Month: December 2014

La necesidad de cuidar el lenguaje.

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El correcto uso del lenguaje, garantiza una sana convivencia social-PFMS-Start Page Images

El buen uso del lenguaje es una virtud que suele subestimarse, no muchos toman en cuenta que su correcto uso puede ser determinante en las relaciones sociales y la modelación de la cultura. Suele estratificarse a los individuos en función a como lo emplean, aún cuando compartan una cultura común las distancias entre los grupos aumentan por eso; esto es un proceso inevitable en la naturaleza gregaria del ser humano que dispone con quien se asocia. El problema es que el uso del lenguaje adoptado por cada grupo, puede volverse críptico para otros quienes se sienten confundidos o tienden ha hostilizar a las agrupaciones que considera “extrañas” y es en este punto donde el mal uso del lenguaje puede convertirse en un arma letal.

Es reduccionista pensar que el mal uso del lenguaje es atribuible a grupos concretos, cuando las jergas -por ejemplo- se extienden en todos los demás miembros y no existe una distinción entre grupos por ellas, dichas expresiones pierden su significado original, amoldándose a la interpretación de cada quién. Comienza creándose una forma de expresarse global que puede empobrecer la comunicación de los miembros de una comunidad; porque adoptar formas exóticas de expresión resulta extrañamente atractivo y hasta transgresor cuando se piensa que las reglas formales del idioma son “opresivas” o “caducas”, peor aun, que se le atribuya su correcto uso como algo perteneciente a élites lejanas y extranjeras.

Tristemente, la raíz original del idioma termina por corromperse porque urge catalogar y significar estas nuevos expresiones, sin advertirse que aunque estén clasificadas los individuos deben respetar el correcto uso del lenguaje, no debería desplazar las formas correcta por otras que resultan alienantes y confusas que a la larga alejan a las miembros de la sociedad dado a que no pueden entenderse. La educación es el remedio para preservar las formas correctas del lenguaje pero se enfrenta con el reto de inculcarlo y convencer a los futuros ciudadanos de no permitir las corrupciones del lenguaje, cuando vivimos constantemente influenciados por la actual vorágine mediática.

El medio moderno siempre está en búsqueda de nuevas formas de expresión que le permita conquistar nuevas audiencias, por lo que no tienen ningún reparo en adoptar formas extrañas e incorrectas del lenguaje con tal de lograr dicho fin. Esas extrañas expresiones nos llegan como algo “bueno”, novedoso, que haga sentir al espectador que está incluido en “algo increíble” y debe desdeñar a quienes se oponen a esta “manifestación de la modernidad”. Por ellos vemos como el argot del mundo criminal, de ciertas subculturas, de grupos étnicos y religiosos, de ciertas agrupaciones juveniles o de asociaciones políticas poco conocidas, terminan llegando a nosotros sin una explicación coherente sobre su uso real y origen.

Solamente porque como no es conocida, es fácil de memorizar y el medio focaliza su significado en algo en concreto que todos pueden asociar para reconocerlo. El mejor ejemplo de ello está, en el mundo político cuando ciertos dirigentes emplean metáforas que identifican con algún término pertenecientes a algún argot específico, creyendo que así puede explicarle mejor al público qué significa una situación en concreto o conquistar la simpatía de una parte de ese público a influenciar, pero el efecto a largo plazo es devastador: la sociedad -por esa mala expresión- se polariza y recrudece la exclusión social, aumenta la incomunicación entre grupos, porque se acusan mutuamente de “expresarse mal”, el respeto se pierde, no existe una interpretación objetiva de los hechos cotidianos y el empobrecimiento del lenguaje de acepta como normal (¿?).

Lo más lamentable es que la mentes infantiles tienden a terminar confundiéndose, sobre todo cuando descubren que para comunicarse con ciertos grupos no puede hacerlo sin “aprender” su forma de expresión particular, es decir en vez de conservarse y respetarse las formas correctas de del lenguaje que actúan como un “canal común” para que todos puedan comunicarse y entenderse, la misma sociedad promueve expresiones autoexcluyentes que apartan a los individuos, que terminan creyendo que son “ajenos a los demás”.

