El vampiro es una criatura de horror.

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Los vampiros son criaturas relegadas al mundo de las sombras-PFMS-Start Page Images

Somos milagros o espantos -comentó él (Armand) sin alzar la voz- depende de lo que se quiera ver en nosotros.

                                                            Anne Rice. Lestat, el vampiro

El vampiro es un claro reflejo de la maldad humana, es una criatura maliciosa y astuta que deambula por las noches en búsqueda de una víctima. Cazadores natos, expertos en el arte de fraguar ardides para sobrevivir a la persecución de los mortales. Dentro del imaginario colectivo, un vampiro es el deseo de poseer la inmortalidad, de gozar sin límite de la vida material, pero a costa de perder la inocencia. La candidez que contiene la humanidad se marchita por la obsesión a negar la muerte como parte de la vida, el rechazo a admitir que nuestro tiempo en la Tierra es finito y nuestras rutinas algo pasajero; es una forma vana de zafarse de cualquier responsabilidad moral ante los horrores protagonizados por el hombre contra sí mismo. Nadie cree que un llamado “ente sobrenatural” sea culpable de un crimen, sin embargo tampoco, puede aceptar que su origen sea humano; tal contradicción hace al vampiro un ser esquivo para la justicia terrenal.

La falta de espiritualidad en la sociedad contemporánea provoca la caída de la humanidad en el materialismo: no hay evidencia de nada más allá de la conciencia material, la muerte es un “error de la naturaleza” (¿?) que equivocadamente trata de suprimirse mediante la indiferencia hacia ella. No obstante, la vida debe renovarse, nada permanece incólume al paso del tiempo, todo sufre transformaciones en el Universo y por eso la presencia de la muerte en la humanidad es trágica, porque no poseemos conciencia de nuestro espíritu. Quienes han elevado su conciencia a la dimensión del espíritu, nunca es dominado por el miedo, acepta el ciclo vital de la vida material y concreta su meta en lograr la perfección del alma legándola a sus semejantes.

Empero, al sucumbir a las sombras, a la mentira de creer en una existencia exclusivamente material, estamos negando nuestra naturaleza espiritual. Perdemos el rumbo de nuestro destino magnífico, cambiándolo por una vida errante, vacía de esperanzas, sin alma e insustancial, donde abusaremos de todos los placeres mundanos, sin encontrar nunca una autentica satisfacción.

Volviéndonos prisioneros del miedo y éste evolucionará en odio, creando un ser autodestructivo que hará del crimen su ideal. Este ideal ordena negar la vida en todos sus aspectos -incluido la muerte-, sacralizar la carne mediante la ritualización del asesinato y del placer mundano para alcanzar un falso estado de éxtasis, estimular los sentidos hasta fronteras desconocidas de la mente humana, siendo esta experiencia una acto estrictamente sensorial y transitorio, nunca espiritual. Al sucumbir a la oscuridad, el vampiro emerge en nosotros hasta el punto que aniquila nuestra identidad como ser, como criatura consciente del bien y el mal. El vampiro no mata exclusivamente por mera necesidad fisiológica como lo plantean ciertos relatos actuales. que tratan de explicar científicamente su existencia, lo hace para reafirmar el dominio de la existencia material sobre la espiritual, del egoísmo sobre la solidaridad.

La inmortalidad del vampiro es un acto egoísta, no piensa en sus semejantes sólo en su propia vida confirmándolo al asesinarlos y consumirles la sangre. La sangre -simbólicamente- es la confirmación de la vida, sin ella ninguna criatura viviría, en este fluido suceden todas las funciones vitales y es gracias a él que nuestro cuerpo funciona. No obstante, el vampiro es un ser corrompido por una falsa inmortalidad, en su sangre no circula vida sino muerte, una muerte que glorifica la violencia, el envilecimiento del alma humana y la sacralización de la amoralidad, porque para él las normas sociales o la distinción entre el bien y el mal no aplican. Es inmortal, nadie conoce su pasado porque nació en la sombras, en ellas dejó su mortalidad. Su identidad. Por eso no se siente intimidado por la ley o quienes la hacen cumplir.

Los mortales nacen en la luz, mientras que los vampiros nacen en la oscuridad, no tiene lazos afectivos sinceros, su único interés es errar y matar. Es un anarquista, un desadaptado imposible de corregir. Se mofa de la sociedad, considerándola obra de los mortales y contradictoriamente los envidia: ellos pueden construir, mientras él sólo saber destruir; así que se pregunta: ¿cuál es la obra de un vampiro?, se responde: El crimen y el horror, nada más eso lo inspira y siempre prosperará su presencia donde reine las tinieblas.

Los dogmas cristianos modelan al vampiro como el avance del mal sobre la Tierra, la pérdida de la fe en la salvación del espíritu y por consiguiente del hombre. Simbólicamente, los vampiros son fuertes en los ambientes penumbrosos, laberínticos donde el miedo puede actuar como aliado a la hora de cazar y vencer a sus persecutores. Usa su gran habilidad para empatizar con quienes están corrompidos moralmente, es un hábil manipulador que disfruta de engañar a virtuosos y corruptos nada más para presumir de su astucia. Sin embargo, el vampiro es un amante de la soledad, sus intentos de ajustar a una sociedad o de aceptar de la compañía de otros seres humanos fracasan por su naturaleza maligna. La humanidad, según su punto de vista, no es más que su alimento y un recuerdo molesto de lo que fue: un simple mortal sometido a las mismas leyes de la naturaleza que los demás.

