Month: March 2014

La absurda paranoia hacia los extraterrestres

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El programa SETI, es un intento científico de encontrar vida inteligente en el universo- Google Images

Desde que la carrera espacial se materializó, la duda humana de si estamos solos en el universo se hizo más intensa y ha llevado a muchos científicos a emprender la búsqueda de seres u organismos de origen extraterrestre, con el fin de comprobar si existen formas de vidas distintas. Esta búsqueda, también podría resolver muchas preguntas sobre nuestra propia existencia como determinar cuales son nuestros orígenes, aparte de que podríamos alcanzar un impulso social notable con los conocimientos obtenidos de dicha investigación. Para muchos, científicamente estamos listos para conocer a otros seres inteligentes pero para nuestra cultura social, es todo lo contrario.

Básicamente nuestra sociedad, sin importar cuan avanzada o atrasada este, el hablar seriamente de extraterrestre es algo que siempre se toma como una broma o termina incluyéndose en las más descabelladas teorías e historias sobre OVNIS. No hay que olvidar, que la cultura popular a deidificado -sin siquiera haber contactado a un extraterrestre “oficialmente”- a estos seres a través de toda suerte de fantasías bélicas o seudoesotéricas, atribuyéndoles poderes o habilidades que superan a las nuestras; llevándonos a un estado de insignificancia como civilización. Semejantes consideraciones, son alimentadas ante la falta de pruebas serias de que existe vida distinta a la humana en el universo. Para muchos, esta actividad de “crear” extraterrestres con nuestra imaginación, busca llenar un “vacío” interior de cuya naturaleza no hay una certeza específica.

De lo que si podemos dar fe, es que ante las abrumadoras dificultades que atraviesa la humanidad la opción de viajar al espacio es un interés inseparable de encontrar a otros seres inteligentes, más avanzados quizá. Creemos que de encontrarlos muchas de nuestras dificultades podrían ser resultas; hasta podría decirse que quisiéramos “ceder las riendas de nuestro destino” a otros porque no hemos sido capaces de lograr superarnos interiormente y conquistar un modelo de civilización de paz universal. Partimos al exterior, nos aventuramos a buscar lo que aún no hemos encontrado con la esperanza de evolucionar a otros niveles que nos resultan desconocidos.

Sin embargo, muchos toman este hipotético encuentro con simpleza, hasta con ignorancia si se permite. Algunos círculos, nada serios pero si influyentes, sólo toman el “factor extraterrestre” más como una excusa para librar a la humanidad de sus responsabilidades; los llamados cultos OVNI por ejemplo, le han dado un papel mesiánico a los seres del espacio y han tomado sus creencias particulares casi como una bandera política cuestionando el razonamiento científico con argumentos mágicos y seudocientificos. Sus miembros, se muestran críticos hacia los gobiernos y creen fervientemente que las autoridades ocultan evidencia de los extraterrestres, convencidos de que ellos ya nos han visitado. Obviamente muchos de sus argumentos no gozan de solidez y sus adeptos, a través del sectarismo, buscan confrontar con las normas sociales imperantes por alguna disconformidad no identificada.

Próximos a estos grupos, están los que creen en las teorías de conspiración. La más popular, es la que afirma que el gobierno de los Estados Unidos oculta evidencia de la presencia de extraterrestres en el planeta Tierra y hasta creen que las autoridades de dicho país poseen parte de su tecnología, la que destinan al desarrollo de armamento más poderoso. Una vez más, estas historias carecen de bases sólidas, sus predicadores y adeptos apelan a los extraterrestres como excusa para verter su resentimiento hacia ese país. Sobre todo, atacan con especial fiereza a sus autoridades militares, de las cuales difunden las más insólitas historias sobre siniestros programas para el desarrollo de tecnología bélica.

Pero, estos fantasiosos programas son en realidad proyectos desclasificados que ya son conocidos por la opinión pública los cuales estos individuos magnifican para captar la atención. Lógicamente, ciertos “intereses políticos” siempre han visto con temor el enorme poder militar de ese país y sus investigaciones en la materia, por lo que no resulta extraño que ocultos con ficciones extraterrestres quieran criticar su poderío bélico. Algunos políticos, demasiados crédulos y polemistas dan respaldo a estas historias, motivados por ese temor sin sentido.

