La tecnología debe ir de la mano con el desarrollo social.

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La tecnología no debe alejarse de su función social- DevianArt.com

La sofisticación de la tecnología actual, ha logrado brindarnos maravillosas formas de entender el mundo y expandir nuestro entendimiento de las cosas. Años de dedicación intelectual y experimentación nos ha permitido avanzar con mucha rapidez; sin embargo seguimos sin resolver un punto fundamental: ¿a quién debe beneficiar la tecnología? La respuesta lógica seria a la humanidad, pero si miramos un poco la realidad actual nos daremos cuenta de la enorme desigualdad -en cuanto al acceso de la tecnología- que existe en el mundo, dicha discrepancia puede localizarse en un aspecto sencillo: si la técnica es para servir a la humanidad, entonces ella debe crear el mayor bienestar social posible a todos los seres humanos, no obstante, el monopolio de la misma aborta la posibilidad de “universalizar” su acceso.

Este monopolio no es causa de una deliberada conspiración de intereses egoístas; como argumentan algunos, sino de que hemos reducido el papel de las máquinas a cumplir funciones limitadas y rutinarias lo cuál termina por encasillarlas y así impedir entender su papel social. Como las hemos reducido a cumplir una función específica, hemos olvidado que con su ayuda, también podemos simplificar la búsqueda de soluciones a los problemas más complejos. El otro detalle está en que tenemos una cultura de desconfiar de la tecnología que parte de mitos, fantasías y temores absurdos, más que de hechos plausibles. Esa mentalidad paranoica nos hace pensar erróneamente que hay algo maléfico en el progreso, y juzgar el avance dentro de una óptica de sospecha constante.

Cierto es que existe dentro de nuestra especie un lamentable antecedente de uso no ético de la tecnología, pero no podemos caer en esa premisa simplista, de que cada invento se va a usar para “hacer maldades” o repetir la tediosa predica, de que a largo plazo, descubriremos que determinada herramienta era dañina. Esta última evaluación siempre deja por fuera las limitaciones científicas y mentalidad de la época en que se desarrollo una máquina. Por  supuesto, los más radicales buscarán siempre los más increíbles culpables en vez de analizar los hechos con objetividad. El miedo a lo que no entendemos, nos paraliza, y no vemos las posibilidades de hacer el bien en nada; nos conduce a un estancamiento innecesario.

También hay que considerar que, contradictoriamente, tenemos una mentalidad anticientífica. Quiérase o no nuestra cultura -todavía- promueva la apatía hacia la ciencia y buena parte de la gente desconoce como funciona realmente las cosas, siendo presa fácil de charlatanes. Se supone que la educación debe evitar ese desinterés, sin embargo, la mentalidad predominante sobre las ciencias entre los estudiantes es “que las ciencias son muy difíciles” o “son materias para genios y superdotados”, es así como el entendimiento objetivo de la ciencia se reduce a grupos reducido de individuos especializados -que posteriormente-, sufre la incomprensión del resto de los miembros de la sociedad porque esa apatía cultural crea una brecha insondable entre científicos y ciudadanos.

La cuestión de la rentabilidad económica, también ensombrece el tener un verdadero acceso universal a la tecnología. En sociedades donde pareciera que se premia lo banal e intrascendente, se cree que toda investigación para desarrollar nuevas tecnologías debe estar ajustada a un presupuesto, por encima de lograr las metas que dicha investigación desea cumplir. No nos permitimos dejarnos llevar por una creatividad responsable y didáctica, sino en satisfacer a quienes inviertan en dicha investigación. Hay que considerar que dichos inversores, le interesan los resultados inmediatos y su juicio no muchas veces se ajusta a la realidad de la laboriosidad que implica una investigación seria. Otras veces los inversores, toman en cuenta proyectos que no necesariamente implican respeto a la ética científica y suelen ser frecuentes escándalos de fraudes, de prácticas inhumanas o el apoyo de programas destructivos.

El otro aspecto que sigue sin resolverse, es hacia donde orientar los recursos tecnológicos. Es evidente que la realidad social humana, es muy divergente, pero existe asuntos comunes que debidamente atendidos podrían aliviar las cargas de muchos grupos humanos. Sin embargo, los radicalismos políticos, la corrupción de ciertos gobernantes y el excesivo interés de destinar los recursos científicos en materia militar; refuerza la idea que las capacidades tecnológicas humanas no están para servir a la humanidad sino para crear nuevas formas de esclavizarla y dominarla. Demás esta decir, que no existe un acuerdo concreto entre todas las sociedades sobre que es una prioridad y que no lo es; definir claramente esto, es un tema que muchas veces no depende de criterios científicos, sino de tener delimitado como ajustar en cada cultura un uso productivo de la tecnología sin que exista exclusiones. El identificar las pautas culturales comunes de cada grupo humano, podría permitir contactos no conflictivos con la tecnología… pero todo depende que tan dispuesto esta un país en avanzar.

De todo lo anterior, surge la lógica interrogante: ¿Cómo reformulamos nuestro concepto de tecnología  de forma que no se aleje de su papel social? en primer lugar, habría que identificar plenamente cuales son los factores sociales que ocasionan apatía hacia la ciencia, cada sociedad es única, y si cada una logra reconocer dichos factores podrá introducir cambios significativos. Estos cambios deben hacer énfasis, en que la tecnología esta para servirnos y ayudar –para bien- a la humanidad, que todo lo que mueve una máquina esta gobernado por una serie de principios y leyes explicables. Hay que hacer ver que todo lo logrado por la humanidad en esta materia, no es solo fruto de la tenacidad de un puñado de hombres, sino de la buena disposición de la gente por querer avanzar. Hay que desterrar, la mentalidad anticientífica, dejar de hacer creer que el papel de todo progreso es siniestro y peligroso.

El ir convenciendo que los errores y éxitos de la ciencia son fruto de la misma voluntad humana, no de una fuerza extraordinaria que está por encima de todos, pueden incentivar a cambiar la percepción equivocada que se tiene de la tecnología y abrirla a la sociedad.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

    

 

 

         

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