Month: November 2014

La arremetida del anti-intelectualismo.

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Sin riqueza intelectual auténtica, el individuo puede ser manipulado-PFMS-Start Page Images.

La intelectualidad ha tenido que soportar las presiones de una sociedad cada vez más mediatizada y reactiva; una sociedad que muestra desinterés por los hechos objetivos y más por las explicaciones superficiales. El estudio metódico de la realidad nunca se podrá considerar auténtico sino hay una adecuada preparación intelectual; ésta garantiza que el individuo podrá contar con herramientas variadas para comprender su entorno y evitar ser manipulado. Pero, el tener un alto desarrollo intelectual, a veces es visto como una amenaza para ciertas personas que consideran incómodo las capacidades de otros ya sea por envidia, intolerancia o porque la banalización de la realidad es dominante. Es una etiqueta absurda el considerar a los individuos más notables como “paranoicos” o “arcaicos” por expresar opiniones contrarias a aquellas tendencias socialmente aceptadas.

Sobre todo, en momentos de grandes tensiones políticas en donde es muy necesario el consejo de las personas más capaces, porque ellas son las garantes de que la mesura -no la barbarie- podrá encontrar las soluciones más sabias. No obstante, sus observaciones tienen que soportar el asedio de críticas sin fundamento cuyo único “argumento” es el insulto, la sistemática exclusión por desaprobar la violencia, disminuir sus capacidades porque se prefiere a los “valientes”, antes que a las personas inteligentes que propongan acciones menos arriesgadas, considerándolos “débil” o “miedoso” porque prefieran el diálogo y la diplomacia para la resolución de cualquier conflicto.

El presente siglo vive contradiciéndose, porque al hablarse de una sociedad del conocimiento, entonces es necesaria más intelectualidad, sin embargo al ciudadano se le satura de estímulos que despiertan su bestialidad, las más bajas pasiones, para que se convierta en un ser reactivo y no ejercite la reflexión, que apruebe el escándalo en vez de la objetividad, que odie la sensibilidad y prefiera la carnalidad, que desprecie el buen uso de la palabra y opte por la fuerza para obtener lo que quiera.

Reducir al individuo a ser un guiñapo moral para después reprimirlo. La intelectualidad no busca soluciones pasajeras sino definitivas, no necesita de discursos simplistas sino coherentes y sinceros, tampoco niega la complejidad que entraña la existencia humana decantándose por emplear los medios más didácticos para comunicar sus ideas, en vez de los efectistas. Por ello el intelectual, nunca va a ser una persona “obvia” porque ha trabajado su conciencia y evita los factores que la empobrece. Ser intelectual no es una profesión ni un privilegio, es una capacidad que se desarrolla por interés sincero del individuo. Quienes rechazan la intelectualidad y la reflexión representan la mediocridad, el primitivismo mental, porque nunca han hecho un esfuerzo por comprender la realidad sino viven conformados, siendo parte de una masa amorfa carente de creatividad.

La intelectualidad no busca el camino fácil, sino el más didáctico el que eleve al hombre por encima de sus propias miserias algo incompresible para quienes atacan a quienes dedican su vida a ello con argumentos como “los intelectuales son aburridos”, “no les gusta disfrutar de la vida”, “de tanto pensar se van a volver locos”, “hablan con palabras que ni ellos mismos entienden”… falacias propias de individuos alienados por una sociedad que no termina de sincerarse a enfrentar las causas de su propia indigencia moral, porque prefiere continuar en un mundo donde impere la polarización social, la atrofia mental, la chabacanería, el ansia de fama por encima de la profesionalización. Prefiere que sigamos inmersos en un mundo que imposibilite la transformación colectiva de la ciudadanía alegando que es una utopía porque el ser humano es imperfecto.

La realidad es que somos imperfectos porque nos dejamos convencer con eso, si renunciáramos a dicha convicción nos daríamos cuenta de nuestras autenticas posibilidades. La intelectualidad conlleva a renunciar a dichas convicciones, a cambiar de formas de pensamientos, vivir de un constante aprendizaje y hacer un gran ejercicio de humildad atributos que distingue a una persona bien ilustrada.

