que la humanidad consiga su ciencia después de una largo conflicto con ellos, quedando un poco relegados otros escenarios; no obstante existe una posibilidad poco explorada: ¿qué pasaría sí una civilización extraterrestre voluntariamente nos cediera parte de su tecnología?, ¿qué consecuencia tendría para nuestro desarrollo?, ¿nos perjudicaría esa decisión?

El primer detalle a considerar es: nuestra cultura; el punto de vista dominante sobre un posible contacto con extraterrestres es el bélico, solemos creer que sí sucediera habría la posibilidad de una confrontación bélica desastrosa. En este sentido, la ciudadanía vería una transferencia de tecnología como un asunto secreto, donde no tendría participación alguna, la sociedad civil podría recelar de los “beneficios” y hasta pondría en duda un uso pacífico de esa tecnología. Probablemente sería necesario un representante confiable de la sociedad civil, que vele porque se cumplan las hipotéticas condiciones de esa transferencia, pero es probable que tal opción no sea bien vista por los gobiernos y las fuerzas militares. Nueva tecnología implica un nuevo poder. En la actualidad no existe una confianza sólida entre los ciudadanos y sus gobiernos, como para creer que un acuerdo de esa magnitud sea respetado.

Habría que considerar cuales son los valores que rigen la sociedad de esa civilización y que tan comprometida esta con ellos. La humanidad siempre ha tenido frecuentes crisis y cuestionamientos de sus propios valores, lo que ha impregnado de escepticismo sus creencias; el conocer una cultura ajena a lo conocido podría trastocar radicalmente el concepto que tiene de si misma. En ese caso tendría que desarrollarse una ética equilibrada entre los valores humanos con los de los extraterrestres y sometida a consideración del resto de las demás integrantes de ambas civilizaciones.

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Earth: Final Conflict, las rivalidad entre países podría justificar el uso militar de la tecnología extraterrestre- PFMS- Start Page Images

Sin embargo, habría que prever las acciones individuales de posibles opositores radicales, quienes podrían enturbiar la creación de un código de ética, ya sea porque interpretan que este acuerdo supondría el otorgarle más poder a grupos dominantes o quieran usar el tema para proyectar conflictos políticos internos de ambas partes. Las actuaciones radicales supondrían que la tecnología extraterrestre quedaría restringida a individuos especializados y el acceso a la información sobre ella dependerá de su consideración, dejando detalles de su funcionamiento en secreto. Esto generaría malestar en la población que no consideraría transparente la información que recibe, generando un clima de especulación y desconfianza.

La humanidad debería definir en que utilizaría esa tecnología, podría establecerse cuáles problemas pueden solventarse con ella o quiénes podrían ser beneficiados, así cómo verificar que existan resultados tangibles de las investigaciones que se hagan con ella, obligando a lograr acuerdos entre las naciones y los distintos círculos científicos, quienes deberían certificar que es viable su desarrollo, empero tal empresa modificaría la esencia de las sociedades humanas: al tener un elemento común -la tecnología extraterrestre- será necesario una mayor apertura de todas para lograr objetivos comunes, meta que podría originar diferencias en temas como la soberanía sobre la tecnología, la seguridad, y el compromiso de no usarla con fines bélicos.

Las diferencias podrían extenderse al plano diplomático: ¿quién debería recibir y desarrollar dicha tecnología? Es lógico pensar que las naciones más desarrolladas serian la primera opción pero también existe la posibilidad de que la usen de forma abusiva, por ejemplo, podrían obtener medios más sofisticados que beneficiaran sus economías en detrimento de las menos avanzadas lo que supondrían protestas, boicots, aumento de la pobreza, el desempleo, guerras, terrorismo y de la inmigración ilegal.

