Month: August 2014

La educación determinista: Resultados y conclusiones (cuarta parte y final).

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Una educación que enseña la ignoracia del ser, no ayuda a desarrollar los potenciales humanos -PFMS-Duck Duck Go Images

La sociedad no puede existir sin el individuo, pero tampoco funcionar si éste no es educado. En la lucha por el poder la ignorancia ha sido usada como arma para dominar a los demás, con trágicos resultados. No obstante el uso de la ignorancia como instrumento no es inherente del triunvirato individuo-educación-sociedad, es decir la misma sociedad promueve su uso para conquistar las mentes más vulnerables. Se puede creer que la ignorancia es solamente ausencia de información y el desarrollo de destrezas necesarias para desempeñar un oficio, -si lo consideramos dentro de un punto de vista funcional- en realidad esta definición es una parte de un realidad más aterradora, porque el ser humano vive en la ignorancia del ser -por muchas cultura que presuma- ¿Quién soy?, nadie responde esa pregunta porque todos quieren una resolución, no el aprendizaje que encierra el descifrar ese acertijo. El aprendizaje es lo que importa, no nada más la respuesta.

La respuesta es fácil de obtener con la información, sin embargo si no aprendes ¿cómo puedes pensar sin autoengañarte? terminas repitiendo lo que dicen los otros, lo que todos aseguran es verdad, viviendo atrapado en un cliché y pensando como las tendencias imponen. Un pensamiento original, una actitud creativa es un reflejo de que aprendiste algo valioso, porque nadie lo posee previamente pero eso es un acercamiento tímido al aprendizaje que encierra el resolver el enigma de ¿Quién eres realmente? La educación no está construida para despertarnos del letargo, fue concebida para repetir monótonos ciclos con miras a mantener funcionando lo que conocemos; irlo ampliando y “mejorando” sin salirse del funcionamiento básico de existir para permanecer -supervivencia material- opuesto al existir para transcender -desarrollo de la conciencia espiritual como garantía de la inmortalidad del ser- Nada de lo que hacemos es transcendente, es repetitivo porque fue concebido para una existencia exclusivamente material.

La alienación en que vivimos sumergidos comienza con la imposición de un yo unidimensional, un yo implantado por la sociedad cuyo propósito es ser reconocido como miembro de ella. Ese yo es útil para el funcionamiento de ella, empero niega el yo interno que todos poseemos, por eso nadie sabe quién es realmente ni se preocupa en averiguarlo. Individualmente sería tolerable esta carga, si no fuera por el hecho de que la sociedad satura la mente de otras identidades asociadas a objetos, personajes históricos, ejemplos o antagonistas. El infante vive siendo abarrotado de modelos alternativos del yo social que niegan su yo interno -su identidad- para poder ser aceptado como miembro de la sociedad. Por eso es que muchos individuos colapsan, sucumben a la terrible presión de tener que cumplir el rol que escogió y satisfacer las expectativas de la sociedad. Al tratarse con alienados lo más frecuente es escucharles decir “no sé quién soy, no me conozco lo suficiente”, pueden entregarse al delirio de aferrarse a un yo social irrealizado -reflejo de una gran frustración por no ser lo que quería- o someterse al tedio de una rutina odiosa, que es una mentira piadosa

Así todos queremos ser lo que otros quieren que seas, no lo que tú realmente quieres ser. Y sí somos conscientes de ello, eso implica una “pérdida” -en realidad una renuncia- a como vemos las cosas, con quienes nos relacionamos; el dilema radica en que se nos inculcan que si cumplimos un rol debemos relacionarnos con individuos de esa categoría porque son necesarios para nuestro progreso social -ningún ser humano avanza solo- no obstante, cuando queremos crear una vida opuesta a lo establecido, necesariamente debemos “romper” con las interacciones que impedirían nuestro progreso como seres transcendentes. La sociedad sabe eso -peor si es muy represiva- y para prevenir “descarrilamientos” apela a la presión del grupo: la burla, la crítica destructiva, el trato despectivo, el manejar como una tragedia que se abandone un modo de vida seguro y amoldado, o el abierto rechazo -con abandono incluido-

Mortificar es la respuesta de los homeostatos sociales a un cambio, el ser atormentados por atrevernos a ser sinceros con nosotros mismos. Las escuelas siempre en un constante dilema si valorar más el esfuerzo individual o el grupal, los entendidos a veces apoyan uno u otro extremo. Lo cierto es que no se ha creado un equilibrio entre ambas posturas, porque en el funcionamiento social y educativo establece relaciones de dependencias recíprocas que pueden terminar siendo perniciosas para el buen desempeño académico, así como para el espíritu meritocrático que debe existir en el ambiente escolar.