No obstante, nuestra cultura que nunca ha podido desarraigar el miedo a lo desconocido, ha alimentado metódicamente el militarismo espacial bajo el no menos descabellado escenario de una invasión extraterrestre. El cine por ejemplo, nos dibuja siniestros monstruos espaciales que buscan destruir a la humanidad y apoderarse del planeta mediante sofisticados artilugios o elaborados planes de conquista. Ante esta posibilidad, apelamos a nuestro poder militar para defendernos, rindiendo pleitesía a la figura del guerrero el cuál; se muestra como la única solución ante el conflicto contra dichos seres hostiles. Nuevamente, este escenario, no parte sino del miedo la emoción más baja y patética del ser humano.

Llevados por ese temor, no nos damos cuenta que el móvil oculto de este militarismo espacial es sacar provecho político -aunque suene increíble- representando a través de un extraterrestre hostil, a otros grupo humano como peligroso. Alimentamos un sentimiento xenófobo que tarde o temprano se proyectara en cualquier grupo diferente al socialmente aceptado; permitimos que la más descabellada demagogia militar dirija las relaciones sociales, e incluso premiamos a la fuerza y la violencia como medio para avanzar en la vida. Condicionantes subrepticios, incubados en nuestra cultura, que no reflejan más que nuestro egocentrismo, irracionalidad y sobre todo nuestro obsesivo interés de sobrevivir a costa de lo que sea.

Muchos escritores de ciencia ficción consideran errada esta interpretación militarista de los extraterrestres, porque se aleja de los criterios científicos de un contacto racional y civilizado con seres de naturaleza opuesta. Aparte de que si han tocado el escenario bélico en sus obras; lo han hecho como medio de crítica a los males de la sociedad humana. Ha sido la gente quién, lo ha tomado como una “motivación moral” para justificar la opción militar en un contacto infructuoso con extraterrestres, aun cuando en la realidad nunca pase.

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X-files, las conspiraciones con estraterrestres es una idea incubada por nuestra cultura mediática- Google Images.

No podemos tampoco mencionar el papel modelador de los medios de comunicación en este tópico el cual ha sido de lo más variado, pero lejos de considerarlo con seriedad: algunos medios prefieren, ignorar el tema porque no hay ninguna evidencia científica que avale que exista o no vida extraterrestre, lo cual tiene sentido si se quiere ser objetivo y veras. En cambio, otros medios, como el cine o la televisión tratan de explotar al máximo el tema con fines económicos. Se nos presentan seres quiméricos, intrigas e historias fantásticas que alimentan emociones diversas para atraer al público; construyéndose arquetipos identificables para los espectadores. Por supuesto, son pocas las fantasías que proyectan, las que tengan un respaldo científico serio que trate el tema con sensatez.

Las consecuencias de tal mediatización de los extraterrestres son evidentes: no venos con criterio científico este tema, sino con la charlatanería y el prejuicio que nos inculca nuestra cultura. Tampoco podemos imaginarnos, un contacto sin una apreciación pesimista o militarista, para muchos el contactar con una civilización distinta a la nuestra nos conducirá a una catástrofe o en caso contrario el escepticismo y la socarronería harán del tema, un objeto de burla para quién lo plantee. Como culturalmente, nos han “modelado arquetipos” de posibles extraterrestres que podrían aparecer, ya poseemos preconceptos de cómo serían, dichos preconceptos se dirigen a una emoción o necesidad estrictamente humana, lejos de la visión neutral y objetiva que solo la racionalidad podría vislumbrar. En líneas generales, nuestra sociedad culturalmente, posee una visión fantasiosa y simplista sobre los extraterrestres, lo cual la hace vulnerable a cualquier predica sin fundamento del tema.

