El significado social del “monstruo”.

Monsters_by_Wiggers123
Por lo general, la cultura popular modela imágenes tenebrosas de los mostruos-PFMS-Devianart.com

Dentro de la cultura popular los llamados monstruos son seres proscritos, a los cuales, las personas les temen. El miedo a que una criatura opuesta a todo lo conocido trastoque la vida diaria, alimenta el mito de su existencia, así es como se crea los arquetipos necesarios donde ubicar a aquellos individuos con comportamientos destructivos que representan una amenaza para la seguridad de una comunidad, y deben ser reprendidos por sus actos; aunque, infortunadamente, también se usa el término de manera despectiva hacia aquellos individuos que por su apariencia o modo de comportarse son vistos como “transgresores”. Lo cierto, es que la figura del monstruo representa el temor nativo del ser humano a aquello que teme, o no es capaz de comprender.

No obstante, la figura del monstruo puede usarse erróneamente como símbolo de subversión por individuos que se sienten marginados por la sociedad o que tienen una identificación destructiva con él, para así justificar un comportamiento hostil hacia su entorno. Esto último también aplica a ciertas individualidades que, siendo incapaces de lograr comunicarse sanamente con sus semejantes o con fuertes conflictos internos, terminan sintiendo gran fascinación por comportarse de una manera “monstruosa”. Si bien, actualmente existe una tendencia a mostrar al monstruo de forma más amistosa, casi inocente, rozando en lo ingenuo como si fuera un acto de benevolencia social, persiste la interpretación de que éste personaje es un ser incomprendido y proscrito.

Dentro de la mentalidad juvenil contemporánea, especialmente en las tribus urbanas, los monstruos terminan siendo objetos de identificación por aquellos que se perciben “diferentes”, no comparten los mismo gustos que los demás o están incómodos con los grupos denominados “populares”. Es evidente que el mayor problema de que exista una identificación con ellos, se debe a que algo está fallando en el proceso de integración de muchos jóvenes, algo impide que estos jóvenes y sus pares puedan tener una relación armónica.

Quizá la causa del problema la podamos encontrar en el complejo mundo de la adopción de un rol, este concepto que parte del mundo adulto no termina de convencer a los jóvenes, quienes están disconformes con la presión temprana de adoptar uno, de los conceptos adultos que les tratan de definir para qué se es un hombre -o mujer- y para qué no, y la frustrante sensación que tienen de que el mundo es más inseguro e injusto. No tienen un ideal o un referente más optimista y positivo que les impulse a enfrentar la vida, sino que optan por el desencanto. Un claro síntoma de la incapacidad del mundo adulto-juvenil por comunicarse armónicamente y puede motivar a que los adultos tiendan a ser flexibles o permisivos en exceso con catastróficas consecuencias, porque el mundo depende de reglas que son impuestas por los adultos, pero que los jóvenes desean cambiar o destruir, según sea el caso, para modelar una realidad acorde a sus gustos.

Lo cierto, es que el monstruo representa la ineficiencia de la represión en el proceso formativo del individuo cuando debe integrarse a la sociedad, entiéndase, aceptar una apariencia de normalidad, una pautas de comportamiento, una definición de igualdad -que no necesariamente se cumple tal cual- adoptar un rol según sus capacidades e intereses -que pueden ser diferentes a lo que todos aceptan-, y aceptar un modelo de vida que una mayoría define como “perfecta”. Dado que la subjetividad y las contradicciones humanas no aceptan modelos permanentes dentro del orden social, el temor hacia el cambio termina siendo absorbido por el monstruo como metáfora de ese miedo a la incertidumbre que genera un cambio -recordemos que los monstruos no toleran que su modo de vida sea perturbado-, una muestra de que aunque se predique “ideas liberales y progresistas” podría ocultarse visiones opuestas, más dogmáticas y conservadoras que las propuestas.

El monstruo representa la imposibilidad de los miembros de la comunidad de evaluar la realidad individual más allá de sus propias creencias, muchos de estos personajes han “fracasado” tratando de adaptarse al medio social, empero poseen una peculiaridad individual que los hace diferentes al resto, quienes pueden sentirse maravillados o temerosos; como el miedo predomina en todo orden social estos individuos son rechazados sutilmente o de forma directa. El monstruo ve en este caso dos contradicciones: la comunidad predica igualdad para todos sin excepción, pero está limitada a los que considere como “individuos normales”.