El mejor ejemplo de ello es que, algunos profesores o alumnos mantienen una relación de enemigos, empleando al grupo con el objetivo de atacarse. Profesores que sienten como una amenaza -aunque cueste creerlo- a ciertos alumnos destacados, usan las evaluaciones grupales o al grupo para mutilar su potencial. En la posición opuesta, el alumno puede entorpecer el desarrollo de la clase, porque considera también al profesor como una amenaza, e igualmente usa al grupo para humillar al docente. En ambos casos, comparten un temor hacia el otro y ocultan sus carencias usando al grupo, es decir, el yo unidimensional acorde al momento -el profesor déspota, el alumno gamberro, la clase irremediable, el grupo de rezagados- Si empieza allí y nadie le pone reparo, tarde o temprano terminará repitiéndose en otros ambientes sociales, sin remedio aparente.

  • Escenas de la película El Entrenador Carter/Juego de Honor 1 y 2.

La educación, debe superar el funcionalismo. Está demostrado que alguna vez hemos cuestionado lo que somos, porque el ser humano no es nada más pensamiento y cuerpo, es también esencia y espíritu. El dueño de un enorme potencial absurdamente ocioso, porque ignora que es él, es un desconocido que desde la infancia vive autohipnotizado y que no necesita que lo engañen, ya vive engañado por si mismo. La inercia social lo sofoca, la inacción lo contrae y la represión lo ata. Lo cierto es que, la única manera de crear sociedades realmente libres es que respeten al ser humano como es, como vino a este mundo material: puro, libre e inocente, deseoso de saber y comprender, de curiosear las posibilidades del entorno.

Si la educación respeta al ser humano como es, la sociedad también lo hará y el mundo será otro. No con falaces utopías, ni con materialismo el ser humano se elevará, sino resolviendo cuál es su naturaleza, cuya respuesta está en el ser no en el modelo social. Todas las posibilidades las tiene la humanidad, la sociedad no, porque ella es nuestro instrumento, no nuestro dueño. La sociedad es una máquina y debe estar a nuestro servicio, sin embargo le hemos dado demasiado poder a ella, hasta el punto de volvernos esclavos de nosotros mismos. Ella sólo nos da los grilletes.

Una educación que piense en el ser, es la clave para hacer brillar todos los potenciales del mañana con autenticidad.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La educación determinista: Perfiles. (tercera parte).

 

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El aferrarnos nos impide ser libres PFMS-Start Page Images.

 Toda la educación que recibe un individuo terminará por definir que será en el futuro, no solo sus decisiones, hay que entender que toda nuestra vida es un aprendizaje. Algo nos enseña las distintas experiencias que tenemos. Lo que debe ser prioridad para todo proceso educativo es preparar ciudadanos capaces de encontrar esa enseñanza oculta que tienen dichas experiencias, así evitamos que los infantes tomen decisiones equivocadas y sean más despiertos, no se trata de formar seres perfectos sino cautos. No obstante una educación determinista no ve necesario individuos despiertos, los prefiere conformados, temerosos de perder lo que conocen, hacerlos apáticos pero sobre todo convencerlos de que son torpes y siempre se equivocarán, por ello necesitan a un mecanismo supervisor que les diga como hacer las cosas y si no las hacen bien, ser “corregidos por ello” -en realidad es castigarnos-. Desconfiamos de nuestra inteligencia, de nuestro talentos, de que nuestros emprendimientos tendrán éxito… dudamos de todo porque nos enseñaron a depender de ese mecanismo supervisor.

Más triste aun es que nos hicieron codiciar el poseer el mando de ese mecanismo, el Poder Absoluto de todo y de todos. Así la humanidad desde la infancia rinde culto a ese Poder Absoluto. No somos nadie si no tenemos algo -un instrumento, un estatus, una mente prodigiosa, un puesto de liderazgo…- que nos haga sentir poderosos, algo que llene nuestras carencias interiores porque la educación y la sociedad han impuesto la necesidad de tener Poder. Esa simple pieza que compone la maquinaria social empuja a terribles periodos de sufrimiento, locura e ignorancia a la humanidad, le da el dominio -a un puñado de hombres- del destino de los demás, sin respetar su individualidad. La tan criticada sociedad de consumo insiste en que tengamos cosas que al final no todo el tiempo necesitamos, no poseemos sentido de las prioridades porque nos interesa tener satisfecha la sensación de Poder que nos inculcan.