Sin medios más avanzados sucumbirían al no poder competir, convirtiéndolas en naciones vulnerables. Igualmente las naciones beneficiadas podrían empujar a la humanidad a una Nueva Guerra Fría producto de la rivalidad entre ellas, forzando al desarrollo de nuevos armamentos para mantener el equilibrio de fuerzas o incrementar el poder de algunos existentes, por ejemplo armas cibernéticas más invasivas y sigilosas programadas con lenguajes novedosos que dejarían inutilizados los mecanismo defensivos de los sistema informáticos y de telecomunicaciones, los cuales conducirían a nuevos programas de espionajes masivos, acciones de sabotajes, robos de información o ventajas mayores en escenarios de guerra. Aunque podría existir alguna cláusula que elimine la posibilidad de uso bélico de la tecnología extraterrestre, no existe una garantía de que se cumpla, ni podemos predecir la gravedad de sus consecuencias.

Pero podría presentarse el escenario opuesto: los extraterrestres estarían regidos por prácticas altruistas, considerando mejor transferir su tecnología a las naciones menos favorecidas para ayudarlos a superar sus problemas. La cultura local interpretaría a sus “benefactores” como enemigos y rechazarían la ayuda, podrían aprovecharla pero algunos gobernantes la emplearían para afianzarse en el Poder o los considerarían “dioses”, surgiendo cultos exóticos. Podría darse el caso de que surjan nuevas potencias mundiales, quienes tendrían que lidiar con la gran cantidad de solicitudes de firmas de acuerdos y alianzas por parte de otras naciones que buscarían beneficiarse de su progreso o ser víctimas de conspiraciones de potenciales rivales.

Quizá hasta surgiría una autoridad mixta (un gobierno humano-extraterrestre) o exclusivamente alienígena lo cual podría originar problemas de soberanía nacional y diplomático ya que otras naciones o grupos internos no lo considerarían representativos. Una civilización extraterrestre muy altruista vería ineficaz el sistema gubernamental establecido e impondría el suyo que, de dar resultados, obtendría un apoyo de la población local o el recelo de la misma. No es descartable el surgimiento de una relación de dependencia estrecha que supondría rebeliones o la sumisión de la población, sobre todo en países con modelos de autoridad estrictamente paternalista.

Asimismo, quedaría por resolver la cuestión de la propiedad intelectual de los desarrollos obtenidos con su tecnología: ¿sería exclusivamente nuestro?, ¿tendrían ellos el control total y nosotros solamente un reconocimiento junto con los beneficios?, ¿optarían por un modelo mixto para prevenir malos usos de su tecnología?, ¿se reservarían una parte de la información del funcionamiento de su tecnología para probarnos? O ¿establecerían controles remotos ocultos que se activarían si consideraran que la usamos en perjuicio de nosotros y de ellos? Además queda por saber a quién le tocaría trabajar con ella, la primera opción serían universidades y centros de investigación públicos, aunque también las organizaciones de carácter privado mostrarían interés sin omitir a sus pares del sector militar.

Tal vez el punto más álgido está en el concepto que tendrían los extraterrestres de producción y fabricación, quizás ellos no concuerden con los nuestros y nos condicionen a modificar nuestras prácticas por otras menos dañinas para el medio ambiente. Podrían considerar innecesaria prácticas antiéticas, como la obsolescencia programada; lo que provocaría cambios radicales en cuanto a compra, venta y consumo de bienes y servicios, aunque podría ser lo opuesto, empeorando nuestra conducta depredadora sobre la Tierra.

Frecuentemente, el modelo que tenemos de contacto físico con extraterrestre es que ellos vienen a nuestro planeta en naves ultrarápidas, siendo de sumo interés por parte de agencias espaciales el obtener medios para replicar una tecnología de ese nivel. Si se produjera una transferencia de su tecnología los programas espaciales sufrirían cambios drásticos, posiblemente ya no serían experiencias tan limitantes y riesgosas como en la actualidad, hasta podríamos acelerar nuestro dominio por el Universo conocido. Sin embargo, el extendernos por el espacio exterior implicaría nuevos problemas de soberanía.

