Las redes sociales no son un espacio político.

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Las redes sociales pueden provocar una polarización política peligrosa-PFMS-Start Page Images-

“En los medios sociales por Internet no importan tus parámetros de privacidad, se tomará en cuenta todo lo que hagas. Todo es público”

                                            Ernesto Priego, Editor de The Comics Grib

“No necesitas 5.000 amigos en Facebook para saber que los medios sociales de Internet pueden tener una mezcla notable de rumores, chismes y desinformación”

                                                       Adam Rawnsley, periodista

La política no es un tema fácil, mucho menos debatir equilibradamente sobre él. Generalmente quienes no poseen una preparación adecuada sobre la materia, creen que solamente con imponer su punto de vista se es un “buen estadista” y no es así. La política -como ejercicio- es un tema que requiere mucha concentración, evaluar amplios escenarios y contar con una visión a largo plazo, sobre todo exige un gran esfuerzo para mantener la sensatez en todo momento, -especialmente en los momentos más difíciles- pero también pone a prueba la honestidad del político, quien debe corresponder tanto como pueda con sus ciudadanos.

El debate político siempre está sujeto a reglas claras que todos cumplen y aceptan, porque la política es un acto racional, quienes la ejercen dejándose llevar por la emotividad no pueden ser considerados buenos representantes políticos, necesitan más experiencia hasta que aprendan a dominarse. Desafortunadamente las mismas contradicciones de la naturaleza humana así como los cambios en la historia, pueden trastocar la conducta de los dirigentes y es allí donde un nuevo actor puede cambiar dramáticamente los acontecimientos: las redes sociales. Este invento terminó –erróneamente- siendo considerado un espejo de toda la sociedad, cuando ellas sólo son una pequeña parte de la complejidad mediática del presente siglo.

Sin embargo, su fácil interactividad y grandes posibilidades de ubicuidad, han permitido que muchos estén convencidos de que las redes sociales son la única cara visible de la red en el mundo político. También está el hecho de que la comunicación con ellas se hace más dinámicas incluido el uso de elementos simbólicos –los llamados “memes” o caricaturas digitales, por ejemplo- de gran repercusión social. En este espacio virtual es sencillo marcar tendencias y modelar la opinión pública en torno a un tema, según el estado de ánimo de la “audiencia”. Están más valorados los factores emocionales, deseos y la reactividad de los internautas en ellas que los juicios objetivos y opiniones serias.

En pocas palabras, sólo porque es más fácil interactuar por este medio es sobrevalorado su efectividad para considerarlo como un espacio adecuado para el debate político; una apreciación sustentada en el “efecto de cercanía” que produce las redes sociales en la psiquis, que es potenciado por la posibilidad de que cada actualización está sujeta al tiempo real. Lo anterior es evaluado dentro de parámetros técnicos, empíricos, comunicacionales y sensitivos no políticos, porque un auténtico espacio político está sujeto a reglas que limitan los excesos y constituyen un clima de confianza que permiten valorar las opiniones de los distintas posturas, eso incluye un respeto absoluto a su punto de vista.

La realidad política en una red social es opaca, muy influenciada por la mutabilidad de opiniones que no necesariamente se ajustan a la realidad, porque la mayoría de los comentarios parten de acciones automáticas, emotivas o dirigidas. Son pocas las opiniones que parten del pensamiento, del uso coherente de los sentidos de la mano con la racionalidad, casi todos parten de la reactividad y de tomar en cuenta lo que siente o quieren hacer sentir en el público, no lo que piense. Quien conoce del poder de la palabra puede distinguir cuando “alguien pensó y escribió” de quien no, pero esto es un talento restringido a pocos, porque la mayoría sigue sin comprender que la palabra es pensamiento en acción siendo un instrumento muy poderoso.

Una red social en política actúa como un muro de contención en donde los ciudadanos demasiados apasionados, desahogan sus malestares sin que estos se traduzcan en acciones concretas en el mundo físico y manteniendo intacto al Poder porque todo dirigente sabe lidiar con las pasiones exacerbadas, sin que esto represente gran preocupación para él. Aunque la situación se trasladase al plano físico es fácil para las autoridades conocer de antemano –según las tendencias, datos de geolocalización, frecuencia con que se comenta un tema específico…- cómo esta va a desarrollarse y reducirla sin dificultad o cambiar el discurso inicial por otro aparentemente conciliador o acusador, mientras se traza un plan para aplicar una medida especifica en otro momento más ventajoso.