Modelos sociales alternativos, tampoco se salvan de enseñar la necesidad de tener Poder y luchar por él: quien tenga el mando absoluto, quien posee la sumisión de los ciudadanos -no su respeto-, el que más promueva nuestra ideología, o el que tengan la posición más reactiva contra modelos distintos al nuestro… evidentemente tiene el Poder. Tiene la aprobación de la sociedad y es el más capacitado para predicar nuestro valores (¿?). Las corrientes filosóficas materialistas fueron feroces críticos de como los distintos modelos sociales de su tiempo promovían en el individuo la necesidad de acumular sin medida y al mismo tiempo aprisionarlo a esos objetos -o posiciones dentro de la sociedad- diluyendo su identidad como ser humano. Seres sin sustancia, adictos a la adulación profesional, amorales e incapaces terminan por conformar la sociedad y educar a las nuevas generaciones.

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The Matrix, el ser humano es prisionero de sus propias creaciones-PFMS-Start Page Images.

Como prisioneros que somos -y que seguimos siendo- de una interpretación materialista del mundo no nos interesa otra cosa más que satisfacer esa necesidad de tener ese algo que nos haga sentir esa falsa plenitud del Poder. Gracias a ello seguimos siendo seres aferrados, difíciles de entender y con miedo, mucho miedo… en nuestro interior sentimos ese terror de la infancia en todo cambio en los acontecimientos aun cuando admitimos que pueden suceder, pero nos negamos a aceptarlo porque estamos aferrados y porque nos inculcaron la importancia de tener Poder.

Sin embargo, como vivimos aferrados, estamos hambrientos de Poder, tenemos mucho miedo y hemos construido un mundo inestable casi hasta de pesadilla donde pareciera que la vida es una mortificación, entonces más nos volvemos aprehensivos. Hemos fallado en construir un mundo mejor que el que tenemos, deliberadamente decidimos en función a aquello que puede ser benéfico ahora, mas será una carga mañana. Las naciones compiten violentamente impulsados por tan peligrosa premisa, llegando a ignorar a propósito sus propios valores con tal de conseguir esos beneficios y engañando a sus ciudadanos. ¿por que sucede esto? Porque nos lo enseñaron desde pequeños, creemos que el Poder es para dominar, no para servir al bien común; los que nos gobiernan, lo saben mas lo callan porque sería admitir que la máquina -la sociedad- esta mal, debe ser cambiada desde la educación.

También lo hacen porque sería admitir que todo lo que han hecho y decidido podría ser un error ¿como lidiar con esa impotencia?, ¿como superar ese terror de la infancia que te acompaña hasta tu etapa adulta? No, mejor dejar las cosas así, sería reconocer que debo empezar a aprender a vivir de forma opuesta a lo que hasta hoy creía era correcto. Aferrarse a un modelo, a un cliché, a una ilusión nada más evitar que todo lo que mantiene funcionando al mundo se desplome. Allí el materialismo tiene razón: al ser conscientes de nuestra propia falsedad, muchos prefieren volverse prisioneros voluntarios de todo lo que han acumulado -Poder, dinero, bienes, estatus, ideologías, sentimientos…- condenando a las futuras generaciones a creer en una fantasía, ¿por qué sucede? Porque estamos convencidos de que somos nada más este cuerpo, esa mente que lo controla y esta vida estrictamente material. No hay nada más fuera de eso. El alma reducida a un consuelo religioso, a una negación constante por una falsedad que no admitimos porque implicaría vivir de una manera diferente.

Ser diferente parece hasta un tabú, tener una vida distinta a la que nos inculcaron como verdadera es objeto de cuestionamientos por todos los demás. Predicamos una tolerancia que languidece cuando surgen individualidades opuestas a nuestros preconceptos; la sociedad uniforma, aferra, alimenta la idea del Poder como objeto de satisfacción personal sin límite, e impone -por la fuerza o de forma sutil- pautas de pensamiento que aceptamos porque esas son las tendencias. Las escuelas pueden ser muy buenas -o pésimas- pero si no inculcamos que todos podemos cambiar nuestros hábitos y mucho de nuestra forma de ser porque esta no es permanente, vendrá la confusión, el conflicto esta garantizado. Basta con ver el preocupante aumento del acoso escolar para darnos una idea, los que otros consideran diferentes -por su juicio, no porque así lo comunique el individuo en cuestión- es motivo para ejercer la violencia sobre ellos. No inculcamos que eso que somos durante una etapa de nuestra vida es un ciclo, una manera de pensar que posteriormente superaremos para dar paso a nuevas perspectivas.