Podemos darnos cuenta que la sociedad humana a pesar de sus irrebatibles logros científicos no muestra síntomas de suficiente madurez psíquica, como para evaluar con seriedad el tema. Ningún círculo científico confirma que hubo contacto con extraterrestres pero tampoco niega que no lo pueda haber; por ello se evalúa objetivamente que hacer si dicho evento sucede, todo dentro de un marco racional e investigativo, libre de prejuicios y fantasías carentes de sustancia. La mayor preocupación de muchos gobiernos, científicos y militares si se descubriese vida extraterrestre es la reacción de la gente cuando se entere. Desafortunadamente, muchos creen que nuestra cultura podría sufrir un gran impacto del cual sabremos sus resultados cuando haya un contacto confirmado, por ahora lo que podemos hacer es analizar todas las posibilidades

Es válido citar ahora la respuesta que dio la astrofísico y directora de la Oficina para Asuntos del Espacio Exterior de las Naciones Unidas Mazlan Othman, al preguntársele sí la humanidad estaba preparada para tener un encuentro con extraterrestres:

“No lo sé. La vida extraterrestre se ha asociado siempre con monstruos del espacio y OVNIS. Siempre ha existido la risa socarrona o el escepticismo al respecto. Sospecho que incluso algunos buenos científicos pueden haber pensado que encontraron algo raro por ahí pero prefieren no hablar de ello abiertamente por lo mismo. El tema de la vida extraterrestre debe afianzarse como una discusión científica. Una vez que así suceda y la gente se aleje de las ideas frívolas y el discurso de los charlatanes, comenzará a verlo como lo que realmente es”.

 Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

 

La privacidad en #Internet no es solo un derecho; es una práctica.

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En la red abundan quienes negocian nuestros datos- Google Images.

Recientemente, el tema de la privacidad en Internet empieza a ser objeto de preocupación para muchos. Nos hemos dado cuenta que nuestra información, vaga por la red sin ningún control y como si no fuera poco es cada vez más difuso catalogar dónde o quién sabe qué sobre nosotros. La transparencia de la que algunos presumían, se ha puesto en duda mientras que otros prefieren tomar medidas y “retomar el control” de su privacidad, aunque la mayoría escoge continuar ignorando el tema.  Es entonces cuando nos damos cuenta que proteger nuestra privacidad, ya no depende tanto de un entramado legal casi transnacional sino del interés que le dediquemos a evitar que terceros sepan qué hacemos en Internet.

La gran mayoría de la gente siempre va en busca de las tecnologías más cómodas para comunicarse; las más “populares” terminan en manos de ellos y casi nadie se pregunta si confiar ciegamente en estas herramientas no implica un riesgo. La tan mencionada “identidad digital”, para la mayoría, les parece más un término jurídico que un elemento inherente a su actividad en la red; por lo tanto, ignoran que dicha identidad está compuesta por todo lo que hacemos, decimos, colgamos o enlazamos en la red y eso pasa por muchas manos mientras nosotros lo consentimos, sin cuestionar.  Así miles de intereses -algunos no muy benignos- saben lo suficiente de cualquier internauta, el cuál tiene la palabra de los proveedores del servicio como garantía de “buena fe”.    

Hasta aquí nada nuevo se ha dicho, sin embargo la situación de descuido de los internautas persiste porque se cree popularmente que “si yo no tengo nada que le importe a…” nuestra información no corre riesgo o nadie se va a tomar la “molestia” de averiguar qué guarda o qué dice por la red. La realidad demuestra que esto es un error fatal, el cibercrimen apela a esta mentalidad para robar mucha información y negociarla con terceros en miles de foros ilegales en la red, dicha información no se limita a cosas específicas sino que incluye todo lo que el internauta cree que a nadie le importa.

Nuestra “identidad digital” es negociable para cualquiera; y los servicios más populares siempre han sido objetos de ataques exitosos. Aunque mejoran las medidas de seguridad estas terminan siendo inútiles, en parte porque la pericia de los malhechores es bastante notable para descubrir fallas y también porque la gente no protege correctamente sus sistemas. La otra arista del problema, son las complejas y difusas políticas de privacidad de los servicios más conocidos. Para muchos, dichas políticas sólo buscan rentabilizar inescrupulosamente la información de los internautas haciéndole creer que es para mejorar el servicio. En parte, esto es cierto, pero no necesariamente ello implica que toda la estructura funciona de forma “maléfica”, porque es el internauta quien decide usar o no un servicio.

