Month: September 2014

Lo que debe reflejar una distopía.

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Las distopías son reflejos de las tendencias negativas de la sociedad contemporánea-PFMS-DuckDuckGo Images

Las visiones pesimistas del futuro suelen ser rechazadas por el público.‭ ‬Se le considera como obras que niegan el papel central que tiene la humanidad en la historia,‭ ‬promotores de personajes antisociales o de tenebrosas interpretaciones del autor que lindan en la enajenación.‭ ‬Creemos que el mal es un hecho aislado e histórico que no encarnan las sociedades,‭ ‬sino grupos específicos que‭ “‬contaminan‭” ‬a la sociedad.‭ ‬En parte esto es cierto pero no absoluto,‭ ‬porque negamos la esencia dual del ser humano que está ligada al libre albedrío.‭ ‬Podemos escoger entre el bien y el mal para alcanzar lo que queremos sin escapar de las consecuencias de ello‭; ‬sin importar en lo que se decida existe un aprendizaje que debemos aceptar.‭ ‬Bien se ha dicho que la sociedad es una máquina creada para garantizar la coexistencia armoniosa de los seres humanos,‭ ‬no obstante‭ ‬ella también refleja hacia donde tienden sus integrantes.

Las distopías buscan retratar con crudeza las tendencias de la sociedad,‭ ‬frecuentemente las más negativas porque son las más comunes y las que menos estamos dispuestos ha enfrentar.‭ ‬Vivimos en una sociedad‭ ‬-sin importar cuan avanzada sea-‭ ‬que prefiere ocultar el mal y confunde el bien con el placer.‭ ‬Una distopía prefiere sincerar el discurso y aceptar que existe el mal,‭ ‬para advertir hacia donde nos podría llevar nuestra indiferencia hacia él.‭ ‬No necesariamente la prédica‭ “‬pesimista‭” ‬es sinónimo del estado emocional del autor,‭ ‬sino un recurso narrativo y ambiental que busca introducirnos bruscamente en una realidad poco alentadora.‭ ‬La distopía cumple con su rol de‭ ‬retratar las preocupaciones,‭ ‬temores e incertidumbres de la sociedad,‭ ‬pero en una óptica sombría.‭ ‬Los protagonistas se desarrollan en un mundo sin opciones y determinista,‭ ‬metáfora de los subrepticios mecanismo represivos implementados en la sociedad.

Sus tramas enrevesadas muestran lo confuso y deprimido que está la moral,‭ ‬el bien y el mal pugnan por la voluntad de la humanidad sin que exista una distinción clara entre ambos‭; ‬sometiendo a sus protagonistas a una angustiante impotencia e incertidumbre sobre la naturaleza moral de sus acciones:‭ ‬¿qué es lo correcto en determinada circunstancia‭?‬,‭ ¿‬por qué es‭ “‬mala‭” ‬una decisión y‭ “‬buena‭” ‬otra distinta‭?‬,‭ ¿‬cuán seguro estoy de que obrando de una forma obtendré lo que‭ ‬quiero‭ ‬sin que ello acarreé consecuencias nefastas‭?

El género confronta la moral establecida para exponer las hipocresías camufladas y alertar como las aceptamos sin analizarlas,‭ ‬también es una clara denuncia de los absurdos legales de la realidad contemporánea:‭ ‬leyes que se contradicen entre sí,‭ ‬destinadas a anular la voluntad ciudadana e individual y manipulando a través de la coacción,‭ ‬alejadas de cumplir el objetivo de alcanzar el bienestar social.‭ ‬El individuo cosificado es el producto de las sociedades distópicas,‭ ‬una clara muestra de la deshumanización y la pérdida de identidad.

Estas historias cuestionan nuestros conceptos de sociedad y progreso.‭ ‬Puede que hallamos avanzado pero todavía seguimos atrapados en limbos morales y éticos que han terminado afectándonos.‭ ‬Coincidiendo con el género,‭ ‬resulta irónico la constante queja de la ciudadanía que exige reformas urgentes porque considera que la sociedad no esta sincronizada con el avance tecnológico,‭ ‬los más extremos la ven como una‭ “‬estructura medieval‭” ‬que prefiere mantener la distribución del Poder y la riqueza en unos pocos,‭ ‬abortando todo intento de protagonismo ciudadano.‭ ‬El conflicto entre ciudadanos y grupos de poder,‭ ‬van de la mano con los excesos en que estos últimos incurren con tal de proteger sus intereses que nada tienen que ver con las aspiraciones ciudadanas de una sociedad equilibrada.‭ ‬La distopía denuncia la pérdida del protagonismo ciudadano y la excesiva dependencia hacia representantes monolíticos,‭ ‬de pensamientos arcaicos.

