Month: June 2014

El panoptismo como instrumento de castigo.

 

 

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Nuestra vida virtual y real están tan unidas que pueden ser modeladas por el juicio de otros-PFMS-Google Images

El poder de la tecnología nos brinda la posibilidad de acercarnos a otras realidades sin grandes esfuerzos; podemos “comprender” mucho mejor lo que sucede a nuestro alrededor y del mismo modo incidir en la realidad. Los efectos de esa influencia pueden variar según nuestras intenciones, pero la sobreexposición a la que estamos sujetos actualmente hace que sea imposible determinar si dichos efectos parten de algo real o falso; la compleja maraña del origen de las informaciones puede confundir al más acucioso al mismo tiempo que la libertad personal se encuentra bastante vulnerada si tal vorágine informativa escoge como objetivo a un individuo. Las personas y las autoridades pueden fácilmente definir nuestro rol con tan sólo un estímulo concreto.

La maquinaria que mueve al llamado Social Web -en parte- es completamente lúdica. Aunque convergen otros intereses más serios, la frivolidad alimenta esta maquinaria; compartimos demasiado de nosotros en este ambiente sin medir las consecuencias… todos sus miembros tienen preconceptos arraigados de quienes podrimos ser por ese ambiente y sin darnos cuenta nuestra identidad real ya está harto mezclada con la virtual. Si algo rompe con esa rutina veremos el rostro no muy agradable de esa maquinaria. Los “otros” juzgan en tiempo real lo que somos y que decidimos afectando nuestro modo de ser, constantemente nuestra cotidianidad esta evaluada por terceros que buscan satisfacer algún interés, gracias a que hemos cedido parte de lo que somos.

Y también está el caso contrario de que algunos prefieren alimentar sus egos con ese juicio en tiempo real. La provocación, las ansias de ser reconocidos y el escándalo así como la deliberada “exposición de los trofeos” para buscar en la aprobación de los otros un sentido -reflejo de una incapacidad en encontrar un equilibrio en sus vidas- termina siendo objeto de evaluaciones nimias de los demás. El ambiente social pareciera no tener limites, la creatividad para captar la atención y propagarlo se convierte en un juego donde buscamos atención como sea… hasta que ese juicio en tiempo real termina dando un veredicto. La última palabra que puede aprobar o desaprobar puede ser muy dañina.

Cuando el veredicto desaprueba nuestros actos vemos como quedamos definidos ante los demás. Sin importar la naturaleza de los hechos, todos pueden decirnos qué somos y recordárnoslos por qué la red no olvida. La “fama” no la podemos controlar llegando a límites insospechados. Argumentar contra ese veredicto termina siendo inútil porque ya todos creen tener definido cómo somos por nuestra acciones y nada podrá cambiar el rumbo de esa estampida de opiniones. Así la libertad de ser como se desee queda destruida, el individuo no podrá tomar una decisión con seguridad porque el juicio ajeno condicionará su actuación en la vida; quizá por prudencia prefiera esperar hasta “que se olvide el asunto” más no podrá tener una certeza de que al pasar toda ese escándalo no será señalada por los hechos pasados.

Nuestra identidad en estos tiempos -si aceptamos formar parte del ambiente social- estaría más expuesta que nunca a los demás. La presión que ejerce el mal uso de la tecnología social sobre el individuo socava su derecho de ser como desee y hasta podría coartar la libertad de expresión misma, porque los otros con el poder del número serían aliciente para abstenerse de hacer comentarios si este es identificado. Nos damos cuenta que el ambiente social está -en parte- compuesta por una mentalidad depredadora que siempre se encuentra dispuesta a arremeter contra quien sea por motivos pueriles.

Esta estructura represiva no lo constituye un sistema ni un grupo, un simple estímulo basta para que una multitud se autoorganice y exponga lo peor de si mismo. Todo un ejército de “eruditos” procede a subemplear el poder de la palabra en ofender a quien sea y a quien quiera, a definir los hechos por la voluntad de una mayoría desenfrenada que no conoce de objetividad. Sobre todo es una mayoría donde no necesariamente caben comentarios edificantes sino frívolos, destructivos y hasta grotescos. La vida individual no pertenece a una persona, sino a la mayoría enloquecida que espera de ella un comportamiento determinado ¿pero cual conducta es la socialmente aceptable para esa mayoría? ninguna porque todo es objeto de juicio, todo puede ser cuestionado y sometido al escarnio público.