Esas supuestas “victorias ciudadanas” en algunas circunstancias no pasan de ser un simple retroceso momentáneo. Paralelamente, la política en una red social siempre está fuertemente influenciada por la ausencia del respeto al punto de vista contrario, porque en este medio no hay un mecanismo de control que parta de los administradores que detecte y/o sancione a un infractor, todo depende de una denuncia previa de otro internauta. También se presentan casos donde más de un internauta puede convertirse en cómplice de otro(s) si estos dicen algo con lo que concuerden, aquí tampoco los mecanismos tienen una celeridad para identificar y castigar al infractor, más allá de suspender “una cuenta” en conformidad con el número de denuncias reportadas y que sea coincidente con infracciones de términos de uso de la red social.

Los mecanismos existentes son limitados y represivos, no son contundentes y punitivos porque las mismas limitaciones técnicas, las diferencias culturales, los pocos acuerdos entre las autoridades y dueños de las redes sociales, así como las lagunas legales de sus propias normas hacen complejo poner orden en el espacio social. Con tales dificultades los infractores tienen la sensación de que no hay reglas en las redes sociales, que en ellas son inmunes a las consecuencias, creando un clima de permanente hostilidad para opiniones más moderadas, pero en cambio se aplican las leyes digitales de cada país, que algunos desconocen o pretenden ser inmunes a ellas. Los ambientes adecuados para un debate político, no admiten este tipo de participaciones porque lo que interesa es lo que piensa el político sobre un tema a tratar, ya que de ello depende el bienestar o el fracaso de su gestión.

Asimismo en las redes sociales se maneja la política de manera frívola, como si fuera un tema de farándula y los políticos son tratados como celebridades del momento que se les debe adorar u odiar según lo considere el público. La seriedad con la que debe evaluarse su gestión es reducida, siendo valorado aspectos como su estado civil, la apariencia, los comentarios inadecuados que hizo hacia sus opositores, el cuantificar la cantidad de comentarios que generó su reunión con un homólogo o el presumir que cuenta con gran cantidad de simpatizantes en una red social considerándolo como muestra de ser “muy popular” y con grandes posibilidades de éxito electoral (¿?).

Si el esteticismo y la banalidad determinan la escogencia de un dirigente político, entonces se apoya la mediocridad, descartándose la capacidad de un líder. Los escenarios políticos no se manejan con el inmediatismo y las estímulos automatizados que producen el uso habitual de las redes sociales, requiere una cuidadosa preparación en donde se debe estar dispuesto a admitir los errores y comprometerse a corregirlos, a respetar los protocolos establecidos en el comportamiento político y sobre todo hacer un uso moderado del lenguaje porque el político con su palabra dice quien es, esto último también aplica a quienes opinan sobre política en las redes sociales.

Empero, dentro de la ciudadanía y los mismos grupos políticos existe un desinterés por dejar de polarizar el ambiente político en las redes sociales porque pareciera que es más fácil culpar de todo a los políticos o porque con este medio es más sencillo sacar ventaja sobre el rival. Ambos puntos de vista son errados y carentes de ética, porque el político es un servidor público, un asalariado más dentro de la sociedad, cuyas tareas son muy exigentes y afectan a todo el tejido social por lo que los ciudadanos deben mostrar una actitud equilibrada al igual que los diversos grupos políticos.

Hay que dejar de creer que las redes sociales son la puerta principal de Internet, este medio –si bien muy relevante- es sólo uno de los miles que existen para poder expresarnos y consultar información en la red de redes, cuyo uso está sujeto a las mismas normas del buen comportamiento que aplicamos en la vida real, más aun cuando nosotros consentimos exponernos tal cual como somos. Si vamos a participar con este medio en política debemos ser cautos con lo que decimos porque nuestras palabras también forman parte de lo que somos, un comentario mal intencionado será asociado con nuestra persona y podría ser nefasto.

El aconsejar cautela y moderación no puede seguir siendo considerado como “cobardía” ni “debilidad”, sino como la más elemental de las pautas a seguir en la política y más aún en las redes sociales.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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