Month: April 2015

Análisis del “héroe de acción”

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Los héroes de acción tienen una gran aceptación dentro del público contemporáneo-PFMS-Start Page Images

Tradicionalmente, las sociedades suelen construir un modelo de héroe que protagonice aventuras imaginarias, con miras a distraerse o para engrandecer su figura. También lo hacen por el deseo inconsciente de tener un depositario de sus esperanzas e ideales, alguien en quien confiar y aferrarse para no sucumbir ante las dificultades que puedan presentarse. Sin embargo, los tiempos modernos han creados modelos de figuras heroicas, completamente alejadas de los grandes ideales humanos. Más bien, son individuos atípicos, habituados a la violencia, envueltos en truculentas tramas donde se resalta la miseria moral, la crueldad y un sentido del humor inhumano. Personajes descontentos de una vida sosegada, llevan una vida en la cual pueden saciar su sed de violencia, porque gustan presumir de su fuerza y temeridad, trasladándose a lugares extremos donde las reglas no existen e impera el lenguaje de la brutalidad.

Son individuos entrenados en la lucha, el combate, la pelea; aunque hay los que desarrollan habilidades para tal cometido por alguna circunstancia extraordinaria. Marcados por un pasado tormentoso, el deseo de venganza, la búsqueda de alguien importante, el cumplir con una misión o porque reaccionan ante circunstancias imprevistas. El héroe de acción adora la violencia, si llega a negociar será brevemente, porque igualmente usará su fuerza para presumir de su carácter dominante. No cree en la paz sino en la guerra, recalcándolo en frases simples e ingeniosas, reflejo de su poder así como del desprecio que siente hacia sus enemigos. Es individualista por convicción, siempre subestima a sus compañeros y trata de impresionarlos con su “ingenio” para matar e imponer su personalidad, salvo cuando alguno de ellos logra demostrarle sus errores.

Posee un gran ego, un convencimiento pleno de no existir ninguna persona más letal y capacitada para lograr una misión sino él. Narcisista incorregible, adora que lo adulen e idolatren, siempre trata de llamar la atención, ya sea a través de su persona, demostrando su violencia, o por medio de actos temerarios. Le satisface que los otros le teman, -confundiendo el miedo con respeto- y sientan dependencia hacia su poder, porque sin él ellos estarían “vulnerables ante una amenaza” (¿?)

Quienes dependen de él, son personajes físicamente poco agraciados, muy torpes, cobardes, demasiados ingenuos o fácilmente aterrorizables. Dicha dependencia es psicológica, porque el individuo no se siente seguro ni ve apoyo alguno en la autoridad, aceptando la brutalidad del héroe de acción aunque vaya en contra de su moral; en el fondo también desea romper con lo establecido, pero esta inhibido por las convenciones sociales, mientras el héroe de acción no teme a las consecuencias ni le importa las normas sociales, porque lo único que entiende es su propia iniciativa que carece de límites, siendo un perfecto troglodita.

La gente le cataloga de “héroe” porque realiza hazañas increíbles, mientras los medios de comunicación magnifican su figura excepcional, aumentando su vanidad, no obstante no es un héroe porque no está depositado en él un ideal, una esperanza, o valores morales. Más bien, representa los deseos reprimidos de la gente de vivir aventuras peligrosas, de identificarse con roles belicistas y amantes de la violencia, sin necesidad de asumirlos en la realidad, de tomar la justicia por sus propias manos, el ansia de ser tomados en cuenta y las dependencias psicológicas hacia figuras barbáricas.

La enorme aceptación del héroe de acción, evidencia el enorme placer que causa el destruir, una fascinación enfermiza por aniquilar a quienes son considerados enemigos, el convertir la violencia en algo trivial, e inculca un peligroso culto a las armas. Un héroe de acción, siempre posee un arma y la emplea para casi toda circunstancia cotidiana, es la perfecta extensión de su violencia desenfrenada, actúa como un fetiche imposible de prescindir. Paralelamente, debe tener un cuerpo físicamente perfecto, atractivo porque sus aventuras le exigen mucha preparación física.