Aquí viene la obvia pregunta ¿porque obligamos a otros a pensar como nosotros o los convencemos a aferrase a una forma de ser que simplemente es cíclica? La respuesta es igualmente obvia: porque vivimos aferrados a algo, vivimos convencidos que somos esta realidad material y mental, queremos -desde la escuela- demostrar nuestro Poder sobre los demás. Quienes son víctimas pueden afianzarse en sus ideas y forma de ser, pelear por preservarse como es empero también corren el riesgo de no evolucionar, de negarse a crecer como individuos hasta el punto de llegar a extremos antisociales.

Los seres humanos tenemos algo en común con los arboles: debemos ser sembrados en una tierra fértil, ser cuidados, regados, abonados y respetarnos nuestros ciclos de crecimiento. Así daremos buenos frutos. En cambio si somos mutilados, arrojados en tierras estériles, descuidados… moriremos inevitablemente o si por alguna fortuna crecemos acosados por la carencia daremos frutos amargos, preferiremos conservar los pocos recursos que disponemos para nuestro beneficio, sin importarnos los demás.

De este modo lejos de lograr superarnos como especie civilizada, viviremos estancados. Avanzaremos tecnológicamente, pero interiormente seguiremos pobres llevando la discordia a donde quiera que vayamos; perderemos valiosos talentos antes de que florezcan porque no creemos en ellos, continuaremos teniendo un mundo donde sobrevivir está por encima de vivir ¿que significado puede tener vivir si estas temeroso de perder lo que posees?, ¿que gratificación puede tener someter a los demás, nada más para demostrar tu Poder sobre ellos?, seremos salvajes sofisticados sin paz ni gloria, ajenos incluso a nuestro Creador. El mayor problema del género humano es que no se conoce así mismo, ignora que es y quien es y por ello sufre. La idea de la vida es aprender respetando los ciclos que con ella funciona no obstante los seres humanos somos impacientes y necios, queremos el mundo a nuestra medida sin importarnos caer en desequilibrios siendo esa la razón del sufrimiento y somos mortificados debido a nuestra propia mediocridad. Lo más penoso de nuestra situación es que tendemos a victimizarnos (¿?).

La educación debe entregar al mundo personas despiertas, desprendidas y honradas. Debe enseñar que la vida puede ser algo maravilloso si nos esforzamos en alcanzarlo; sobre todo debe hacer conscientes que la vida son ciclos y como tales todas tienes un tiempo que respetar con lo que evitaremos el sufrimiento y el autoengaño.

Debemos tener generaciones de ciudadanos comprometidos con lo que quieren ser, no con lo que le dicta una imposición social. Eso es una de las muchas causas de tantas frustraciones y tragedias.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La educación determinista: El ambiente social (segunda parte).

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La influencia de la sociedad sobre el individuo es determinante – PFMS-Lukol Images

La sociedad es un ente que no está aislado del individuo. Se encuentra profundamente relacionado con él y su influencia determina mucho de su comportamiento; la educación es la experiencia social más significativa del individuo porque es allí donde se familiariza con el funcionamiento de la sociedad -valores, leyes, mentalidad, conocimiento- así como sus virtudes y defectos. El infante al principio, no duda de lo que se le enseña porque puede comprobarlo en la realidad cercana o consultando a los adultos de su confianza, no obstante la suspicacia le surge cuando ve ilógicos los postulados de la sociedad en la práctica, en su ambiente cotidiano o en los acontecimientos sociales que cautiven su interés. Esos interminables ¿por qué? que algunos adultos consideran mortificantes, son el primer cuestionamiento que hacemos cuando somos niños. La complejidad de esas interrogantes empiezan cuando tratamos de encontrar las respuestas.

Por lo general, la sociedad sea muy liberal o represiva, no tolera la crítica. Nuestro mundo depende de dogmas, ellos han levantado la sociedad que te rodea “¿por qué tratas de ir contra ello?”, sería la pregunta que un adulto le haría a un infante si cuestiona. Pero la naturaleza humana también esta compuesta de una curiosidad innata, por lo que la sociedad no puede destruir esta característica sin liquidar al individuo, de hacerlo no sobreviviría ni habría creyentes de sus dogmas. Para evitar que esta crítica temprana se haga muy profunda los adultos construyen un mundo donde su mente se pierde en distracciones innecesarias o en imposiciones limitantes -pensamiento único, masificación, conflictos, controversia- e instruye al niño a prestar atención a ello, antes que a su propia conciencia. La educación podrá dar individuos críticos más no lógicos en sus argumentos. Serán apasionados, fanáticos o expertos en la critica destructiva, no objetiva.