El como nos repartiríamos el Universo conocido podría generar a largo plazo disputas por el dominio de un planeta -por ejemplo- o de la obtención de licencias para explotar sus recursos. No se puede omitir que los futuros colonos podrían proclamar su independencia de las autoridades de la Tierra. Ellos se considerarían una comunidad autosuficiente como para formar “una nación” y disponer de su destino, lo cual podría generar tensiones diplomáticas o acciones bélicas. Una situación así podría provocar movimientos separatistas en otras colonias, afectando la política interior de las naciones de la Tierra.

No puede omitirse que el extendernos por el espacio exterior implicaría respetar “los dominios” de los extraterrestres que actúan como nuestros benefactores, ello nos obliga a trazar limites y crear mapas estelares para evitar “invadir su territorio” suponiendo que nos contactáramos con una raza con criterios de territorialidad parecidos al nuestro o todo lo contrario. Asimismo, deberíamos aceptar que si pudimos contactar con una civilización avanzada, pueden existir otras formas de vida inteligente en el Universo, que fuerza a estudiar su situación interna y externa porque podríamos vernos implicados en posibles conflictos o tener una futura relación diplomática. O quizá deberemos evitar todo contacto para impedir perturbar su evolución.

La humanidad podría evaluar todos los escenarios posibles de contacto, pero sobre un posible uso de tecnología exótica quizá tendría que trabajar mucho para evitar el mal uso de la misma. Ya si con nuestros instrumentos existen tantas controversias -muchas de ellas sin ser resueltas debidamente- el obtener medios extraños nos obligaría a cambiar nuestra percepción de la realidad y del concepto que tenemos de progreso.

El factor humano siempre será el que determine todo.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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La ciencia ficción no es un manual sobre el futuro.

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                             El futuro es algo incierto-PFMS-Start Page Images

Las inquietud sobre cómo será el futuro siempre parte de la rutina que llevamos en el presente. Nos preguntamos cuáles serán las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones, conforme va desarrollándose la historia humana, dado que no tenemos una certeza de que el futuro será como nos los cuentan, si no que tendremos a nuestra disposición, meras posibilidades que pueden ser factibles o no. La mente humana tiende a tomar esa información para imaginar mundos hipotéticos con fines recreativos, críticos y reflexivos. Creamos realidades alternativas para analizar cómo podría el progreso alterar nuestras vidas. Ese, es el fin de la ciencia ficción: explorar escenarios futuros -posibles o no- para comprender nuestro presente.

Sin embargo, actualmente existe una tendencia a confundir los aciertos de la ciencia ficción con la certidumbre de que determinada tendencia actual es el futuro; esa equivocada interpretación de los hechos hace elevar a los creadores del género a la categoría de “profetas”, inhibiendo al público de tener una visión distinta sobre el porvenir, una visión más subjetiva que tome a la ciencia ficción como un punto de partida, no como un hecho tangible inevitable. El verlo de esta manera hace imposible exponer las limitaciones de la visión del autor o la calidad de su obra, más lamentable resulta que dicha confusión ignora que el género no debe imponer un determinismo sobre el mañana, sino estudiar una posibilidad mutable porque somos nosotros los que podemos cambiar nuestro destino.

Si elevamos al creador de ciencia ficción al nivel de profeta, negamos la condición racional y científica de su obra para darle una interpretación mágico-religiosa que deviene en fanatismo. Ya sabemos que dicha actitud, impide el debate equilibrado sobre el futuro y prefiere aceptar posibilidades erróneamente consideradas “infalibles”.

Hay que entender que una obra de ciencia ficción no nos dice cuál es el futuro, sino que refleja el punto de vista del autor sobre el mismo. Sus inquietudes, preocupaciones, miedos y optimismos están evidenciados en ella, por lo tanto debemos mirarlo no como una realidad inevitable, sino como un punto de vista único, sujeto a las mismas probabilidades de acertar o fallar que tiene cualquier ser humano. En caso contrario, caeríamos en su dogmatización y estancamos así el pensamiento, porque consideraremos imposible cambiar nuestro destino, negándonos la posibilidad de decidir de forma distinta por convencernos que toda la realidad es predecible e inmutable, dado que aceptamos un concepto del futuro muy limitante. Además corremos el riesgo de aferrarnos a ideales perniciosos que si podrían representar un serio riesgo para nuestra existencia.

