Reflexiones sobre el fenómeno OVNI.

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El fenómeno OVNI, erróneamente se le vincula con la vida extraterrestre-PFMS-StartPage Images.

Desde que la especie humana desarrollo medios técnicos para escudriñar el cielo y el espacio con miras a responder sus dudas sobre la naturaleza del Universo, siempre ha surgido la misma pregunta: ¿somos los únicos seres inteligentes? Se hacen grandes esfuerzos para resolver esta interrogante, aunque no tengamos ninguna prueba de que no estamos solos, tampoco podemos estar seguros de sí lo estamos. En este delicado tema las hipótesis terminan siendo nuestra única aliada, nuestra esperanza de que la búsqueda de otros seres inteligentes no desfallezca. No obstante, podemos decir que algunos creyentes en la vida extraterrestre, ceden a la impaciencia y adoptan ideas erróneas, perjudicando la seriedad que merece el tema.

El fenómeno OVNI tiene una imagen tergiversada, ya que el término refiere a todo objeto aéreo que no puede ser identificado por un testigo (Objeto Volador No Identificado). La incapacidad de no poder reconocer algo puede deberse a desconocimiento, o porque su naturaleza rebasa el entendimiento del testigo, más eso no quiere decir que no se pueda desentrañar su naturaleza y ofrecer una explicación coherente. Todo está en cómo empleamos el pensamiento y de cómo interpretamos los hechos. Nuestra ciencia ha demostrado que cada fenómeno tiene una causa perfectamente investigable, que con una adecuada metodología puede comprenderse y hasta controlarse en nuestro beneficio. Nada para la inteligencia es “inexplicable” si se concentran los esfuerzos en resolver una interrogante de manera objetiva.

El gran conflicto del ciudadano actual está en que hace con la fe cuando parece que todo esta explicado mediante la razón. La fe se asocia exclusivamente al ámbito de la religión, cuando sabemos que también ella es una convicción profunda que nos motiva a lograr cosas extraordinarias. El hecho de que tengamos ciencia, por ejemplo, es fruto de una fe profunda de personas que estaban convencidas en que el ser humano podría librarse del yugo de la superstición, la ignorancia, el instinto, y el ocio para expresar la grandeza del pensamiento a través del conocimiento objetivo. Por lo tanto, la fe parte del interior y no necesariamente depende de un dogma religioso.

Sin embargo, un mundo tan contradictorio como el que hoy tenemos, el principal objeto de interés por el que luchan tantos grupos de poder es el dominio del creer en, es decir, lograr que el mayor número de personas acepten una creencia y la defiendan. Dichas creencias por el grado de complejidad social no están limitadas en lo religioso, también abarcan campos como el político, económico, legal, místico, ideológico y hasta sectario. Grandes maquinarias de propaganda tratan de convencer a alguien de que su idea del mundo es la correcta. Nuestros sentidos están abrumados por aceptar, rechazar y nuevamente decidir en que creer, incluso el no creer en nada socialmente aceptado ya es creer en algo, porque el creer es adoptar una posición en la vida.

Así que decir que toda idea es exclusivamente nuestra, es un algo inexacto, siempre un elemento externo nos influyó a la hora de moldearla. Esta consideración colectivista de las cosas hace que algunos pongan en duda su individualidad: ¿soy realmente dueño de mí ser?, ¿por qué debo pertenecer a una comunidad?, ¿es negativo no sentirse a gusto con la comunidad en la se vive?, ¿y si no me siento a gusto con nada de lo que no conozco?…. Personas con éstas dudas son propensas a iniciar una búsqueda sólo que algunas se equivocan y se convencen que más allá de las fronteras de lo racional así como de la fe, está su respuesta. Idean seres fabulosos que gozan de mayor sabiduría de la que conocen, quienes en un acto altruista les revelaran sus secretos.

Este simple pero poderoso pensamiento es lo que convence a muchos a desarraigarse de la lógica, de la razón y de la objetividad para promover un seudo sistema de creencias mágico que supuestamente resolverá las dudas de un hipotético creyente, con la promesa de devolverle las “riendas de su vida” para no seguir siendo una víctima de un colectivismo deshumanizado que decide por él haciéndole creer que decide por si mismo. Como nadie criado en sociedad puede suprimir los recuerdos y hábitos de ese entorno porque es allí cuando empezó a desarrollarse como individuo; entonces tratan de anexar a sus creencias mágicas un conocimiento seudo científico que no contradiga ni niegue este nuevo credo.