El baluarte de todo intelectual es la cultura y un amor irrenunciable a ella, especialmente a una cultura que libere a la humanidad de su pobreza interior, una cultura que reconozca al espíritu humano como centro de su existencia. Liberado de tediosos dogmas, falacias y mentalidades supersticiosas. Una cultura que no se encuentre secuestrada por la mediatización ni el empobrecimiento de la misma que este disponible para todos teniendo como objetivo el hacernos avanzar y desarrollar nuestros auténticos talentos, que no promueva el odio, la rivalidad entre los seres humanos, ni la exclusión. Que la única riqueza por la cual valga la pena arriesgar todo sea el conocimiento al servicio del progreso humano. Hay que entender que el mundo moderno existe porque seres geniales comprendieron que el pensamiento transforma el mundo, y es una ingratitud de parte de la humanidad despreciar la intelectualidad porque no es incapaz de renunciar a sus hábitos perniciosos.

Hábitos que buscan satisfacer placeres pasajeros, que no conducen sino a la esclavitud mental, a vivir aferrados a dogmas inútiles y a no prestar atención a lo que realmente importa; sobre todo la anti-intelectualidad ignora la meritocracia premiando a los peores individuos, los más mediocres que posteriormente serán los azotes de la humanidad. Más penoso son los individuos que dedicándose a las letras no tienen ningún reparo en promover la lujuria, los antivalores, la superchería y el odio para después autodenominarse intelectuales. Individuos que gozan de fama, reconocimiento y ser sus obras “grandes bestsellers” pero carecen de sustancia, de un estilo innovador que enriquezca la cultura, que realmente se sienta en cada página un sincero interés por compartir una experiencia o una visión de la realidad que amplié los horizontes del pensamiento.

Son plumas frágiles y pasajeras, porque con rapidez se popularizan pero –irónicamente- se desvanecen con la misma velocidad. No permanecen en la memoria colectiva, dependen de todo un entramado mediático para existir y de interminables secuelas. Sus objetivos como escritores son los mismos que promueven los factores alienantes de la sociedad: vivir de los placeres pasajeros, no de enriquecer la cultura.

Resulta lamentable que viendo los potenciales que poseemos para promover una intelectualidad mejor preparada y comunicada, preferimos tener mentes trocadas que viven presionadas por el “exceso de velocidad” de la sociedad contemporánea. Los medios técnicos destinados para mejorar la educación –paralelamente- enferman el ambiente social con intereses mezquinos. Pareciera que premiar la banalidad y la vulgaridad es el objetivo, deshumanizar cuanto se pueda con tal de no permitir ni pensar ni vivir. Reprimir el esfuerzo intelectual porque -a los ojos de algunos- es un acto criminal el pensar de forma crítica e independiente de los dogmas y grupos dominantes, aquí cabe preguntarse: ¿y como podemos hablar de libertad si tememos a nuestro propio pensamiento?, ¿para que se lucha por la libertad si se tiene ocultos grilletes peores que los que ya aprisionan?, ¿por que nos autodenominamos “ser una especie civilizada” si nos comportamos como bestias asesinas?…

Ninguna excusa vale para que incluso en este siglo los esfuerzos colectivos estén dirigidos a la destrucción moral de la humanidad, a menospreciar las enseñanzas de la historia y tergiversar los hechos que deben ser evaluados objetivamente porque se trata a los ciudadanos como memos, no como seres pensantes.

La lucha social que protagoniza un verdadero intelectual –casi en solitario, y no exento de amarguras- es tener una ciudadanía más ilustrada, capaz de reconocer el verdadero arte, que promueva las transformaciones sociales dentro de un camino realmente pacífico y que renuncie definitivamente a prestar atención a mensajes destructivos y esclavizantes.

Conveniente citar las palabras de la escritora libanesa Joumana Haddad (diario venezolano El Universal ).