A pesar de que haya nacido y crecido en la comunidad, no es aceptado por ella debido a su condición “especial” -no ser “normal”- Lo otro que nota el monstruo, es que los motivos para no ser aceptado parten del miedo que se amalgama con una interpretación demasiado rígida de las normas sociales y la falta de interés de sus miembros en estudiar los límites de su propio sistema de convivencia. Así, de forma “legal” el monstruo no es considerado un individuo reconocido y termina apartándose voluntariamente o es expulsado de la comunidad. El dolor más grande que sufre un individuo, es no verse reflejado en sus semejantes ni formar parte de una comunidad en la que su identidad pueda desarrollarse, encontrando en la soledad un consuelo pasajero o en la venganza una forma de obligar a la comunidad a resarcirle.

La compleja relación del individuo con la comunidad queda reflejada metafóricamente en esta situación. En una época como la actual, donde los individuos tienden a tribalizarse, a tornarse individualista e inconformes y con una arremetida violenta de la intolerancia, la desconfianza hacia el futuro hace dudar de que la sociedad respete íntegramente a los ciudadanos tal como son por lo que no resulta extraño que reviva los temores a la pérdida de la libertad y el surgimiento de formas más autoritarias de gobierno. La angustia del individuo es la misma del monstruo: vivir en un ambiente incomunicado, irreflexivo, que no es capaz de escuchar y comprender, pero si de reprimir y perseguir. Sin embargo, la desesperante situación social puede inducir al monstruo a tomar acciones, para demostrar, inconscientemente, la fragilidad de la comunidad como una manera de burla, de rebeldía y de reafirmar su identidad mediante el terror.

El auge de grupos criminales diversos es un vivo ejemplo de ellos, individuos inadaptados que terminan siendo amenazas para la sociedad, sólo quieren con sus actos reafirmar su identidad ante una comunidad que, a su entender, le margina. Puede que en ciertas sociedades existan factores que marginen al individuo, pero en otras no es ésta la causa sino los antivalores, la falta de confianza en los valores universales y el pesimismo o el deseo de probar placeres prohibidos fruto de una conflicto moral no resuelto.

Los monstruos al habituarse a su condición terminan resignados a una existencia renegada y de supervivencia, ya que sabe que no será aceptado nunca por la comunidad ni dejará de estar en conflicto con su entorno, tan desolador panorama lo hace sucumbir en una irracionalidad incurable que degenera en conductas destructivas y excéntricas. Aún cuando las causas de su condición sean conocidas, los monstruos siempre serán unos proscritos, porque son opuestos a lo que la humanidad puede “aceptar” de si misma, es decir la humanidad descubre que ellos son una parte de si misma -oscura, tenebrosa y prodigiosa-, mas no es capaz de comprenderlo porque sigue ignorando quién es. Esta ignorancia tan terrible condena al monstruo y a la comunidad a vivir en conflicto.

También es destacable que el monstruo es un símbolo de lo subconsciente, lo que permanece oculto en el interior de cada persona hasta que surgen las condiciones para que aflore al exterior. Como seres pensantes todos tenemos una parte interna que ignoramos, aunque intuimos que existe y que no podemos controlar, a menos que se haga un intenso ejercicio de introspección para “iluminar” esa zona oscura de nuestro ser. Los monstruos, son seres que han sido dominados por esa parte oscura de su ser, que no siempre resulta buena pero tampoco quiere decir que no haya algo que refleje su humanidad, o una causa que explique el por qué de su comportamiento.

En muchas historias, los protagonistas tratan de buscar la causa en el pasado del monstruo, de esa manera pueden liberarse del temor que le tienen y comprenderse a sí mismo, pero ese conocimiento lo usan para destruir al monstruo no para liberarlo de su condición, quedando sin resolver el conflicto entre la parte consciente e inconsciente del ser humano, aunque depende en gran medida de la intención del autor. La negativa de no liberar al monstruo de su lamentable situación es una lectura pesimista del ser humano, quien a pesar de poder liberarse del sufrimiento, decide lo contrario porque no desea renunciar a sus ilusiones interiores. Clara metáfora del triunfo de la represión sobre la comprensión, alejándole de la sabiduría.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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