La mentalidad de “escoger para culpar”.

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                               La búsqueda de un culpable es fútil- DevianArt.com

 

Dentro de la cultura humana, siempre ha persistido la tendencia de buscar un culpable para todo lo que creemos está mal. En muchas ocasiones, el atribuir la responsabilidad a otro de algún error cometido es la herramienta predilecta de muchos para no asumir sus propios fracasos, de allí que la demagogia en la que incurren muchas sociedades parte de tan sencilla causa pero que -a largo plazo-, tiene consecuencias desastrosas. El siglo XXI, con las enormes posibilidades que ofrece la informatización, todavía persiste esta tendencia, salvo que contiene una peculiaridad: el escoger concientemente algo para después dirigir la culpa a ello. Obviamente, esto refleja que algunas personas alimentan un sentimiento autodestructivo a través de sus decisiones.

Esta tendencia, en principio, parte del humor popular, que por medio de chistes y burlas que crea imágenes jocosas de ciertos roles dentro de la sociedad. A pesar de que no necesariamente, el que ocupa ese rol lo haga, para quienes piensan así es todo lo contrario. Es frecuente, que se dirija dichos comentarios humorísticos a figuras de poder, hacia las cuáles se “ejercita” el otorgarle características nefastas. Obviamente, los políticos son los que más “padecen” estos comentarios y ya no se puede hablar de forma equilibrada sobre su actuación, sin que la chanza, la repartición de culpas y las frases sarcásticas sea lo que domine la conversación. El considerar que su actuación errada, puede ser también responsabilidad de los ciudadanos es algo que se deslocaliza en esa vorágine de comentarios destructivos.

Nadie que piense de esa manera, se ha puesto a evaluar que son nuestras decisiones –por muy triviales que sean- las que configuran una realidad negativa. Sin embargo, ya es algo difícil desarraigar esta mentalidad porque la cultura popular construye nuevas y asombrosas “acusaciones” con las que culpar a otro: ciertos programas televisivos, los “memes digitales”, las “cadenas” por correo electrónico, redes sociales y mensajería instantánea… se han vuelto poderosos “refuerzos” de esta mentalidad. Por supuesto, ninguno de estos medios nos recuerda que la realidad en -su totalidad- es también parte de nosotros y podemos cambiarla… si queremos.  El “escoger para culpar”, es una excusa barata que nos hace ignorantes de nuestro propio poder como seres pensantes pero sobre todo, nos hace irresponsable sobre nuestro destino como sociedad. Quizá la causa de tantas frustraciones en muchas personas, no tenga otra causa que esto.

Lo que creemos que es “causa de todos nuestros males”, termina siendo un adictivo medio de catarsis para retroalimentar nuestros conflictos o problemas sin resolver. El perfecto “círculo vicioso” que nos quita de las manos la posibilidad de darle un final ingenioso a nuestras aflicciones -si las tenemos- y alejarnos de la objetividad personal que nos hagan menos falsos ante la vida. Desgraciadamente, ni siquiera nos hemos propuesto analizar seriamente sobre el poder de nuestras decisiones, porque lo hemos reducido a algo trivial, que no conlleva consecuencia mayores sino cuando se tiene poder o roles importantes dentro de la sociedad. En otros casos, el decidir es etiquetado de ser un tema de filósofos, místicos o gurús que están para “consolar a personas demasiado complejas”. Como no poseemos conciencia suficiente de que significa decidir, hemos creado al “culpable de conveniencia” que nunca somos nosotros sino otro.

También hallamos esta tendencia dentro de círculos radicales, individuos demasiado convencidos que determinado interés es la causa de algunos de los problemas que aflige a la humanidad. Gente muy involucrada, en el mundo conspiranoico, que tratan de convencer a otros con insólitas historias que muchas veces conllevan a realizar cambios radicales en las vidas y costumbres; estos individuos son vectores predilectos de los más absurdos temores humanos pero han tenido un apoyo inconciente de la gente, sin embargo, un análisis cuidadoso de sus hábitos nos revelara que estos individuos sufren -magnificado- el mismo conflicto que tenemos todos: el no saber cual es el poder real de nuestras decisiones. Crean amenazas, monstruos, falsas causas, manipulaciones e intrigas para sostener su discurso, no obstante, nada de ello tiene algún sustento sólido. De esta tendencia no se escapan sectas, cultos, círculos políticos subterráneos o supuestos “iluminados”.

A lo anterior, habría que incluir las personas demasiado radicales que se oponen abiertamente hacia un gobierno extranjero: lo frecuente, es que sean sujetos que no pueden crear soluciones reales hacia los problemas sociales de su entorno, por lo que se argumentan con interpretaciones simplistas y exageradas de la historia para atacar a ese gobierno, cayendo en la más bizarra demagogia. Los lideres más destructivos de la historia encajan perfectamente en esta tendencia, que termina siendo un peligroso instrumento de manipulación. El malicioso uso político de “escoger para culpar” refleja que pueden florecer rápidamente prejuicios artificiales hacia otros; en cualquier sociedad por muy “abierta” que sea, ya que el poder instrumenta el objetivo de encontrar un culpable perfecto que encaje con un arquetipo cuidadosamente prediseñado. Nuevamente, la falta de conciencia del poder de decisión,  fortalece a estos fanáticos que revelan un gran resentimiento sin sentido.

Visto lo anterior, se puede concluir que todos los problemas de la existencia humana se deben a no asumir su responsabilidad, el no hacerlo se debe a que no conoce el verdadero significado que conlleva decidir. Si bien, el conocimiento y el progreso nos hace más conciente de las consecuencias; pareciera que persiste cierta “resistencia” dentro de la gente en negarse a aceptar el compromiso que significa decidir, decidir de forma sensata sin que factores perniciosos perjudiquen. El darnos cuenta, que la realidad es un todo, no una fragmentación geográfica limitante podría calmar muchas de nuestras angustias, como especie pensante que busca evolucionar. No podemos, seguir reduciendo de forma simplista, lo que nos rodea ni seguir dependiendo de “expertos para que nos expliquen el mundo”, es menester que dentro de lo cotidiano nos demos cuenta de nuestras posibilidades y mejoremos como individuos.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

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