Estas mayorías que se formaron en esta era de la información, simplemente, representa lo opuesto a una sociedad del conocimiento: es un colectivo que erróneamente cree poseer una libertad ilimitada por dominar ciertas tecnologías sociales, no le interesa la objetividad sino actuar, cree siempre poseer la razón aunque se le demuestre lo contrario, le causa placer el despedazar la imagen de los demás y ni le interesa desentrañar la verosimilitud de las tendencias más populares sino participar en esa suerte de “barahúnda” en abierta actitud pendenciera. Lejos de opinar para generar un debate equilibrado sobre los hechos que le conciernen, prefieren el alboroto, el insulto, y la imposición.

Nuevamente es necesario que cada quien reflexione cómo debe proceder en el uso de la tecnología social de forma responsable. Es fácil culpar al servicio por no hacer lo suficiente en impedir que sea objeto de burlas, pero nunca pensamos en nuestras propias acciones, evitar hacerse cómplice de los frecuentes escarnios públicos, podría ir sofocando la conformación de esas mayorías que saturan las redes de comentarios inapropiados. Sobre todo hay que estar más consciente de lo sencillo que resulta sacar de contexto un hecho, sólo para terminar siendo objeto de grotesca diversión de esas mayorías perturbadoras.

Nuestra identidad está todos los días expuesta al acecho de éstas mayorías depredadoras, hay que evitar convertirnos en uno de ellos o ser próximas sus víctimas.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

 

Las Naciones Unidas no debe ser una “tortuga”.

Banderas de los Paises
Las Naciones Unidas se esta quedando rezagada ante los desafíos mundiales-PFMS-Google Images

Cierto diplomático venezolano llego a comentar ante sus colegas de las Naciones Unidas que dicha organización no debía seguir actuando como una tortuga ante las situaciones de conflicto en el mundo, es decir, no optar por “esconderse” dentro de un caparazón político cuando surgiera alguna situación que ameritara su intervención. A la larga -advertía- ésta forma de actuar podría conducir a crear nuevos escenarios de conflicto que terminaría superando a la organización, hasta dejarla incompetente para actuar. También alertaba que los grupos políticos en conflicto podrían descartar a la O.N.U como mediador, dado que no confiarían en ella por proceder como este peculiar reptil, optando por vías más destructivas o amparándose en organizaciones supranacionales más acordes a sus intereses.

El tiempo ha pasado y todo apunta a que éste diplomático tenía mucha razón; en los actuales momentos muchas regiones del mundo viven una etapa de convulsiones muy violentas de las cuales la única opción para enfrentar las circunstancias ha sido la fuerza. La proliferación de nuevos grupos armados -más radicalizados y destructivos-, mantienen en vilo a millones de inocentes quienes se sienten indefensos ante sus amenazas, la pérdida de confianza en la representación política ha socavado la creencia de que las estructuras democráticas eran las mejores opciones para lograr una sociedad justa y participativa. Los escándalos de espionaje, de acciones antiterroristas al margen de la ley, y las evidentes violaciones a los derechos humanos, cuyos actores no responden ante la justicia porque coinciden en complejas tramas de intereses políticos opacos, terminan por provocar recelo entre los ciudadanos.

Las Naciones Unidas han sufrido cambios, pero no los suficientes como para estar a la altura de los acontecimientos actuales. El anterior Secretario General Kofi Annan había propuesto una serie de reformas a la organización que de haberse aprobado podrían haberla renovado satisfactoriamente, desafortunadamente, esta propuesta no prosperó porque para muchos representantes políticos sus intereses -no los de la humanidad- podrían verse afectados, por lo que prefirieron mantener atrapada a la organización en un arcaico funcionamiento, o lo que es lo mismo en seguir con la injusta práctica de la tortuga que se esconde en su caparazón ante el peligro. En pocos años, las consecuencias las estamos notando y quienes no permitieron esos cambios ni siquiera tienen tanta facilidad para maniobrar políticamente como creían porque las circunstancias mundiales les han rebasado. Creyeron erróneamente que podrían controlar los acontecimientos eternamente…

Más lamentable aún, es que las violaciones a los derechos humanos han aumentado y la impunidad sigue latente. Los nuevos criminales no son tan evidentes como antes sino maliciosos, astutos y descarados. Quienes se les enfrentan tienen que lidiar con individuos que gozan de poderes casi absolutos, juegan con las leyes y las instituciones al mismo tiempo que tratan de ocultar las apariencias tras una fachada seudodemocratica. No necesitan un genocidio, una guerra prolongada o destinar a un ghetto a todos aquellos que juzga “indeseables” para ser considerados criminales, les basta con manipular la voluntad de los más débiles, anular la voluntad individual con el verbo más furibundo, apelar al chantaje y la compra de conciencias e instrumentalizar la contradicción para distraer la atención…

