Reflexiones sobre el “destino”.

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Avalon, las urbes actuales sofocan la conciencia humana- Google Images.

El concepto de “destino”, siempre está asociado a una meta trascendente,  revestido de cierta fatalidad en la mayoría de los casos. También se le vincula, al “conflicto” entre el libre albedrío del ser humano y el funcionamiento de un cosmos que pareciera estar gobernado por fuerzas ajenas a nuestra voluntad; cuya compresión nos resulta ajena. La pregunta primordial en estos tiempos es: ¿Qué concepto tenemos del “destino”?, ¿Cómo en una época donde todo parece explicado tiene cabida este concepto?, la respuesta a estas preguntas no suelen ser fáciles, en parte, porque su significado ha sido banalizado por diversas figuras seudomágicas y esotéricas, quienes creen que el destino de una persona depende de un intrincado conocimiento sobrenatural del cual ellos son “portadores”.

Junto a ello, nuestra sociedad contemporánea tiende a restar importancia a la función a conquistar metas futuras. El pasado, se reduce a mera información y la trascendencia del espíritu humano queda reducido a una anécdota filosófica. Habría que recordar que el destino, en su esencia, se refería a resolver la duda sobre cuál es el propósito real de nuestra existencia. Los sabios aspiraban encontrar ese conocimiento para responder nuestras preguntas interiores, si lo conseguían, dotaban de sentido a la vida. Serian recompensados con la adquisición de una valiosa erudición que permitía comprender mejor la realidad; abriendo las puertas al progreso. Como los objetivos eran conquistar el entendimiento y el conocimiento, se concluyó que eso era el destino.

Sin embargo, el concepto fue alterado por la influencia de corrientes de pensamiento espirituales que consideró al conocimiento como una herramienta para “abrir la mente” a un entendimiento superior;  cuya naturaleza era infinita. Es próxima a la divinidad e irremediablemente todos llegaríamos a ese nivel, de allí pues los profetas, maestros e iluminados, construyeron unos intrincados conocimientos, repletos de símbolos directos que facilitaran a los “alumnos” el despertarle interés por el autoconocimiento. Así surgieron escuelas, que premiaban la entrega total de sus alumnos a lograr conocerse así mismo, establecieron jerarquías que reflejaban hasta donde podía llegar cada uno -como recompensa de sus esfuerzos por lograr su propio autoconocimiento- y desprenderse de la reducida visión materialista.

Se premio virtudes como la humildad, la compasión, el compartir y la renuncia de todo aquello que “aletargara la mente” como símbolos de avance interior.  El conocimiento era un regalo de la divinidad, para el bien de los seres humanos que -obligatoriamente- debía ser compartido a fines de extender la “luz divina” entre todos y facilitar la renovación del entendimiento humano, porque se pensaba que así funcionaba el universo, es decir, en una constante proceso de transformación inevitable, al cual debe someterse sin resistencia. La trascendencia espiritual era el “destino” que toda persona debía cumplir; cuando llegase el momento. Si bien, las corrientes espirituales coincidían en muchos aspectos con las estrictamente filosóficas diferirían en el medio para transcender: la filosofía consideraba el pensamiento como el medio para cumplir dicho objetivo, mientras las ideas espirituales privilegiaban la meditación y la observación silenciosa de la realidad.

Pero los tiempos avanzaron, la necesidad de civilización obligaron a los hombres a buscar nuevos conocimientos que resolvieran los problemas de la misma. El alma humana paso a un segundo plano, y el autoconocimiento quedo relegado a círculos menores, los adelantos técnicos se volvieron más importantes que saber quienes somos y este proceso se ha heredado hasta hoy. Quienes rechazan esta deslocalización del alma en los procesos históricos e individuales, emplean el sincretismo como medio para dotar de un sentido autentico la existencia humana: la cuestión fundamental para resolver los enigmas de nuestra existencia, es recuperar el equilibrio entre el alma y la materia. Para ello, se buscan los aspectos comunes de todo el conocimiento humano hasta constituir un concepto único, mutable y capaz de adaptarse a los cambios que de un carácter transcendente al libre albedrío.

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The Matrix, el libre albedrío como solución a los enigmas de la existencia- Google Images

 En estos tiempos, el libre albedrío, es el autentico  medio que podría resolver el conflicto sobre cual es nuestra autentica naturaleza: si es exclusivamente material o espiritual. Partimos del hecho, de que muchos sienten que su vida es vacía y carente de significado; persiste el hastió ante la rutinización que impone las urbes, por no hablar del desgaste de los valores aceptados por la sociedad. Ante este panorama, muchos creen que nuestro problema es que estamos demasiados acostumbrados a “pensar” como simples humanos, convencidos de los conceptos materialistas. Nos olvidamos de nuestra alma y debemos reaprender a “pensar” como espíritus que “usan” un cuerpo para desplazarse en el mundo material. El “pensar” como espíritus, consisten en desprenderse de expectativas, de imposibles y superar los limites de la cultura nacional, mucho lo definen como dar “un salto cuántico”, que nos invite a ver las cosas de otra manera más simple.

Este entendimiento espiritual de la realidad, es lo que descubrieron las mentes más brillantes, no obstante, hemos malinterpretado esta parte de sus conocimientos.  Pero lo hemos ido recuperando, poco a poco abrimos los ojos a esta dimensión del conocimiento y un síntoma de ello son los convulsos cambios que sufre el mundo actualmente; aunque esos sucesos nos parezcan terribles, nadie puede negar que todo forma parte de un proceso que está obligando a la humanidad a tener que cambiar drásticamente. Hemos tenido que reevaluar todo lo que creíamos correcto. Esto es un síntoma que nuestro espíritu exige su participación en el desarrollo histórico de la humanidad, resistirse no evitará que dicha conciencia prospere.

No está demás preguntarse entonces ¿es nuestro “destino” evolucionar ahora en el nivel espiritual?, sólo nuestras decisiones nos responderán esa pregunta.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

               

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