Desafortunadamente, sus condiciones físicas son una clara muestra de narcisismo, de proyectar una imagen imponente, cautivante e intimidante, además de servir de insólito símbolo de masculinidad con el cual realzar su atractivo sexual. Los héroes de acción no aman, ni necesariamente son caballerosos, ven a las mujeres como algo que deben conquistar para saciarse. Tienen relaciones pasajeras para presumir de sus dotes como “conquistador”, las mujeres para ellos siempre serán inferiores, trofeos a ganar gracias a su atributos físicos, poder de intimidación y un ficticio carisma.

Sin embargo, existen algunos quienes no muestran interés en ellas, las ven como un incordio. Una molesta compañía a la cual tratan mal con expresiones machistas o siendo indiferentes a sus necesidades, llegando al extremo de agredirlas para someterlas. Son personajes antisociales, no tienen capacidad para comunicarse de forma armónica con otras personas siendo bastante molestos y considerados desagradables. El rechazo a su actitud los vuelve solitarios, no poseen relaciones auténticas ni amistades sinceras, sino aliados para “compartir” temporalmente su violencia o porque la complejidad de la aventura le obliga a solicitar ayuda. Tiende a vanagloriarse de su capacidad de sobrevivir y juega con la idea de ser indestructible, glorifica la muerte, porque siente placer matando, nunca rechaza sus impulsos violentos, al contrario se entrega a ellos.

Actualmente, los héroes de acción han sufrido cambios, ya no son personajes con roles próximos a la realidad -policías, militares, mercenarios, delincuentes-, sino personajes renegados cuyo papel es confuso. No tienen un código moral concreto, parecen más cómodos actuando conforme a lo que creen conveniente estando a veces con el bien u otras con el mal, valorando solamente sus intereses. Siguen siendo violentos y sanguinarios, pero se permiten cierto uso de la razón para solventar las dificultades presentes en sus aventuras; han “aprendido” a trabajar en grupo aunque tienden a rivalizar con sus integrantes y siempre es el líder, pues no sabe actuar en equipo sino en “escuadras”, donde él tiene el mayor rango. Han cedido a las mujeres cierto papel protagónico, empero siguen siendo víctimas de su machismo y ansias de poseerlas.

El arquetipo de héroe de acción estrictamente masculino, ha cedido un poco ante su par femenino, ahora tenemos mujeres capaces de protagonizar su propias aventuras sin necesidad del respaldo masculino. En cierta forma, replican mucho de sus pares masculinos salvo que las heroínas agregan elementos novedosos: son más independientes e individualistas, algunas veces muestra clemencia con sus oponentes, suelen ser más analíticas en vez de temerarias, son más agresivas, y no tienen tantos problemas para trabajar en equipo, porque saben comunicarse mejor si comparamos con sus contrapartes masculinas.

Las heroínas de acción, son una consecuencia cultural lógica ante los cambios sociales donde las mujeres adquieren roles protagónicos en la sociedad y tienden a emanciparse. Frente al desgaste del machismo del héroe de acción, la pérdida de interés en sus historias sin suficientes sustento, el rechazo a su mentalidad chovinista que degenera en un cursi discurso patriotero, las heroínas aparecen para renovar el género de acción y expresar el sentimiento de emancipación de las mujeres, entregándoles personajes con los que identificarse para reafirmar su identidad ante el patriarcado encarnado en su contraparte masculina.

No obstante, sin importar el género, el héroe de acción es un mal ejemplo porque sigue invariable su gusto por la violencia y la destrucción, la glorificación a la muerte, el desinterés por encontrar soluciones pacíficas a los conflictos, el considerar banal la violencia, el resaltar el culto a las armas, a su actitud sádica, y a que la única solución radique en la aniquilación de su contrario. Son personajes sanguinarios, nefastos, representantes de la vaciedad de discurso, del siglo contemporáneo, porque no tienen ideas, ni una moral integra, sólo cuentan con odio.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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Los extraterrestres como víctimas de la humanidad.