El individuo termina por alienarse debido a esa confusión porque siempre tendrá presente la duda sobre a cuál grupo pertenece o con quiénes puede asociarse, sin que vea menoscaba su educación e identidad. También está en que empieza ha crearse absurdas jerarquías entre grupos que inevitablemente devienen en conflictos o complejos de superioridad, así la estatificación social por causa del lenguaje nos entrega una sociedad más dividida, unos ciudadanos temerosos de relacionarse y poco cooperativos y una cultura empobrecida. No hay que olvidar que el lenguaje también afecta la identidad nacional, una absurda jerarquización por su mal uso termina confundiendo sobre cómo definir la cultura autóctona, que a veces se le vincula con lo peor y actúa como vector en promover los antivalores.

Esa promoción de los antivalores por el mal uso del lenguajes que a su vez trata de definir cómo son los miembros de una sociedad termina por destruir el orgullo ciudadano, desmoralizándolo para que manifieste lo más bajo de sí mismo, convencerlo de que no vale la pena esforzarse por mejorar como persona “porque somos así, un pueblo anárquico” y engañarlo con esta identidad de mediocre. Por ello tenemos tantos talentos desperdiciados, personas desempeñando funciones que en realidad no le interesan pero que el mal uso del lenguaje le convenció de que “para eso era bueno”, individuos trastornados que terminan sucumbiendo al resentimiento o la más grotesca chabacanería, porque un pésimo uso de la palabra le dijo que pertenecía a un grupo especifico y de allí no puede salir ni aspirar a superarse.

Detrás de todo mal uso del lenguaje se esconde determinismos sociales que incomunican y destruyen el progreso social, facilitan la penetración de la mediocridad y el odio hacia la cultura que da el saber, para sobrevalorar una la vulgaridad, lo profano, las historia prosaicas, la más patética banalidad… pero sobre todo desprecia la educación, para ser más exacto, aquella educación que nos inculca que siendo cordiales y corteses con todos se puede garantizar una correcta convivencia social.

La sociedad no puede ampararse en excusas para disminuir la urgente necesidad de respetar la pureza del buen uso del lenguaje, no puede permitirse el que siga consintiendo que términos vulgares y extraños destruyan la comunicación entre sus miembros, ni mucho menos debe consentir que sus más altos representantes sucumban a la tentación de expresarse mal en público y premiarse tanta falta de educación.

La palabra es un instrumento poderoso, como tal debemos ser cuidadosos en su buen uso.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La sociedad no avanza sin la ciencia.

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Es necesario preservar el pensamiento racional-PFMS-Twitter.com

Suele creerse que la ciencia está restringida a individuos “superdotados” capaces de entenderla. Las personas siempre han mantenido una distancia incompresible de ella y sólo la toman en cuenta cuando surge una controversia -que muchas veces no suele partir de una base científica sentada- o cuando sucede alguna calamidad donde se necesita de ella. Pareciera que una parte de la ciudadanía no termina de aceptar que las herramientas con las que hoy contamos, son fruto del arduo trabajo de personas temerarias y talentosas que buscan entender mejor como funciona la realidad. Cierto es, que no todos tienen talento para la ciencia pero no se puede ignorar deliberadamente que sin ella la vida moderna sería una utopía.

Aunque las últimas transformaciones sociales han despertado gran interés por la ciencia, contradictoriamente la distancia hacia ella permanece en muchos círculos sociales y políticos; llevados por prejuicios y apreciaciones erradas de cómo la ciencia puede ser beneficiosa para la sociedad. En realidad todo avance científico tiene un impacto social definitivo, no importa el país. Las herramientas que forman parte de nuestra cotidianidad son fruto de la ciencia. Pero, las ideas erróneas hacia la ciencia mantienen cautiva a la sociedad, ideas que fomentan el pensamiento mágico, las valoraciones anticientíficas, el atraso, la pseudociencia y los mitos.