“La literatura “enriquece la conciencia y, cuando la conciencia se vuelve fuerte, (…) se puede aspirar a una vida mejor”.

“Necesitamos aprender y conocer las opciones y sin literatura no las podemos conocer como seres humanos” aseveró.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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La responsabilidad ciudadana en el ascenso de un caudillo.

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Los caudillos obtienen su Poder a base de manipular a la ciudadanía-PFMS-latercera.com

Los líderes de una sociedad reflejan la mentalidad de la ciudadanía. Sin importar la época, quienes dirigen un país proyectan las aspiraciones que tienen sus ciudadanos aun cuando mucho de lo que decidan pueda partir de una determinación individual, un gobernante sabe que todo lo que haga tiene profundas consecuencias. No así en el caso de los caudillos, quienes toman el Poder para satisfacer sus caprichos y delirios seudo ideológicos a fines de estar en abierto conflicto con el ambiente social, pero suele creerse erróneamente que la incompetencia del caudillo es culpa exclusiva de él cuando la realidad nos muestra que el gobernar es una responsabilidad compartida tanto de los ciudadanos como de los gobernantes. La ciudadanía marca límites a sus gobernantes a través de una opinión objetiva y civilizada.

El dilema que enfrenta toda sociedad es que los ciudadanos casi nunca asumen su responsabilidad al tratar las decisiones gubernamentales desfavorables, las personas establecen una “distancia cómoda” y amparándose en el complejo de la víctima, prefieren creer que el mal gobernante actúa de esa manera por su propia convicción mientras deshoga su descontento de forma directa y desorganizada. Los ciudadanos creen que el ascenso del mal es obra de una entidad camuflada que “envenena” a personajes clave en la política y no por causa su desinterés por colaborar en fortalecer las instituciones democráticas presentando propuestas alternativas y organizándose dentro de un eje común, que vele por impedir que los menos capaces sean los que gobiernen.

Los aspectos negativos que condicionan la mentalidad de la gente pueden favorecer a que los caudillos las usen a su favor. No es exclusivamente manipular explotando los sentimientos más bajos, si no aprovechar la pobre autoestima y el desprecio que tengan los ciudadanos a sí mismo los que le da posibilidades de avanzar, sacar partido de los momentos de mayor vulnerabilidad. Ciertamente, las necesidades de cada país pueden sobrepasar la limitada capacidad que posee el ser humano para mantener el equilibrio emocional necesario y actuar sabiamente ante los hechos políticos empero, es precisamente el debilitar dicho equilibrio interno lo que también un caudillo usa para vencer. Si una ciudadanía sucumbe a su táctica de desesperarse, limitarse a la queja, distraerse, recluirse al ostracismo cotidiano o aprovechar económicamente el clima hostil que crea el caudillo, será más difícil vencerlo.

Los caudillos no obtienen el Poder sin apoyo, también pueden sobrevivir con él aunque los ciudadanos lo rechacen porque tienen control sobre el sistema y la obediencia de sus funcionarios. Son expertos en convencer de que ellos son necesarios porque parte de la gente guarda resentimientos y deseos revanchistas que hace que se vuelvan sus cómplices, si este apoyo se agotara tampoco sería garantía de que su era sea superada, porque mientras exista deseos de venganza otro caudillo podría aprovecharlos para su beneficio, manteniendo al país en un ciclo pernicioso de luchas interminables por el Poder. Los ciudadanos deben convencerse que un país reconciliado, podrá superar los caudillos, si se mantiene dividido y cada parte atribuyéndose alternativamente los papeles de victima-enemigo, entonces estará atrapada.

En este último punto, hay que recordar que el caudillo cuando detecta que una parte de la ciudadanía acumula rencores la aprovecha para mantener dividida indefinidamente a la sociedad y permanecer en el Poder. Cualquier intento de reconciliación le aterra tanto como perder el Poder porque significaría que su discurso de odio no surte efecto al mismo tiempo que le privaría de la posibilidad de regresar al Poder. Los ciudadanos, a pesar de sus diferencias, deben comprender que todos los miembros de la sociedad son necesarios. Nunca podrán construir un país mejor creyendo que un grupo es superior que otro, eso también es facilitarle al caudillo su permanencia en el Poder porque el caudillo siempre “secuestra” la voluntad colectiva alegando que es él -y nadie más- la encarnación de dicha voluntad por lo que ella no actúa si no lo ordena.