Los pocos infantes que se niegan a entregar su conciencia a la mentalidad masiva que impone la sociedad, en su ciclo educativo, suelen ser agudos, profundos y disconformes. Los padres pueden no ser tan tolerantes con ellos o los aceptan y apoyan, empero saben que su hijo podría ser una singularidad, ante ellos la sociedad podría tomar una postura intransigente, más prefiere buscar que se sumerja en la impotencia y arrinconarlo en el sueño de una utopía.

“¿Usted quiere decir que sí soy crítico y objetivo, soy un problema para la sociedad?” No eres un problema, eres una singularidad, un suceso único e irrepetible. Todos los somos, lo que sucede es que nos enseñan a olvidarlo perdemos nuestra inocencia para alcanzar la madurez necesaria con la cual encajar en la sociedad, de no ser así, el sistema imperante no sabe que hacer, tienes que escoger cuál función ocuparás, qué rol te corresponde. Si disientes de ello, eres visto como un extraño -primer síntoma de la intolerancia humana- porque no te amoldas, no sigues lo socialmente aceptado. Sobre todo, si no has perdido tu inocencia, si no vez necesario seguir los caminos aprobados por todos -especialmente en tiempos de conflictos políticos- y prefieres tu propia senda, entonces la sociedad no sabe qué hacer, no sabe qué decir, o cómo reprimirte. La sociedad sabe que ese niño que preguntó ¿por qué?, no se convenció de las respuestas pre-programadas de los adultos, ha crecido creyendo en su propia capacidad de encontrar su propia verdad sobre las cosas que no entiende, ni le convencen.

Socialmente somos programados -como máquinas- para creer en algo. Los ideales de la sociedad son nuestros primeras creencias, la educación se ocupa de ello mientras la sociedad demuestra que es una verdad casi irrefutable. Lo único que nos salva de ser serviles y obedientes es nuestra conciencia, la humanidad se esfuerza en desarrollarla más yerra en aplicarla convenientemente porque la educación está limitada a entregar individuos útiles para la sociedad, porque todos tenemos que cumplir un rol dentro de ella. Aunque cambies de creencias, debes cumplir rol si no puedes definirlo ella te asignará uno -por eso apelamos a las etiquetas, los calificativos o los prejuicios- ello implica renunciar a nuestra inocencia, ¿puede la educación revertir esto? Sí se puede, siempre y cuando el hombre deje que sea la conciencia la que lo conduzca a la sabiduría.

En caso contrario, la sociedad seguirá invariable. Sólo cuando la humanidad se entregue a la búsqueda de la sabiduría, renunciando a todo lo que ella misma creó para mantenerse enajenada, será el despertar de su auténtica naturaleza. Aunque ocurran miles de revoluciones y reformas morales, nada cambiara de verdad si la humanidad no se compromete con la sabiduría. Esta palabra, tan corrompida por falsos eruditos, nos dice que tenemos que ser profundos, temerarios en comprender la realidad que nos rodea, sobre todo en saber cuál es nuestra autentica esencia.

Creemos que solamente el más culto, el más fuerte o el más astuto es sabio, pero no es así ¿de qué vale tener algunas de estas “cualidades” si con un simple por qué, todos nos paralizamos? Los adultos ante esa pregunta mienten, distraen o reprenden… quienes son sabios -humildemente- responden no sé porque saben de lo transitorio de su paso por este mundo y porque ninguna generación tiene el derecho de poseer todas las respuestas. En la educación, se acepta lo contrario pues nos enseñan a aferrarnos a las cosas que sabemos nos serán útiles sólo mientras vivamos y la sociedad focaliza ese aprendizaje hacia cosas que en el fondo no son tan necesarias. Son la causa de todas las insatisfacciones humanas, el fruto maldito del cual nos alimentamos para renegar de él aunque nunca nos desprendemos totalmente de ello a pesar de que cambiemos de creencias.

Nos aferrarnos al orden, a pertenecer a un grupo, a vivir según una moda, a seguir una tendencia política porque promete ser la “auténtica solución”, a renunciar a nuestras creencias cuando no satisfacen nuestras expectativas, a creer en un dogma, a seguir “el ejemplo de ese gran ciudadano”… tantas cosas son impuestas al individuo, pero nadie está preparado para levantarlo si falla, si no cumple con lo que se le exige como miembro de la sociedad (¿?), no creen en él porque es sabio sino por que es útil para la sociedad, en caso de que los demás no vean que lo es, será descartado. Tal razonamiento es cruel, es injusto y deshumanizante pero se implementó en la sociedad, sea liberal o una tiranía. Todos creemos en algo porque funciona, si no desechamos esa creencia para aferrarnos a otra que satisfaga lo que la anterior no logró; el error está en que nos aferramos . El aferrarse le niega la hombre la posibilidad de superarse como ser pensante, lo vuelve más ultraconservador de lo que él cree -aún cuando apoye un ideal opuesto-