Sobra decir que,‭ ‬como toda obra de ciencia ficción,‭ ‬las críticas hacia el abuso en el que incurre la humanidad con la tecnología sean una constante,‭ ‬una llamada de atención hacia el ser humano para que reflexione sobre su propio Poder que puede mejorar o destruir el mundo.‭ ‬Una dura exhortación a orientar los esfuerzos colectivos en concebir un progreso realmente justo,‭ ‬constructivo y humano.‭ ‬Representa una llamado de atención para dejar de emplear la tecnología en arruinar el planeta,‭ ‬excluir y perseguir o continuar limitando la participación colectiva en como darle un uso correcto.‭ ‬En una época como la actual,‭ ‬donde los grandes descubrimientos y desarrollos técnicos parecen seguir centralizándose en reducidos grupos de‭ “‬especialistas‭” ‬es conveniente analizar de forma crítica,‭ ‬el impacto de sus hallazgos y sus consecuencias a largo plazo en la sociedad.

En las sociedades distópicas,‭ ‬al no haber un concepto sensato del bien y el mal,‭ ‬de lo justo y su opuesto,‭ ‬de moral y ética…‭ ‬no hay cabida para los‭ “‬héroes‭”‬,‭ ‬por lo menos no dentro de nuestro parámetros morales,‭ ‬en cambio tenemos individuos frágiles y complejos que viéndose limitados de opciones ante circunstancias inconcebibles,‭ ‬actúan de manera imprevista.‭ ‬No obstante todas sus acciones son parte de un complejo mecanismo de alienación ideado por el sistema,‭ ‬el‭ “‬auténtico enemigo‭” ‬de los personajes es una tenebrosa maquinaria burocrática y represiva de la que depende la sociedad,‭ ‬la cual no tiene referentes físicos sino psíquicos.‭ ‬Todos los individuos piensan como el sistema que los acoge,‭ ‬aunque se rebelen y triunfen sobre él,‭ ‬esa alineación terminará surgiendo de nuevo con otra forma que resultará en otra sociedad compleja,‭ ‬es decir,‭ ‬ni peor ni mejor.‭

La rebeldía del individuo es un desesperado intento por librarse de la enajenación del sistema,‭ ‬para recuperar su humanidad y libertad.‭ ‬No obstante la difusa frontera entre el bien y el mal así como de lo real y la ficción,‭ ‬hacen dudar si el protagonista alcanzó su objetivo.‭ ‬Al desarrollarse en una sociedad insincera,‭ ‬es también depositario de todo lo que representa aunque la rechace‭; ‬el portará en su interior la esencia de él por lo que podría reproducirlo si adquiere el Poder.‭ ‬La ambigüedad moral nos indica la poca solidez en actuar conforme a los valores humanos‭; ‬cediendo a las presiones sociales y la supervivencia.‭ ‬Por ello es recurrente los personajes marginados o excluidos directamente para retratar su indefensión inicial,‭ ‬pasando hacia una etapa en que lucha contra el sistema pero al final sucumbe ante sus propias contradicciones interiores.

Últimamente el resurgimiento de las distopías son un reflejo de la critica situación social mundial en la que vivimos,‭ ‬lo que indica que es necesario un punto de vista crítico y sincero que nos oriente para actuar y evitar que tan desagradables momentos vuelvan a repetirse o nos conduzcan a escenarios aterradores.‭ ‬Desarrollar tramas de este tipo no es fácil,‭ ‬ni muchos menos debe banalizarse o reducirlas a historias mediatizables carentes de contenido reflexivo.

Las distopías‭ ‬-al igual que el resto de la ciencia ficción-‭ ‬invitan a pensar sobre nuestro presente,‭ ‬dentro de una óptica futurista,‭ ‬usando recursos atípicos orientados a recordarnos sobre la necesidad de recuperar nuestro espíritu en un mundo materialista y tenebroso que‭ ‬-desafortunadamente-‭ ‬puede ser real.‭

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La sociedad zombificada.

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El actual comportamiento humano, no se diferencia al de un zombi-PFMS-Lukol Images.

“Veo humanos, pero no humanidad”

                                     Extraído de una protesta en España.

“Puede que el hombre haya sido hecho a la imagen de Dios, pero la sociedad fue hecha a imagen de su antagonista”

                                     Glen Bateman, The Stand.