La única manera de que el caudillo sea superado es, que los ciudadanos se sinceren consigo mismos, deben darse cuenta de sus propios errores y corregirlos. No existe un método infalible, pero podría comenzarse con aquellos aspectos derrotistas que a veces suelen mermar la voluntad de actuar –por ejemplo, que nunca se podrá tener un país avanzado porque “somos así”– Hay que dejar de creer que la política es un oficio nefasto, que sólo los más temerarios pueden asumir o relegar el trabajo de hacer política exclusivamente a los partidos políticos. El reducir la política a una especie de “casta selecta” permite a los caudillos conquistar el Poder.

También es necesario entender que las transformaciones sociales son un proyecto a largo plazo, un ejercicio de constancia y paciencia que depende más de la vigilancia ciudadana que relegar exclusivamente a los gobernantes la tarea. Sobre todo un auténtico cambio social será posible si hace desde la reconciliación de todos los sectores de la sociedad, sin emplear la venganza o el arribismo.

El ciudadano debe comprender que su participación no debe limitarse a los periodos electorales, sino que es un ejercicio constante el velar por la solidez de la democracia.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Reflexiones sobre el antihéroe.

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Akira, individuos sin valores pueden ser arratrados por situaciones extraordinarias-PFMS-Star Page Images

El antihéroe es un personaje peculiar dentro del universo heroico porque no esta suscrito a ningún lineamiento moral claro. Viven dedicados a satisfacer sus intereses los cuales son divergentes al del colectivo y son volubles si se trata de apoyar una causa. Los antihéroes surgen ante el desgaste de la figura heroica tradicional y los contradictorios mensajes que envía la sociedad contemporánea, que no permiten estructurar correctamente nuevos códigos morales y éticos adaptables a la época lo que conlleva a tener ciudadanos ambiguos o laxos tendientes a la practicidad. Este personaje aprovecha el arcaico estado de la moral vigente para burlar las leyes, es decir, un personaje que sabe reconocer las vulnerabilidades del sistema para “salirse con la suya”.

En la historia humana los antihéroes tienen participación en el desarrollo de grandes acontecimientos, pero sus acciones han sido eufemísticamente catalogadas de “acciones justificables dadas las circunstancias” a pesar de su evidente falta de juicio y de humanidad. Son los más desafortunados protagonistas que construyeron una reputación de “grandes hombres” a costa de terribles sacrificios humanos, movidos por el deseo de encumbrarse de gloria perjudicando a los demás. Desafortunadamente, aunque muchos son evidentes criminales todavía existen grupos de ciudadanos que los exculpan porque ellos representan sus resentimientos hacia la sociedad o su enfermizo deseo de obtener el Poder.

Los antihéroes no son personas aptas para cumplir roles heroicos por su evidente egoísmo, siempre buscan su propia supervivencia sin importarles que deben sacrificar o a quien perjudicar. Hay ocasiones en que son arrastrados por circunstancias extraordinarias e incompresibles para él, obligándoles a reaccionar con rapidez. Pueden ser metáforas de aquellas “victimas” de la descomposición social que carentes de una correcta educación moral e incapaces de desentrañar los engaños de los antivalores optan por crearse un código de conducta que siempre es contrario al bien y el respeto ajeno.

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The Punisher, los antihéroes viven al margen de la sociedad-PFMS-StarPage Images.

