La educación determinista: El ambiente social (segunda parte).

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La influencia de la sociedad sobre el individuo es determinante – PFMS-Lukol Images

La sociedad es un ente que no está aislado del individuo. Se encuentra profundamente relacionado con él y su influencia determina mucho de su comportamiento; la educación es la experiencia social más significativa del individuo porque es allí donde se familiariza con el funcionamiento de la sociedad -valores, leyes, mentalidad, conocimiento- así como sus virtudes y defectos. El infante al principio, no duda de lo que se le enseña porque puede comprobarlo en la realidad cercana o consultando a los adultos de su confianza, no obstante la suspicacia le surge cuando ve ilógicos los postulados de la sociedad en la práctica, en su ambiente cotidiano o en los acontecimientos sociales que cautiven su interés. Esos interminables ¿por qué? que algunos adultos consideran mortificantes, son el primer cuestionamiento que hacemos cuando somos niños. La complejidad de esas interrogantes empiezan cuando tratamos de encontrar las respuestas.

Por lo general, la sociedad sea muy liberal o represiva, no tolera la crítica. Nuestro mundo depende de dogmas, ellos han levantado la sociedad que te rodea “¿por qué tratas de ir contra ello?”, sería la pregunta que un adulto le haría a un infante si cuestiona. Pero la naturaleza humana también esta compuesta de una curiosidad innata, por lo que la sociedad no puede destruir esta característica sin liquidar al individuo, de hacerlo no sobreviviría ni habría creyentes de sus dogmas. Para evitar que esta crítica temprana se haga muy profunda los adultos construyen un mundo donde su mente se pierde en distracciones innecesarias o en imposiciones limitantes -pensamiento único, masificación, conflictos, controversia- e instruye al niño a prestar atención a ello, antes que a su propia conciencia. La educación podrá dar individuos críticos más no lógicos en sus argumentos. Serán apasionados, fanáticos o expertos en la critica destructiva, no objetiva.

Los pocos infantes que se niegan a entregar su conciencia a la mentalidad masiva que impone la sociedad, en su ciclo educativo, suelen ser agudos, profundos y disconformes. Los padres pueden no ser tan tolerantes con ellos o los aceptan y apoyan, empero saben que su hijo podría ser una singularidad, ante ellos la sociedad podría tomar una postura intransigente, más prefiere buscar que se sumerja en la impotencia y arrinconarlo en el sueño de una utopía.

“¿Usted quiere decir que sí soy crítico y objetivo, soy un problema para la sociedad?” No eres un problema, eres una singularidad, un suceso único e irrepetible. Todos los somos, lo que sucede es que nos enseñan a olvidarlo perdemos nuestra inocencia para alcanzar la madurez necesaria con la cual encajar en la sociedad, de no ser así, el sistema imperante no sabe que hacer, tienes que escoger cuál función ocuparás, qué rol te corresponde. Si disientes de ello, eres visto como un extraño -primer síntoma de la intolerancia humana- porque no te amoldas, no sigues lo socialmente aceptado. Sobre todo, si no has perdido tu inocencia, si no vez necesario seguir los caminos aprobados por todos -especialmente en tiempos de conflictos políticos- y prefieres tu propia senda, entonces la sociedad no sabe qué hacer, no sabe qué decir, o cómo reprimirte. La sociedad sabe que ese niño que preguntó ¿por qué?, no se convenció de las respuestas pre-programadas de los adultos, ha crecido creyendo en su propia capacidad de encontrar su propia verdad sobre las cosas que no entiende, ni le convencen.

Socialmente somos programados -como máquinas- para creer en algo. Los ideales de la sociedad son nuestros primeras creencias, la educación se ocupa de ello mientras la sociedad demuestra que es una verdad casi irrefutable. Lo único que nos salva de ser serviles y obedientes es nuestra conciencia, la humanidad se esfuerza en desarrollarla más yerra en aplicarla convenientemente porque la educación está limitada a entregar individuos útiles para la sociedad, porque todos tenemos que cumplir un rol dentro de ella. Aunque cambies de creencias, debes cumplir rol si no puedes definirlo ella te asignará uno -por eso apelamos a las etiquetas, los calificativos o los prejuicios- ello implica renunciar a nuestra inocencia, ¿puede la educación revertir esto? Sí se puede, siempre y cuando el hombre deje que sea la conciencia la que lo conduzca a la sabiduría.

En caso contrario, la sociedad seguirá invariable. Sólo cuando la humanidad se entregue a la búsqueda de la sabiduría, renunciando a todo lo que ella misma creó para mantenerse enajenada, será el despertar de su auténtica naturaleza. Aunque ocurran miles de revoluciones y reformas morales, nada cambiara de verdad si la humanidad no se compromete con la sabiduría. Esta palabra, tan corrompida por falsos eruditos, nos dice que tenemos que ser profundos, temerarios en comprender la realidad que nos rodea, sobre todo en saber cuál es nuestra autentica esencia.