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Distrito 9, la humanidad no podría aceptar seres inteligentes distintos a ella.- PFMS-Start Page Images

Popularmente tendemos a considerar a los extraterrestres como seres hostiles, altamente avanzados tecnológicamente, pero socialmente arcaicos, cuyo principal motivo es conquistar otras civilizaciones. Si bien, existen modelos más amplios a esta interpretación, es más aceptado el arquetipo hostil, el mostrar hipotéticos seres inteligentes con ansias de poder dispuestos a arrasar con todo lo que hemos construido y desarrollado por motivos más humanos que propios de su especie. Lo cierto es que dichos seres inteligentes siempre son crueles victimarios plenamente convencidos de considerar a la humanidad un “estorbo” en sus ansias de expandirse por el Universo. Sin embargo, tal mentalidad no corresponde a una motivación racional y coherente, sino a unas mentes dominadas por una megalomanía insensata.

Un arquetipo hostil, corresponde al miedo inherente de la humanidad a enfrentar lo desconocido, pero erróneamente la cultura popular lo impone como una realidad tangible, sin existir un análisis científico sólido. Ya es costumbre atribuirle características humanas a quienes no conocemos ni sabemos si existen, sólo porque necesitamos llenar un vacío: el saber si somos una singularidad en el Universo o hay otros seres inteligentes. No obstante, dentro de la amplia variedad de extraterrestres hipotéticos existe una tendencia a refutar la supuesta conducta destructiva de dichos seres, planteando interrogantes como: ¿Qué pasaría si nuestra especie es incapaz de aceptar seres opuestos?, ¿cómo podría la humanidad rechazar a quienes tanto buscaba?

En este escenario, la humanidad consigue comprobar la existencia de la llamada vida inteligente pero es incapaz de congeniar con ella, principalmente porque sus propias miserias terminan por perjudicar una convivencia armónica. Las desmedidas ambiciones humanas anteponen la satisfacción de sus necesidades, provocando un conflicto de grandes consecuencias, perjudicando a ambas partes. La humanidad considera inferiores a los seres inteligentes con quienes puede contactar, porque no encaja en su concepto de vida inteligente o porque los valores adoptados por ellos podrían significar una amenaza para nuestro modelo social.

A juicio de algunos individuos utopistas, el modelo social extraterrestre es “auténtico y superior al humano”; porque se ha librado de sus contradicciones, tratando de imponerlo, desatando un conflicto entre valores contrapuestos, en donde los extraterrestres pueden ser víctimas de la intolerancia humana, arrastrándola a su destrucción. También está planteada la situación en que la humanidad descubre vida inteligente, empero oculta su existencia nada más para involucrarla en alguna oscura trama destinada a obtener un beneficio mezquino; siendo frecuente historias sobre guerras provocadas por los seres humanos quienes culpan a los extraterrestres. El egoísmo de nuestra especie, -contrapuesto a nuestro progreso y deseo de contactar a otros seres- se impone haciendo de un hecho trascendente una tragedia de la cual queda en duda la integridad moral humana.

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Avatar, la conducta depredadora de la humanidad podría perjudicar un contacto con seres inteligentes-PFMS-Google Images.

Plantearnos a los extraterrestres como victimas, es una oscura metáfora sobre nuestra forma de ser y un duro cuestionamiento hacia la vanidad de una raza humana altamente tecnificada, convencida de estar destinada a alcanzar la gloria en la conquista del espacio ignorando las calamidades presentes en su planeta. Una condena al intento vano de utilizar un contacto con seres inteligentes para distraer la atención de sus propios problemas; depositando en ellos las respuestas a todas sus dudas existenciales. Posiblemente dichos seres también están en la misma búsqueda de respuestas o quizá consideran irrelevante tales interrogantes, nuestra costumbre de deidificarlos termina siendo -a juicio del ser humano- “traicionada”, haciendo brotar el odio porque ellos no han satisfecho nuestra ansia de respuestas.