Un mito recurrente de este personajes es que siempre prosperan en ambientes dominados por el mal y el crimen, en realidad el antihéroe puede ser cualquier individuo que se considera un “perdedor”, que sufre de alguna carencia interior muy grande, o guarden rencores hacia alguien o hacia un grupo especifico de la sociedad mostrándose solamente condescendiente con personas afines a sus frustraciones o con un pasado similar. En esto último no existe un “patrón de afinidad” porque ciertos antihéroes incluso pueden colaborar con otros totalmente opuestos a su forma de ser. Dada su complejidad interior, puede considerarse –para algunos- personajes “muy humanos” porque no se sienten cohibidos para comunicar ciertas conductas rechazables, más bien, las justifican y alegan que por eso son más “honestos que los demás”.

Son individuos morbosos y abiertos a explorar todo lo que sea prohibido, vanagloriándose de ello “porque se atreven, mientras los demás no”. Siempre serán renegados en abierto conflicto con la sociedad la cual no ven sino como una molestia, quizá se le atribuya el papel de rebelde hasta el punto de iniciar movimientos subversivos los cuales traicionará o corromperá con su egoísmo, es un individualista sin remedio. Algunas veces se permite ciertos actos de nobleza o colabora con el bien por interés, simpatía o para hacer frente a una amenaza en común aunque pasada la circunstancia volverá a su vida errante y díscola. Ellos son seres desarraigados, sin objetivos, viven amparados en excusas y su opacidad moral le causa remordimientos.

Ocasionalmente tomará caminos redentorios para renacer en una persona mejor, menos imperfecta y altruista sin embargo los malos hábitos nunca lo abandonan y apenas se presente la oportunidad volverá a ser quien era. Su mayor impotencia es que la redención no lo regenera sino que actúa como un consuelo pasajero, una ilusión que la engaña para después devolverlo a la realidad viciosa en que siempre vive; si algo demuestra un antihéroe es que el nunca podrá escapar de sus miserias ni de sus culpas. La contradicción será su característica más resaltante.

Vivir al margen es su mayor talento, pueden sobrevivir en cualquier circunstancia extrema y no temen al castigo por sus acciones. No son valientes, sino irreflexivos, sus “hazañas” demuestran que nunca evalúan la realidad que les rodea. Simplemente reaccionan, como bestias asustadas, ante el peligro. Traicionar es otro de sus instrumentos predilectos, nunca tienen relaciones duraderas y sinceras porque él crea el clima perfecto para el engaño y la desconfianza, como consecuencias se sienten aislados, impotentes porque no pueden integrarse y son incapaces de desarrollar el sentimiento de pertenencia.

El antihéroe como arquetipo social demuestra la urgente necesidad de reconsiderar nuestras conceptos de bien y mal, de moral y ética. Sobre todo de cómo formamos a los ciudadanos del mañana, porque los mensajes contradictorios junto con los antivalores, pueden entregarnos individuos alienados y confundidos que consideraran su existencia una angustia interminable.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Como la sociedad contemporánea moldea un héroe.

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El héroe siempre ha sido moldeado por la sociedad-PFMS-Lukol Images.

Los elementos que constituyen la esencia del héroe siempre cambian conforme las sociedades evolucionan. Las visiones del mundo nunca son iguales en los distintos ciclos históricos de cada nación y los valores también mutan para mantener el equilibrio social; por lo tanto los roles que ocupan los ciudadanos en la sociedad sufren transformaciones para adaptarse. No obstante, la figura heroica ha sucumbido a la artificialidad, las sociedades modernas con su acelerado ritmo necesita crear héroes “cercanos” a las personas. Esos personajes que mantenían una “jerarquía” con sus adeptos, no resultan atractivos en una era donde impera la independencia individual y el acceso a mecanismo de presión colectivos. El héroe tendrá que aparentar ser un hombre común -con sus preocupaciones y conflictos- si quiere permanecer en la mente de los ciudadanos.

Como hombres comunes deberá lidiar con un ambiente social contradictorio, que avanza con rapidez y deja poco espacio para pensar. El hombre moderno sigue siendo impotente ante las paradojas del mundo en que vive, quisiera hacer más de lo que sus esfuerzos finitos le demandan más termina sucumbiendo a la rutinización, los héroes que “sobreviven” en esta realidad toman la iniciativa ya no por ideales sino para oponerse a esa rutinización. Actúan conforme a su interpretación personal de la realidad y prefiere no sujetarse ni a un código de conducta ni a las leyes porque cree que los ideales trascendentes de sociedades apoyadas en un “bien absoluto” son caducos.