Resulta asombroso que el hombre contemporáneo, con todas las ventajas que posee para construir un mundo mejor, se aleje de ese ideal común. Pareciera que el ideal no está en tener ese mundo mejor si no en imponer un modelo personal del mundo; un mundo de pesadilla en donde los “fuertes” ya no les sirve someter a los “débiles”, sino que deben destruirlos totalmente para estar “cómodos”. Las denominadas masas alineadas no tienen más voluntad de luchar sino en preocuparse por sobrevivir o buscar alivio existencial en evadirse con vicios disfrazados de placeres. Quizá protesten y reclamen, quizá no oculten su malestar pero al carecer todos de un sincero deseo interior de modificar el estado de cosas, irremediablemente caerán en la contradicción. Seres sin alma, vacíos, deambulando sin más interés que en lo inmediato, lo pasajero e intrascendente. Ellos conforman la sociedad. Y lo peor de todo es que niegan su propia vacuidad.

Las tendencias es que la mayoría sea quien decida el rumbo de todo. El individuo tiene que enfrentar el desafío de resistir las presiones de una mayoría siempre insatisfecha, tendiente a imitar lo peor de si misma y sofocar con el poder omnipotente de su voluntad cualquier atisbo de coherencia personal, incluso ese individualismo producto de la descentralización de la información, no es otra cosa que otro colectivismo camuflado porque será una tendencia imitable y globalizable que todos desean poseer, lo que nos resta autenticidad como seres humanos. Esa masa uniforme es ingobernable porque resulta impredecible, cargante y muy “confusa” para la sociedad el inculcarles valores, porque niega su propia necesidad de ser orientada hacia un rumbo trascendente y universal. Con el pasar del tiempo su conducta desacralizada diluye los deseos de libertad -que parten del interior del ser, no solamente de un “contrato social”- y cualquier cambio político termina siendo una forma más de compactar su voluntad.

Del refinamiento del lenguaje y su uso cuidadoso, pasamos a la chabacanería y el insulto impulsivo. Destruimos con una crítica maliciosa e irreflexiva pero eufemísticamente llamada “constructiva”, no importa si no hay argumentos sólidos lo que se valora es la ofensa más grotesca hacia el otro. El uso desmedido de la descalificación, del juicio sin fundamento y la distorsión de la realidad es lo que acostumbramos a ver en la cotidianidad; nos habituamos a vivir amargados y a culpar a todos de lo que sea… no nos responsabilizamos de nuestro destino porque no tenemos ninguno. Lo que nos rodea, esa aparente estabilidad de la sociedad -aún cuando sea muy corrupta- es frágil sin embargo estamos dirigidos por una inercia colectiva que nos vuelve poco cuidadosos; creemos que lo que sucede en la sociedad no es nuestra responsabilidad, pero si una consecuencia de un individuo con poder al que hay que odiar, al que hay que someter con la fuerza de la “mayoría”. La humanidad de nuestro ser social es una selectividad de conveniencias e injusta.

Para la mayoría algunos son más humanos que otros, algunos deben ser reconocidos como tales, otros no. Esos “excluidos” pueden ser cualquiera, pueden mutar en culpas atribuibles, no tienen derechos y el escarnio público es el castigo que se merecen. La burla es la bandera que sustenta las “luchas ciudadanas”, el irrespeto el modo más práctico de hacer política y dirigirse a los ciudadanos por no hablar de la profanación cotidiana de lo sagrado, que hasta se justifica como vehículo de “protesta”, de rebeldía legítima contra las “ideas ortodoxas”. Las mayorías consideran cobardes a quienes no compartan su impulsividad, su falta de mesura y su enfermizo odio, sobre todo a quienes de buena fe tratan de explicarle sus yerros. “No, tenemos la razón porque somos muchos y todos pensamos, nos inspira un mismo ideal”.

“No queremos mentes sabias ni justas, defendemos los antivalores que nos proyectan como sano entretenimiento”, lo que interesa es lo más comentado, la tendencia más “popular” aunque sea perjudicial. Parece más fácil aprobar un vicio -pero mantenerlo dentro de lo legal- porque nuestro desinterés por una sociedad más iluminada, ha mermado todo motivo en una vida virtuosa, no eso es para los héroes y mesías, no para nosotros los ciudadanos comunes… es decir, la mayoría.

La putrefacción moral la ocultamos para después quejarnos. Es más “práctico” maldecir y reclamar airadamente. “El camino fácil es nuestro medio y fin, la visión a largo plazo es un estorbo o una necesidad de algún ingenuo”. Poco a poco nos volvimos contradictorios, difíciles y absurdos. Nuestro progreso apoya lo banal, desdeñando lo prioritario, vivimos de la imitación y no de la búsqueda de lo original… al final, no parecemos humanos, ya no sentimos la vida en nuestro ser… todo lo dejamos ir, desperdiciamos nuestra vitalidad en divinizar lo material reduciendo la vida a un tiempo finito, donde no existe la eternidad.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x