No obstante, la rentabilidad a veces va en detrimento de la transparencia que promete un “servicio popular” y son muchos los escándalos donde la recolección de datos -sin consentimiento del internauta- merma la confianza hacia quienes gestionan el servicio. Hay que tomar en cuenta también que las políticas de privacidad, enfrentan las presiones de las leyes e interpretaciones de los gobiernos sobre qué es privado, a lo que muchas empresas no le es cómodo, porque no es posible crear una “política de privacidad universal” que satisfaga a todos los involucrados; sin que ellos implique que su servicios se encarezcan,  sean complicados de usar para sus clientes o terminen creando nuevas brechas que comprometan su propia seguridad que también involucra la privacidad de los internautas. La seguridad y la privacidad van de la mano…    

Las leyes tampoco pueden decirse que ayudan mucho a aclarar el panorama; el desigual desarrollo de los países de todo el mundo así como las posibilidades que tiene un gobierno para acceder a las tecnologías de telecomunicaciones, crean complejas interpretaciones sobre la privacidad que siempre divergen entre los distintos grupos sociales. Las lagunas legales, son constante en muchos países así como la falta de confianza de sus ciudadanos hacia las figuras políticas locales, dificultan un diálogo sincero sobre el tema.

Los cambios legales, a veces, ni se efectúan por lógica consecuencia del mismo desarrollo tecnológico sino por actos criminales que comprometen la integridad de algún internauta que obligan a elaborar apresuradamente instrumentos legales que condenan un delito, pero no identifican correctamente los medios o establece los procedimientos adecuados, es decir, una correcta evaluación técnica no es considerada, lo que le da facilidades a los cuerpos policiales a violentar la privacidad para cumplir la ley. Más complicado se vuelve la situación en el funesto escenario de confrontación política; donde el gobierno se atribuye poderes especiales para vigilar las comunicaciones en contra del respeto que merece los ciudadanos. Las leyes, para muchos, se anulan así mismas según como se interprete cada situación.   

No puede tampoco omitirse las difíciles relaciones internacionales, cuando se toca el tema. Cada gobierno es antagónico, y verá con recelo cualquier cambio en materia de privacidad, porque el tema no esta lejos de incluirse en los asuntos que competen a la seguridad nacional y el espionaje. Es bien sabido, que muchos cambios, omisiones o “tácticas rastreras” llevadas a cabo por los organismos de inteligencia en materia legal y técnica responden a la necesidad que tienen de saber que hacen los demás países para delimitar futuras acciones y decisiones, algunas de carácter diplomático o hasta económico. En otros casos, la férrea competencia entre superpotencias, obliga a “romper todas las reglas” con tal de tener ventaja sobre el competidor inmediato; eso incluye el robo de información vital. Es ingenuo pensar que la ausencia o adopción de medidas para proteger la privacidad, no implica un interés político, íntimamente ligado a un interés de seguridad nacional.

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La iniciativa, http://prism-break.org/en/, ofrece opciones para proteger nuestra privacidad- Google Images.

 De esto último surge algunas dudas razonables: ¿la falta de privacidad es beneficiosa para ciertos intereses?, ¿la aparente fragilidad de algunos servicios es por causas técnicas o por acciones deliberadas?, ¿es necesario solicitar transparencia a los organismos de inteligencia de cada país?, ¿cómo queda el internauta en todo esto?… Paciera entonces que en el terreno de la privacidad -al igual que en el resto de Internet- no sirve ninguna moral, pareciera como si cualquier cambio en las normas implica tener un ganador y muchos perdedores; cosa que en materia de seguridad nacional es algo muy serio. Es necesario realizar, profundas reflexiones al respecto; de lo contrario estaríamos divagando…

Analizando concienzudamente todo el escenario, pareciera que nuestra privacidad no está en nuestras manos, que el ser parte de la “sociedad de la información” implica perder el control sobre nuestros datos. Sin embargo, existen diversas herramientas, medidas y opciones que podemos usar si queremos proteger nuestra privacidad. Todo consiste en consultar en la red. Pero también un cambio en nuestros “hábitos digitales”, implica a veces renunciar a la “popularidad” ofrecida por servicios muy conocidos; las tecnologías que protegen nuestra privacidad trabajan bajo formas distintas, a parte de que solo tenemos su palabra y buena fe como garantía para resguardar nuestra información.

