Reflexiones sobre los usos del #Poder.

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El Poder siempre se ha visto como medio de dominio sobre los demás-PFM-Google Images.

“… las personas con conflictos internos -sin resolver o no identificados- terminan siendo los menos idóneos para otorgarles Poder.”

                                                                        Pedro Felipe Marcano Salazar.

Todo proceso civilizatorio conlleva a establecer una relación particular entre los miembros de una sociedad. La cultura adoptada modela la visión de las relaciones sociales, y marca las pautas para el progreso -o retroceso- de una nación, eso incluye en como especificar el uso del Poder: Su propósito, definición y resultados dependerán en como la cultura construye la imagen que se tenga de algo tan delicado; no es para menos que la sociología y la psicología preste especial atención a determinar porque ciertos impulsos vitales relacionados al Poder pueden tener consecuencias nefastas en el devenir histórico humano. Y es que toda sociedad organizada que supere el modelo tribal, depende de un centro que rija el delicado equilibrio interno para su buen funcionamiento, pero cumplirá su propósito escogiendo un individuo que acepte dirigir ese centro y ponerlo en funcionamiento.

Aunque la imagen más común del Poder en casi todas las sociedades a empezado ha tener tintes negativos, lo cierto es que la ciudadanía olvida con rapidez que el Poder no es un arma ni un instrumento de dominio, fue concebido como un elemento dentro del entramado social que busca mantener el equilibrio interno del sistema. Las complejidad humana y sus múltiples contrastes sobre su existencia ha hecho que el Poder pase de ser una pieza del sistema a ser un peligroso “trofeo” por el cuál todos se disputan; muchas personas malgastan sus vidas buscando ese elemento que los haga poderosos y relevantes, con miras a ganar la aprobación de los otros o satisfacer alguna carencia interna. Nuestra cultura de consumo, ha deformado la imagen del Poder con tal de impulsar su funcionamiento.

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La sociedad actual crea visiones erradas sobre el Poder mediante el consumo-PFM-Google Images.

Muy pocas cosas se proyectan con miras a satisfacer una necesidad concreta, sino que convence al consumidor que determinado objeto o servicio lo hará superior, le dará Poder. Cada vez se hace más difícil localizar este mensaje en los anuncios, pero un concienzudo análisis y el ver el resultado en la conducta ajena nos revela que muchos creen en este concepto. El tener algo o pertenecer a un grupo define una falsa ilusión de superioridad que fácilmente puede aspirar a imponerse, hostilizando con otros individuos o grupos que no tengan relación con los que están convencidos de esa visión. Lo mismo aplica al campo político, cuando ciertos aspirantes a un cargo hablan de darle poder al pueblo a sabiendas de que no es posible en sociedades organizadas y numerosas como las actuales que la misma ciudadanía se autogobierne. Eso es sistemáticamente imposible a gran escala, porque una sociedad tecnificada establece roles con funciones especificas que el individuo debe desempeñar dentro de sus aspiraciones y talentos, además, el autogobierno es algo reducido al ámbito de lo tribal o comunitario donde los individuos no son numerosos y espontáneamente se asocian por afinidad o por acuerdos. Evidentemente, los aspirantes recurren a ese argumento para obtener el Poder aunque la mayoría nunca cumple con esa promesa cuando la realidad lo confronta. El violento derrumbe de ciertos modelos utópicos de sociedad evidencia lo anterior.

No obstante, las flaquezas humanas ante el Poder demuestran que no todas las personas están diáfanos sobre sus aspiraciones en la vida, cayendo fácilmente en la ilusión de que el Poder podría aliviar sus carencias internas, empeorando, si estas adolecen de algún resentimiento hacia la sociedad. En tales individuos han puesto su atención todo el saber humano para identificar las causas por las cuáles describen “síntomas” como experimentar el estar ajenos o diferentes al resto, no sentirse dueños de su cuerpo y verse a sí mismo desde lejos, tener impulsos autodestructivos que desencadenan en episodios conflictivos porque actúan los mecanismos represivos internos -enseñados por la misma sociedad-. Otras veces dicen sentirse solos, como aislados, creen que el mundo a su alrededor es falso lo que puede producir manías persecutorias, en casos extremos dicen sentirse atrapados en una inercia que les convencen que no son dueños de su destino ni de sí mismos.

La enajenación social producto de la necesidad de tener y poseer o la despersonalización del mundo actual siempre han sido señaladas como causas de tales aflicciones internas, desde los tiempos de la Revolución Industrial. Erróneamente, se creyó que cambiando los objetivos de la sociedad por modelos alternativos apoyados en dogmas ideológicos, morales, políticos y científicos “superiores” todos esos problemas serian erradicados. Sin embargo, el avance científico y los reveses sufridos por esos modelos alternativos así como las insatisfacciones surgidas de las transformaciones radicales que experimenta el mundo, demostraron que el ser humano civilizado ha desarrollado una complejidad interior que no se satisface solo con más bienes o nuevos ideales. En vista de eso, ciertos grupos políticos y sociales incapaces de comprender dicho laberinto interno recurren a cultivar el culto al Poder como remedio, lograr cohesionar a masas de individuos sin identidad ni respuestas sobre quienes son realmente. Fáciles de impresionar y desesperados por lograr calmar sus angustias, los militantes que encajan en este perfil terminan siendo atrapados en una espiral de rivalidades, traiciones y paranoias. El Poder se convierte en una droga con la cual se autoengañan dirigiendo sus impulsos dominantes en destruir posibles rivales.