Los llamados seres inteligentes, podrían ver como peligroso nuestra conducta depredadora, queriendo aconsejar al ser humano de cambiar su actitud o tomando medidas, -no necesariamente hostiles- destinadas a protegerse de los excesos humanos. Lamentablemente, tomar esa decisión es detonante para provocar un conflicto absurdo, la humanidad creería ver en ello una declaración de guerra empezando una nefasta carrera armamentista y aumento las convulsiones sociales porque las tendencias pacifistas y militaristas estarían enfrentadas.

Comúnmente, existe cierta incredulidad cuando se plantea esta posibilidad, en parte por excesivo optimismo, por desinterés, o porque no creemos que seamos tan “paranoicos”. Sin embargo, la realidad actual nos muestra una parte de nosotros bastante lamentable: la tendencia del ciudadano promedio a la reactividad, a no construir argumentos sólidos cuando trata de expresar un punto de vista, porque está habituado a un entorno social pobre en lenguaje, coercitivo, y anticientífico. Un entorno donde impera la desconfianza y lo volátil, ya nada es seguro, la incertidumbre nos obliga a actuar sin meditar, ni ver las consecuencias a largo plazo. Privilegiando lo instantáneo, nuestro concepto del mundo está definido por lo pasajero, las decisiones inmediatas y la impaciencia, de esa manera una comunicación entre seres inteligentes carece de autenticidad porque: estamos a la espera de algo que debemos tener urgentemente, sin siquiera preguntarnos ¿para qué lo necesitamos?

¿Realmente necesitamos contactar a otros seres inteligentes?, ¿cuán seguros estamos de que podremos estar a la altura de ese desafío? El dilema siempre nos acompañara hasta que suceda dicho contacto y sería absurdo descartarnos como factor que arruinaría un contacto fructífero con otros seres inteligentes, más aun sí como civilización nos negamos a superar nuestra carencias interiores y mezquindades, así como la nefasta creencia de depositar nuestra fe en algo externo completamente alejado de lo que somos, es decir, no podemos interpretar un contacto con seres inteligentes como un medio de “renovación espiritual” ante nuestra falta de confianza en lograr una cultura realmente objetiva, libre de ignorancia y superchería, factores dañinos hasta para nuestra propia convivencia.

Como es poco probable un contacto a corto plazo con otros seres inteligentes, debería tomarse en cuenta con cuál tipo de sociedad humana estarían contactando. No hay seguridad de que el sistema social existente continúe en el futuro, ni mucho menos de que existamos tal como somos. El progreso -o retroceso- que sufre la especie humana condiciona la forma de ver la realidad. Menos aún tenemos garantizado que la humanidad actué conforme a valores comprometidos realmente con la paz y la tolerancia.

Es fácil hablar de una cooperación entre seres opuestos a nosotros, pero si entre nosotros mismos no lo hemos alcanzado, nada garantiza un resultado positivo con terceros. Necesitaríamos una sociedad global más educada en asuntos científicos, más participativa en tratar el tema del espacio con seriedad y desdeñar de la superchería.

Desafortunadamente tal posibilidad no depende de ninguna gran reforma social, moral o espiritual ni científica, sino de las decisiones de cada uno de las culturas humana de abrazar el conocimiento objetivo, de librarse de la ignorancia y la superchería. Consolidar un modelo de desarrollo realmente pacífico, sustentable y trascendente que les libere de las conductas dominantes, hostiles y belicistas…

Probablemente dicho contacto sucedería cuando superemos nuestras propias debilidades.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La humanidad no cree en un contacto pacífico con extraterrestres.

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Halo, la humanidad acepta fácilmente un conflicto con extraterrestres-PFMS-Start Page Images.

Puede parecer una aseveración muy drástica, casi fatalista, pero hay razones para pensar que en la cultura humana impera la interpretación hostil de un contacto con extraterrestre. En la mayoría de las sociedades, cuando se intenta tratar el tema con seriedad, predomina la idea de un “desastre inevitable” que conducirá a nuestra destrucción, o la interpretación más pesimista donde los aspectos negativos de la humanidad dominarán dicho contacto con miras a obtener un poder absoluto. Irónicamente los escenarios catastróficos son también evaluados por científicos, militares y políticos aunque con más seriedad. Sus conclusiones mayoritariamente tienden a pensar en una calamidad sí dicho acontecimiento sucediera, por lo tanto la humanidad, aún cuando desea un contacto con los llamados seres inteligentes, le teme y hasta rechaza.

