¿Qué representa el monstruo en la cultura juvenil contemporánea?

F1-1728x1100
Los jóvenes viven constantemente presionados-PFMS-StartPage Images.

La juventud contemporánea tiene la peculiaridad de vivir más presionada, las tendencias apuntan a conquistar su atención sin importar las consecuencias. Tenemos una vorágine mediática empecinada en buscar su atención para ganar su fidelidad, hacerlo sentirse incluido y sobre todo identificado, más que entendido. Toda una maquinaria que le dice cómo actuar en su mundo social y qué debe aceptar como normal, sobre todo establece modelos excesivamente idealizados de aquellas cosas -o personas- deseables, sin importar si no se corresponde con la realidad, moralmente irrespetuosa de su persona. El mundo adulto no pareciera aceptar que los jóvenes tienen sus etapas a superar sin presiones, respetando el tiempo que dura la juventud y haciendo ver éste período como un aprendizaje, no obstante el adulto se ha vuelto contradictorio y trata de obligar al joven a que sea un “adulto”, sin orientación ni herramientas morales adecuadas.

En este escenario surgen los desencantos, la “percepción oscura” de la realidad circundante, no comprenden ni logran identificarse con ella. Jóvenes que prefieren pasar desapercibidos y no encuentran atractivas las “ofertas de madurez” del mundo adulto; algunos con argumentos válidos, otros inspirados por el resentimiento y otros más por mera “rebeldía” sin encausar, confrontan con el mundo adulto sin aspirar a un cambio hacia un ambiente flexible y moderno, sino para deshacer el vínculo con la fuente de las presiones. Los monstruos coinciden un poco con ésta situación, no encuentran en un mundo ordenado y lógico un espacio en el cual desarrollarse, sin sentirse arrasados por el mismo funcionamiento de una sociedad inconmovible que impone sus conceptos y entrega individuos mediocres, quienes no están listos para los misterios de la vida, sino para asumir un rol con una moral cuestionable.

Los monstruos pueden ser destructivos, empero también lamentables; su presencia en el mundo es obra de la misma humanidad, la obra trastocada en donde el género humano ha vuelto al mundo, motiva a estos seres a luchar violentamente por un espacio, el cual nunca tendrán, más bien lo único que los ubica en el mundo es su cuerpo y su mente. Tenemos pues, una ambigua relación víctima-victimario, cuya causa es la enorme presión que recae sobre el individuo, presión que necesita “liberarse”, sin reconocerse sus causas ni exista el interés por resolverlas. Para jóvenes con preferencia -según su punto de vista- a ser “distintos”, la tendencia uniformarte de las sociedades contemporáneas hace imposible prosperar sentimientos auténticamente humanos, porque todo parte de un dogma exigente de un compromiso ciego por preservar un orden incapaz de resolver y cuyas alternativas son utopías que incurrirán en los mismos yerros.

El presente siglo, con su vorágine mediática, ha perfeccionado la confusión, la multiplicidad de discursos vacíos, impiden captar la verdadera naturaleza de una situación en concreto. Todos quieren hablar sin prestar atención, quieren participar sin existir una correcta evaluación de los hechos y lo más lamentable todos creen poseer la razón absoluta de aquello que le interese. El comportamiento reactivo y de confrontación, se impone desdeñando la mesura, la sensibilidad es considerada una debilidad peligrosa, condenando la objetividad al ostracismo. Tal estado de cosas causa impotencia, destinada a convencer de la no existencia de más salidas, sino las impuestas por la mayoría de turno, y es utilizada por esa mayoría para excluir directamente a quienes disientan o sean vistos como diferentes.

Los monstruos siempre son victimas de una mayoría y sus presiones terminan obligándolo a actuar de forma destructiva, en otras ocasiones ya viene predispuesto a tener una actitud hostil, pero la causa es la misma: una mayoría que se impone sin miramientos, de esa manera queda en duda quién realmente es el monstruo: ¿un ser considerado distinto y ajeno a nuestra naturaleza o una mayoría belicosa?

Agobiado por tales presiones, los individuos interpretan al mundo como cruel por naturaleza, no está construido sobre bases sinceras de paz y armonía, sino de contradicción y locura cuyas decisiones irracionales son disculpadas en nombre de la libertad, aunque no sean moralmente correctas. Se va incubando una sensación de hipocresía como la norma, si se quiere vivir en sociedad y no existen referentes morales alternativos que permitan superar la falta de sinceridad; la impresión de que el mundo “seguirá igual, pero peor”, hace sucumbir a cualquiera en banales romanticismos. Los empuja a escapar a mundos de ensueño donde pueda liberar su auténtica forma de ser, siempre oculta a los demás. El vivo reflejo de ello está en el cine: vemos más producciones de ficción en abierta oposición a la realidad.

La necesidad de un escape es una forma de aliviar la presión, un consuelo pasajero incapaz de solucionar el auténtico conflicto latente en la interioridad del ser humano, sin embargo la misma lógica social ha preferido mantenerlo para garantizar el control y su funcionamiento. De esa manera evita la destrucción de la cohesión de los individuos por la presión, garantizando la existencia del orden establecido. Desmantelar ese mecanismo no es una acción que depende de algo externo, sino de una metamorfosis interior, la cual se encuentra en manos de una minoría de individuos, quienes han hecho un gran esfuerzo por lograr transmitirla, aunque la realidad parece indicar que todavía la humanidad está en fase de aprendizaje como para lograr una perfección razonable.

Queda en evidencia que el monstruo para algunos jóvenes, es una forma de protesta simbólica hacia las presiones de un mundo adulto no comprometido con el futuro, irracional, amoral y arcaico, que trata de confundirlos e introduce falsos modelos de rebeldía para mantener su influencia. Una forma de rechazar la odiosa necesidad de clasificar a los individuos sin respetar su individualidad y juega con su percepción de la realidad, a su vez es un duro cuestionamiento a la deshumanización, porque la hostilidad evidente entre los monstruos y la sociedad hace que ambas partes justifiquen las medidas más crueles para destruirse, dejando de lado la razón.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s