La educación debe estar al servicio de la sabiduría, sino seguiremos en estos ciclos de abundancia y miseria, de dividir a las personas entre ganadores y perdedores, de poner a todos en una feroz competencia en quién se aferra mejor a lo que tiene y cree. Nada es permanente todo es mutable, hasta en la política eso es una ley universal, ninguna generación tiene derecho a todas las respuestas porque ninguna aprendió a ser sabia. Habrá ciudadanos notables, talentos fascinantes o personajes admirables pero de todos ellos -como singularidades que son- algunos alcanzaron la sabiduría. Nos legaron el medio para encontrarla sin embargo, seguimos indiferentes a ella… y lo enseñamos…

Si ninguna generación tiene derecho a todas las respuestas porque no es sabia, entonces, ¿para qué seguir? ¿para qué perpetuarse si ninguna lo conseguirá? El fatalismo es otra trampa del sistema. Nos han convencido de que el sabio es un ser excéntrico, un iluminado, alguien elegido por Dios que porta la sabiduría para heredarla a los demás. Contradictoriamente pone al sabio como una amenaza para el orden establecido, un peligro para los dogmas así que éste debe apelar al sectarismo. Entablar un combate contra el orden para que surja uno mejor. Eso es un error. El sabio no le interesa un nuevo orden, porque su misión es despertar a la humanidad de su letargo, sabe que si ella se transforma desde el interior de si misma, reconciliándose con su esencia no habrá necesidad de pelear, de “cambiar” un sistema social por otro más ideal…todo eso es transitorio. Lo que importa es el individuo, si el es consciente es sabio, por lo tanto toda generación que pasa por este mundo debería proponerse y actuar para ser más sabia así heredaría un mundo más equilibrado.

Por eso es que tampoco ninguna generación tiene todas las respuestas, no dejamos este mundo en equilibrio sino en conflicto, aferrado a cualquier cosa. El egoísmo lo transmitimos a las siguientes generaciones y como lo han aprendido no les interesa ser sabias. Cuando alguna generación renuncie realmente a todo lo que la debilita, y la aliena, poniéndose al servicio de la sabiduría tendrá todas las respuestas, dejará como herencia un mundo esplendoroso. Eso es lo que debería avocarse la humanidad a través de la educación, en formar personas sabias que se sinceren así mismas y digan: “no sé nada, no soy sabio, nunca lo pensé… pero quiero aprovechar esta vida para aprender a serlo”.

Sin duda, si la humanidad se vuelve sabia, transformará la educación, transformará sociedad y se transformará así mismo…

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La educación determinista: Identificación del problema. (primera parte).

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La educación determinista solo quiere marionetas, no personas-PFMS-Lukol Images.

Está considerado que la educación es el baluarte de toda sociedad; el apoyo que define los avances -o retrocesos- que tiene. Sin la educación no existiría la sociedad, mucho menos la civilización, siendo por ello prioridad para cualquier cultura desarrollar los talentos de sus miembros a través de ella; no obstante la educación es una empresa difícil que requiere un cuidado y atención considerable, ya que si se consienten yerros en el proceso formativo las consecuencias podrían ser desastrosas. El problema con la mayoría de la sociedades es que enseña a sus infantes a que solamente se acoplen al modelo social aceptado, sin que el futuro ciudadano se sienta contrariado o insatisfecho con el rol que ocupará; de allí pues que en la familia y en las aulas siempre se observe las aptitudes del alumno de manera que en etapas ulteriores de su formación académica encuentre su rumbo en la vida.

Sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué se habla tanto de la necesidad de “cambios en la educación”?, ¿por qué si dice que el modelo actual de educación “no sirve”?, ¿por qué se empeñan algunos grupos políticos en apoderarse de la educación, sin tomar en cuenta la opinión de los padres y maestros?, más preocupante aún es ¿por qué hay que cambiar la educación? Cambiar la educación significa cambiar la sociedad. Modificar hábitos, creencias, valores, herramientas… de lo contrario el progreso sería una ilusión, una utopía en manos de unos pocos hombres, mientras el resto naufraga en el ostracismo. Lamentablemente, el egoísmo ha mantenido la educación estancada, no de la misma forma en todos los naciones, pero sí es evidente que la misma está rezagada con relación a ésta era. De ser así ¿cuál es la causa de que la educación esté en ese estado? El determinismo social que impone una formación limitante.