Fue así como la seriedad que debe tener un fenómeno como el de los OVNI termino siendo erosionado, un simple conflicto de creencias que sumado a una sociedad de masas demasiado emotiva, adulante de lo externo, hostil a la objetividad y al intelecto, fuertemente influenciada por las ficciones que se difunden por los medios de comunicación, concluyó que cualquier cosa que esté en el cielo y “no se pueda explicar” es algo extraordinario. Si hay intentos de ofrecer un punto de vista opuesto y racional, es rechazado, porque contraria la falsa sensación de que está libre de las convenciones sociales, pareciera que en el interior de muchas personas existe tal disconformidad hacia la sociedad que el adoptar creencias seudo mágicas es su forma de eximirse de sus responsabilidades como individuo.

Influye mucho el hecho de que la impersonalidad, las hipocresías en las relaciones sociales, la desacralización y las interminables crisis de valores que se predica facilita que permeé la convicción de que el ser humano es incorregible, que mejor seria convivir con otros seres -de preferencia no humanos- menos conflictivos y falsos. Los individuos que piensan así evocan inconcientemente, ese recuerdo infantil donde se creía en seres mágicos e inocentes que los hacia sentir bien, seguros y ajenos al mal. Traslada ese recuerdo y lo fusionan con creencias mágicas-seudo científicos para explicarse así mismo –en etapa adulta- la causa de su malestar hacia el entorno.

Como en la etapa adulta no se cree en seres mágicos porque quedaron en la infancia, termina por recurrirse a seres civilizados -como el creyente- pero portadores de conocimientos morales superiores, que prometen y promueven una sociedad “más sincera”. Una sociedad donde el adulto no sea acosado por la sublimación de los deseos, ni deba ser “sometido” a la presión de cumplir con funciones sociales más exigentes que rebasan sus posibilidades. En este punto brota la idea utópica de construir una sociedad mixta donde el ser humano aceptará sin discutir la autoridad de criaturas fantásticas quienes le entregarán un conocimiento “superior” para dominar habilidades paranormales.

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They Live, la interpretación extraterrestre del fenómeno OVNI ha alimentado absurdas historias de conspiraciones gubernamentales-PFMS-StarPage Images

Sin embargo, esto nunca se concretará porque la realidad termina por imponerse. Previendo ese escenario, los creyentes esgrimen la manida historia de una “conspiración gubernamental para ocultar la verdad” en colaboración con otros seres fantásticos de intenciones siniestras, tejiendo una especie de batalla apocalíptica entre ellos -que se atribuyen el papel de “salvadores de la humanidad”- y las autoridades -a quienes interpretan como el mal, entidades satánicas que quieren esclavizar a los seres humanos- Evidentemente, la negación de admitir que se tiene ideas erróneas, son un ejemplo de cómo lo alienante de nuestro entorno social puede favorecer el asenso de creencias ajenas a la objetividad, que inevitablemente serán destructivas.

Lo común termina siendo que la razón se imponga, no las fantasiosas creencias de orígenes infantiles que revelan algún tipo de frustración o rechazo a los conocimientos aceptados por el progreso científico y que no es debidamente tratada. Aunque distraerse con fantasías -de vez en cuando- puede ser benéfico para nuestro rendimiento mental, no es sano obsesionarse con ellas y ese es el mayor conflicto que tiene el ser humano con su propio entorno: ese ambiente le ofrece ilusiones magnificadas con promesas de “satisfacción inmediata” o de alimentarle falsas ideales supremacistas.

Ante tan trastocado ambiente la objetividad pierde valor, quedando la reactividad y la ingenuidad que se confunde con la fe. Optar por una utopía social alternativa a lo existente demuestra que no soluciona la alienación del ser humano por lo que queda demostrado que el problema no está afuera sino dentro. Si hay algo que curar es la interioridad del ser humano, porque está frecuentemente maltratada por las presiones externas e internas que afligen al individuo.

El ser humano es el único que puede cambiar su propio mundo social, no la aceptación sumisa de una autoridad extraña proveniente del Espacio Exterior ni muchos menos atribuir la causa de un fenómeno a factores sobrenaturales.

El reto es resolver cuáles creencias realmente nos son benéficas para avanzar y cuáles debemos dejar atrás porque nos perjudican.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Nota: el autor recomienda la siguiente literatura con el fin de profundir en este tema y que sirvieron para la redacción de la presente entrada.

  • Hay algo en el cielo. Artículo de la revista Popular Mechanics, número 62/04 Abril 2009.
  • Supuestos “ovnis invisibles”. Luces en el cielo. Artículo de la revista Muy  Interesante. Septiembre de 2012, número 9. (edición mexicana).
  • Extraños Fenómenos Celestes. Caprichos del cielo. Artículo de la revista Muy interesante. Año 28, número 2. (edición mexicana).

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