El temor a la luz solar no es nada más fisiológico, es también psicológico, al ser una criatura de las sombras no tiene caso vivir al amparo de la claridad del día, sería estar en igualdad de condiciones que los mortales: los seres humanos podemos vivir tanto en la luz como en la oscuridad, pero siempre preferiremos la primera, esa es nuestra esencia es un símbolo de nuestro origen divino y espiritual. El hombre rechaza la oscuridad porque no puede ver envuelto en ella -ni aun con la luz de la Luna-, es por ello que crea medios artificiales de iluminación para someter a la oscuridad, vencer los misterios, el olvido y la ignorancia. El vampiro abraza las sombras porque no se acepta como mortal y aprueba la peor forma de ignorancia: el no saber quién es.

La interpretación “sobrenatural” del vampiro es culpa de los mortales: nadie puede concebir la inmortalidad, ya que todos somos conscientes de nuestro fugaz paso por este mundo, el que exista alguien que no pueda morir es algo inconcebible para la razón, es algo propio de los mitos. El vampiro usa el mito a su favor para aterrorizar a los más débiles y consumirlos, ante la impotencia de un mortal incapaz de comprender cómo alguien puede paralizar el tiempo para vivir eternamente.

Sin embargo, el hombre cuenta con su inteligencia para vencer al mal y la superstición: la emplea para conocer la génesis de su enemigo -saber su pasado-, encontrar un punto débil y vencer su inmortalidad. Cuando lucha contra los vampiros emplea varios objetos como totéms para derrotarlos, los más comunes son la cruz y el agua bendita representan la fe y la religión, medios por los cuales el hombre se vincula con Dios, su naturaleza celestial. La plata es un metal, símbolo de civilización, del progreso obtenido por el hombre cuando aprendió la metalurgia, aunque también representa las herramientas de las cuales se vale para construir o destruir. La estaca es la madera, también representa la civilización y el progreso, el complemento del metal para construir herramientas y también el vinculo del hombre con la naturaleza e instrumento de castigo (al usarse contra un vampiro recuerda a la practica del empalamiento)

El ajo, simboliza el aspecto curativo y reactivo de la naturaleza, este vegetal puede usarse como repelente, antiséptico, para tratar enfermedades o antídoto en caso de envenenamiento. En un vampiro actúa como lo primero porque es inmortal, la naturaleza no puede sanar a quien no muere, porque la niega así que no lo necesita, además el inmortal puede regenerarse así mismo gracias al poder de las sombras presente en su sangre. Todo lo contrario en un mortal, es benéfico porque está consciente de la muerte y en su sangre hay vida. Así mismo, el ajo -al igual que los mortales- necesitan de la luz solar para vivir. El martillo, si bien es un complemento de la estaca, comparten los mismos aspectos simbólicos y están hechos del mismo material, sin embargo, difiere en forma y función: el martillo es sinónimo de fuerza, un golpe contundente de este instrumento incrementa la letalidad de la estaca.

Al mismo tiempo simboliza la justicia, el golpe del martillo contra la estaca recuerda cuando un juez dicta sentencia. Para los mortales un vampiro es culpable por consumir la vida de otros seres, así, al golpear el martillo contra la estaca es una forma de dictar sentencia y castigar. Otro simbolismo que posee es la ambigüedad de los instrumentos cotidianos, pues pueden ser útiles para resolver problemas caseros, pero también ser peligrosas armas.

Al cambiar el tiempo, los totéms de los mortales variaron debido a que la mentalidad humana sufrió transformaciones: la ciencia y la tecnología, la universalización del conocimiento y la organización supertribal*, así como la descentralización del gobierno hace impensable la existencia de vampiros. Los hombres no tienen interés en mitos ni cree en fenómenos sobrenaturales; su inteligencia tan desarrollada dominó el mundo. Ha vencido la inmortalidad del vampiro al despojarlo de su principal soporte: el miedo a lo inexplicable. Para el hombre contemporáneo ningún fenómeno es indescifrable, todos son gobernados por principios que pueden ser cognoscible mediante la investigación rigurosa.

No obstante, hay un aspecto donde los vampiros todavía tienen la victoria asegurada: en la permanencia del mal en el corazón del hombre, esa parte de si mismo que lo hace sucumbir a la influencia de las sombras, para emerger como un monstruo. Aún el vampiro sigue existiendo.

*Término utilizado por el antrópologo Desmond Morris en su libro El Zoo Humano para definir a la sociedad moderna.

Nota: el autor recomienda la siguiente bibliografía para profundizar en este tema:

  • Una fiesta que acaba con la salida del sol. El inmortal Drácula cumple cien años. Verbigracia, cuerpo del diario El Universal. Caracas, domingo 25 de mayo de 1997

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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