A todas estas, dependerá de cada quién saber cómo proteger su privacidad y adaptarse a los cambios que implica, quizá sea necesario cuestionar la transparencia de los procesos que hacen funcionar nuestros dispositivos y explorar otros terrenos de la tecnología que nos parecían inabarcables…

 

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

 

¿Se está militarizando #Internet?

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                    Imagen extraída de DevianArt.com

A pesar de que Internet es una invención de origen militar, su implementación en otros entornos la han hecho una gran herramienta para el progreso y potenciación de los talentos humanos; así como facilitar las comunicaciones entre todas las naciones del planeta, quienes pueden encontrar en él un espacio de intercambio abierto. Sin embargo, recientemente se esta notando que existe en algunas esferas políticas un interés preocupante por “controlar” este medio, situación que ha encendido las alarmas entre los internautas. Nadie niega que los gobiernos deban crear mecanismos legales que regulen el uso de Internet, siempre que estos no contradigan el principio del libre acceso y sin restricciones a la información que deben gozar los ciudadanos, pero en nombre de la “seguridad nacional” algunas de esas esferas políticas llegan a los extremos más antidemocráticos con el fin de monitorear el tráfico en la red.

Hay que considerar que el concepto de “seguridad nacional”, es una máxima militar que se presta a interpretaciones demasiados liberales. En lo que respecta al acceso a la información, amparándose en esta máxima, cualquier gobierno puede disponer de los medios informativos y todo lo que se difunda en él, al mismo tiempo que decide que se puede comunicar o como ha sucedido en la actualidad, obtener los datos de terceros si estos permiten “proteger al país de sus enemigos”. Por supuesto, a pesar de que la visión de “seguridad nacional” se aplica de maneras distintas en cada país, existe varios puntos comunes: el primero la inclinación de las autoridades de controlar la información y el segundo, dejar a discreción del gobierno o de alguna organización “neutral” cercana al mismo el definir que contenidos pueden ser una “amenaza”.

Los movimientos para concretar dicho “control” comienzan por reformas, leyes o poderes especiales que buscan ser aprobadas o impuestas en corto plazo. La característica común de dichas herramientas legales es el excesivo poder punitivo que tiene el gobierno para castigar a los “infractores”, el justificar acciones sin un procedimiento transparente, la adopción del espionaje o en el peor de los casos el imponer a las empresas de Internet que el gobierno tenga acceso ilimitado de la información de sus usuarios. No podemos tampoco mencionar, la discrecionalidad con que se bloquea webs o enlaces, que se consideren “peligrosos”. El otro paso es subrepticio y discreto, puede ser la implementación de sofisticados medios de espionaje de los cuáles los limites legales parecieran no existir o el monitoreo silencioso de algún internauta especifico, a través de medios como las redes sociales o los contactos falsos en programas de mensajería instantánea. Empero si los acontecimientos políticos se vuelven extremos, “los bloqueos totales” y sistemáticos de las comunicaciones o los ataques cibernéticos a gran escala pueden ser empleados para controlar la información.  Esto último se ha visto con frecuencia en gobiernos totalitarios y guerras.

Lógicamente, la adopción de medidas militares para regular Internet no resulta del agrado de nadie porque todas incurren en el exceso, los gobiernos fácilmente pueden abusar de su poder y castigar impunemente, así no tenga evidencias suficientes. Los puntos de vista críticos, podrían ser reprimidos con una eficiencia perniciosa y ser desvirtuados ante la opinión pública, igualmente la red puede convertirse en un arma que podría perjudicar a los ciudadanos de otros países, atacando servicios críticos. Tampoco es un secreto que en la política interna de ciertos países, existen “grupos de choque” gubernamentales quienes para desacreditar a sus rivales crean noticias falsas y los ofenden masivamente. Las posibilidades de mal uso de la red, bajo un criterio militar, son aterradoramente enormes.

