La educación determinista: Identificación del problema. (primera parte).

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La educación determinista solo quiere marionetas, no personas-PFMS-Lukol Images.

Está considerado que la educación es el baluarte de toda sociedad; el apoyo que define los avances -o retrocesos- que tiene. Sin la educación no existiría la sociedad, mucho menos la civilización, siendo por ello prioridad para cualquier cultura desarrollar los talentos de sus miembros a través de ella; no obstante la educación es una empresa difícil que requiere un cuidado y atención considerable, ya que si se consienten yerros en el proceso formativo las consecuencias podrían ser desastrosas. El problema con la mayoría de la sociedades es que enseña a sus infantes a que solamente se acoplen al modelo social aceptado, sin que el futuro ciudadano se sienta contrariado o insatisfecho con el rol que ocupará; de allí pues que en la familia y en las aulas siempre se observe las aptitudes del alumno de manera que en etapas ulteriores de su formación académica encuentre su rumbo en la vida.

Sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué se habla tanto de la necesidad de “cambios en la educación”?, ¿por qué si dice que el modelo actual de educación “no sirve”?, ¿por qué se empeñan algunos grupos políticos en apoderarse de la educación, sin tomar en cuenta la opinión de los padres y maestros?, más preocupante aún es ¿por qué hay que cambiar la educación? Cambiar la educación significa cambiar la sociedad. Modificar hábitos, creencias, valores, herramientas… de lo contrario el progreso sería una ilusión, una utopía en manos de unos pocos hombres, mientras el resto naufraga en el ostracismo. Lamentablemente, el egoísmo ha mantenido la educación estancada, no de la misma forma en todos los naciones, pero sí es evidente que la misma está rezagada con relación a ésta era. De ser así ¿cuál es la causa de que la educación esté en ese estado? El determinismo social que impone una formación limitante.

Sí la sociedad limita su educación a trabajar en condiciones misérrimas, los individuos que se formarán en ella serán seres mediocres, carentes de entendimiento suficiente e incapaces de pensar por sí mismos. Estarán reducidos a la búsqueda de la satisfacciones inmediatas sin medir la consecuencias y lo que es peor nunca podrán decidir correctamente sobre sus propias vidas. Serán absorbidos por el uniformismo de la masa, estarán sujeto al dictamen de ella y nunca podrán ser ellos mismos, su individualidad estará profanada por los otros y el tener un pensamiento original será objeto de rechazo de los demás. Individuos así, serán dependientes de todo y de todos.

La mayor contrariedad que enfrenta el hombre moderno es la ausencia de una identidad: ¿quién soy realmente?; la educación puede ser una vía para que el hombre encuentre su lugar en el mundo, pero factores destructivos prefieren que el individuo sea conformista, impedirle que profundice en su propia interioridad y se encuentre con sus verdaderas aptitudes las cuales si le convertirían en ser dichoso y feliz, contrario al determinismo social. Creemos que éste terrible escenario es obra de sociedades sometidas a crueles totalitarismo, más no es así. El mundo exterior de sociedades liberales está repleto de mensajes perniciosos, prejuicios, antivalores, odios ajenos y demás agentes que contaminan la mente de los individuos. No sabe qué hacer, está inhibido de decidir sin que miles de voces lo juzguen, debe aprender a amoldarse a lo que diga el medio, o lo que es lo mismo la sociedad. La familia y las escuelas son espejos enormes de cómo es la sociedad, lo que se diga, haga, piense o se calle refleja cómo es ella.

Empero no podemos “callar al mundo”, menos el social. Debemos formar parte de algo, sino seriamos seres asociales; en la escuela nos dan herramientas básicas para escoger un rol en la sociedad mientras en la familia nos forman para integrarnos al macrocosmo que también es la sociedad. Sí la familia falla el individuo no tiene más motivaciones que las de sus instintos e ideas erróneas no obstante, sí la escuela falla todo se desplomará. La sociedad verá un fracaso en él y debería trabajar en porqué falló, desafortunadamente no todo el tiempo hay interés por descifrar el enigma que representan esos individuos inadaptados, la sociedad termina por descargar toda la responsabilidad en él -como individuo, no como un miembro de un todo que es la sociedad- . Nunca admite que también tiene una cuota de responsabilidad en éste fracaso; porque la maquinaria social siempre debe funcionar, no se puede detener, los “mecánicos sociales” deben preocuparse en mantenerla trabajando. Repararán la falla cuando sea evidente -actuación de los mecanismo represivos- más no investigarán a fondo porque sucedió. Eso se lo reserva los homeostatos de la sociedad.

Siempre se afirma que “el hombre es inocente, pero la sociedad lo corrompe”, frase que cuenta con mucho apoyo por todos sus miembros, cual sería su sorpresa sí alguien preguntase ¿y ustedes qué creen que causa esa corrupción? Nadie respondería y si lo hacen veremos a todos peleando entre sí por demostrar que la causa que identifican es la correcta: “son los políticos”, “son los medios con su propaganda”, “es aquel partido el culpable”, “ es esa música satánica que difunden”, “se equivocan, son los ricos -o los pobres, según quien lo diga-”…

De ésta frase muchos filósofos han dado su punto de vista, el más resaltante, y donde todos coinciden, es el siguiente: el hombre es un ser dual por naturaleza, no puede definir de forma absoluta que es bueno o malo porque posee subjetividad aún cuando la sociedad diga “esto es bueno y eso es malo” nunca se podrá estar seguro de que así sea. Para solventar este vacío decidimos enseñar que lo que hace daño es malo -sentir dolor es malo- y lo que no, es bueno -si algo nos proporciona placer o felicidad es bueno-, tal idea parte de las respuestas nerviosas de nuestro cuerpo y las interpretaciones que damos a ellas. El cuerpo, es nuestro punto de referencia principal. Sin embargo, nuestro cuerpo no puede explicar la subjetividad, ella yace en la mente y en el alma elementos inconmensurable, por lo tanto la sociedad no corrompe porque si, si no que crea condiciones corruptoras correspondientes a nuestra naturaleza dual. Las consecuencias son obra del libre albedrío, es decir del individuo. La sociedad es sólo una máquina, sobre su uso quien dispone es el hombre.