Todo eso lo sufren muchas naciones todos los días, pero plantear su situación en las Naciones Unidas se convierte en algo quijotesco. En ésta organización atrapada en el tiempo todavía persiste la mentalidad de incredulidad ante el horror, de mirar al denunciante con extrañeza y por supuesto de creer ingenuamente que los seres humanos nunca podrían llegar a determinado límite con el objetivo de proteger el Poder o imponer su voluntad sobre los demás. Posiblemente si esos incrédulos consultaran a un criminalista, por ejemplo, para comprobar como en la cotidianidad existen seres humanos dominados por un insano deseo de llegar a los extremos más destructivos se sorprenderían de los resultados… el fracaso de una sociedad no es un hecho aislado, es un suceso histórico y como tal compete a la humanidad.

 La crítica más frecuente hacia las Naciones Unidas u otras organizaciones parecidas, es que se ha convertido en un “club de gobiernos”: son los gobiernos los que deciden como ha de actuarse ante determinada situación mundial, son los representantes políticos de los distintos países los que “negocian” como ha de considerar los hechos a debatir y son exclusivamente ellos los que poseen la verdad absoluta y por ende sí se actúa o no. Si existe un conflicto de intereses o si algunos ven oportuno aprovechar una oportunidad política para perjudicar a otro, entonces puede emplearse todos los recursos -hasta los más rastreros- en imponer una decisión favorable para algunos gobiernos pero nefastos para los ciudadanos.

En esa toma de decisiones no esta necesariamente incluida la voluntad de todos los ciudadanos ni de otras representaciones distintas a las gubernamentales, por lo que es muy fácil ignorar a la humanidad con tal de proteger un gobierno, aunque esté al margen de la ley. Sobre todo si este gobierno está afiliado a alguna organización supranacional de países afines cuyo objetivo es ser un “escudo diplomático” que lo mantenga a salvo de alguna sanción. Vemos en este aspecto otro rasgo arcaico que pervive en las Naciones Unidas: el temor a que el ciudadano opine en un escenario dominado por políticos y diplomáticos, el tener que enfrentar directamente a quienes no son muchas veces beneficiados por sus decisiones. Sería admitir públicamente que la dirección del mundo no está apoyada en la justicia sino en las conveniencias.

El panorama mundial lejos de calmarse se complica; dos nuevos retos están desafiando a las Naciones Unidas: el primero es la finitud de los recursos naturales que podría provocar una nueva escalada de conflictos, es evidente que el mejor remedio es educar a la ciudadanía para conservar lo que todavía existe antes de malgastarlo sin embargo, también es necesario que el acceso a esos recursos sea lo más democrático y humano posible. Hay que buscar soluciones equitativas en éste tema de modo que todos los seres humanos puedan disponer sabiamente de esos recursos sin que la mezquindad sea quien disponga; no es un escenario sencillo pero en éste tema no es un país el que corre el riesgo de sucumbir sino la misma humanidad. Ante ello no sirve un caparazón político.

El segundo reto consiste en encontrar respuestas éticas que prevengan el mal uso de la tecnología así como prevenir que se emplee con fines destructivos y represivos. Los escándalos de espionaje, la censura política en la red, y la adopción de robots para la guerra son asuntos que no son ajenos a ninguna sociedad, por lo que hay que hacer grandes esfuerzos para lograr un mayor compromiso en evitar que nuestro progreso se convierta en un verdugo. Concretar mejores instrumentos que garanticen que la técnica esté al servicio de la humanidad, respetando los derechos de todos los ciudadanos y garantizar un acceso transparente a los beneficios de la tecnología. Obviamente en éste tema podemos encontrarnos con el escollo de invocar la seguridad nacional, el discurso de autodeterminación y la soberanía como argumentos opositores, pero se hace necesario poner límites a los excesos…

En estos momentos turbulentos es necesario el mayor grado de mesura posible, tanto de los gobernantes como de los ciudadanos, empero también es menester no dejar que sea la mezquindad la que siga moviendo los hilos del Poder, sólo porque algunas cofradías políticas se interpretan más importantes que el resto de la humanidad; hay que hacer honrar el compromiso de las Naciones Unidas de lograr que todas los países, a pesar de sus diferencias, cooperen entre sí en la búsqueda de un bienestar mayor y común.

No es una empresa fácil, pero continuar ocultándose ante el peligro como la tortuga nos conduciría a un camino sin salida.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

 

El auge del tecno anarquista.

