Una mirada a los “magufos” digitales.

CHARLATAN
Los charlatanes son lo opuesto a la razón- Bing.com

Desde tiempos pretéritos, la humanidad ha tenido que lidiar con los charlatanes y timadores más curiosos. Individuos inescrupulosos que han utilizado la sugestión; para cautivar a aquellas personas ingenuas o muy crédulas con tal de beneficiarse de ellas. Han aparecido a lo largo de la historia apelando a aquellas creencias mágicas y desechadas por la racionalidad para convencer a los incautos; su poder radica en sustentar hábilmente una realidad fantástica e inexistente, como un prestidigitador, pero con fines perversos. El presente siglo tiene sus charlatanes, que usando el poder de la tecnología digital y los trucos ancestrales que ha acumulado el “oficio” han dado paso a toda una suerte de absurdas creencias; contrarias a los que debería ser de una “sociedad del conocimiento”.

Los charlatanes del presente siglo se les denomina “magufos”, término producto de la unión de las palabras mago y ufólogo. Estos individuos explotan las fantasías de la creencia popular sobre la existencia de conocimientos esotéricos, supuestos poderes interiores que dicen poseer y la naturaleza extraterrestre que se le atribuye al fenómeno OVNI. Hilvanando cuidadosamente, para que no haya dudas de sus capacidades sobrenaturales o de sus evidencias irrefutables; toda una suerte de tramas e historias increíbles sobre temas carentes de trascendencia. Juegan con la credulidad de la gente -especialmente- la que no posee una adecuada educación o las que tienen tendencia a creer en el esoterismo o el ocultismo, no obstante, hay muestras de que personas muy serias y educadas también caen en sus trampas; convirtiéndose en sus “discípulos” o colaboradores. Hay ocasiones, que ellos mismos se convierten en magufos.

Construyen una reputación, a partir de sus “trabajos” que resaltan repetidas veces y nunca rechazan una entrevista en los medios de comunicación. Pueden llegar a confundir, si tienen experiencia y malicia suficiente, a los más duros cuestionamientos incluso apelando al fanatismo recalcitrante de quienes creen en ellos; como elemento disuasorio. Utilizan la teatralidad, una emotividad casi manipuladora para convencer y enfatizan que sus “prodigios” no son obra suya, sino de algún “poder superior” que actúan a través de ellos, eso los convierte en “showmans” -comercialmente atractivos- para ciertos medios de comunicación quienes lo tratan como una “celebridad” o un “tipo curioso”. Pueden recurrir y alardear de las más curiosas excentricidades, las cuales proyectan en el público como una forma de “lograr conectarse con las fuerzas superiores”, como una consecuencia de luchar contra un “malvado gobierno que oculta la verdad” o solamente para llamar la atención. Los fines varían según la circunstancias.

Pueden ser agradables, bromistas, exóticos y carismáticos. También pueden ser fanáticos, extremadamente serios y hasta apocalípticos. Están informados de todo tipo de fantasía popular que mezclan con argumentos seudocientíficos, religiosos, culturales e históricos y no permiten que la gente interprete su punto de vista sino quiere que se le tome por cierto. Sin embargo, algunos de estos personajes aparentan querer permitir que sus argumentos sean evaluados críticamente por el público, aunque primero pide que le permita explicar “con pruebas irrefutables”  sus razonamientos empleando un lenguaje enrevesado que dificulta su compresión. Por supuesto, como buen charlatán, plantean la realidad social contemporánea dentro de una óptica conspiranoica, de intrigas sin fin, donde él es el único capaz de descubrirlas; esto último les hace creer que tiene la autoridad moral suficiente para involucrarse en los asuntos políticos nacionales e internacionales apoyando una causa que interpreta justa; ya sea como “consejero espiritual”, asesor o activista mediático.

El aspecto digital de un magufo, radica en su permanente interés en sacar de contexto un símbolo, argumento o elemento significativo para darle su propia valoración, de forma que pueda ser rápidamente recibido por el público y este lo difunda. De esa manera, los mismos “engranajes” de Internet trabajan a su favor, basta con un solo estímulo concreto del subconsciente colectivo de la comunidad de internautas que ellos produzcan, para que la red divulgue sus “revelaciones”. Si le da una mirada a sus cuentas en redes sociales, se nota la “histeria digital” que producen sus comentarios, mensajes, videos o las controversias públicas en que participan, todo eso forma parte de su “show”. Nada debe ser aislado, todo tiene que ser público y si es necesario llegar al escándalo a fines de captar la atención de todos lo medios disponibles. Por supuesto, si ha eso le sumamos que la red -tristemente-  también está plagada de webs que soportan sus supuestas revelaciones muchas personas caen en la trampa, algo bastante fácil si consideramos la vorágine de información con la que contamos actualmente, gracias a Internet.

Es bien sabido por muchos expertos, de los cuantiosos servicios en línea que explotan para su beneficio económico, las fantasías de la cultura popular, ya sean tratando de posicionar en los primeros puestos en los resultados de búsquedas webs con contenido mágico, esotérico u ocultista y de supuestos “contactados” por extraterrestres cargados de un tono exagerado. Otras veces,  a través de tácticas como la minería de datos, la captura de palabras clave, el envío masivo de mensajes no deseados, aplicaciones “encantadas” para móviles… tratan de obtener ganancias mediante estos temas, que son el soporte de muchos magufos para beneficiarse. En pocas palabras, nuestra sociedad de la información, otorga herramientas sofisticadas a estos charlatanas contradiciendo el pensamiento objetivo, crítico, veraz y analítico que exige la “sociedad del conocimiento”.

En conclusión, los magufos digitales no son más que los charlatanes que siempre han acompañado a la humanidad con sus exageraciones y disparates. Son los que, empleando la credulidad de muchos buscan satisfacer los mismos objetivos terrenales de cualquier persona común: el ser reconocido, tener un buen sueldo, las mayores satisfacciones materiales y sobre todo, no tener que preocuparse por el futuro. La existencia de ellos, nos advierte que a pesar de tener un mundo tecnocrático y científico no hemos podido desterrar de nuestra especie, la irracional tendencia de creer en absurdos seudoprofetas y supuestas revelaciones de individuos ajenos a la realidad. Creer en cosas “mágicas” como un sano ejercicio de distracción, no es negativo para la mente porque forma parte de nuestra naturaleza imaginativa; lo preocupante es tomar la fantasía como verdad absoluta para beneficiarse de ella y en el peor de los casos caer en la más delirante locura, situación frecuente entre quienes depositan su fe en las palabras de un magufo digital.

Hay que recordar que por encima de cualquier circunstancia, toda persona debe ser responsable de su destino y debe decidir conforme a su propio juicio, no a partir de sugestiones ni creencias extraordinarias, que atentan contra el éxito del esfuerzo intelectual de la especie humana que ha dado más resultados comprobables en contraposición a los de inexistentes “fuerzas sobrenaturales”  invocadas por un hombre común, convencido de que es extraordinario, ante su incapacidad de encontrar su camino en la vida.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

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