Una primera razón para tan lamentable visión, parte de un absurdo complejo de inferioridad latente en la humanidad, inculcado por la cultura popular: tendemos a atribuirle poderes extraordinarios a hipotéticos seres inteligentes, quienes nos superan en habilidades y tecnología -aunque tengan modelos arcaicos de sociedad-, mientras nosotros parecemos impotentes frente a tales progresos, si bien maravillosos, comparados con nuestros logros como civilización parecen insignificantes; tal complejo queda muy evidente en los recurrentes relatos de confrontación bélica con extraterrestres donde la humanidad es inicialmente aniquilada con facilidad por sus adversarios, quedándole pocas opciones para cambiar su suerte. Desafortunadamente este escenario es explotado con fines perversos, empleado como herramienta de propaganda militarista dirigido a crear arquetipos a otros seres humanos como enemigos a través de una aparente ficción inocente.

Queda así, fijado en la mente del ciudadano común, que no podremos hacer nada, seremos destruidos sin remedio, porque nos convencimos con ese complejo de inferioridad de no ser capaces de afrontar un desafío sin graves consecuencias. Quizás influya el hecho de que inconscientemente nos identificamos con los modelos hostiles de extraterrestres, porque los vemos como una “liberación” ante nuestros falencias como especie; el pesimismo hacia nosotros mismos y la falta de fe a que podamos alcanzar un mundo realmente mejor, así como un pleno convencimiento de atribuirnos todas las miserias imaginables, nos ha llevado a ver a los extraterrestres como medios de mortificación y castigo, algo que podemos rastrear en las religiones monoteístas, -por ejemplo- cuando plantean como causa de los suplicios humanos las carencias morales y espirituales.

Como esas carencias no son bien vistas ante los ojos de una divinidad, se nos envían entidades justicieras a “castigarnos por nuestros pecados” para disuadirnos de enmendarnos retomando el camino de la virtud o resignarnos al exterminio definitivo -pensamiento apocalíptico-, éste arquetipo es fácilmente permeable y aceptable si es encarnado en seres extraterrestres, porque tenemos una sociedad científica que estableció su existencia, por lo que sólo podemos aceptar entidades justicieras enviadas por una divinidad “equipadas” con armamentos y tecnologías superiores, algo comprobable si miramos la popularidad de tantas historias de ficción con seres del espacio conquistando sin dificultad el planeta e imponiéndonos tres escenarios: la aniquilación total, la esclavitud o la imposición de un nuevo orden social distópico donde convivimos ambas especies, empero sin posibilidad de ejercer nuestra libertad y diluyendo nuestro identidad como humanos.

En pocas palabras, las impotencias y los resentimientos productos de las flaquezas humanas, nos hacen aceptar a extraterrestres invasores como instrumento drástico de corrección de nuestras conductas autodestructivas. Un desesperado intento de no asumir nuestra responsabilidad para cederle a otros -presuntamente muy superiores- nuestro rumbo, porque nos sentimos incapaces de remediar los problemas que hemos creados, así trasferimos nuestras libertad a un poder superior ajeno a lo humano, pero muy conocedor del mismo, por ello cabe preguntarse: a pesar de nuestros progresos, ¿porqué preservamos el pensamiento de aceptar un proceso de mortificación para corregir nuestras conductas autodestructivas?

