La humanidad no cree en un contacto pacífico con extraterrestres.

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Halo, la humanidad acepta fácilmente un conflicto con extraterrestres-PFMS-Start Page Images.

Puede parecer una aseveración muy drástica, casi fatalista, pero hay razones para pensar que en la cultura humana impera la interpretación hostil de un contacto con extraterrestre. En la mayoría de las sociedades, cuando se intenta tratar el tema con seriedad, predomina la idea de un “desastre inevitable” que conducirá a nuestra destrucción, o la interpretación más pesimista donde los aspectos negativos de la humanidad dominarán dicho contacto con miras a obtener un poder absoluto. Irónicamente los escenarios catastróficos son también evaluados por científicos, militares y políticos aunque con más seriedad. Sus conclusiones mayoritariamente tienden a pensar en una calamidad sí dicho acontecimiento sucediera, por lo tanto la humanidad, aún cuando desea un contacto con los llamados seres inteligentes, le teme y hasta rechaza.

Una primera razón para tan lamentable visión, parte de un absurdo complejo de inferioridad latente en la humanidad, inculcado por la cultura popular: tendemos a atribuirle poderes extraordinarios a hipotéticos seres inteligentes, quienes nos superan en habilidades y tecnología -aunque tengan modelos arcaicos de sociedad-, mientras nosotros parecemos impotentes frente a tales progresos, si bien maravillosos, comparados con nuestros logros como civilización parecen insignificantes; tal complejo queda muy evidente en los recurrentes relatos de confrontación bélica con extraterrestres donde la humanidad es inicialmente aniquilada con facilidad por sus adversarios, quedándole pocas opciones para cambiar su suerte. Desafortunadamente este escenario es explotado con fines perversos, empleado como herramienta de propaganda militarista dirigido a crear arquetipos a otros seres humanos como enemigos a través de una aparente ficción inocente.

Queda así, fijado en la mente del ciudadano común, que no podremos hacer nada, seremos destruidos sin remedio, porque nos convencimos con ese complejo de inferioridad de no ser capaces de afrontar un desafío sin graves consecuencias. Quizás influya el hecho de que inconscientemente nos identificamos con los modelos hostiles de extraterrestres, porque los vemos como una “liberación” ante nuestros falencias como especie; el pesimismo hacia nosotros mismos y la falta de fe a que podamos alcanzar un mundo realmente mejor, así como un pleno convencimiento de atribuirnos todas las miserias imaginables, nos ha llevado a ver a los extraterrestres como medios de mortificación y castigo, algo que podemos rastrear en las religiones monoteístas, -por ejemplo- cuando plantean como causa de los suplicios humanos las carencias morales y espirituales.

Como esas carencias no son bien vistas ante los ojos de una divinidad, se nos envían entidades justicieras a “castigarnos por nuestros pecados” para disuadirnos de enmendarnos retomando el camino de la virtud o resignarnos al exterminio definitivo -pensamiento apocalíptico-, éste arquetipo es fácilmente permeable y aceptable si es encarnado en seres extraterrestres, porque tenemos una sociedad científica que estableció su existencia, por lo que sólo podemos aceptar entidades justicieras enviadas por una divinidad “equipadas” con armamentos y tecnologías superiores, algo comprobable si miramos la popularidad de tantas historias de ficción con seres del espacio conquistando sin dificultad el planeta e imponiéndonos tres escenarios: la aniquilación total, la esclavitud o la imposición de un nuevo orden social distópico donde convivimos ambas especies, empero sin posibilidad de ejercer nuestra libertad y diluyendo nuestro identidad como humanos.

En pocas palabras, las impotencias y los resentimientos productos de las flaquezas humanas, nos hacen aceptar a extraterrestres invasores como instrumento drástico de corrección de nuestras conductas autodestructivas. Un desesperado intento de no asumir nuestra responsabilidad para cederle a otros -presuntamente muy superiores- nuestro rumbo, porque nos sentimos incapaces de remediar los problemas que hemos creados, así trasferimos nuestras libertad a un poder superior ajeno a lo humano, pero muy conocedor del mismo, por ello cabe preguntarse: a pesar de nuestros progresos, ¿porqué preservamos el pensamiento de aceptar un proceso de mortificación para corregir nuestras conductas autodestructivas?

También habría que considerar que nuestro antropocentrismo nos ha vuelto vanidosos, no convivimos armónicamente con otros seres no tan evolucionados mentalmente, sino competimos de una forma amoral con ellos, aún cuando nuestra inteligencia nos dice lo contrario. Con un ego tan grande y una cultura guerrerista arraigada, cansada de luchar contra la misma especie -la humana- quiere probarse a sí misma con un oponente más fuerte, pero desconocido, que supere todo lo que hasta ahora creía saber de sus propias capacidades. Paralelo a ello esta el deseo de la humanidad de poner a prueba su valor (¿?) y habilidades para sobrevivir contra una criatura opuesta a su entendimiento, algo visible en la cacería deportiva, es por ello que imaginamos seres monstruosos y violentos con quienes probar quien es el más apto. Los cazamos -o ellos a nosotros- nada más para demostrar cuál es la especie superior, alimentar el deseo de dominio sobre otro, interpretado como inferior.

Demás esta decir el papel fundamental de la tecnología de los extraterrestre en nuestro desarrollo o destrucción. Si bien, podrían existir planes para lograr una cooperación pacífica entre humanos y extraterrestres, no es descartable lo dañino de esa tecnología, si la avaricia humana termina dominándola, aunque son pocos los escenarios que exploren las posibles consecuencias; lo cierto es que, de ser mal empleadas, serían nefastas para la relación armónica entre ambas partes. Probablemente provoque un cese definitivo de relaciones, porque los extraterrestres no nos considerarían lo suficientemente responsables para usarla, hasta podrían surgir conflictos graves entre las dos razas atizados por grupos de poder interesados en mantenerla bajo su control.

Desafortunadamente, un análisis serio sobre el encuentro termina dándonos el mismo resultado: hasta el momento, no somos una especie lo suficientemente civilizada como para contactar seres extraterrestres sin existir alguna calamidad. El factor humano tiene un gran peso más que las limitaciones científicas y técnicas, no sabemos como reaccionaremos, pero si lo que podría pasar en ciertas escenarios si sucediera ese contacto. A lo mejor nos subestimamos demasiado, producto de la negatividad del ambiente social y los prejuicios inculcados por la cultura popular, lo cierto es que todavía la humanidad debe superar otras pruebas para completar una evolución razonable que facilite un contacto sin traumas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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