Quienes predican la exclusión de la ciencia, no entienden que también están aceptando otra forma de ignorancia peligrosa. Es negar la realidad que sustenta el presente siglo y que ha permitido el éxito de tantas naciones; pero sobre todo es una práctica siniestra de disminuir la calidad de vida de la ciudadanía, porque se les priva de medios con los cuales podrían ser más productivos y acceder a mejores condiciones materiales que garanticen una existencia digna, a parte que reprimen los talentos locales que serían útiles para el progreso no tan solo de la ciencia, sino de toda la sociedad.

Estarían creándose perniciosas condiciones que atrofiarían las capacidades competitivas de que debe tener un país, y que no permitirían aprovechar la máxima capacidad de sus recursos lo cual lo sumergiría en dependencias interminables del exterior porque sus ciudadanos tendrían solamente acceso a medios rudimentarios que limitarían su desarrollo y mantendrían ociosos los potenciales nacionales. Además una sociedad sin suficiente desarrollo científico como puede opinar -sin errar- de ciencia; actualmente muchos descubrimientos son objetos de intrincados debates que requieren una alta preparación para poder encontrar soluciones equitativas que permitan una adecuada regulación, sin los conocimientos adecuados, cualquier nación nunca será coherente en sus opiniones y será víctima de los más lamentables ridículos.

Si se mantiene ignorante de la ciencia nunca podrá participar, porque su opinión no es objetiva. Tras esa deliberada oposición hacia el progreso científico se esconde los peores aspectos del ser humano: el egoísmo, una recalcitrante ortodoxia social, dependencia de dogmas caducos, partidización del conocimiento científico e indiferencia hacia el desarrollo local. Actualmente las crisis que sufren tantas naciones se pretenden resolver con improvisaciones que no son efectivas, crisis que solo con profesionales adecuados podrían solventarse y satisfacer las exigencias de la sociedad; pero la actitud intransigente de ciertas figuras políticas y sociales impiden que dichos profesionales se desarrollen.

En este punto cabe preguntarse ¿por qué se tiene temor al progreso?, ¿por qué la sociedad conciente que los factores de atraso destruyan su futuro?, ¿es que nadie se da cuenta que sin profesionales capaces una sociedad se limita en opciones?… Sea cual sea la causa lo cierto es que la sociedad debe tomar la ciencia como parte de ella y no distraerse con “soluciones mágicas” e irreales que son fruto de la charlatanería más grotesca. El pensamiento mágico nunca servirá para resolver problemas que requieren herramientas y estudios precisos, simplemente creará expectativas perversas que mantendrá en el atraso a todos y privilegiará a unos pocos.

Tal situación prolongará los problemas existentes y harán imposible el equilibrio social porque mientras no haya soluciones ajustadas a la realidad, nunca la ciudadanía estará satisfecha. Verá mermada su calidad de vida, la destrucción de los servicios, el atraso de la educación por falta de ideas renovadoras, la inmigración de sus profesionales más capaces y el conjunto de la sociedad estará rezagada. El atraso disminuirá su capacidad para adaptarse a los retos del presente siglo y el emplear la represión no será efectivo porque esos problemas rebasarán al sistema imperante ante la falta de soluciones reales.

La sociedad no debe seguir autoexcluyéndose del debate científico, porque conociendo la ciencia -por muy difícil que parezca- se aclara sus dudas y se libera de mitos, además de que puede resistir eficientemente la charlatanería. A parte de que las sociedades que aceptan y apoyan la ciencia tienen garantizado un futuro mejor, para ello debe amar al conocimiento, librarse del temor al debate intelectual que exige el pensamiento científico

De esa manera evitamos el atraso y los excesos en que puede incurrir el mal uso de la ciencia.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Las redes sociales no son un espacio político.

