Month: February 2014

La mentalidad de “escoger para culpar”.

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                               La búsqueda de un culpable es fútil- DevianArt.com

 

Dentro de la cultura humana, siempre ha persistido la tendencia de buscar un culpable para todo lo que creemos está mal. En muchas ocasiones, el atribuir la responsabilidad a otro de algún error cometido es la herramienta predilecta de muchos para no asumir sus propios fracasos, de allí que la demagogia en la que incurren muchas sociedades parte de tan sencilla causa pero que -a largo plazo-, tiene consecuencias desastrosas. El siglo XXI, con las enormes posibilidades que ofrece la informatización, todavía persiste esta tendencia, salvo que contiene una peculiaridad: el escoger concientemente algo para después dirigir la culpa a ello. Obviamente, esto refleja que algunas personas alimentan un sentimiento autodestructivo a través de sus decisiones.

Esta tendencia, en principio, parte del humor popular, que por medio de chistes y burlas que crea imágenes jocosas de ciertos roles dentro de la sociedad. A pesar de que no necesariamente, el que ocupa ese rol lo haga, para quienes piensan así es todo lo contrario. Es frecuente, que se dirija dichos comentarios humorísticos a figuras de poder, hacia las cuáles se “ejercita” el otorgarle características nefastas. Obviamente, los políticos son los que más “padecen” estos comentarios y ya no se puede hablar de forma equilibrada sobre su actuación, sin que la chanza, la repartición de culpas y las frases sarcásticas sea lo que domine la conversación. El considerar que su actuación errada, puede ser también responsabilidad de los ciudadanos es algo que se deslocaliza en esa vorágine de comentarios destructivos.

Nadie que piense de esa manera, se ha puesto a evaluar que son nuestras decisiones –por muy triviales que sean- las que configuran una realidad negativa. Sin embargo, ya es algo difícil desarraigar esta mentalidad porque la cultura popular construye nuevas y asombrosas “acusaciones” con las que culpar a otro: ciertos programas televisivos, los “memes digitales”, las “cadenas” por correo electrónico, redes sociales y mensajería instantánea… se han vuelto poderosos “refuerzos” de esta mentalidad. Por supuesto, ninguno de estos medios nos recuerda que la realidad en -su totalidad- es también parte de nosotros y podemos cambiarla… si queremos.  El “escoger para culpar”, es una excusa barata que nos hace ignorantes de nuestro propio poder como seres pensantes pero sobre todo, nos hace irresponsable sobre nuestro destino como sociedad. Quizá la causa de tantas frustraciones en muchas personas, no tenga otra causa que esto.

Lo que creemos que es “causa de todos nuestros males”, termina siendo un adictivo medio de catarsis para retroalimentar nuestros conflictos o problemas sin resolver. El perfecto “círculo vicioso” que nos quita de las manos la posibilidad de darle un final ingenioso a nuestras aflicciones -si las tenemos- y alejarnos de la objetividad personal que nos hagan menos falsos ante la vida. Desgraciadamente, ni siquiera nos hemos propuesto analizar seriamente sobre el poder de nuestras decisiones, porque lo hemos reducido a algo trivial, que no conlleva consecuencia mayores sino cuando se tiene poder o roles importantes dentro de la sociedad. En otros casos, el decidir es etiquetado de ser un tema de filósofos, místicos o gurús que están para “consolar a personas demasiado complejas”. Como no poseemos conciencia suficiente de que significa decidir, hemos creado al “culpable de conveniencia” que nunca somos nosotros sino otro.

También hallamos esta tendencia dentro de círculos radicales, individuos demasiado convencidos que determinado interés es la causa de algunos de los problemas que aflige a la humanidad. Gente muy involucrada, en el mundo conspiranoico, que tratan de convencer a otros con insólitas historias que muchas veces conllevan a realizar cambios radicales en las vidas y costumbres; estos individuos son vectores predilectos de los más absurdos temores humanos pero han tenido un apoyo inconciente de la gente, sin embargo, un análisis cuidadoso de sus hábitos nos revelara que estos individuos sufren -magnificado- el mismo conflicto que tenemos todos: el no saber cual es el poder real de nuestras decisiones. Crean amenazas, monstruos, falsas causas, manipulaciones e intrigas para sostener su discurso, no obstante, nada de ello tiene algún sustento sólido. De esta tendencia no se escapan sectas, cultos, círculos políticos subterráneos o supuestos “iluminados”.