Creemos que solamente el más culto, el más fuerte o el más astuto es sabio, pero no es así ¿de qué vale tener algunas de estas “cualidades” si con un simple por qué, todos nos paralizamos? Los adultos ante esa pregunta mienten, distraen o reprenden… quienes son sabios -humildemente- responden no sé porque saben de lo transitorio de su paso por este mundo y porque ninguna generación tiene el derecho de poseer todas las respuestas. En la educación, se acepta lo contrario pues nos enseñan a aferrarnos a las cosas que sabemos nos serán útiles sólo mientras vivamos y la sociedad focaliza ese aprendizaje hacia cosas que en el fondo no son tan necesarias. Son la causa de todas las insatisfacciones humanas, el fruto maldito del cual nos alimentamos para renegar de él aunque nunca nos desprendemos totalmente de ello a pesar de que cambiemos de creencias.

Nos aferrarnos al orden, a pertenecer a un grupo, a vivir según una moda, a seguir una tendencia política porque promete ser la “auténtica solución”, a renunciar a nuestras creencias cuando no satisfacen nuestras expectativas, a creer en un dogma, a seguir “el ejemplo de ese gran ciudadano”… tantas cosas son impuestas al individuo, pero nadie está preparado para levantarlo si falla, si no cumple con lo que se le exige como miembro de la sociedad (¿?), no creen en él porque es sabio sino por que es útil para la sociedad, en caso de que los demás no vean que lo es, será descartado. Tal razonamiento es cruel, es injusto y deshumanizante pero se implementó en la sociedad, sea liberal o una tiranía. Todos creemos en algo porque funciona, si no desechamos esa creencia para aferrarnos a otra que satisfaga lo que la anterior no logró; el error está en que nos aferramos . El aferrarse le niega la hombre la posibilidad de superarse como ser pensante, lo vuelve más ultraconservador de lo que él cree -aún cuando apoye un ideal opuesto-

La educación debe estar al servicio de la sabiduría, sino seguiremos en estos ciclos de abundancia y miseria, de dividir a las personas entre ganadores y perdedores, de poner a todos en una feroz competencia en quién se aferra mejor a lo que tiene y cree. Nada es permanente todo es mutable, hasta en la política eso es una ley universal, ninguna generación tiene derecho a todas las respuestas porque ninguna aprendió a ser sabia. Habrá ciudadanos notables, talentos fascinantes o personajes admirables pero de todos ellos -como singularidades que son- algunos alcanzaron la sabiduría. Nos legaron el medio para encontrarla sin embargo, seguimos indiferentes a ella… y lo enseñamos…

Si ninguna generación tiene derecho a todas las respuestas porque no es sabia, entonces, ¿para qué seguir? ¿para qué perpetuarse si ninguna lo conseguirá? El fatalismo es otra trampa del sistema. Nos han convencido de que el sabio es un ser excéntrico, un iluminado, alguien elegido por Dios que porta la sabiduría para heredarla a los demás. Contradictoriamente pone al sabio como una amenaza para el orden establecido, un peligro para los dogmas así que éste debe apelar al sectarismo. Entablar un combate contra el orden para que surja uno mejor. Eso es un error. El sabio no le interesa un nuevo orden, porque su misión es despertar a la humanidad de su letargo, sabe que si ella se transforma desde el interior de si misma, reconciliándose con su esencia no habrá necesidad de pelear, de “cambiar” un sistema social por otro más ideal…todo eso es transitorio. Lo que importa es el individuo, si el es consciente es sabio, por lo tanto toda generación que pasa por este mundo debería proponerse y actuar para ser más sabia así heredaría un mundo más equilibrado.

Por eso es que tampoco ninguna generación tiene todas las respuestas, no dejamos este mundo en equilibrio sino en conflicto, aferrado a cualquier cosa. El egoísmo lo transmitimos a las siguientes generaciones y como lo han aprendido no les interesa ser sabias. Cuando alguna generación renuncie realmente a todo lo que la debilita, y la aliena, poniéndose al servicio de la sabiduría tendrá todas las respuestas, dejará como herencia un mundo esplendoroso. Eso es lo que debería avocarse la humanidad a través de la educación, en formar personas sabias que se sinceren así mismas y digan: “no sé nada, no soy sabio, nunca lo pensé… pero quiero aprovechar esta vida para aprender a serlo”.

Sin duda, si la humanidad se vuelve sabia, transformará la educación, transformará sociedad y se transformará así mismo…

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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