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Las redes sociales pueden provocar una polarización política peligrosa-PFMS-Start Page Images-

“En los medios sociales por Internet no importan tus parámetros de privacidad, se tomará en cuenta todo lo que hagas. Todo es público”

                                            Ernesto Priego, Editor de The Comics Grib

“No necesitas 5.000 amigos en Facebook para saber que los medios sociales de Internet pueden tener una mezcla notable de rumores, chismes y desinformación”

                                                       Adam Rawnsley, periodista

La política no es un tema fácil, mucho menos debatir equilibradamente sobre él. Generalmente quienes no poseen una preparación adecuada sobre la materia, creen que solamente con imponer su punto de vista se es un “buen estadista” y no es así. La política -como ejercicio- es un tema que requiere mucha concentración, evaluar amplios escenarios y contar con una visión a largo plazo, sobre todo exige un gran esfuerzo para mantener la sensatez en todo momento, -especialmente en los momentos más difíciles- pero también pone a prueba la honestidad del político, quien debe corresponder tanto como pueda con sus ciudadanos.

El debate político siempre está sujeto a reglas claras que todos cumplen y aceptan, porque la política es un acto racional, quienes la ejercen dejándose llevar por la emotividad no pueden ser considerados buenos representantes políticos, necesitan más experiencia hasta que aprendan a dominarse. Desafortunadamente las mismas contradicciones de la naturaleza humana así como los cambios en la historia, pueden trastocar la conducta de los dirigentes y es allí donde un nuevo actor puede cambiar dramáticamente los acontecimientos: las redes sociales. Este invento terminó –erróneamente- siendo considerado un espejo de toda la sociedad, cuando ellas sólo son una pequeña parte de la complejidad mediática del presente siglo.

Sin embargo, su fácil interactividad y grandes posibilidades de ubicuidad, han permitido que muchos estén convencidos de que las redes sociales son la única cara visible de la red en el mundo político. También está el hecho de que la comunicación con ellas se hace más dinámicas incluido el uso de elementos simbólicos –los llamados “memes” o caricaturas digitales, por ejemplo- de gran repercusión social. En este espacio virtual es sencillo marcar tendencias y modelar la opinión pública en torno a un tema, según el estado de ánimo de la “audiencia”. Están más valorados los factores emocionales, deseos y la reactividad de los internautas en ellas que los juicios objetivos y opiniones serias.

En pocas palabras, sólo porque es más fácil interactuar por este medio es sobrevalorado su efectividad para considerarlo como un espacio adecuado para el debate político; una apreciación sustentada en el “efecto de cercanía” que produce las redes sociales en la psiquis, que es potenciado por la posibilidad de que cada actualización está sujeta al tiempo real. Lo anterior es evaluado dentro de parámetros técnicos, empíricos, comunicacionales y sensitivos no políticos, porque un auténtico espacio político está sujeto a reglas que limitan los excesos y constituyen un clima de confianza que permiten valorar las opiniones de los distintas posturas, eso incluye un respeto absoluto a su punto de vista.

La realidad política en una red social es opaca, muy influenciada por la mutabilidad de opiniones que no necesariamente se ajustan a la realidad, porque la mayoría de los comentarios parten de acciones automáticas, emotivas o dirigidas. Son pocas las opiniones que parten del pensamiento, del uso coherente de los sentidos de la mano con la racionalidad, casi todos parten de la reactividad y de tomar en cuenta lo que siente o quieren hacer sentir en el público, no lo que piense. Quien conoce del poder de la palabra puede distinguir cuando “alguien pensó y escribió” de quien no, pero esto es un talento restringido a pocos, porque la mayoría sigue sin comprender que la palabra es pensamiento en acción siendo un instrumento muy poderoso.

Una red social en política actúa como un muro de contención en donde los ciudadanos demasiados apasionados, desahogan sus malestares sin que estos se traduzcan en acciones concretas en el mundo físico y manteniendo intacto al Poder porque todo dirigente sabe lidiar con las pasiones exacerbadas, sin que esto represente gran preocupación para él. Aunque la situación se trasladase al plano físico es fácil para las autoridades conocer de antemano –según las tendencias, datos de geolocalización, frecuencia con que se comenta un tema específico…- cómo esta va a desarrollarse y reducirla sin dificultad o cambiar el discurso inicial por otro aparentemente conciliador o acusador, mientras se traza un plan para aplicar una medida especifica en otro momento más ventajoso.