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Internet puede incubar acciones subversivas-PFMS-Google Images

Aunque la tecnología nos ha acercado a otras realidades distantes, también su desarrollo provoco el renacimiento de grupos marginales quienes tienen la tecnología como apoyo político. Emplean las herramientas disponibles con un fin subversivo, dirigidas a cuestionar la influencia de los grupos de poder político y tecnológico. Pueden hacerlo pasivamente mediante el arte digital, la protesta, actividades comunitarias o “eventos libres” sin restricción de acceso. En otro extremo está los que prefieren la acción directa mediante ataques cibernéticos, protestas en la red, o en casos extremos el robo y filtración de información sensible. Considerarlos como “anarquista” no es porque sean simpatizante de esta ideología, si no por ciertas prácticas adoptadas en sus acciones.

En primer lugar, mantienen una actitud de desconfianza a toda forma de autoridad. Simplemente la ven como un estorbo que limita la creatividad y hasta la libertad personal. Les gusta compartir lo que saben sin esperar nada a cambio, sobre todo con la gente, siempre que ésta muestre un interés en aprender. A pesar de que muchos han aprendido por su cuenta no desdeñan de trabajar en equipo a través de la “comunidad”, las organizaciones jerárquicas no les interesan. Creen que la tecnología es un instrumento creativo con el que pueden experimentar al máximo y por cuenta propia, superando los límites legales, técnicos y hasta éticos.

Persiguen un ideal político de una sociedad altamente intelectualizada, de individuos autosuficientes a nivel técnico y críticos del orden establecido, que comparta el conocimiento sin competencias ni limitaciones donde todos sus integrantes puedan aportar. Se puede decir que son creyentes de un “colectivismo tecnológico” comprometido con el bienestar social, pero sin sacrificar la libertad individual. Por supuesto, los más activos y temerarios creen que la sociedad debe tener el control de la tecnología empoderando a las personas, más allá de lo básico o de lo que saben. A nivel político, son muy críticos y suelen anteponer los valores universales frente a los intereses nacionales. No todos buscan notoriedad y son escépticos de la información que se transmite por los medios de comunicación, muchos de estos grupos prefieren construir sus propias estructuras informativas.

Evidentemente todos estos grupos varían en objetivos e ideales; pero es común en ellos el invitar a sus miembros y a las personas a tomar la tecnología como instrumento de acción política. Al ser la humanidad tan dependiente de la red para casi todo, no es subestimable su actuación ni muchos menos que dentro de ellos surjan organizaciones más radicales que apuesten por la confrontación directa con las autoridades y grupos de poder que integran la sociedad. Muchos internautas terminan integrando sus filas, no tanto por sus ideas sino por compartir su mensaje contestatario y porque encuentra en ellos una guía con la que canalizar su descontento social. Ese descontento también se extiende a la parte tecnológica con internautas disconformes de tener un rol limitado y pasivo.

La disconformidad avivada por las crisis recientes, así como la excesiva respuesta represiva de muchas autoridades ante el reclamo popular, ha obligado a muchos el tener que replantearse el cómo comunicar sus ideas sin riesgos ni usando “canales inseguros” susceptibles de ser controlados. También la censura aplicada por los gobiernos en la red o a los distintos medios de comunicación ha soliviantado a los ciudadanos, quienes han tenido que construir sus propias estructuras informativas al margen del control estatal. Claro que no necesariamente la acción colectiva con fines de protesta, responde a las acciones de un grupo concreto de expertos con ideas políticas, sino a la misma dinámica social del conflicto, pero que puede atraer a dichos personajes para apoyar las acciones colectivas en las calles o la red.

No obstante, las actuaciones activas de estos activistas electrónicos no todo el tiempo provocan un retroceso en la forma de proceder de las autoridades, muchas veces se crean leyes más severas para castigar a quienes actúen contra la autoridad a través de la red. Otras veces se justifica la adopción de tecnologías de vigilancia masiva para mantener el orden o aprueban medidas más drásticas -que atentan contra la legislación internacional en algunos casos- para proteger las comunicaciones del país. Las actuaciones de estos grupos suelen ser un arma de doble filo para la comunidad internauta según las circunstancias.