Como la educación es una pieza que hace funcionar la maquinaria social, de paso es la más importante, lo que veamos allí será la actividad que define el carácter de la sociedad. Resolver éste tema sería trabajoso y difícil, la civilización no avanzaría -según algunos- el progreso no puede pararse por una duda filosófica, encerremos la duda en un salón de clase para que la resuelva un maestro con los alumnos, pero ¿qué profesional va a “resolver” una incógnita si su educación le enseño a desestimar la duda?, ¿cuántos están dispuestos a profundizar en la naturaleza de las cosas, sin que ello desmorone todo lo conocido? Nos enseñaron a aferrarnos a lo que podemos comprender, a preservar unas reglas e ideas que nunca han sido ni ciertas ni falsas porque nunca dudamos de ellas, jamás hemos examinado por qué todo lo que sabemos es cierto ¿nada más porqué lo podemos comprobar? El profesor no es filósofo, no tiene más que educar al niño y si él me dice cosas que no comprendo -ni me educaron para ello- entonces lo reprimo, temo descubrir algo que destruya lo que puedo entender. La sociedad envía a muchos docentes a imponer lo que ella acepta como cierto.

Eso vuelve a los docentes en meros repetidores, desmoralizando a los alumnos. Si hay una pregunta debe ser dentro de los límites de lo conocido, lo demás es absurdo y como no todos salen de la escuela conformes el docente debe resolver como amoldar a los “rebeldes” siendo una labor agobiante el “educar y reducir esa disidencia temprana”. El docente en este proceso, del cual muchas veces ignora que es cómplice, lucha en solitario por salvaguardar el funcionamiento del sistema.

Al respecto podemos mencionar el libro Cómo hacer de tu hijo un fascista (Madrid, España. Altalena Editores, S.A. 1978.) de la autora Victoria Palant quien cita al pedagogo Fernand Oury:

“En Crónica de la escuela-cuartel Fernand Oury señala que <<algunos maestros, más numerosos de lo que se piensa, han intentado a lo largo de los años dar vida a su clase… Solos, sin medios, frente a la inercia del ambiente y a las complicaciones administrativas, han fracasado y lo saben. Su deseo está en otra parte… ¿Quién podría reprocharles el haber sido vencidos por la enorme máquina burocrática? Esta desesperanza lúcida de algunos ´viejos´ es, a veces, conmovedora… Antes cambiar su deseo que el orden del mundo.” >>

A lo anterior habría que agregarle:

“… resignados, amargados, esperen aprovecharse de su retiro”, porque “¿quién podría reprocharles el haber sido vencidos por la enorme máquina burocrática?…Antes cambiar su deseo que el orden del mundo.”

¿Cuál sería el deseo del docente con relación a la sociedad? La autora nos contesta esta duda citando a Erich Fromm (El miedo a la libertad) y nuevamente a Fernand Oury::

“En el texto de Fromm lo que aparece es la necesidad de hacer coincidir el deseo con las necesidades propias de su función. En el de Oury, los maestros, impotentes frente a la máquina, prefieren cambiar su deseo que el orden del mundo”.

Tanto alumnos como docentes están atrapados, no podrán renovar los cimientos de la sociedad porque la educación sigue igual. Habrán nuevos métodos, herramientas sofisticadas, más presupuestos… pero la inercia continúa… nuestros reales deseos serán anulados por otros que correspondan con lo que necesita la sociedad, según la función de cada quién. Muchos viven atrapados en un cliché que se acompleja y adapta a los tiempos, que nacen en la educación dando como resultado esta sociedad que muchos catalogan de “enferma”. En realidad no está enferma, simplemente no funciona como queremos porque nadie ha revelado como es realmente ella y porque por comodidad o conformismo nos gusta como es, enferma. Eso es lo que quizá muchos “genios de la historia” descubren dolorosamente mientras ven con amargura como el proceso continúa intacto. Podrán advertirlo pero todos aceptamos esas condiciones, porque cambiar la educación significa cambiar la sociedad.

Así que, los individuos crecen en un entorno que ya tiene previsto todo… hasta que pensarás si reniegas lo que te enseñan… ¿cómo lo saben?, porque naciste en sociedad, vives de la sociedad, te rodean las ideas de la sociedad -incluidas las subterráneas- y no conoces otra cosa más que lo que dijo la sociedad; la educación es el primer escenario donde te pone a prueba la sociedad. Escenario de una obra de teatro en donde todo, hasta el último detalle, está previsto, los accidentes e improvisaciones no son más que “casualidades”. Ese es el otro mayor problema de este triunvirato (individuo, educación y sociedad) que como no está seguro de nada, presume saber de todo, ocultando su propia incapacidad por admitir que hay mucho que cambiar -de la raíz misma del triunvirato- para construir una sociedad realmente mejor.

De todas maneras, será el tiempo y las circunstancias las dos únicas fuerzas que demuestren sobre ésta urgencia de cambio.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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