Aunque los gobernantes piensan que es necesario controles sobre Internet y algunos se empeñan en extremarlos, lo único que han logrado -desafortunadamente-  es radicalizar a los internautas. La comunidad se ha convencido que la presencia del gobierno en Internet, no “augura nada bueno” y se muestran reaccionarios, los más extremos han adoptado por los ataques cibernéticos para contrarrestar las intenciones de las autoridades. Han abrazado una actitud hostil, a cualquier medida gubernamental. No podemos decir que es toda la comunidad, pero un grupo considerable no ve necesario que los gobiernos siquiera mencionen a Internet en sus debates; peor se presenta la situación en aquellas sociedades donde la gente está en abierta hostilidad con sus gobernantes, porque estos reaccionan con medidas antidemocráticas o extremas para “protegerse de sabotajes”. El auge del hacktivismo, es un síntoma de ello.

Este florecimiento del “hacktivismo” –consentido y apoyado por los ciudadanos- reafirma en la gente la idea de que “ellos son víctimas de una conspiración del gobierno” y deben salir en su defensa una miríada de “héroes anónimos”, con los cuales apoyarse para enfrentar el poder. Irónicamente, frente a estas acciones, muchas autoridades han reaccionado de forma más dura, para evitar que sus sistemas sean comprometidos. Internet –manejada de esta forma- ya no es un espacio de interacción e intercambio, sino un campo de batalla donde cada quién “empuña las armas” a favor y en contra de algún interés, visión que refuerza el concepto militar de la red, aunque se luche contra éste. Tristemente, todo apunta a que este conflicto se prolongará y las vías del diálogo van siendo descartadas.

Aunque suene inútil, seria constructivo que las autoridades y los ciudadanos retomaran el diálogo para evitar que Internet sea considerado el “quinto frente de guerra”. Sobre todo es menester que la humanidad, empiece a desarraigar la premisa de que no “existe información éticamente inviolable”, ya que todo lo que suceda en la red nos afecta, sin importar las fronteras o distancias. Es cierto, que existen posiciones extremas que merman el libre acceso a la información pero actuar con el mismo radicalismo solo reafirmará a los que se cuestionan, será también necesario que muchas sociedades debatan sobre la ética de las acciones de los diversos actores que confluyen en la red; pero queda en manos de cada pueblo del planeta si quiere que tan maravilloso invento sea utilizado para lograr el mayor bienestar social posible o caer en la más angustiante paranoia militar, de cuyos efectos, la historia tiene un amplio registro.              

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

 

 

 

Reflexiones sobre el “destino”.

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Avalon, las urbes actuales sofocan la conciencia humana- Google Images.

El concepto de “destino”, siempre está asociado a una meta trascendente,  revestido de cierta fatalidad en la mayoría de los casos. También se le vincula, al “conflicto” entre el libre albedrío del ser humano y el funcionamiento de un cosmos que pareciera estar gobernado por fuerzas ajenas a nuestra voluntad; cuya compresión nos resulta ajena. La pregunta primordial en estos tiempos es: ¿Qué concepto tenemos del “destino”?, ¿Cómo en una época donde todo parece explicado tiene cabida este concepto?, la respuesta a estas preguntas no suelen ser fáciles, en parte, porque su significado ha sido banalizado por diversas figuras seudomágicas y esotéricas, quienes creen que el destino de una persona depende de un intrincado conocimiento sobrenatural del cual ellos son “portadores”.

Junto a ello, nuestra sociedad contemporánea tiende a restar importancia a la función a conquistar metas futuras. El pasado, se reduce a mera información y la trascendencia del espíritu humano queda reducido a una anécdota filosófica. Habría que recordar que el destino, en su esencia, se refería a resolver la duda sobre cuál es el propósito real de nuestra existencia. Los sabios aspiraban encontrar ese conocimiento para responder nuestras preguntas interiores, si lo conseguían, dotaban de sentido a la vida. Serian recompensados con la adquisición de una valiosa erudición que permitía comprender mejor la realidad; abriendo las puertas al progreso. Como los objetivos eran conquistar el entendimiento y el conocimiento, se concluyó que eso era el destino.