El futuro es sólo una hipótesis, no podemos afirmar rotundamente esto es el futuro porque sería subestimar la inteligencia de los otros y nuestra capacidad de decidir. El pensamiento humano es infinito pero su interpretación sobre las cosas es mutable, no hay ideas infalibles ni inalterables todo esta destinado a cambiar sin importar cuanto se tarde, por lo tanto es una falacia creer que las tendencias más dominantes del presente serán el futuro y eso no cambiará. Más bien dichas tendencias tendrán una repercusión notable en el porvenir, aunque no podremos verlo de inmediato y no tenemos una certidumbre de que se mantenga constantes en el tiempo, probablemente sean abruptamente sustituidas por otras o se transformen en algo diferente.

Al realizar cualquier intento de imaginar el futuro debemos renunciar a la idea de que nuestro punto de vista es una verdad irrefutable, consideremos que todo progreso se obtiene cuando se reconocen los errores y limitaciones. Así el conocimiento objetivo de los hechos nos evita caer en conceptos absurdos sobre la vida humana que pueden generar falsas expectativas alejadas de la realidad.

El futuro es incierto, usar nuestra imaginación para comprender nuestro presente puede darnos claves sobre el porvenir, aunque nunca será determinante. Citando a Jorge Luis Borges “el futuro tiene su propia manera de caerse.”

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El culto a la venganza.

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La venganza nunca es sinónimo de justicia-PFMS-Start Page Images

Aunque la mayoría de las sociedades constituidas tienen sistemas judiciales que garantizan el orden, todavía impera en la mentalidad popular el aprobar la venganza como un medio “reivindicativo” para resarcir un agravio. Existe la errónea creencia de que aun cuando se aceptan leyes que garantizan la justicia, las mismas no son necesarias en momentos concretos de la vida social. Son momentos donde la ira más profunda se adueña del alma del individuo hasta límites insospechados y busca proyectar su rencor hacia la fuente que estimuló ese sentimiento destructivo. A pesar de que sabemos de la futilidad de la venganza, siempre encontramos un contradictorio mensaje que invita a su práctica partiendo de la premisa de “devolverle al otro lo que se merece, a causa de un agravio ocasionado por una acción maliciosa en mi contra”.

En la idea de “cobrarle” al otro por dicho agravio, confluye otros errados pensamientos y sentimientos como un perverso Complejo de Víctima que manipula la opinión de otros para contar con su respaldo aun cuando la veracidad de los hechos no se ha comprobado. La insatisfacción personal que a veces invita a cierto tipo de personas a desahogar su descontento y frustraciones hacia los demás o se hace cómplice de actos punibles por simpatías morbosas hacia quien interpreta como “víctima” de otros. Las convicciones morales erróneas que amparándose en ideales utopistas, la corrupción e ineficacia de las instituciones o la efervescencia social considera “correcto” la toma de la justicia por parte de los ciudadanos, porque se cree que no existe otra opción para impartirla de forma equitativa para todos.

Así vemos como individuos cuestionables reducen la sociedad al barbarismo, llegando a limitar la actuación de las instituciones encargadas de impartir justicia y negándose a aceptar la necesidad de que los hechos punibles sean investigados y sancionados metódicamente. Simplemente se acepta una “denuncia” y supuestas pruebas -muchas veces falsas y mal sustentadas- para castigar desproporcionadamente a quienes “violen la ley”.

Tales acciones al ser sistematizadas permiten que cualquiera pueda “castigar” como desee a otro y no ser sancionado por sus actos ni cuestionado si se equivoca, porque a satisfecho su necesidad de demostrar a los demás “que él no es un tonto ni se deja intimidar ante un desadaptado”. Por supuesto, muchas veces quienes se vengan pueden aprovechar la laxitud social para conquistar otros fines, la mayoría de las veces, el objetivo es el Poder Absoluto. Ese escenario podemos encontrarlo en los discursos de lucha de clases y de grupos antagónicos que culpabilizan de todo sus males al contrario, se les deshumanizan y atribuyen falsos crímenes, no hay posibilidades de reconciliación ni convivencia concluyéndose necesario su destrucción como un “acto justo”. En el peor de los casos, patriótico.

