El ambiguo significado del monstruo.

Marvel Universe Vs The Punisher #1 001
Marvel Universe vs The Punisher, circunstancias imprevistas provocan el conflictos entre los humanos y los monstruos-PFMS-StartPage Images.

Popularmente se acepta al monstruo como símbolo de barbarie, en otras ocasiones es catalogado así por realizar acciones extraordinarias, empero la visión negativa de éste personaje es la predominante; suele creerse que un monstruo no es capaz de lograr hazañas u obras admirables como la humana, sino protagonizar hechos lamentables. La cultura popular anula la posibilidad de que posea inteligencia, sentimientos o capacidades mentales superiores y promueve la imagen de un ser peligroso que debe ser destruido a como de lugar. Al mismo tiempo los ciudadanos son captados en un demagógico discurso invitando a unirse contra el monstruo porque es considerado un enemigo común, este escenario obliga al monstruo a luchar por existir y queda en entredicho la moral humana: ¿por qué un individuo debe morir a manos de otro, sin conocer su naturaleza real?, ¿qué determina en la lógica social quién es civilizado y quién no?, ¿cuán seguro estamos de que somos seres realmente civilizado?

En algunas obras, los monstruo son artífices del horror, aparentemente son seres violentos que rivalizan con el ser humano y desean matarlo, ya sea para alimentarse o por otra finalidad irracional. La idea es tratar de impresionar al público para que explore sus propios temores mediante estímulos concretos, planteados en las situaciones extremas ideadas por el autor a través de los protagonistas: llevar al público un placer morboso. No obstante, existe también la tendencia de presentar al monstruo como lo opuesto, es decir actuando como elemento de análisis crítico del entorno social y sus falencias morales; el monstruo así concebido nos muestra a un ser víctima de circunstancias incompresibles, producto del azar o de la actividad humana, quien, consciente de sus nulas posibilidades de recuperar su vida anterior, decide marginarse para construir un mundo acorde a su condición.

En su búsqueda, lucha contra una humanidad incapaz de ayudarlo, se alía con otros seres desafortunados como él -que incluso pueden ser humanos que se sienten marginados-, tratando de construir un mundo paralelo, con sus propias normas y leyes, valores morales y éticos. El monstruo deja de ser una amenaza, porque demuestra ser capaz de crear sociedad, un orden donde convivir con otros como él, que comparten la “tragedia” personal de no ser aceptados ni redimidos.

Al plantearse este dilema, podemos reconocer al monstruo como una nueva forma de civilización inmersa en otra más grande y dominante llamada humanidad, cuyo origen en la mayoría de los casos parte de ella misma. El monstruo sería un humano interiormente, quien descubre con pesar las limitaciones de la moral social conocida antes de su metamorfosis, la sociedad para librarse de tal conflicto especula un origen ajeno al humano y así justificar su destrucción. De esa forma el rostro civilizado del monstruo, es destruido, su humanidad o por lo menos la posibilidad de reconocerse que posee facultades próximas a la humana es desconocida, tratándose de barbarizarlo para que sucumba a las presiones sociales, es decir, la humanidad crea sus propios monstruos con tal de justificar la represión y dominio del mundo que creó. La guerras entre humanos y monstruos son causadas por los primeros, quienes no pueden aceptar que exista algo distinto a él, ni mucho menos reconocer la inteligencia -si la posee- de un ser opuesto.

Estos seres tienen una existencia muy desafortunada, no pareciera que pudieran organizar una sociedad no hostil en el mundo, no es reconocido como ser inteligente sino es considerado como una bestia y no existe posibilidad de otorgarle derechos universales para ser respetado, esto plantea una interrogante: ¿es la apariencia o las capacidades que posee un individuo lo que determina si es aceptado o rechazado? Es frecuente dentro de las sociedades humanas terribles controversias sobre la negativa de modificar esa maquinaria de mentalidades absurdas que discriminan a las personas, siendo vertidas en la misma cultura para mantener el control sobre aquellos considerados “indeseables” y si se logra algún cambio, no puede aceptarse sin recelo porque existe la tendencia de flexibilizar el control para obtener un beneficio, un reflejo de hipocresía moral.

Obtener dicho beneficio, establecer alianzas de conveniencias, es un recurso muy utilizado por la humanidad para lograr un objetivo, práctica empleada también con los monstruos quienes ceden si lo ven conveniente o rechazan porque lo consideran una ofensa. Sea como fuere, los monstruos no comprenden como los humanos pueden ser tan falsos, nunca los han visto como seres capaces, sino como útiles para sus mezquindades, no obstante, también ellos mismos pueden emular tales mezquindades o falacias morales contra sus propios miembros o contra la humanidad, quedando una duda razonable: ¿es la humanidad mentora de quienes transgreden el respeto para imponer violentamente un nuevo orden?

Así como existe el rechazo de la humanidad hacia el monstruo, ellos pueden sucumbir a los mismos síntomas de intolerancia contra otro ser de naturaleza semejante, ya sea por rivalidad territorial, por incomprensión, o porque interfieren en sus “planes”. Pareciera que la impotencia del monstruo de no ser aceptado se transforma en rabia que proyecta hacia otro ser, quedando demostrado que la intolerancia puede aflorar en cualquier sociedad, no importa lo diferente que sea, sin embargo, en los monstruos adquiere una particularidad especial: el monstruo la “aprende” de la humanidad y la externaliza en circunstancias concretas, evidenciando la falta de sinceridad -en la práctica- de la moral aceptada, tales contradicciones no resueltas avivan el odio, “filtrándose” en la cultura de cualquier sociedad.

La cultura de intolerancia es enseñada y predicada a través de mensajes aparentemente inofensivos, posteriormente los individuos lo sistematizan según las creencias e ideas que tengan sobre los otros, aflorando inconscientemente o de forma deliberada cuando lo vean oportuno. Nuevamente los monstruos -moralmente hablando-, se hallan en un limbo existencial: aunque puedan unirse, no pueden prescindir de su naturaleza humana con sus virtudes y defectos siguen siendo humanos, por lo que heredaran todas sus características. Quizá sucumban a ideales supremacistas, para negar su origen humano -o por lo menos sus nexos comunes- para crear un “mundo superior”, pero no pasará de ser una utopía.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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