El odio se apodera de Internet.

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El mal uso de la red, la hace propagadora del odio-PFMS-Ixquick Images.

A pesar de que Internet es una gran herramienta para el progreso social, no está libre de tan pernicioso sentimiento. La tecnología más importante del presente siglo, convertida en un instrumento de cosificación masivo. Una extraña mentalidad se adueña de una parte de la comunidad de internautas que considera “correcto” el verter sus rencores en el ciberespacio; ni siquiera podemos hablar de un momento en donde se pierde la compostura y después se rectifica por el yerro, no, estamos ante una práctica desenfrenada de desprecio hacia el otro, de burla bizarra ante la tragedia ajena o de imponer mediante el insulto y la amenaza un punto de vista. La cortesía practicada en el mundo real desaparece en la red dando paso a la irracionalidad.

Si bien existen mecanismos para limitar la acción de éste venenoso sentimiento, no deja de ser sorprendente que la auto observación de los actos individuales esté ausente en la red. Pareciera “aprobable” el tomar una actitud desinhibida en Internet, que la irracionalidad hace más atractivo el uso de tan fantástica tecnología; sobre todo que sea tan fácil -en apariencia- el aceptar confundir la libertad de expresión con libertinaje de expresión, cosas muy opuestas. Lo más lamentable de todo es, que se confirma que existe una equivocada creencia de que el ciberespacio es una realidad en sí misma, cuando resulta ser una extensión de la sociedad para funcionar. El que refleje parte de lo que somos como miembros de la sociedad es algo accidental.

Sin embargo, es irreversible que dicha interpretación sea modificada inmediatamente. Casi toda nuestra rutina depende de la red y pasamos más tiempo en ella resolviendo nuestros quehaceres por este medio que por otra vía. El hábito nos ha trastocado nuestra interpretación de la red al mismo tiempo que incuba una masa de individuos problemáticos –muchos sin oficio definido- incapaces de canalizar su disconformidad de forma coherente y que no resisten las ganas de participar en cualquier acontecimiento que coincidan con su rencor.

Más penoso es que delante de ellos está un número exponencial de “anónimos” que coinciden con ese sentimiento y quienes no desaprovechan la oportunidad para exponer lo peor de si mismo, sin ese apoyo estas personas serían seres aislados, lo que significa que en la sociedad prospera una adicción a los sentimientos negativos. De alguna manera ese estímulo hacia la negatividad está presente en la cultura, los medios de comunicación y hasta en el discurso político influyendo considerablemente, no obstante en el ciberespacio la instrumentalización del odio es el resultado de esa excitación de los sentimientos negativos.

Para comprobar lo anterior es conveniente citar una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Wolverhampton sobre las emociones en Internet:

“Enfocados a determinar el papel que las emociones humanas tienen dentro de la interacción en línea, los científicos emplearon un algoritmo denominado análisis de sentimientos para identificar palabras claves, emoticones, marcadores lingüísticos y fallos de ortografía, que permitieron valorar, en términos negativo o positivo, el contenido de más de 2.5 millones de comentarios en los foros de discusión online de la BBC de Londres y de la página de noticias digg.com. Los resultados fueron: los mensajes cuyo contenido emocional tiende a ser negativo son mucho más extensos comparados con aquellos que muestren actitudes positivas. ”

“Notaron que también existe una tendencia en cuanto a la autoorganización de grupos. Mike Thelwall, líder del equipo de investigación, explicó que las emociones negativas aceleran el número de mensajes enviados por los usuarios, y pareciera que de la nada llegan a surgir grupos sociales. Es decir, los miembros de las comunidades online forman alianzas contra aquello que perciben como un ataque.”

En pocas palabras, a pesar de nuestro iluminismo intelectual somos incompetentes para lograr equilibrar nuestra emotividad y aconsejar el domeñar las emociones es visto por muchos como una forma de “esclavitud” o de querer anular su individualidad; todo lo contrario, el lograr balancear nuestras emociones para permitir una expresión consciente de ellas impediría que el odio prosperara, sobre todo el cesar, por parte de la sociedad, de alimentar este sentimiento permitiría formar ciudadanos menos conflictivos y capaces de tener pensamientos productivos.

No obstante, tal posibilidad no se subordina exclusivamente en modelar una sociedad de polaridades equilibradas, también depende de que sus miembros deseen renunciar a tanto “consumo” de emociones nocivas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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