Su proceder es visto por otros como un reflejo de lo que quisieran hacer pero no se atreven, evidente síntoma de la represión de quienes están identificados con ellos. Las personas lo adulan porque representa su deseo inhibido de aplicar justicia por sus propias manos, reflejando el grave descontento que impera hacia las instituciones gubernamentales y el rechazo hacia su burocracia. El simple hecho de que exista una persona capaz de desafiar al crimen y a la autoridad con éxito, es visto como un triunfo en esas individualidades disconformes, habrá quienes “inspirados” por él lo imiten o solo verán al héroe como una esperanza de que alguien podrá resolver un problema sin requerir de su participación. El héroe contemporáneo carga los deseos reprimidos e inhibiciones de la sociedad, más que la certidumbre de conquistar un modelo social superior donde el mal y el egoísmo seas superados definitivamente.

Como son tantas las angustias, discordancias e insatisfacciones las que todavía impera en la sociedad, el héroe moderno garantiza de que alguien muy osado hará lo que la gente con autoridad no hace, ya sea por inacción o limitaciones legales, sin medir las consecuencias pero logrando satisfacer una ciudadanía bárbara porque él es libre de disponer como resolverá los desafíos estando en muchas ocasiones lejos de hacer el bien y justificando el mal –matar, por ejemplo- porque no encontró otro medio. Igual eso no importa ante la necesidad de la gente de que sea satisfecho su deseo de que exista un poder superior fuera del alcance de las leyes, la moral y la ética que disponga la resolución efectiva de un conflicto aun cuando los métodos no son los más idóneos. La figura heroica contemporánea es opaca y cuenta con la complicidad de las personas.

La sociedad de consumo tampoco contribuye, con su urgente búsqueda de elementos que le permitan crear personajes conforme a las fantasías que tiene el consumidor, eso incluye a los héroes, quienes son modelados por las exigencias de un mercado ávido de nuevas experiencias. Los límites morales del mercado en esto último no existen porque a su entender es el consumidor quien le da los recursos, yo los satisfago. Como la búsqueda del placer no posee tampoco límites los consumidores se entregan rápidamente a saciar sus apetitos, sin entender que dichas ilusiones nunca serán resueltas con productos sino con una adecuada interiorización; sin embargo nuestros sentidos están demasiado acondicionados a prestar atención a lo exterior que a los detalles.

De esa avalancha de ofertas de modelos, los individuos contrarios a la lógica del consumo y que creen ser “inmunes” a su influencia invocan a sus héroes quienes se presentan como “luchadores sociales dispuestos a vencer la tiranía” – en esto ultimo, no especifican quien es el tirano- a cumplir el rol de “despertar a una masas inertes destinada a derrotar a un sistema mundial que nos mantiene hipnotizados con el materialismo” (¿?). Obviamente, el mercado no considerara a este personaje como una amenaza sino como una oportunidad de hacer negocios y reutilizara su imagen para obtener beneficios. Quiérase o no el héroe con características subversivas no es alguien a quien se tomen en serio porque las personas viven más preocupadas por su propia condición y en lidiar con la burocracia, que consideran un “utopista” un personaje así.

La búsqueda de utopías siempre han terminado en terribles tragedias, y a los ciudadanos les aterra semejante posibilidad por eso rechazan o disminuyen discursos de este tipo. No así en individuos resentidos quienes se identifican con estos héroes, porque reflejan su odio hacia la sociedad que a su juicio los excluye y margina. Dada esa condición no es entonces rechazable que existan puntos de vistas que consideran que la lucha social debe ser llevada con prudencia, libre de apasionamientos y cultos a una persona.