A veces la cohesión de grupos es tan fuerte que, se consiente la venganza porque los afectados no son elementos aislados, sino que le pertenecen al colectivo que integran; interpretando un agravio como un acto que perturba de forma funesta su equilibrio interno por lo que se considera permitido reprender severamente a quien lo cometió. Hay ocasiones en que las sociedades ceden ante la venganza, y quienes deben hacer cumplir la ley actúan como si no estuvieran sometidos por ella porque se amparan en el permiso implícito que le otorgan la sociedad. Por ejemplo, cuando toda la ciudadanía se siente vulnerable ante una “amenaza común”, que se cree puede poner en peligro los cimientos mismos de la sociedad está vulnerable a volverse cómplice de hechos cuestionables hasta el punto de callar. Su silencio es menester para mantenerse a salvo de esa amenaza, aun cuando los métodos para aplacarla sean amorales.

Claro es, que siempre se recurre a comparar la desgracia propia con la ajena -el que es afectado por la venganza-, siendo testigos de una vorágine de justificaciones que nunca contemplan los hechos de forma localizada, sino como una confrontación total entre dos opuestos irreconciliables. Una batalla que concluirá cuando el contrario -o alguien parecido- sea exterminado definitivamente, porque ambas partes nunca reconocen que son victimas de ideas erradas que les impulsa a tomar decisiones equivocadas ni creen que sus motivos sean incorrectos, solamente quieren cumplir sus metas sin importar cuanto daño hacen.

Este escenario tan complejo suele ser simplificado en las tramas de muchos relatos de ficción, pero -según el contexto cultural de cada país- no actúan como medio para explorar la psique humana y conocernos mejor como individuos -meta lógica del arte-, sino que actúa como un “manual” para que los afligidos encuentren una falsa inspiración moral con la cual “cobrarse una afrenta”. La ficción ha creado -justificando la permanencia de la venganza- las figuras como: el antihéroe, el justiciero, el vengador o vigilante, los policías “rebeldes” o extraños individuos pertenecientes a organizaciones paragubernamentales quienes se atribuyen la misión de erradicar de la sociedad todos aquellos individuos que consideran “indeseables”. Individuos al que se creen moralmente superiores y eficaces para proteger al inocente.

Las motivaciones personales de estas figuras parten de la pérdida, el sufrir un agravio, un pasado traumático, la percepción de que las instituciones no son capaces de impartir justicia de manera contundente, la necesidad de superar el sentimiento de indefensión al que es sometido el ciudadano ante las presiones sociales o por querer “cobrarle” a la sociedad alguna frustración. Aunque los personajes son disímiles, comparten varios aspectos comunes: un total rechazo hacia las instituciones, no creen ni confían en la autoridad y tampoco creen que ellas sean necesarias, son faltos de piedad y de respetar los derechos de los demás, son negados a aceptar que no hacen lo correcto, siempre se justifican en que lo sufrido por ellos es irreparable y por eso deben vengarse, son violentos y gustan de presumir de su brutalidad.

Buscan el apoyo de otras personas vulnerables emocionalmente, que hayan sufrido algún agravio de manera que cuenten con su colaboración mediante la manipulación. Las tramas siempre tienden a exacerbar su efectividad matando a quienes les han hecho daño y así magnificar su violencia. Muchos autores se explayan en justificar la crueldad de los protagonistas mostrando a las autoridades como entes corruptos, ineficientes, exageradamente burocratizados, incapaces de imponer el orden conforme a la ley.