Hay que tomar en cuenta que, la tecnología como arma política es una consecuencia previsible de los actuales momentos, llevar a cabo acciones concretas utilizándola es algo que ya está integrado al instinto del ciudadano actual. No obstante el crecimiento de acciones subversivas en la red se debe a la pérdida de credibilidad de la autoridad: nadie confía en ella y todos ven “justo” que sus secretos sean públicos ya que se cree que es derecho de la ciudadanía el conocer la causa real de ciertas decisiones incompresibles para los ciudadanos. Las herramientas de subversión política son más fáciles de usar y obtener por lo que cualquier individuo automotivado puede actuar conforme a sus necesidades de información; esto quizá expresa una forma de las personas de tener protagonismo en un tema que antes era exclusivo.

Sin embargo, el convertir la red como escenario de confrontación política es un reflejo de hasta donde estamos dispuesto ha llegar con tal de imponer nuestro punto de vista, lo cual podría poner en riesgo no solo las libertades ciudadanas sino la neutralidad de la red. Bien conocido es la reacción hostil -en la mayoría de los casos- de las autoridades ante los ataques recibidos de grupos políticos a través de la red al mismo tiempo que los ciudadanos ante esta reacción actúan de forma muy desproporcionada porque se sienten “una víctima del sistema”. La red así se convierte en un campo de batalla en donde todo se vale para someter al contrario y ya sabemos muy bien que sucede si la tecnología se usa como instrumento bélico. No es ético ni justo que ambas partes conviertan el ciberespacio en una zona de guerra, al final todos nos sumergiremos en el atraso.

Pero ¿por qué prospera la figura tecno anarquista? ¿por qué los ciudadanos prefieren identificarse con la temeridad de un puñado de individuos? La respuesta no es sencilla, empero podemos decir que nuestra cultura popular e histórica alimenta la idea de que en tiempos de crisis y oscurantismo la sociedad debe invocar la presencia de héroes que defiendan los intereses colectivos de autoridades indolentes. Estos paladines dirigirán al pueblo a conquistar su propia libertad y bienestar social, quienes así lo asumen fácilmente son aceptados por la ciudadanía e incluso les consienten que de ser necesario romper con el equilibrio social -sin medir las consecuencias- con la finalidad de sustituir un “orden decante y corrupto” entonces “valdrá la pena el esfuerzo.”

Desafortunadamente la confrontación nunca permite soluciones civilizadas de los problemas sociales, más bien los aviva y empuja a la ciudadanía a un estado de incertidumbre que descarta la mesura, privilegiando la acción. En los tiempos actuales el uso de la red para influir en la vida política de un país -si no se tiene noción de las consecuencias- puede que avive los deseos de cambios pero también alimentar sentimientos revanchistas de que podrían ser aprovechados por arribistas y radicales, además que podría otorgar un papel negativo a la tecnología en la sociedad lo que conduciría a ser demonizada por peculiares grupos ultraconservadores de quienes se apoyarían los dirigentes políticos cuestionados.

El tener un papel activo y experimentar hasta sus últimas consecuencias con la tecnología, sin que con esto se busque perjudicar ni confrontar, es algo benéfico para su misma evolución, no obstante su empleo indiscriminado para reprimir, destruir u hostilizar en nombre de una causa política -o cualquier causa mal utilizada- nos estanca inevitablemente.

Queda en manos de cada sociedad decidir como va a usar la tecnología.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

La interpretación divina de la vida extraterrestre.

 

Contacto
La concepción divina de la vida extraterrestre es una idea estrictamente humana-PFMS-Google Images

La humanidad sigue escudriñando el universo buscando respuestas, tratando de conocer si somos los únicos entes inteligentes o hay otros mundos habitados por seres avanzados. No obstante, el gran acontecimiento que significaría un primer contacto aún no se ha producido y la ciencia sigue expectante. El resto de la humanidad continúa con su vida cotidiana, salvo un grupo muy particular de individuos quienes marcan una curiosa tendencia: ver como deidades a los extraterrestres; a pesar de que no tenemos ninguna evidencia de que realmente existan. Grupos exóticos han construido un particular culto a los alienígenas como un acto de fe, más que un hecho comprobable, siendo ésta tendencia un reflejo de las particulares contrastes de la naturaleza social humana.

El origen de este culto parte de los cambios más evidentes de la sociedad humana tras la Revolución Industrial: el ser humano no es el centro del Universo ni mucho menos su planeta. La historia no debe resaltar exclusivamente las proezas de hombres solitarios, si no considerar las dinámicas sociales que encarna el colectivo; la identidad de los miembros de la sociedad está apoyada en símbolos y figuras magnánimas cuya función es mantenerlos unidos en un ideal común. La religión y la espiritualidad sólo deben buscar respuestas a las incógnitas existenciales del hombre, mientras que la ciencia es quién puede resolver los problemas más apremiantes. Sí el hombre no es protagonista de la historia su vida se reduce a cumplir un rol funcional, entonces, ¿qué sucede si reclamara un puesto central en ella?