Los héroes modernos lejos de ser individuos que encarnen los valores humanos, los aspectos más luminosos de la naturaleza humana son personajes oscuros, complejos y contradictorios. Rompen todas las reglas porque no saben como encauzar su disconformidad hacia la sociedad, les gusta ser adulados y cubrir su imagen con un aura de misterio. Son ambiguos, con remordimientos y rencores que no saben enfrentar prefiriendo evadirse en sus aventuras para no admitir que tienen un serio problema interno. Saben que no hacen ni bien ni mal porque han aceptado ser depositarios de la esencia de la sociedad que sabemos es paradójica.

Como son individuos negados a vivir como hombres comunes, quieren convertirse en dioses, quieren escapar del vacío de la existencia urbana y oponerse a la cosificación que es sujeto el individuo contemporáneo. Rechazan el estar sometidos a la rutinización y las banalidades, adopta sus aventuras para reafirmar su identidad contraria al orden establecido aunque sin aspirar a cambiarlo ni mejorarlo.

Piensa que las leyes y normas sociales no se aplican a él porque considera que es un individuo “especial”, dado que se atreve a tomar acciones que nadie es capaz de llevar a cabo; no obstante su irresponsable individualismo envía un mensaje negativo a la sociedad que dice “servir y proteger”, porque dicha sociedad es un acto de civilización que ha permitido el progreso, mientras que los individuos que viven al margen de ella defienden el barbarismo, y la aplicación subjetiva de la justicia, que claramente es contrario a un ser humano civilizado.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

El culto a los héroes.

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Los héroes son figuras desfasadas-PFMS-StarPage Images

El héroe en la sociedad siempre se le ha vinculado como un individuo excepcional capaz de proezas increíbles, un individuo atípico que inspira con su ejemplo y verbo. Los héroes transmiten la idea de que a pesar de las dificultades un individuo puede superar los obstáculos e imponer su voluntad para lograr sus metas. El atractivo de su figura es que aparece en los momentos más urgentes y pareciera tener solución para cualquier desafío, aunque no necesariamente es así; la soledad que acompaña al héroe no es vista como sinónimo de introspección si no como un vehículo para magnificar su figura, hacerla trascendente y elevarlo a “la gloria de los dioses.”

La sociedad con el paso del tiempo siempre a modelado a los héroes conforme a sus valores y conveniencias, los ha construido para mantener la unidad de los ciudadanos evitando el desmembramiento de su estructura. El héroe más que un “rebelde”, es una herramienta de la sociedad para inculcar su esencia y perpetuarse. Sin los héroes, la conexión psíquica de los ciudadanos con la sociedad no sería estable y podría verse envuelta en constantes convulsiones. Pero los héroes son también una figura desfasada, alguien que todavía se conserva por hábito o “gratitud” ya que los tiempos donde más urgía de ellos han sido superados, la mayoría de los personajes heroicos siempre son “hombre de acción”, aventureros e individualistas. Un arquetipo que no es adaptable a nuestra era.

El surgimiento de estructuras globales hace innecesarios la resolución de conflictos mediante la representación de un héroe, la civilización actual depende de procesos automáticos y de grupos especializados de individuos designados a cumplir tareas especificas. Las acciones individuales, son vistas como muestra de iniciativa o insensatez según sea el caso pero la figura mágica del héroe, dejo ser el epicentro de la cultura de cada nación para dar paso a las acciones grupales. Las decisiones importantes, depende del consenso de varios individuos considerados capaces y no de una representación omnipotente.

Sin embargo, para algunas sociedades temerosas y deslumbradas por el nuevo mundo que actualmente esta surgiendo, invocar a un héroe se convierte en un escudo para sus miedos ya que -según esta mentalidad- él puede protegerlos de los “peligros” que existen en ese nuevo mundo, pero esta figura heroica nace del miedo -una emoción negativa- y también de una mentalidad conservadora que se niega al progreso, por lo que el héroe nace corrupto degenerando en un vulgar caudillo que destruirá a la nación que debía proteger. Los líderes son más necesarios en los actuales momentos, porque los héroes no son de apoyarse en el consenso de un grupo selecto, si no de confiar en su genio y en el apoyo irrestricto de una multitud apasionada.