Puede llegarse al extremo de presentarlas como entidades molestas, que estorban. Otras veces las autoridades cooperan con ellos consintiendo los métodos inhumanos de estos personajes, apoyándose en que pueden entrar en lugares en los que la autoridad no puede, pero presentando su colaboración como un “pacto” en donde se acuerda su libertad a cambio de sus servicios. Muestran la incapacidad de las instituciones en tan altos niveles que deben pactar con individuos amorales para frenar las actividades ilícitas. No está muy claro porqué la venganza, planteada de esa manera, ha evolucionado hasta parecer un tema político o por lo menos de propaganda política, empero es evidente que ya parece una especie de manifiesto de tintes anarquistas: la glorificación de la barbarie.

La venganza no es un tema banal, es algo muy serio que merece un análisis concienzudo, donde no se justifique a quienes se dejan arrastrar por ella, sino que se explore sus orígenes para desarrollar estrategias con miras a prevenirla.

Sobre todo, es necesario que los ciudadanos comprendan la falsedad inherente con que a veces se quiere convencer de aceptar la venganza como el “último recurso”, jamás la venganza debe tan siquiera ser considerada como un recurso.

Debe enfatizarse que la venganza es otro camino hacia la perdición…

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El temor de la humanidad a ser dominada.

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Half Life 2, la humanidad tiende a fantasear con la pérdida de su libertad producto de una amenaza externa-PFMS- Start Page Images

La historia humana nos muestra las catastróficas consecuencias de un contacto abrupto entre una cultura más avanzada con una considerada como primitiva. Los valores de ambas, tan distintos, inevitablemente desembocan en un conflicto destructivo para las dos, resultando más perjudicada la de menor desarrollo; culturas enteras han desaparecido ante el empuje de una civilización más avanzada y de su pasado poco ha quedado para la posteridad. Con el pasar de los siglos este escenario todavía permanece, ya no como un problema de “choque de civilizaciones”, sino de la inoperancia de pautas éticas que prevengan los conflictos y cree una vía de comunicación para que ambas partes puedan convivir. Tal dilema ha sido magnificado con la especulación científica sobre un posible contacto con seres extraterrestres, la integración de robots a la sociedad, o la creación de seres artificiales por parte de la humanidad.

Sin embargo, el antropocentrismo domina la mentalidad humana. Estamos convencidos de ser dueños del planeta y que nadie debe quitárnoslo, aun cuando ni siquiera hemos creado un clima mundial de armonía absoluta con los miembros de nuestra propia especie. Existe un temor latente de que alguien desconocido quiere subyugarnos. Al estudiar las distintas corrientes ideológicas, políticas, y nacionalistas, casi todas tienden a caer en el extremismo de concebir enemigos imaginarios con diversos objetivos: todos dirigidos a imponer un dogma y cohesionar a la ciudadanía a mantenerse fiel a una causa considerada justa. Los móviles de esos esfuerzos son el odio y el miedo, tememos perder lo que creemos es “nuestro” por la presencia de otro grupo considerado “invasor”.

Los actos de intolerancia hacia grupos específicos, el rechazo de personas extranjeras o el constante esfuerzo por imponer una forma de vida a otras culturas consideradas “atrasadas”, son síntomas de la mentalidad territorial que tiene la especie humana; de delimitar ficticias fronteras en cualquier parte y disputárselas a sus semejantes.

Con tan lamentable panorama, la necesidad de una prédica que reivindique la hermandad de los hombres por encima de sus diferencias se hace necesaria. Recuperar el ideal de una humanidad unida, altruista, que avance junta hacia el progreso, a alcanzar el esplendor de sus potenciales. Como tal empresa todavía es lejana, la cultura popular aviva los temores comunes del ser humano para lograr ese objetivo, usa el miedo para -artificialmente- unir en una causa común al ser humano. Por ello nos interesamos en historias donde somos atacados masivamente por invasores -del espacio, por ejemplo-, quienes tienen un potencial bélico imposible de contener por una sola nación y la circunstancia impide mantenerse al margen o establecer alianzas de conveniencias transitorias.

