Como la sociedad contemporánea moldea un héroe.

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El héroe siempre ha sido moldeado por la sociedad-PFMS-Lukol Images.

Los elementos que constituyen la esencia del héroe siempre cambian conforme las sociedades evolucionan. Las visiones del mundo nunca son iguales en los distintos ciclos históricos de cada nación y los valores también mutan para mantener el equilibrio social; por lo tanto los roles que ocupan los ciudadanos en la sociedad sufren transformaciones para adaptarse. No obstante, la figura heroica ha sucumbido a la artificialidad, las sociedades modernas con su acelerado ritmo necesita crear héroes “cercanos” a las personas. Esos personajes que mantenían una “jerarquía” con sus adeptos, no resultan atractivos en una era donde impera la independencia individual y el acceso a mecanismo de presión colectivos. El héroe tendrá que aparentar ser un hombre común -con sus preocupaciones y conflictos- si quiere permanecer en la mente de los ciudadanos.

Como hombres comunes deberá lidiar con un ambiente social contradictorio, que avanza con rapidez y deja poco espacio para pensar. El hombre moderno sigue siendo impotente ante las paradojas del mundo en que vive, quisiera hacer más de lo que sus esfuerzos finitos le demandan más termina sucumbiendo a la rutinización, los héroes que “sobreviven” en esta realidad toman la iniciativa ya no por ideales sino para oponerse a esa rutinización. Actúan conforme a su interpretación personal de la realidad y prefiere no sujetarse ni a un código de conducta ni a las leyes porque cree que los ideales trascendentes de sociedades apoyadas en un “bien absoluto” son caducos.

Su proceder es visto por otros como un reflejo de lo que quisieran hacer pero no se atreven, evidente síntoma de la represión de quienes están identificados con ellos. Las personas lo adulan porque representa su deseo inhibido de aplicar justicia por sus propias manos, reflejando el grave descontento que impera hacia las instituciones gubernamentales y el rechazo hacia su burocracia. El simple hecho de que exista una persona capaz de desafiar al crimen y a la autoridad con éxito, es visto como un triunfo en esas individualidades disconformes, habrá quienes “inspirados” por él lo imiten o solo verán al héroe como una esperanza de que alguien podrá resolver un problema sin requerir de su participación. El héroe contemporáneo carga los deseos reprimidos e inhibiciones de la sociedad, más que la certidumbre de conquistar un modelo social superior donde el mal y el egoísmo seas superados definitivamente.

Como son tantas las angustias, discordancias e insatisfacciones las que todavía impera en la sociedad, el héroe moderno garantiza de que alguien muy osado hará lo que la gente con autoridad no hace, ya sea por inacción o limitaciones legales, sin medir las consecuencias pero logrando satisfacer una ciudadanía bárbara porque él es libre de disponer como resolverá los desafíos estando en muchas ocasiones lejos de hacer el bien y justificando el mal –matar, por ejemplo- porque no encontró otro medio. Igual eso no importa ante la necesidad de la gente de que sea satisfecho su deseo de que exista un poder superior fuera del alcance de las leyes, la moral y la ética que disponga la resolución efectiva de un conflicto aun cuando los métodos no son los más idóneos. La figura heroica contemporánea es opaca y cuenta con la complicidad de las personas.

La sociedad de consumo tampoco contribuye, con su urgente búsqueda de elementos que le permitan crear personajes conforme a las fantasías que tiene el consumidor, eso incluye a los héroes, quienes son modelados por las exigencias de un mercado ávido de nuevas experiencias. Los límites morales del mercado en esto último no existen porque a su entender es el consumidor quien le da los recursos, yo los satisfago. Como la búsqueda del placer no posee tampoco límites los consumidores se entregan rápidamente a saciar sus apetitos, sin entender que dichas ilusiones nunca serán resueltas con productos sino con una adecuada interiorización; sin embargo nuestros sentidos están demasiado acondicionados a prestar atención a lo exterior que a los detalles.

De esa avalancha de ofertas de modelos, los individuos contrarios a la lógica del consumo y que creen ser “inmunes” a su influencia invocan a sus héroes quienes se presentan como “luchadores sociales dispuestos a vencer la tiranía” – en esto ultimo, no especifican quien es el tirano- a cumplir el rol de “despertar a una masas inertes destinada a derrotar a un sistema mundial que nos mantiene hipnotizados con el materialismo” (¿?). Obviamente, el mercado no considerara a este personaje como una amenaza sino como una oportunidad de hacer negocios y reutilizara su imagen para obtener beneficios. Quiérase o no el héroe con características subversivas no es alguien a quien se tomen en serio porque las personas viven más preocupadas por su propia condición y en lidiar con la burocracia, que consideran un “utopista” un personaje así.

La búsqueda de utopías siempre han terminado en terribles tragedias, y a los ciudadanos les aterra semejante posibilidad por eso rechazan o disminuyen discursos de este tipo. No así en individuos resentidos quienes se identifican con estos héroes, porque reflejan su odio hacia la sociedad que a su juicio los excluye y margina. Dada esa condición no es entonces rechazable que existan puntos de vistas que consideran que la lucha social debe ser llevada con prudencia, libre de apasionamientos y cultos a una persona.

Los héroes modernos lejos de ser individuos que encarnen los valores humanos, los aspectos más luminosos de la naturaleza humana son personajes oscuros, complejos y contradictorios. Rompen todas las reglas porque no saben como encauzar su disconformidad hacia la sociedad, les gusta ser adulados y cubrir su imagen con un aura de misterio. Son ambiguos, con remordimientos y rencores que no saben enfrentar prefiriendo evadirse en sus aventuras para no admitir que tienen un serio problema interno. Saben que no hacen ni bien ni mal porque han aceptado ser depositarios de la esencia de la sociedad que sabemos es paradójica.

Como son individuos negados a vivir como hombres comunes, quieren convertirse en dioses, quieren escapar del vacío de la existencia urbana y oponerse a la cosificación que es sujeto el individuo contemporáneo. Rechazan el estar sometidos a la rutinización y las banalidades, adopta sus aventuras para reafirmar su identidad contraria al orden establecido aunque sin aspirar a cambiarlo ni mejorarlo.

Piensa que las leyes y normas sociales no se aplican a él porque considera que es un individuo “especial”, dado que se atreve a tomar acciones que nadie es capaz de llevar a cabo; no obstante su irresponsable individualismo envía un mensaje negativo a la sociedad que dice “servir y proteger”, porque dicha sociedad es un acto de civilización que ha permitido el progreso, mientras que los individuos que viven al margen de ella defienden el barbarismo, y la aplicación subjetiva de la justicia, que claramente es contrario a un ser humano civilizado.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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