Van quedándose solos en el proceso, cada vez más deseosos de encontrar un enemigo con quién justificar su insaciable deseo de conquistar, de no tener un conflicto el Poder no tiene sentido porque el militante esta convencido que debe combatir contra una fuerza externa que amenaza ese Poder que detenta con tanto celo. Asimismo, ese Poder esta sustentado en emociones desequilibradas no en planes metódicos que surgirían de mentes lúcidas. Los ideales se pierden, el ser adorado como un ídolo y el enfermizo culto a un mundo fantástico donde solo exista una sola forma de pensamiento que se acepta como verdad suprema despedaza las “buenas intenciones” de dicha iniciativa política. En pocas palabras, las personas con conflictos internos -sin resolver o no identificados- terminan siendo los menos idóneos para otorgarles Poder.

Pero creemos que porque una época fue superada estamos cada vez más lejos de repetir el error. En realidad el Poder en el presente siglo, ya no depende de un eje central: se ha dispersado. Los grupos sociales “excluidos”, mueven los acontecimientos históricos porque se han hecho concientes de su Poder. Contradictoriamente, también rivalizan en su interior por el dominio absoluto de ese Poder llevando a un aparente estado de conflictividad sin fin. Los mal llamados “débiles” se han fortalecido, con pocos recursos, ponen en dificultades las relaciones mundiales. El conocimiento fluye, gracias a la red, haciendo atractivo que grupos revoltosos crean posible impulsar un cambio social mundial apelando a su entendimiento del Ciberespacio. Los medios no son propiedad exclusiva de un grupo centralizado, lo cual aprovechan dichos grupos revoltosos para tejer redes de solidaridad con los cuales apoyarse para luchar contra intereses que consideran opresivos. En otros escenarios, las redes sociales y los juegos en línea alimentan la conformación de tribus digitales que rivalizan entre sí, pero que pueden destruir la imagen de cualquier persona si encuentran un motivo: el rumor, el chisme, la falsa creencia de poseer la razón o una simple reacción emocional mal dirigida pueden provocar conflictos que se vuelven de dominio público, arrastrando a muchos aunque no tenga idea de la causas originales. El excesivo panoptismo de las actuales tecnologías digitales ha construido una peligrosa dictadura de la mayoría, que dispone a su antojo como será percibido y aceptado por los demás una persona.

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The Truman Show, el panoptismo de la tecnología digital puede socavar la voluntad individual-PFM- Google Images

Vemos que el concepto de Poder -a pesar de los cambios sociales- se apoya en una cosa: el conflicto. El ser humano aspira a la paz universal, pero no renuncia a la perniciosa costumbre de hostilizar con sus semejantes por tener más de lo que necesita o porque lo mueve el despreciable deseo de imponer su dominio sobre los demás. Las naciones combaten o rivalizan entre sí por una supremacía que no existe y que nadie podrá conquistar de forma absoluta. El frenético impulso por escapar de realidades dolorosas, hace que muchos ciberadictos encuentren en el Ciberespacio -sobre todo en los videojuegos en línea- una falsa manera de sentir que tienen el Poder sobre algo, sobre un mundo irreal cuyo funcionamiento es muy sencillo de entender y resulta más placentero que la realidad misma. Un mundo que se ha fusionado con la realidad física.

El por qué el Poder sigue siendo visto de esta errada forma, en parte, es porque los seres humanos no se conocen así mismos. El autoconocimiento, un tema ampliamente tratado por diversas corrientes filosóficas y espirituales es la clave para que cada persona sepa quién es. Pero las exigencias del mundo civilizado, junto con la imparable necesidad de progreso sin medida han distraído la mente humana convirtiéndonos en seres vacíos e irreales. Vulnerables al autoengaño que fácilmente nos conduce a la tragedia. El simplismo discursivo de la sociedad actual produce un desinterés por tener ciudadanos con una visión histórica comprometida, estando más interesado por lo inmediato que aspirar lo trascendente.

Es menester que el concepto de Poder sea rescatado y restituida su función real: el ser un componente que impele voluntad a los elementos centrales que dirigen una sociedad, para salvaguardar su equilibrio interno. Que este se encuentra subordinado para hacer el bien y servir a los hombres sin importar la jerarquía de poderes que se establezca en la sociedad. Sobre todo fijar una ética y moral sobre su uso que tenga como principio máximo el no perjudicar la vida del ser humano, sin importar la esfera social y técnica donde este se desenvuelva.

De no hacerlo, evidentemente tendremos un mundo más inestable…

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

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