También habría que considerar que nuestro antropocentrismo nos ha vuelto vanidosos, no convivimos armónicamente con otros seres no tan evolucionados mentalmente, sino competimos de una forma amoral con ellos, aún cuando nuestra inteligencia nos dice lo contrario. Con un ego tan grande y una cultura guerrerista arraigada, cansada de luchar contra la misma especie -la humana- quiere probarse a sí misma con un oponente más fuerte, pero desconocido, que supere todo lo que hasta ahora creía saber de sus propias capacidades. Paralelo a ello esta el deseo de la humanidad de poner a prueba su valor (¿?) y habilidades para sobrevivir contra una criatura opuesta a su entendimiento, algo visible en la cacería deportiva, es por ello que imaginamos seres monstruosos y violentos con quienes probar quien es el más apto. Los cazamos -o ellos a nosotros- nada más para demostrar cuál es la especie superior, alimentar el deseo de dominio sobre otro, interpretado como inferior.

Demás esta decir el papel fundamental de la tecnología de los extraterrestre en nuestro desarrollo o destrucción. Si bien, podrían existir planes para lograr una cooperación pacífica entre humanos y extraterrestres, no es descartable lo dañino de esa tecnología, si la avaricia humana termina dominándola, aunque son pocos los escenarios que exploren las posibles consecuencias; lo cierto es que, de ser mal empleadas, serían nefastas para la relación armónica entre ambas partes. Probablemente provoque un cese definitivo de relaciones, porque los extraterrestres no nos considerarían lo suficientemente responsables para usarla, hasta podrían surgir conflictos graves entre las dos razas atizados por grupos de poder interesados en mantenerla bajo su control.

Desafortunadamente, un análisis serio sobre el encuentro termina dándonos el mismo resultado: hasta el momento, no somos una especie lo suficientemente civilizada como para contactar seres extraterrestres sin existir alguna calamidad. El factor humano tiene un gran peso más que las limitaciones científicas y técnicas, no sabemos como reaccionaremos, pero si lo que podría pasar en ciertas escenarios si sucediera ese contacto. A lo mejor nos subestimamos demasiado, producto de la negatividad del ambiente social y los prejuicios inculcados por la cultura popular, lo cierto es que todavía la humanidad debe superar otras pruebas para completar una evolución razonable que facilite un contacto sin traumas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El ambiguo significado del monstruo.

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Marvel Universe vs The Punisher, circunstancias imprevistas provocan el conflictos entre los humanos y los monstruos-PFMS-StartPage Images.

Popularmente se acepta al monstruo como símbolo de barbarie, en otras ocasiones es catalogado así por realizar acciones extraordinarias, empero la visión negativa de éste personaje es la predominante; suele creerse que un monstruo no es capaz de lograr hazañas u obras admirables como la humana, sino protagonizar hechos lamentables. La cultura popular anula la posibilidad de que posea inteligencia, sentimientos o capacidades mentales superiores y promueve la imagen de un ser peligroso que debe ser destruido a como de lugar. Al mismo tiempo los ciudadanos son captados en un demagógico discurso invitando a unirse contra el monstruo porque es considerado un enemigo común, este escenario obliga al monstruo a luchar por existir y queda en entredicho la moral humana: ¿por qué un individuo debe morir a manos de otro, sin conocer su naturaleza real?, ¿qué determina en la lógica social quién es civilizado y quién no?, ¿cuán seguro estamos de que somos seres realmente civilizado?

En algunas obras, los monstruo son artífices del horror, aparentemente son seres violentos que rivalizan con el ser humano y desean matarlo, ya sea para alimentarse o por otra finalidad irracional. La idea es tratar de impresionar al público para que explore sus propios temores mediante estímulos concretos, planteados en las situaciones extremas ideadas por el autor a través de los protagonistas: llevar al público un placer morboso. No obstante, existe también la tendencia de presentar al monstruo como lo opuesto, es decir actuando como elemento de análisis crítico del entorno social y sus falencias morales; el monstruo así concebido nos muestra a un ser víctima de circunstancias incompresibles, producto del azar o de la actividad humana, quien, consciente de sus nulas posibilidades de recuperar su vida anterior, decide marginarse para construir un mundo acorde a su condición.

En su búsqueda, lucha contra una humanidad incapaz de ayudarlo, se alía con otros seres desafortunados como él -que incluso pueden ser humanos que se sienten marginados-, tratando de construir un mundo paralelo, con sus propias normas y leyes, valores morales y éticos. El monstruo deja de ser una amenaza, porque demuestra ser capaz de crear sociedad, un orden donde convivir con otros como él, que comparten la “tragedia” personal de no ser aceptados ni redimidos.