Sí la sociedad limita su educación a trabajar en condiciones misérrimas, los individuos que se formarán en ella serán seres mediocres, carentes de entendimiento suficiente e incapaces de pensar por sí mismos. Estarán reducidos a la búsqueda de la satisfacciones inmediatas sin medir la consecuencias y lo que es peor nunca podrán decidir correctamente sobre sus propias vidas. Serán absorbidos por el uniformismo de la masa, estarán sujeto al dictamen de ella y nunca podrán ser ellos mismos, su individualidad estará profanada por los otros y el tener un pensamiento original será objeto de rechazo de los demás. Individuos así, serán dependientes de todo y de todos.

La mayor contrariedad que enfrenta el hombre moderno es la ausencia de una identidad: ¿quién soy realmente?; la educación puede ser una vía para que el hombre encuentre su lugar en el mundo, pero factores destructivos prefieren que el individuo sea conformista, impedirle que profundice en su propia interioridad y se encuentre con sus verdaderas aptitudes las cuales si le convertirían en ser dichoso y feliz, contrario al determinismo social. Creemos que éste terrible escenario es obra de sociedades sometidas a crueles totalitarismo, más no es así. El mundo exterior de sociedades liberales está repleto de mensajes perniciosos, prejuicios, antivalores, odios ajenos y demás agentes que contaminan la mente de los individuos. No sabe qué hacer, está inhibido de decidir sin que miles de voces lo juzguen, debe aprender a amoldarse a lo que diga el medio, o lo que es lo mismo la sociedad. La familia y las escuelas son espejos enormes de cómo es la sociedad, lo que se diga, haga, piense o se calle refleja cómo es ella.

Empero no podemos “callar al mundo”, menos el social. Debemos formar parte de algo, sino seriamos seres asociales; en la escuela nos dan herramientas básicas para escoger un rol en la sociedad mientras en la familia nos forman para integrarnos al macrocosmo que también es la sociedad. Sí la familia falla el individuo no tiene más motivaciones que las de sus instintos e ideas erróneas no obstante, sí la escuela falla todo se desplomará. La sociedad verá un fracaso en él y debería trabajar en porqué falló, desafortunadamente no todo el tiempo hay interés por descifrar el enigma que representan esos individuos inadaptados, la sociedad termina por descargar toda la responsabilidad en él -como individuo, no como un miembro de un todo que es la sociedad- . Nunca admite que también tiene una cuota de responsabilidad en éste fracaso; porque la maquinaria social siempre debe funcionar, no se puede detener, los “mecánicos sociales” deben preocuparse en mantenerla trabajando. Repararán la falla cuando sea evidente -actuación de los mecanismo represivos- más no investigarán a fondo porque sucedió. Eso se lo reserva los homeostatos de la sociedad.

Siempre se afirma que “el hombre es inocente, pero la sociedad lo corrompe”, frase que cuenta con mucho apoyo por todos sus miembros, cual sería su sorpresa sí alguien preguntase ¿y ustedes qué creen que causa esa corrupción? Nadie respondería y si lo hacen veremos a todos peleando entre sí por demostrar que la causa que identifican es la correcta: “son los políticos”, “son los medios con su propaganda”, “es aquel partido el culpable”, “ es esa música satánica que difunden”, “se equivocan, son los ricos -o los pobres, según quien lo diga-”…

De ésta frase muchos filósofos han dado su punto de vista, el más resaltante, y donde todos coinciden, es el siguiente: el hombre es un ser dual por naturaleza, no puede definir de forma absoluta que es bueno o malo porque posee subjetividad aún cuando la sociedad diga “esto es bueno y eso es malo” nunca se podrá estar seguro de que así sea. Para solventar este vacío decidimos enseñar que lo que hace daño es malo -sentir dolor es malo- y lo que no, es bueno -si algo nos proporciona placer o felicidad es bueno-, tal idea parte de las respuestas nerviosas de nuestro cuerpo y las interpretaciones que damos a ellas. El cuerpo, es nuestro punto de referencia principal. Sin embargo, nuestro cuerpo no puede explicar la subjetividad, ella yace en la mente y en el alma elementos inconmensurable, por lo tanto la sociedad no corrompe porque si, si no que crea condiciones corruptoras correspondientes a nuestra naturaleza dual. Las consecuencias son obra del libre albedrío, es decir del individuo. La sociedad es sólo una máquina, sobre su uso quien dispone es el hombre.