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Dead Space, las cultos desvirtúan la imagen racional de los extraterrestres -PFMS-Google Images

Evidentemente, el exigir un protagonismo central implica la renuncia a los hábitos arraigados. Recurrir al rito, a un proceso de iniciación, que le devuelva la conciencia de su esencia y abanderar la vida sectaria como práctica común; es propia de los cultos quienes prometen a sus miembros éste conocimiento, aprovechando el desgaste de las creencias aceptadas. Lo curioso es que, en ésas complejidades de las “creencias alternativas” que predican los cultos los extraterrestres hayan tomado un protagonismo; una posible explicación es la flexibilidad de ciertos grupos para adaptarse a los tiempos actuales donde creer en un Dios todopoderoso y castigador ha dejado de tener relevancia. El creyente busca la sabiduría interior en un Dios altruista que no cuestione su mundo, si no que se complemente a él para obtener un propósito transcendental.

Los extraterrestres para un culto pueden ser un excelente vector para captar miembros, empleando los arquetipos con que la humanidad ha modelado colectivamente la imagen de un extraterrestre: son poseedores de poderes sobrehumanos a los cuales casi nada se resiste, pueden ser mortíferos o altruistas, poseedores de valores que en la práctica superan a los humanos, suelen ser intrigantes compulsivos y están obsesionados por dominar a otros, son pocas las veces que pueden ser empáticos y cooperativos como para poder convivir con la humanidad. Todos esos arquetipos que tenemos son producto de la imaginación, muy pocos han creado extraterrestres con un rigor realmente científico y a pesar de ello, no pasan de ser meras hipótesis. El común denominar en la mayoría de los arquetipos propuestos es que, nos superan radicalmente en algo, ante lo cual nos sumimos en la impotencia.

Los mismos científicos que creen en la existencia de vida inteligente avanzada, siempre han dicho que ellos nos llevan una ventaja considerable en desarrollo técnico. Sin embargo, si los extraterrestres tienen instrumentos tan avanzados ¿por qué concebimos su tecnología como algo inaccesible?, cada invención está sujeta al descubrimiento de un fenómeno que depende de unas leyes y condiciones mesurables; una civilización distinta a la humana los habría descubierto y optaría por un camino distinto al de la humanidad para instrumentalizarlos. Pero en el fondo, sus descubrimientos son hechos científicos que dependen de ésos mismos fenómenos que conocemos o estamos apenas comprendiendo, lo cual no debería ser críptico para ninguna civilización siempre y cuando ésta posea una ciencia avanzada.

La concepción de extraterrestres ultra avanzados sería una cuestión cultural más que racional originada por la ausencia de pruebas. La sociedad basa su funcionamiento en buscar en el exterior -en el otro- aquello que necesita. Los extraterrestres no escapan de esa interpretación de la realidad, creemos que son depositarios de un conocimiento superior que debemos obtener, lo que facilita el ser modelados como dioses. Quienes así lo creen, disminuyen los mismos éxitos de la humanidad y omiten la posibilidad de que esos hipotéticos extraterrestres también debieron pasar una “fase primitiva” en su proceso evolutivo. Creen que como por “arte de magia” son una especie avanzada. Naturalmente, el tomar por objeto de culto a entes no comprobados responde a motivos puramente humanos, la mente es muy fértil.

El avance tecnológico ha arropado a nuestra especie lo que conlleva a modificar nuestras percepciones y creencias para adaptarnos. La vaciedad ante las creencias aceptadas junto con el florecimiento de una subcultura de lo alternativo -dentro de ciertos círculos- que sirve más como mecanismo de defensa ante las exigencias sociales, provocan un conflicto de creencias en la cultura dominante. Sobre todo el surgimiento de corrientes espirituales que predican “el despertar del poder interior” en contraposición a la valorización de lo exterior, ha influido en individuos disconformes que optan por un sincretismo espiritual galáctico. Como la ciencia no puede ser descartada ni mucho menos la tecnología, estos individuos disconformes tratan de crear una nueva moral regida por una interpretación espiritual de civilización.

Con ésta idea central los alienígenas serían los transmisores de una nueva ética científica, que enfoque el progreso para el bien absoluto sin alienar a la humanidad. Dicha ética obliga, a la especie a usar la ciencia para potenciar los poderes interiores humanos, prescindiendo de sus usos destructivos y frívolos. Los creyentes de un modelo de extraterrestres altruista con tintes místicos, confrontan los arquetipos de invasores del espacio tan comunes en la cultura popular. Pero en medio de toda esta vorágine de ideas, pareciera que no terminamos de aceptar que esos modelos de extraterrestres no son más que invenciones humanas, las cuales no debemos tomar como ciertas sino como meras especulaciones.