La sociedad contemporánea depende de la racionalidad y la técnica para avanzar, dicha estructura concibe el mundo como algo lógico muy opuesto al héroe que es un personaje fantástico, nacido de las idealizaciones humanas que son contrarias a la razón. Un héroe es fruto de un pensamiento “irracional”. No obstante, en un mundo impersonal e inmerso en la incertidumbre como el actual, algunos recurren a los héroes como una forma de aferrarse a una creencia ante la descomposición moral del entorno. Otros por el contrario, solamente depositan su fe en ellos para justificar sus acciones contrarias al orden establecido, empero creer que existe espacio para el héroe en una sociedad compleja y contradictoria como la presente, es un error.

Para empezar, el mundo actual envía millones de mensajes opuestos que forman nuestra percepción de él. Es dificultoso clasificarlos todos porque sobrepasan nuestro finitos recursos cerebrales, por lo que nos quedamos con los que llamen nuestra atención. Dichos mensajes dictan pautas, conductas y crean tendencias que muchos siguen o rechazan por lo que un héroe no sería creado por “causas naturales” si no artificiales, es decir no aparecerían en circunstancias urgentes producto de la dinámica social e histórica surgirían porque esas tendencias provocan su aparición.

Detrás de esa aparición hay un proceso consciente y lógico, es algo planificado, no producto de las pasiones de la gente oprimida. Puede ser creado por el mismo sistema que terminará usándolo a su favor, ya sea para distraer con una falsa expectativa o para que la gente renueve su fe en ese sistema. También hay que considerar que los héroes son depositarios de los valores y creencias de la cultura social imperante, por lo que cabe preguntarse ¿qué clase de valores envía la sociedad moderna? los más contradictorios y confusos, si se tiene alguna duda solo hay que considerar ¿por qué es insistente el afirmar que vivimos en una “crisis de valores”?, ¿por qué es frecuente imitar los perfiles más amorales y destructivos? o ¿por qué tantos padres temen por los modelos que imitan sus hijos? …

El héroe está regido por un código moral que practica firmemente y no deja espacio para ambigüedades ni dudas, sin embargo en un mundo como el actual la duda por lo menos, es necesaria para avanzar o incapacitar la toma de decisiones en el momento. Las circunstancias recientes exigen pensar antes de actuar, por lo que proceder bajo un código moral inalterable puede tener consecuencias nefastas dado que la realidad siempre cambia y exigen herramientas más sofisticadas. En vista de ello algunos apelan a “acomodar” los códigos morales del héroe según su interpretación de las circunstancias para justificarlas en vez de corregirlas, resultando personajes más proclives al arribismo que a asumir de forma sincera una causa.

Considérese que el héroe siempre puede usarse como herramienta alienadora por los más perniciosos círculos del poder político, la historia moderna esta repleta de nacionalismo heroicos que exigen una entrega absoluta para una causa catalogada de “histórica” y emplea al héroe como instrumento de inspiración popular. De esa forma los crímenes que se cometen en su nombre son considerados “lícitos” porque los inspira los ideales heroicos más nobles; eximiendo de culpa a sus autores. Semejante contradicción esta incluida en los modelos heroicos que recoge la historia y todavía se emplea como arma política para destruir a quienes piensan distinto.

Con el tiempo el héroe terminó siendo la excusa de aquellos quienes no ven sentido a sus existencias para acometer empresas épicas inspiradas en el delirio de sus insatisfacciones. Lejos de ser un medio con el cual ser mejores personas o desarrollar el altruismo, el héroe fue reducido a ser un individuo excéntrico que realiza “hazañas” consideradas “increíbles” pero de valores morales nulos o contradictorios que fácilmente es objeto de identificación de algunas personas trastornadas.

Estos individuos más que heroicos, son peligrosos porque desahogan sus sentimientos destructivos hacia aquello que consideran “amenazante” amparados en una acción individual irracional (que algunas veces tiene repercusión colectiva).

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x