Los drones, ¿amenaza o avance tecnológico?

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Los drones son más conocido por su uso militar-PFM-Google Images

La tecnología hace poderoso al hombre”

                                      Gendo Ikari, Neo Genesis Evangelion

Los célebres drones se han vuelto la tecnología predilecta para labores difíciles y que conllevarían grandes esfuerzos. También han podido agilizar muchas labores de vigilancia de sectores claves que en otras épocas resultaban complejas por la logística que requería, lo cual provocaba que algunos detalles pasaran desapercibidos. No obstante, cada día vemos que estos artilugios van dominando demasiado la cotidianidad de las ciudades y crece la preocupación de los ciudadanos ante la posibilidad de estar siendo vigilados todo el día por ellos. Aunque muchas de las unidades que sobrevuelan los cielos no necesariamente tienen como fin dar seguimiento a alguien específico, es comprensible que exista entre las personas una sensación de angustia ante una máquina cuyas funciones reales pueden ser desconocidas.

El principal problema que esta tecnología enfrenta es el prejuicio. Debido a las múltiples guerras y operaciones antiterroristas que se han ejecutado a lo largo de este siglo hay un pleno convencimiento de que dichos aparatos no pueden tener nada bueno. La ciudadanía esta convencida de que son máquinas exclusivas para militares, fuerzas policiales o grupos privados de seguridad por lo que si no se usan para “neutralizar una amenaza”, entonces se le destinará para facilitar el mantenimiento del orden o la protección de grupos socialmente importantes. Es decir, existe una interpretación de que quienes se benefician de esta tecnología son los grupos de poder que podrían ser objetivos de elementos hostiles, por lo tanto, la gente ve en éste punto el típico conflicto entre quienes tienen poder y quienes no.

En esta interpretación las personas recelan, porque creen que los “poderosos” desean dominar aún más el mundo social circundante con un fin represivo. Paralelamente vemos en los años recientes como la relación de los grupos de poder y la ciudadanía se ha deteriorado considerablemente, reforzando la opinión de que los drones son un medio de vigilancia masivo que cuarta las libertades civiles porque con ellos puede identificarse a cualquier persona, sobre todo sí se tiene el apoyo de avanzados sistemas informáticos.

Pero la imagen negativa de estas máquinas se alimenta todavía más al hacerse públicos las operaciones militares que se realizan con ellos. La precisión y letalidad de estos aparatos, así como el hermetismo de dichas operaciones, avivan el temor entre los ciudadanos. Una máquina sigilosa, casi indetectable, como un drone puede destruir cualquier objetivo impunemente, sin que pueda reaccionarse a tiempo, arrastrando también a personas inocentes, como ha pasado en muchos ataques. Para los militares los fallecidos pueden ser bajas o daños colaterales, pero para el público, son personas independientemente de quienes sean. Muchos se preguntan si su gobierno -siempre que cuente con esta tecnología- no cedería a la tentación de eliminar a alguien “indeseable” mediante estas invenciones…

Podría parecer paranoico, pero el siglo pasado nos muestra como una amplia gama de máquinas destinadas a la “defensa de la nación” también fueron empleados contra sus propios ciudadanos, especialmente contra quienes piensan distinto o con personas inocentes -sin posturas políticas reconocibles- que accidentalmente terminan siendo envueltos por los acontecimientos. No se puede negar que existen elementos violentos cuya peligrosidad, y amparados por el apoyo de algunos grupos de poder, deben ser combatidos mediante la fuerza ante su negativa de abandonar las armas, empero no está demás establecer limites éticos, morales y legales a las invenciones destinadas a la defensa, principalmente cuando se lucha en ambientes donde es fácil eximirse de responsabilidades y protegerse con el silencio de ciertos políticos.