Sin embargo, el concepto fue alterado por la influencia de corrientes de pensamiento espirituales que consideró al conocimiento como una herramienta para “abrir la mente” a un entendimiento superior;  cuya naturaleza era infinita. Es próxima a la divinidad e irremediablemente todos llegaríamos a ese nivel, de allí pues los profetas, maestros e iluminados, construyeron unos intrincados conocimientos, repletos de símbolos directos que facilitaran a los “alumnos” el despertarle interés por el autoconocimiento. Así surgieron escuelas, que premiaban la entrega total de sus alumnos a lograr conocerse así mismo, establecieron jerarquías que reflejaban hasta donde podía llegar cada uno -como recompensa de sus esfuerzos por lograr su propio autoconocimiento- y desprenderse de la reducida visión materialista.

Se premio virtudes como la humildad, la compasión, el compartir y la renuncia de todo aquello que “aletargara la mente” como símbolos de avance interior.  El conocimiento era un regalo de la divinidad, para el bien de los seres humanos que -obligatoriamente- debía ser compartido a fines de extender la “luz divina” entre todos y facilitar la renovación del entendimiento humano, porque se pensaba que así funcionaba el universo, es decir, en una constante proceso de transformación inevitable, al cual debe someterse sin resistencia. La trascendencia espiritual era el “destino” que toda persona debía cumplir; cuando llegase el momento. Si bien, las corrientes espirituales coincidían en muchos aspectos con las estrictamente filosóficas diferirían en el medio para transcender: la filosofía consideraba el pensamiento como el medio para cumplir dicho objetivo, mientras las ideas espirituales privilegiaban la meditación y la observación silenciosa de la realidad.

Pero los tiempos avanzaron, la necesidad de civilización obligaron a los hombres a buscar nuevos conocimientos que resolvieran los problemas de la misma. El alma humana paso a un segundo plano, y el autoconocimiento quedo relegado a círculos menores, los adelantos técnicos se volvieron más importantes que saber quienes somos y este proceso se ha heredado hasta hoy. Quienes rechazan esta deslocalización del alma en los procesos históricos e individuales, emplean el sincretismo como medio para dotar de un sentido autentico la existencia humana: la cuestión fundamental para resolver los enigmas de nuestra existencia, es recuperar el equilibrio entre el alma y la materia. Para ello, se buscan los aspectos comunes de todo el conocimiento humano hasta constituir un concepto único, mutable y capaz de adaptarse a los cambios que de un carácter transcendente al libre albedrío.

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The Matrix, el libre albedrío como solución a los enigmas de la existencia- Google Images

 En estos tiempos, el libre albedrío, es el autentico  medio que podría resolver el conflicto sobre cual es nuestra autentica naturaleza: si es exclusivamente material o espiritual. Partimos del hecho, de que muchos sienten que su vida es vacía y carente de significado; persiste el hastió ante la rutinización que impone las urbes, por no hablar del desgaste de los valores aceptados por la sociedad. Ante este panorama, muchos creen que nuestro problema es que estamos demasiados acostumbrados a “pensar” como simples humanos, convencidos de los conceptos materialistas. Nos olvidamos de nuestra alma y debemos reaprender a “pensar” como espíritus que “usan” un cuerpo para desplazarse en el mundo material. El “pensar” como espíritus, consisten en desprenderse de expectativas, de imposibles y superar los limites de la cultura nacional, mucho lo definen como dar “un salto cuántico”, que nos invite a ver las cosas de otra manera más simple.

Este entendimiento espiritual de la realidad, es lo que descubrieron las mentes más brillantes, no obstante, hemos malinterpretado esta parte de sus conocimientos.  Pero lo hemos ido recuperando, poco a poco abrimos los ojos a esta dimensión del conocimiento y un síntoma de ello son los convulsos cambios que sufre el mundo actualmente; aunque esos sucesos nos parezcan terribles, nadie puede negar que todo forma parte de un proceso que está obligando a la humanidad a tener que cambiar drásticamente. Hemos tenido que reevaluar todo lo que creíamos correcto. Esto es un síntoma que nuestro espíritu exige su participación en el desarrollo histórico de la humanidad, resistirse no evitará que dicha conciencia prospere.

No está demás preguntarse entonces ¿es nuestro “destino” evolucionar ahora en el nivel espiritual?, sólo nuestras decisiones nos responderán esa pregunta.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.