Claro está, en ocasiones no salimos triunfantes, los invasores nos someten a un régimen cruel que obliga a los seres humanos a unirse a una empresa épica por alcanzar nuestra libertad y sobrevivir. El “enemigo” no es humano, ni tiene nada en común con nosotros “ni merece nuestra compasión”, puede que existan descontentos en su cultura y aprovecharlos a nuestro favor, empero siempre los veremos como “inferiores” porque nos han hecho daño y han “atrasado” nuestro desarrollo como civilización. Así hemos creado fantásticas amenazas y conspiraciones con un marcado énfasis militarista, para convencernos de que sólo en la guerra podemos dejar nuestras diferencias.  No obstante, siempre surgen las dudas: ¿por qué debemos esperar amenazas extraordinarias para unirnos como especie?, ¿por qué exacerbamos nuestros temores ante una posibilidad irreal?, ¿por qué nuestra hermandad aparece únicamente cuando nos vemos en situación de sobrevivencia?

Las respuestas están en el mismo entorno del ser humano: con el pasar de los siglos nuestros progresos se han enfrentado a nuestras mezquindades y ansias de Poder sobre los demás. El hombre rivaliza contra sus semejantes en una competencia hacia la nada, a alcanzar metas carentes de equidad mirando indiferente el mundo que el creó y heredó. Como no cree en un mejor destino, opta por una autosatisfacción enajenante, que le refuerza la idea de estar sólo, distante de sus semejantes. Vivir en sociedad, no es visto como un éxito de su ingenio, sino una carga esclavizante imposible de eludir, “porque no hay otras opciones”.

En su afán de encontrar un modelo social más humano, empático con sus necesidades interiores ha fracasado en lograr ser como realmente le dicta su corazón. Todas las utopías han sido derrotadas por su egoísmo, así que intentar nuevamente con esa opción es un esfuerzo vano, preferible quedarse con algo “seguro y flexible” a probar un nuevo proyecto condenado de antemano a frustrarse. Alejado mentalmente de sus semejantes por jerarquías, burocracias, prejuicios o intereses opta por escapar de la impersonalidad del entorno con su fértil imaginación quien le alimenta pasiones destructivas, destinadas a romper las distancias mentales entre él y sus semejantes. Crear situaciones límite que obliguen a los seres humanos a imponer su naturaleza gregaria, es el objetivo inconsciente de esa fantasía, pero a costa de renunciar a su condición de ser civilizado

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Oblivion, la humanidad tiende a culpar a enemigos imaginarios de la pérdida de rumbo-PFMS- Start Page Images

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Para ello se exacerban los miedos. Las amenazas no son evidentes, pero están allí. El mismo mundo que creó el hombre es repetitivo con sus excusas y peligros. Exigir un esfuerzo para remediar su propia condición de precariedad moral, implica una renuncia de cargas existenciales que lo alejan de la pureza espiritual. Sin embargo, la humanidad no cree en el espíritu porque lo siente lejano. Entiende por renuncia a perder algo, a la anarquía, a la incertidumbre o a la destrucción. En su interior siente que sus expectativas sobre el futuro han sido “traicionadas”. Por ello sus retorcidas fantasías la llevan a realidades alternativas donde monstruos, mutantes, extraterrestres, inteligencias artificiales enloquecidas, entes de otras dimensiones, o seres vivientes artificiales amenazan la seguridad de su mundo.

Aceptar tales posibilidades como tangibles, tiene una finalidad de autocastigo ante su propia incapacidad de construir un mundo mejor. La humanidad considera imposible reprimir eficazmente su propio egoísmo, por ello interpreta que debe ser “amonestada” por una entidad superior dispuesta a arrasar con su obra, con miras a obligarla a sincerarse y unirse contra unas circunstancias que los afecta a todos. Considera que si eso sucediese, si podría construir una verdadera hermandad de hombre y mujeres libres (¿?) porque la sensación de sentirse separados sería -en teoría- destruida por esa amenaza común.

Obviamente la necesidad de autocastigarse con semejante fantasía, no es más que una excusa para desviar en otro su propia conducta barbárica, como consecuencia de su falta de fe en poder cambiar su propio destino.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x