Las Naciones Unidas no debe ser una “tortuga”.

Banderas de los Paises
Las Naciones Unidas se esta quedando rezagada ante los desafíos mundiales-PFMS-Google Images

Cierto diplomático venezolano llego a comentar ante sus colegas de las Naciones Unidas que dicha organización no debía seguir actuando como una tortuga ante las situaciones de conflicto en el mundo, es decir, no optar por “esconderse” dentro de un caparazón político cuando surgiera alguna situación que ameritara su intervención. A la larga -advertía- ésta forma de actuar podría conducir a crear nuevos escenarios de conflicto que terminaría superando a la organización, hasta dejarla incompetente para actuar. También alertaba que los grupos políticos en conflicto podrían descartar a la O.N.U como mediador, dado que no confiarían en ella por proceder como este peculiar reptil, optando por vías más destructivas o amparándose en organizaciones supranacionales más acordes a sus intereses.

El tiempo ha pasado y todo apunta a que éste diplomático tenía mucha razón; en los actuales momentos muchas regiones del mundo viven una etapa de convulsiones muy violentas de las cuales la única opción para enfrentar las circunstancias ha sido la fuerza. La proliferación de nuevos grupos armados -más radicalizados y destructivos-, mantienen en vilo a millones de inocentes quienes se sienten indefensos ante sus amenazas, la pérdida de confianza en la representación política ha socavado la creencia de que las estructuras democráticas eran las mejores opciones para lograr una sociedad justa y participativa. Los escándalos de espionaje, de acciones antiterroristas al margen de la ley, y las evidentes violaciones a los derechos humanos, cuyos actores no responden ante la justicia porque coinciden en complejas tramas de intereses políticos opacos, terminan por provocar recelo entre los ciudadanos.

Las Naciones Unidas han sufrido cambios, pero no los suficientes como para estar a la altura de los acontecimientos actuales. El anterior Secretario General Kofi Annan había propuesto una serie de reformas a la organización que de haberse aprobado podrían haberla renovado satisfactoriamente, desafortunadamente, esta propuesta no prosperó porque para muchos representantes políticos sus intereses -no los de la humanidad- podrían verse afectados, por lo que prefirieron mantener atrapada a la organización en un arcaico funcionamiento, o lo que es lo mismo en seguir con la injusta práctica de la tortuga que se esconde en su caparazón ante el peligro. En pocos años, las consecuencias las estamos notando y quienes no permitieron esos cambios ni siquiera tienen tanta facilidad para maniobrar políticamente como creían porque las circunstancias mundiales les han rebasado. Creyeron erróneamente que podrían controlar los acontecimientos eternamente…

Más lamentable aún, es que las violaciones a los derechos humanos han aumentado y la impunidad sigue latente. Los nuevos criminales no son tan evidentes como antes sino maliciosos, astutos y descarados. Quienes se les enfrentan tienen que lidiar con individuos que gozan de poderes casi absolutos, juegan con las leyes y las instituciones al mismo tiempo que tratan de ocultar las apariencias tras una fachada seudodemocratica. No necesitan un genocidio, una guerra prolongada o destinar a un ghetto a todos aquellos que juzga “indeseables” para ser considerados criminales, les basta con manipular la voluntad de los más débiles, anular la voluntad individual con el verbo más furibundo, apelar al chantaje y la compra de conciencias e instrumentalizar la contradicción para distraer la atención…

Todo eso lo sufren muchas naciones todos los días, pero plantear su situación en las Naciones Unidas se convierte en algo quijotesco. En ésta organización atrapada en el tiempo todavía persiste la mentalidad de incredulidad ante el horror, de mirar al denunciante con extrañeza y por supuesto de creer ingenuamente que los seres humanos nunca podrían llegar a determinado límite con el objetivo de proteger el Poder o imponer su voluntad sobre los demás. Posiblemente si esos incrédulos consultaran a un criminalista, por ejemplo, para comprobar como en la cotidianidad existen seres humanos dominados por un insano deseo de llegar a los extremos más destructivos se sorprenderían de los resultados… el fracaso de una sociedad no es un hecho aislado, es un suceso histórico y como tal compete a la humanidad.

