La sociedad no avanza sin la ciencia.

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Es necesario preservar el pensamiento racional-PFMS-Twitter.com

Suele creerse que la ciencia está restringida a individuos “superdotados” capaces de entenderla. Las personas siempre han mantenido una distancia incompresible de ella y sólo la toman en cuenta cuando surge una controversia -que muchas veces no suele partir de una base científica sentada- o cuando sucede alguna calamidad donde se necesita de ella. Pareciera que una parte de la ciudadanía no termina de aceptar que las herramientas con las que hoy contamos, son fruto del arduo trabajo de personas temerarias y talentosas que buscan entender mejor como funciona la realidad. Cierto es, que no todos tienen talento para la ciencia pero no se puede ignorar deliberadamente que sin ella la vida moderna sería una utopía.

Aunque las últimas transformaciones sociales han despertado gran interés por la ciencia, contradictoriamente la distancia hacia ella permanece en muchos círculos sociales y políticos; llevados por prejuicios y apreciaciones erradas de cómo la ciencia puede ser beneficiosa para la sociedad. En realidad todo avance científico tiene un impacto social definitivo, no importa el país. Las herramientas que forman parte de nuestra cotidianidad son fruto de la ciencia. Pero, las ideas erróneas hacia la ciencia mantienen cautiva a la sociedad, ideas que fomentan el pensamiento mágico, las valoraciones anticientíficas, el atraso, la pseudociencia y los mitos.

Quienes predican la exclusión de la ciencia, no entienden que también están aceptando otra forma de ignorancia peligrosa. Es negar la realidad que sustenta el presente siglo y que ha permitido el éxito de tantas naciones; pero sobre todo es una práctica siniestra de disminuir la calidad de vida de la ciudadanía, porque se les priva de medios con los cuales podrían ser más productivos y acceder a mejores condiciones materiales que garanticen una existencia digna, a parte que reprimen los talentos locales que serían útiles para el progreso no tan solo de la ciencia, sino de toda la sociedad.

Estarían creándose perniciosas condiciones que atrofiarían las capacidades competitivas de que debe tener un país, y que no permitirían aprovechar la máxima capacidad de sus recursos lo cual lo sumergiría en dependencias interminables del exterior porque sus ciudadanos tendrían solamente acceso a medios rudimentarios que limitarían su desarrollo y mantendrían ociosos los potenciales nacionales. Además una sociedad sin suficiente desarrollo científico como puede opinar -sin errar- de ciencia; actualmente muchos descubrimientos son objetos de intrincados debates que requieren una alta preparación para poder encontrar soluciones equitativas que permitan una adecuada regulación, sin los conocimientos adecuados, cualquier nación nunca será coherente en sus opiniones y será víctima de los más lamentables ridículos.

Si se mantiene ignorante de la ciencia nunca podrá participar, porque su opinión no es objetiva. Tras esa deliberada oposición hacia el progreso científico se esconde los peores aspectos del ser humano: el egoísmo, una recalcitrante ortodoxia social, dependencia de dogmas caducos, partidización del conocimiento científico e indiferencia hacia el desarrollo local. Actualmente las crisis que sufren tantas naciones se pretenden resolver con improvisaciones que no son efectivas, crisis que solo con profesionales adecuados podrían solventarse y satisfacer las exigencias de la sociedad; pero la actitud intransigente de ciertas figuras políticas y sociales impiden que dichos profesionales se desarrollen.

En este punto cabe preguntarse ¿por qué se tiene temor al progreso?, ¿por qué la sociedad conciente que los factores de atraso destruyan su futuro?, ¿es que nadie se da cuenta que sin profesionales capaces una sociedad se limita en opciones?… Sea cual sea la causa lo cierto es que la sociedad debe tomar la ciencia como parte de ella y no distraerse con “soluciones mágicas” e irreales que son fruto de la charlatanería más grotesca. El pensamiento mágico nunca servirá para resolver problemas que requieren herramientas y estudios precisos, simplemente creará expectativas perversas que mantendrá en el atraso a todos y privilegiará a unos pocos.

Tal situación prolongará los problemas existentes y harán imposible el equilibrio social porque mientras no haya soluciones ajustadas a la realidad, nunca la ciudadanía estará satisfecha. Verá mermada su calidad de vida, la destrucción de los servicios, el atraso de la educación por falta de ideas renovadoras, la inmigración de sus profesionales más capaces y el conjunto de la sociedad estará rezagada. El atraso disminuirá su capacidad para adaptarse a los retos del presente siglo y el emplear la represión no será efectivo porque esos problemas rebasarán al sistema imperante ante la falta de soluciones reales.

La sociedad no debe seguir autoexcluyéndose del debate científico, porque conociendo la ciencia -por muy difícil que parezca- se aclara sus dudas y se libera de mitos, además de que puede resistir eficientemente la charlatanería. A parte de que las sociedades que aceptan y apoyan la ciencia tienen garantizado un futuro mejor, para ello debe amar al conocimiento, librarse del temor al debate intelectual que exige el pensamiento científico

De esa manera evitamos el atraso y los excesos en que puede incurrir el mal uso de la ciencia.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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