Al plantearse este dilema, podemos reconocer al monstruo como una nueva forma de civilización inmersa en otra más grande y dominante llamada humanidad, cuyo origen en la mayoría de los casos parte de ella misma. El monstruo sería un humano interiormente, quien descubre con pesar las limitaciones de la moral social conocida antes de su metamorfosis, la sociedad para librarse de tal conflicto especula un origen ajeno al humano y así justificar su destrucción. De esa forma el rostro civilizado del monstruo, es destruido, su humanidad o por lo menos la posibilidad de reconocerse que posee facultades próximas a la humana es desconocida, tratándose de barbarizarlo para que sucumba a las presiones sociales, es decir, la humanidad crea sus propios monstruos con tal de justificar la represión y dominio del mundo que creó. La guerras entre humanos y monstruos son causadas por los primeros, quienes no pueden aceptar que exista algo distinto a él, ni mucho menos reconocer la inteligencia -si la posee- de un ser opuesto.

Estos seres tienen una existencia muy desafortunada, no pareciera que pudieran organizar una sociedad no hostil en el mundo, no es reconocido como ser inteligente sino es considerado como una bestia y no existe posibilidad de otorgarle derechos universales para ser respetado, esto plantea una interrogante: ¿es la apariencia o las capacidades que posee un individuo lo que determina si es aceptado o rechazado? Es frecuente dentro de las sociedades humanas terribles controversias sobre la negativa de modificar esa maquinaria de mentalidades absurdas que discriminan a las personas, siendo vertidas en la misma cultura para mantener el control sobre aquellos considerados “indeseables” y si se logra algún cambio, no puede aceptarse sin recelo porque existe la tendencia de flexibilizar el control para obtener un beneficio, un reflejo de hipocresía moral.

Obtener dicho beneficio, establecer alianzas de conveniencias, es un recurso muy utilizado por la humanidad para lograr un objetivo, práctica empleada también con los monstruos quienes ceden si lo ven conveniente o rechazan porque lo consideran una ofensa. Sea como fuere, los monstruos no comprenden como los humanos pueden ser tan falsos, nunca los han visto como seres capaces, sino como útiles para sus mezquindades, no obstante, también ellos mismos pueden emular tales mezquindades o falacias morales contra sus propios miembros o contra la humanidad, quedando una duda razonable: ¿es la humanidad mentora de quienes transgreden el respeto para imponer violentamente un nuevo orden?

Así como existe el rechazo de la humanidad hacia el monstruo, ellos pueden sucumbir a los mismos síntomas de intolerancia contra otro ser de naturaleza semejante, ya sea por rivalidad territorial, por incomprensión, o porque interfieren en sus “planes”. Pareciera que la impotencia del monstruo de no ser aceptado se transforma en rabia que proyecta hacia otro ser, quedando demostrado que la intolerancia puede aflorar en cualquier sociedad, no importa lo diferente que sea, sin embargo, en los monstruos adquiere una particularidad especial: el monstruo la “aprende” de la humanidad y la externaliza en circunstancias concretas, evidenciando la falta de sinceridad -en la práctica- de la moral aceptada, tales contradicciones no resueltas avivan el odio, “filtrándose” en la cultura de cualquier sociedad.

La cultura de intolerancia es enseñada y predicada a través de mensajes aparentemente inofensivos, posteriormente los individuos lo sistematizan según las creencias e ideas que tengan sobre los otros, aflorando inconscientemente o de forma deliberada cuando lo vean oportuno. Nuevamente los monstruos -moralmente hablando-, se hallan en un limbo existencial: aunque puedan unirse, no pueden prescindir de su naturaleza humana con sus virtudes y defectos siguen siendo humanos, por lo que heredaran todas sus características. Quizá sucumban a ideales supremacistas, para negar su origen humano -o por lo menos sus nexos comunes- para crear un “mundo superior”, pero no pasará de ser una utopía.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x