La ciencia es arrastrada -nuevamente- en esta polémica, se acusa a los inventores de asesinos o de cómplices en una siniestra conspiración para construir un estado totalitario, semejante al concebido en la novela 1984. La fe en la ciencia para mejorar el mundo está diluida y los pocos optimistas que quieren cambiar el ambiente se les catalogan de ingenuos. Mientras los científicos deliberan junto con los militares y políticos el cómo remediar este problema ético, la tecnología de los drones ya está disponible para todo el mundo, incluso para el que guste experimentar puede construirse uno y usarlo a su antojo, creándose otro escenario de controversia: las individualidades que emplean drones, ¿podrían cometer delitos con ellos?

Tenemos ejemplos de como personas talentosas, pero ociosas y malintencionadas usan la tecnología para incomodar a los demás. Con un drone cualquier persona indolente puede invadir la privacidad, sin necesidad de estar presente, y transmitir todo por la red o realizar un ataque para controlar otros drones o derribarlos. La imaginación no tiene límites, cada tecnología que se crea la tomamos como normal en nuestra cotidianidad y no muchos piensan que algo puede salir mal, nadie que siga con su rutina está creyendo que una máquina con quien comparte su espacio social podría estar manipulada para perjudicarle. Nuevamente entramos en el dilema del “como se usan las cosas será el juicio que le daremos”, quizá el problema no sea las máquinas como tal, sino la falta de sensatez de la humanidad actual.

Esa falta de sensatez es lo que incuba el miedo en la gente, que se transforma en reactividad generando una creencia equivocada del progreso: que éste está dominado por -y para- “el mal”. Muchos empiezan a buscar medios para defenderse de lo que interpretan como una amenaza puesta al servicio de nefastos intereses. Sin embargo, los drones no necesariamente deben usarse para hacer daño, existen muchos de estos aparatos destinados a labores altruistas y otros que buscan crear nuevos servicios. El cine es otro beneficiado por los drones porque con ellos se puede realizar tomas áreas impactantes que anteriormente eran imposibles de realizar. Las investigaciones científicas que se realizan en terrenos intricados pueden facilitarse con estos ingenios. Todo depende de cómo los seres humanos queremos usar la tecnología.

Los drones, como cualquier máquina de alto impacto social, no estarán lejos de las controversias, serán denostados por muchos y apreciados por otros. No obstante, el rechazo que hoy se le tiene es parte de la descomposición moral que tenemos actualmente; que enfrenta a ciudadanos y grupos de poder. La brecha creciente entre ambos provoca que la tecnología se parcialice, ya que se interpreta como si ella estuviera escapando del control de la sociedad, y poniéndose de parte de intereses poco transparentes. Aparte de eso todavía persiste un asombro paralizante entre las personas ante los acelerados cambios de la tecnología que simplemente les impide opinar.

Pero existe los individuos opacos quienes no sienten que el progreso deba ser sometido a un análisis ético, porque subestiman los efectos que tienen en sus vidas o se limitan a beneficiarse de ello… hasta que es demasiado tarde para reaccionar. En este grupo se incluye aquellos demagógicos personajes políticos que creen que la tecnología esta limitada a funciones concretas, descartando cualquier estudio profundo del tema. Esta visión simplista es proclive a ser incapaz de solucionar eficazmente cualquier conflicto ético producto del avance tecnológico, lo que contraria, aún más, a las personas.

No podemos seguir creyendo que la tecnología -especialmente los drones- es un fenómeno aislado, que sólo puede ser entendido por una casta de especialistas, si todos los días nos beneficiamos de ella de alguna manera. Tampoco podemos creer que sólo los países más avanzados pueden exclusivamente opinar sobre ella porque la crean y la venden a los demás, es necesario prepararse más sobre la materia, dejando a un lado los prejuicios e ideas erróneas. Los drones no son nada más máquinas para destruir. Pueden ser útiles elementos para el desarrollo social de la humanidad, pero es la misma humanidad la que debe aclarar el cómo desea progresar con sus inventos: si en un progreso a costa de inmolar vidas humanas o en un que promueva la cooperación entre los ciudadanos…

Solo el tiempo lo dirá.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

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