Como la educación es una pieza que hace funcionar la maquinaria social, de paso es la más importante, lo que veamos allí será la actividad que define el carácter de la sociedad. Resolver éste tema sería trabajoso y difícil, la civilización no avanzaría -según algunos- el progreso no puede pararse por una duda filosófica, encerremos la duda en un salón de clase para que la resuelva un maestro con los alumnos, pero ¿qué profesional va a “resolver” una incógnita si su educación le enseño a desestimar la duda?, ¿cuántos están dispuestos a profundizar en la naturaleza de las cosas, sin que ello desmorone todo lo conocido? Nos enseñaron a aferrarnos a lo que podemos comprender, a preservar unas reglas e ideas que nunca han sido ni ciertas ni falsas porque nunca dudamos de ellas, jamás hemos examinado por qué todo lo que sabemos es cierto ¿nada más porqué lo podemos comprobar? El profesor no es filósofo, no tiene más que educar al niño y si él me dice cosas que no comprendo -ni me educaron para ello- entonces lo reprimo, temo descubrir algo que destruya lo que puedo entender. La sociedad envía a muchos docentes a imponer lo que ella acepta como cierto.

Eso vuelve a los docentes en meros repetidores, desmoralizando a los alumnos. Si hay una pregunta debe ser dentro de los límites de lo conocido, lo demás es absurdo y como no todos salen de la escuela conformes el docente debe resolver como amoldar a los “rebeldes” siendo una labor agobiante el “educar y reducir esa disidencia temprana”. El docente en este proceso, del cual muchas veces ignora que es cómplice, lucha en solitario por salvaguardar el funcionamiento del sistema.

Al respecto podemos mencionar el libro Cómo hacer de tu hijo un fascista (Madrid, España. Altalena Editores, S.A. 1978.) de la autora Victoria Palant quien cita al pedagogo Fernand Oury:

“En Crónica de la escuela-cuartel Fernand Oury señala que <<algunos maestros, más numerosos de lo que se piensa, han intentado a lo largo de los años dar vida a su clase… Solos, sin medios, frente a la inercia del ambiente y a las complicaciones administrativas, han fracasado y lo saben. Su deseo está en otra parte… ¿Quién podría reprocharles el haber sido vencidos por la enorme máquina burocrática? Esta desesperanza lúcida de algunos ´viejos´ es, a veces, conmovedora… Antes cambiar su deseo que el orden del mundo.” >>

A lo anterior habría que agregarle:

“… resignados, amargados, esperen aprovecharse de su retiro”, porque “¿quién podría reprocharles el haber sido vencidos por la enorme máquina burocrática?…Antes cambiar su deseo que el orden del mundo.”

¿Cuál sería el deseo del docente con relación a la sociedad? La autora nos contesta esta duda citando a Erich Fromm (El miedo a la libertad) y nuevamente a Fernand Oury::

“En el texto de Fromm lo que aparece es la necesidad de hacer coincidir el deseo con las necesidades propias de su función. En el de Oury, los maestros, impotentes frente a la máquina, prefieren cambiar su deseo que el orden del mundo”.

Tanto alumnos como docentes están atrapados, no podrán renovar los cimientos de la sociedad porque la educación sigue igual. Habrán nuevos métodos, herramientas sofisticadas, más presupuestos… pero la inercia continúa… nuestros reales deseos serán anulados por otros que correspondan con lo que necesita la sociedad, según la función de cada quién. Muchos viven atrapados en un cliché que se acompleja y adapta a los tiempos, que nacen en la educación dando como resultado esta sociedad que muchos catalogan de “enferma”. En realidad no está enferma, simplemente no funciona como queremos porque nadie ha revelado como es realmente ella y porque por comodidad o conformismo nos gusta como es, enferma. Eso es lo que quizá muchos “genios de la historia” descubren dolorosamente mientras ven con amargura como el proceso continúa intacto. Podrán advertirlo pero todos aceptamos esas condiciones, porque cambiar la educación significa cambiar la sociedad.

Así que, los individuos crecen en un entorno que ya tiene previsto todo… hasta que pensarás si reniegas lo que te enseñan… ¿cómo lo saben?, porque naciste en sociedad, vives de la sociedad, te rodean las ideas de la sociedad -incluidas las subterráneas- y no conoces otra cosa más que lo que dijo la sociedad; la educación es el primer escenario donde te pone a prueba la sociedad. Escenario de una obra de teatro en donde todo, hasta el último detalle, está previsto, los accidentes e improvisaciones no son más que “casualidades”. Ese es el otro mayor problema de este triunvirato (individuo, educación y sociedad) que como no está seguro de nada, presume saber de todo, ocultando su propia incapacidad por admitir que hay mucho que cambiar -de la raíz misma del triunvirato- para construir una sociedad realmente mejor.

De todas maneras, será el tiempo y las circunstancias las dos únicas fuerzas que demuestren sobre ésta urgencia de cambio.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x