La privacidad en #Internet no es solo un derecho; es una práctica.

seguridad
En la red abundan quienes negocian nuestros datos- Google Images.

Recientemente, el tema de la privacidad en Internet empieza a ser objeto de preocupación para muchos. Nos hemos dado cuenta que nuestra información, vaga por la red sin ningún control y como si no fuera poco es cada vez más difuso catalogar dónde o quién sabe qué sobre nosotros. La transparencia de la que algunos presumían, se ha puesto en duda mientras que otros prefieren tomar medidas y “retomar el control” de su privacidad, aunque la mayoría escoge continuar ignorando el tema.  Es entonces cuando nos damos cuenta que proteger nuestra privacidad, ya no depende tanto de un entramado legal casi transnacional sino del interés que le dediquemos a evitar que terceros sepan qué hacemos en Internet.

La gran mayoría de la gente siempre va en busca de las tecnologías más cómodas para comunicarse; las más “populares” terminan en manos de ellos y casi nadie se pregunta si confiar ciegamente en estas herramientas no implica un riesgo. La tan mencionada “identidad digital”, para la mayoría, les parece más un término jurídico que un elemento inherente a su actividad en la red; por lo tanto, ignoran que dicha identidad está compuesta por todo lo que hacemos, decimos, colgamos o enlazamos en la red y eso pasa por muchas manos mientras nosotros lo consentimos, sin cuestionar.  Así miles de intereses -algunos no muy benignos- saben lo suficiente de cualquier internauta, el cuál tiene la palabra de los proveedores del servicio como garantía de “buena fe”.    

Hasta aquí nada nuevo se ha dicho, sin embargo la situación de descuido de los internautas persiste porque se cree popularmente que “si yo no tengo nada que le importe a…” nuestra información no corre riesgo o nadie se va a tomar la “molestia” de averiguar qué guarda o qué dice por la red. La realidad demuestra que esto es un error fatal, el cibercrimen apela a esta mentalidad para robar mucha información y negociarla con terceros en miles de foros ilegales en la red, dicha información no se limita a cosas específicas sino que incluye todo lo que el internauta cree que a nadie le importa.

Nuestra “identidad digital” es negociable para cualquiera; y los servicios más populares siempre han sido objetos de ataques exitosos. Aunque mejoran las medidas de seguridad estas terminan siendo inútiles, en parte porque la pericia de los malhechores es bastante notable para descubrir fallas y también porque la gente no protege correctamente sus sistemas. La otra arista del problema, son las complejas y difusas políticas de privacidad de los servicios más conocidos. Para muchos, dichas políticas sólo buscan rentabilizar inescrupulosamente la información de los internautas haciéndole creer que es para mejorar el servicio. En parte, esto es cierto, pero no necesariamente ello implica que toda la estructura funciona de forma “maléfica”, porque es el internauta quien decide usar o no un servicio.

No obstante, la rentabilidad a veces va en detrimento de la transparencia que promete un “servicio popular” y son muchos los escándalos donde la recolección de datos -sin consentimiento del internauta- merma la confianza hacia quienes gestionan el servicio. Hay que tomar en cuenta también que las políticas de privacidad, enfrentan las presiones de las leyes e interpretaciones de los gobiernos sobre qué es privado, a lo que muchas empresas no le es cómodo, porque no es posible crear una “política de privacidad universal” que satisfaga a todos los involucrados; sin que ellos implique que su servicios se encarezcan,  sean complicados de usar para sus clientes o terminen creando nuevas brechas que comprometan su propia seguridad que también involucra la privacidad de los internautas. La seguridad y la privacidad van de la mano…    

Las leyes tampoco pueden decirse que ayudan mucho a aclarar el panorama; el desigual desarrollo de los países de todo el mundo así como las posibilidades que tiene un gobierno para acceder a las tecnologías de telecomunicaciones, crean complejas interpretaciones sobre la privacidad que siempre divergen entre los distintos grupos sociales. Las lagunas legales, son constante en muchos países así como la falta de confianza de sus ciudadanos hacia las figuras políticas locales, dificultan un diálogo sincero sobre el tema.

Los cambios legales, a veces, ni se efectúan por lógica consecuencia del mismo desarrollo tecnológico sino por actos criminales que comprometen la integridad de algún internauta que obligan a elaborar apresuradamente instrumentos legales que condenan un delito, pero no identifican correctamente los medios o establece los procedimientos adecuados, es decir, una correcta evaluación técnica no es considerada, lo que le da facilidades a los cuerpos policiales a violentar la privacidad para cumplir la ley. Más complicado se vuelve la situación en el funesto escenario de confrontación política; donde el gobierno se atribuye poderes especiales para vigilar las comunicaciones en contra del respeto que merece los ciudadanos. Las leyes, para muchos, se anulan así mismas según como se interprete cada situación.   

No puede tampoco omitirse las difíciles relaciones internacionales, cuando se toca el tema. Cada gobierno es antagónico, y verá con recelo cualquier cambio en materia de privacidad, porque el tema no esta lejos de incluirse en los asuntos que competen a la seguridad nacional y el espionaje. Es bien sabido, que muchos cambios, omisiones o “tácticas rastreras” llevadas a cabo por los organismos de inteligencia en materia legal y técnica responden a la necesidad que tienen de saber que hacen los demás países para delimitar futuras acciones y decisiones, algunas de carácter diplomático o hasta económico. En otros casos, la férrea competencia entre superpotencias, obliga a “romper todas las reglas” con tal de tener ventaja sobre el competidor inmediato; eso incluye el robo de información vital. Es ingenuo pensar que la ausencia o adopción de medidas para proteger la privacidad, no implica un interés político, íntimamente ligado a un interés de seguridad nacional.

prism-break
La iniciativa, http://prism-break.org/en/, ofrece opciones para proteger nuestra privacidad- Google Images.

 De esto último surge algunas dudas razonables: ¿la falta de privacidad es beneficiosa para ciertos intereses?, ¿la aparente fragilidad de algunos servicios es por causas técnicas o por acciones deliberadas?, ¿es necesario solicitar transparencia a los organismos de inteligencia de cada país?, ¿cómo queda el internauta en todo esto?… Paciera entonces que en el terreno de la privacidad -al igual que en el resto de Internet- no sirve ninguna moral, pareciera como si cualquier cambio en las normas implica tener un ganador y muchos perdedores; cosa que en materia de seguridad nacional es algo muy serio. Es necesario realizar, profundas reflexiones al respecto; de lo contrario estaríamos divagando…

Analizando concienzudamente todo el escenario, pareciera que nuestra privacidad no está en nuestras manos, que el ser parte de la “sociedad de la información” implica perder el control sobre nuestros datos. Sin embargo, existen diversas herramientas, medidas y opciones que podemos usar si queremos proteger nuestra privacidad. Todo consiste en consultar en la red. Pero también un cambio en nuestros “hábitos digitales”, implica a veces renunciar a la “popularidad” ofrecida por servicios muy conocidos; las tecnologías que protegen nuestra privacidad trabajan bajo formas distintas, a parte de que solo tenemos su palabra y buena fe como garantía para resguardar nuestra información.

A todas estas, dependerá de cada quién saber cómo proteger su privacidad y adaptarse a los cambios que implica, quizá sea necesario cuestionar la transparencia de los procesos que hacen funcionar nuestros dispositivos y explorar otros terrenos de la tecnología que nos parecían inabarcables…

 

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

 

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