Esas supuestas “victorias ciudadanas” en algunas circunstancias no pasan de ser un simple retroceso momentáneo. Paralelamente, la política en una red social siempre está fuertemente influenciada por la ausencia del respeto al punto de vista contrario, porque en este medio no hay un mecanismo de control que parta de los administradores que detecte y/o sancione a un infractor, todo depende de una denuncia previa de otro internauta. También se presentan casos donde más de un internauta puede convertirse en cómplice de otro(s) si estos dicen algo con lo que concuerden, aquí tampoco los mecanismos tienen una celeridad para identificar y castigar al infractor, más allá de suspender “una cuenta” en conformidad con el número de denuncias reportadas y que sea coincidente con infracciones de términos de uso de la red social.

Los mecanismos existentes son limitados y represivos, no son contundentes y punitivos porque las mismas limitaciones técnicas, las diferencias culturales, los pocos acuerdos entre las autoridades y dueños de las redes sociales, así como las lagunas legales de sus propias normas hacen complejo poner orden en el espacio social. Con tales dificultades los infractores tienen la sensación de que no hay reglas en las redes sociales, que en ellas son inmunes a las consecuencias, creando un clima de permanente hostilidad para opiniones más moderadas, pero en cambio se aplican las leyes digitales de cada país, que algunos desconocen o pretenden ser inmunes a ellas. Los ambientes adecuados para un debate político, no admiten este tipo de participaciones porque lo que interesa es lo que piensa el político sobre un tema a tratar, ya que de ello depende el bienestar o el fracaso de su gestión.

Asimismo en las redes sociales se maneja la política de manera frívola, como si fuera un tema de farándula y los políticos son tratados como celebridades del momento que se les debe adorar u odiar según lo considere el público. La seriedad con la que debe evaluarse su gestión es reducida, siendo valorado aspectos como su estado civil, la apariencia, los comentarios inadecuados que hizo hacia sus opositores, el cuantificar la cantidad de comentarios que generó su reunión con un homólogo o el presumir que cuenta con gran cantidad de simpatizantes en una red social considerándolo como muestra de ser “muy popular” y con grandes posibilidades de éxito electoral (¿?).

Si el esteticismo y la banalidad determinan la escogencia de un dirigente político, entonces se apoya la mediocridad, descartándose la capacidad de un líder. Los escenarios políticos no se manejan con el inmediatismo y las estímulos automatizados que producen el uso habitual de las redes sociales, requiere una cuidadosa preparación en donde se debe estar dispuesto a admitir los errores y comprometerse a corregirlos, a respetar los protocolos establecidos en el comportamiento político y sobre todo hacer un uso moderado del lenguaje porque el político con su palabra dice quien es, esto último también aplica a quienes opinan sobre política en las redes sociales.

Empero, dentro de la ciudadanía y los mismos grupos políticos existe un desinterés por dejar de polarizar el ambiente político en las redes sociales porque pareciera que es más fácil culpar de todo a los políticos o porque con este medio es más sencillo sacar ventaja sobre el rival. Ambos puntos de vista son errados y carentes de ética, porque el político es un servidor público, un asalariado más dentro de la sociedad, cuyas tareas son muy exigentes y afectan a todo el tejido social por lo que los ciudadanos deben mostrar una actitud equilibrada al igual que los diversos grupos políticos.

Hay que dejar de creer que las redes sociales son la puerta principal de Internet, este medio –si bien muy relevante- es sólo uno de los miles que existen para poder expresarnos y consultar información en la red de redes, cuyo uso está sujeto a las mismas normas del buen comportamiento que aplicamos en la vida real, más aun cuando nosotros consentimos exponernos tal cual como somos. Si vamos a participar con este medio en política debemos ser cautos con lo que decimos porque nuestras palabras también forman parte de lo que somos, un comentario mal intencionado será asociado con nuestra persona y podría ser nefasto.

El aconsejar cautela y moderación no puede seguir siendo considerado como “cobardía” ni “debilidad”, sino como la más elemental de las pautas a seguir en la política y más aún en las redes sociales.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x