 La crítica más frecuente hacia las Naciones Unidas u otras organizaciones parecidas, es que se ha convertido en un “club de gobiernos”: son los gobiernos los que deciden como ha de actuarse ante determinada situación mundial, son los representantes políticos de los distintos países los que “negocian” como ha de considerar los hechos a debatir y son exclusivamente ellos los que poseen la verdad absoluta y por ende sí se actúa o no. Si existe un conflicto de intereses o si algunos ven oportuno aprovechar una oportunidad política para perjudicar a otro, entonces puede emplearse todos los recursos -hasta los más rastreros- en imponer una decisión favorable para algunos gobiernos pero nefastos para los ciudadanos.

En esa toma de decisiones no esta necesariamente incluida la voluntad de todos los ciudadanos ni de otras representaciones distintas a las gubernamentales, por lo que es muy fácil ignorar a la humanidad con tal de proteger un gobierno, aunque esté al margen de la ley. Sobre todo si este gobierno está afiliado a alguna organización supranacional de países afines cuyo objetivo es ser un “escudo diplomático” que lo mantenga a salvo de alguna sanción. Vemos en este aspecto otro rasgo arcaico que pervive en las Naciones Unidas: el temor a que el ciudadano opine en un escenario dominado por políticos y diplomáticos, el tener que enfrentar directamente a quienes no son muchas veces beneficiados por sus decisiones. Sería admitir públicamente que la dirección del mundo no está apoyada en la justicia sino en las conveniencias.

El panorama mundial lejos de calmarse se complica; dos nuevos retos están desafiando a las Naciones Unidas: el primero es la finitud de los recursos naturales que podría provocar una nueva escalada de conflictos, es evidente que el mejor remedio es educar a la ciudadanía para conservar lo que todavía existe antes de malgastarlo sin embargo, también es necesario que el acceso a esos recursos sea lo más democrático y humano posible. Hay que buscar soluciones equitativas en éste tema de modo que todos los seres humanos puedan disponer sabiamente de esos recursos sin que la mezquindad sea quien disponga; no es un escenario sencillo pero en éste tema no es un país el que corre el riesgo de sucumbir sino la misma humanidad. Ante ello no sirve un caparazón político.

El segundo reto consiste en encontrar respuestas éticas que prevengan el mal uso de la tecnología así como prevenir que se emplee con fines destructivos y represivos. Los escándalos de espionaje, la censura política en la red, y la adopción de robots para la guerra son asuntos que no son ajenos a ninguna sociedad, por lo que hay que hacer grandes esfuerzos para lograr un mayor compromiso en evitar que nuestro progreso se convierta en un verdugo. Concretar mejores instrumentos que garanticen que la técnica esté al servicio de la humanidad, respetando los derechos de todos los ciudadanos y garantizar un acceso transparente a los beneficios de la tecnología. Obviamente en éste tema podemos encontrarnos con el escollo de invocar la seguridad nacional, el discurso de autodeterminación y la soberanía como argumentos opositores, pero se hace necesario poner límites a los excesos…

En estos momentos turbulentos es necesario el mayor grado de mesura posible, tanto de los gobernantes como de los ciudadanos, empero también es menester no dejar que sea la mezquindad la que siga moviendo los hilos del Poder, sólo porque algunas cofradías políticas se interpretan más importantes que el resto de la humanidad; hay que hacer honrar el compromiso de las Naciones Unidas de lograr que todas los países, a pesar de sus diferencias, cooperen entre sí en la búsqueda de un bienestar mayor y común.

No es una empresa fácil, pero continuar ocultándose ante el peligro como la tortuga nos conduciría a un camino sin salida.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s