Después de todo, la existencia de extraterrestres no escapa de las interminables controversias que surgen en nuestra especie ante aquello que no podemos comprobar. Proyectamos lo que somos y lo que creemos en unas entidades desconocidas en un intento de convencernos que podemos controlar los acontecimientos. La vida no puede ser controlada, de lo contrario sería una monotonía y el creer ciegamente en entes procedentes del espacio para rendirles culto, es un síntoma de renunciar a la libertad personal para entregarse a un irracional fanatismo, lo que no sería una actitud ideal para comunicarnos con seres extraterrestres.

Si algún día la humanidad logra un contacto comprobado y público con seres extraterrestres, ese descubrimiento no debe ser motivo para menospreciar nuestros éxitos sino para valorar más nuestra capacidad de conquistar nuevas dimensiones.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

Nota: el autor recomienda la siguiente literatura con el fin de profundir este y otros temas que sirvieron para la redacción de la presente entrada.

  • La llegada del apocalipsis, Maravillas y Misterios-Tomo 2: Alienígenas, Orbis Publishing Lted, Londres 1996.
  • El Bueno, el feo y el malo, Maravillas y Misterios-Tomo 2: Alienígenas, Orbis Publishing Lted, Londres 1996.
  • Contacto extraterestre: Están entre nosotros. Artículo de la revista Muy Interesante Febrero de 2012, No. 2 (edición mexicana)

El auge del radicalismo político.

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                     El radicalismo puede ocultar la intolerancia-PFMS-Google Images.

El radicalismo político ha sido uno de los males más críticos de la humanidad. Parte de la sencilla premisa de que una posición cree tener la verdad absoluta, sin dejar espacio a la mesura y justificando cualquier acción contra el contrario para imponer su punto de vista. Los procesos históricos humanos, se han caracterizado por convulsos movimientos que han optado por la acción y el discurso apasionado para modificar condiciones sociales caducas o injustas, pero también para destruir de forma inmisericorde a millones de vidas humanas. En los tiempos actuales la mayoría de las sociedades prefieren solucionar sus conflictos por medios más racionales, aunque recientemente las diversas crisis han provocado que nuevas corrientes radicales tomen la dirección de los movimientos políticos.

Dicho auge del radicalismo, no desecha ni la emotividad más abyecta ni la acción frente a la prudencia. Resurgen los discursos con un falso nacionalismo, las “soluciones mágicas” y “el culpar al otro”, sean quien sea. Detrás de todas estas predicas no existe otra cosa que uno de los males más longevos de la humanidad: la intolerancia. Teóricamente la sociedad global impulsa a las culturas a relacionarse y conocerse, buscar vías comunes para el entendimiento, mismas que podrían despertar la cooperación y desechar las diferencias, sin embargo lo que se ha subestimado es la capacidad de todas las culturas de aceptarse e integrarse uniformemente. Los grupos más individualistas ven esto como una amenaza, creen que podría diluirse la identidad local de cada comunidad en una nueva forma de sociedad unidimensional.

Esta unidimensionalidad podría sustituir el carácter propio de cada comunidad, para formar un sincretismo cultural complejo que deformaría la identidad histórica de un país. A grandes rasgos existen síntomas de que éste proceso está ocurriendo, pero no es del todo cierto que la identidad ontológica de cada comunidad se está desvaneciendo, más bien, está reafirmándose como forma de cada individuo de comunicar a dónde pertenece y quién es. La cultura no es nada más tradiciones, fechas históricas, literatura… sino también una mentalidad, formas de sentir, pensar y ver la vida. Es una condición intransferible que existe en cada comunidad.

El radicalismo político no cree en ello, porque su apoyo se basa en la imposición de una idea; en su estructura podemos encontrar solapados factores de peligrosos uniformismos que no dejan paso al libre albedrío. El identificarse e integrarse con otros grupos distintos -sin dejar de ser quien es- no es algo aprobado por una posición radical. Lamentablemente las sociedades tienden a subestimar la venenosa predica radical, creemos que nuestros valores supremos son tan estables que podremos reaccionar con prontitud a cualquier amenaza. Nuevamente hemos sido puestos a prueba por medio de las recientes convulsiones sociales y hemos fallado, hay demasiados errores que corregir a la par de que debemos enfrentar renovados factores de intolerancia que buscan imponer sus ideas. La irracionalidad nos envolvió y la mesura fue descartada.

El funcionamiento de los predicadores de la intolerancia no cambio en absoluto, sigue el mismo patrón aunque ha aprendido a adaptarse. No desechan las vías democráticas, ni la conformación de grupos políticos, tampoco la violencia directa contra quien creen es su enemigo, mucho menos el manipular a los ciudadanos cuando están vulnerables. El escenario actual, con sus matices, los alimenta y dependerá de los grupos políticos opuestos, así como, de la ciudadanía reducirlos mediante el fortalecimiento de los instrumentos democráticos, la renovación de las bases de los partidos políticos y el prescindir de las “soluciones mágicas”. Hay que admitir que no son tiempos fáciles ni que podremos solucionar todos los problemas de inmediato, es menester tener paciencia y negarse a ceder a las pasiones creyendo que una alternativa radical nos devolverá el bienestar perdido.

Sobro todo hay que prestar atención a una de las tácticas predilectas del radicalismo: el arribismo; individuos que en medio de tiempos difíciles aparecen de la nada prometiendo “en nombre de la libertad” salvar al pueblo de sus carencias materiales -muy pocas veces se les escucha que lo liberara de sus carencias morales- como si fueran paladines. El formato seudoheroico puede convencer a gentes desesperadas, sin embargo también es útil para ocultar las verdaderas intenciones así como elaborar complejas tramas para tomar el Poder y con él reprimir directamente sobre aquellos a quienes son considerados “enemigos del pueblo”… recordemos que en nombre de la libertad se han puesto grilletes. El aprovechar las circunstancias adversas para actuar abiertamente y convencer a otros de ser el único remedio para los males de la nación, es síntoma de que está en curso una táctica arribista.

No se lo podemos atribuir exclusivamente a grupos deseosos de poder, también está presente en otras organizaciones políticas que buscan notoriedad para influir en los acontecimientos con tal de cumplir un objetivo concreto. Son agrupaciones disconformes, casi clandestinas, que dicen luchar contra los males de la sociedad, sin alejarse de la práctica de la acción directa contra el poder establecido. Entiéndase acción directa como todas las tácticas tanto físicas como virtuales que buscan crear un clima de inestabilidad perfecto para actuaciones secretas de cuya naturaleza nada conocemos. Desconfiar de actores políticos como éstos no es sinónimo de paranoia, sino una forma sensata de evitar caer en trampas que podrían conducirnos a escenarios terribles.

Éstos personajes hablan de “justicia social e igualdad”, más subrepticiamente introducen elementos intolerantes para reducir a quienes no estén de acuerdo con sus ideas. El discurso de “no negociar” con el contrario y etiquetar de “apático”, “indiferente” o “traidor” a quién prefiere otras opciones es evidencia que estamos ante otro intolerante mimetizado. Prestar atención a las palabras, los discursos y las acciones de sus simpatizantes en la cotidianidad nos responderá nuestras dudas sobre sus intenciones. Limitarnos exclusivamente a buscar información sobre ellos, ignorando sus palabras es estar vulnerables a su predica aunque se crea lo contrario, la política actual no juega con lo evidente sino que emplea ilusiones más elaboradas, lo que manejan muy bien los radicales para triunfar. El famoso “pequeño detalle” debe ser nuestra prioridad para descubrirlos.

Los tiempos que corren no son simples. La alternancia política ha dejado de ser la ruta segura para la transformación social, mientras que el desgaste de los partidos políticos, obligó a la creación de nuevos movimientos ciudadanos que prefieren la autorepresentación frente al Poder que un representante elegido por el voto. La insatisfacción social y el temor a que nuevos actores desplacen el Poder conocido pueden fácilmente polarizar a la población, siendo este el escenario más peligroso porque los radicales explotan con facilidad el sentimiento de carencia para avanzar. Los actores políticos deben ser sutiles a la hora de encauzar la disconformidad ciudadana siempre evitando la victimización y la repartición de culpas; se debe admitir los errores pero también promover soluciones conjuntas sin prescindir de un dialogo equilibrado.

Los ciudadanos por su parte, tienen que hacer grandes esfuerzos para domeñar las pasiones. Muy cierto es que los tiempos que corren son complicados, pero las decisiones políticas debemos tomarlas con serenidad, de lo contrario podríamos haber ocasionado un nuevo período de conflictividad más destructivo por no hacer caso a la razón. Ser cónsonos con nuestros valores y pensando en el bienestar de las nuevas generaciones, evitará que el futuro sea tenebroso…

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x