A lo anterior, habría que incluir las personas demasiado radicales que se oponen abiertamente hacia un gobierno extranjero: lo frecuente, es que sean sujetos que no pueden crear soluciones reales hacia los problemas sociales de su entorno, por lo que se argumentan con interpretaciones simplistas y exageradas de la historia para atacar a ese gobierno, cayendo en la más bizarra demagogia. Los lideres más destructivos de la historia encajan perfectamente en esta tendencia, que termina siendo un peligroso instrumento de manipulación. El malicioso uso político de “escoger para culpar” refleja que pueden florecer rápidamente prejuicios artificiales hacia otros; en cualquier sociedad por muy “abierta” que sea, ya que el poder instrumenta el objetivo de encontrar un culpable perfecto que encaje con un arquetipo cuidadosamente prediseñado. Nuevamente, la falta de conciencia del poder de decisión,  fortalece a estos fanáticos que revelan un gran resentimiento sin sentido.

Visto lo anterior, se puede concluir que todos los problemas de la existencia humana se deben a no asumir su responsabilidad, el no hacerlo se debe a que no conoce el verdadero significado que conlleva decidir. Si bien, el conocimiento y el progreso nos hace más conciente de las consecuencias; pareciera que persiste cierta “resistencia” dentro de la gente en negarse a aceptar el compromiso que significa decidir, decidir de forma sensata sin que factores perniciosos perjudiquen. El darnos cuenta, que la realidad es un todo, no una fragmentación geográfica limitante podría calmar muchas de nuestras angustias, como especie pensante que busca evolucionar. No podemos, seguir reduciendo de forma simplista, lo que nos rodea ni seguir dependiendo de “expertos para que nos expliquen el mundo”, es menester que dentro de lo cotidiano nos demos cuenta de nuestras posibilidades y mejoremos como individuos.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

La tecnología debe ir de la mano con el desarrollo social.

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La tecnología no debe alejarse de su función social- DevianArt.com

La sofisticación de la tecnología actual, ha logrado brindarnos maravillosas formas de entender el mundo y expandir nuestro entendimiento de las cosas. Años de dedicación intelectual y experimentación nos ha permitido avanzar con mucha rapidez; sin embargo seguimos sin resolver un punto fundamental: ¿a quién debe beneficiar la tecnología? La respuesta lógica seria a la humanidad, pero si miramos un poco la realidad actual nos daremos cuenta de la enorme desigualdad -en cuanto al acceso de la tecnología- que existe en el mundo, dicha discrepancia puede localizarse en un aspecto sencillo: si la técnica es para servir a la humanidad, entonces ella debe crear el mayor bienestar social posible a todos los seres humanos, no obstante, el monopolio de la misma aborta la posibilidad de “universalizar” su acceso.

Este monopolio no es causa de una deliberada conspiración de intereses egoístas; como argumentan algunos, sino de que hemos reducido el papel de las máquinas a cumplir funciones limitadas y rutinarias lo cuál termina por encasillarlas y así impedir entender su papel social. Como las hemos reducido a cumplir una función específica, hemos olvidado que con su ayuda, también podemos simplificar la búsqueda de soluciones a los problemas más complejos. El otro detalle está en que tenemos una cultura de desconfiar de la tecnología que parte de mitos, fantasías y temores absurdos, más que de hechos plausibles. Esa mentalidad paranoica nos hace pensar erróneamente que hay algo maléfico en el progreso, y juzgar el avance dentro de una óptica de sospecha constante.

Cierto es que existe dentro de nuestra especie un lamentable antecedente de uso no ético de la tecnología, pero no podemos caer en esa premisa simplista, de que cada invento se va a usar para “hacer maldades” o repetir la tediosa predica, de que a largo plazo, descubriremos que determinada herramienta era dañina. Esta última evaluación siempre deja por fuera las limitaciones científicas y mentalidad de la época en que se desarrollo una máquina. Por  supuesto, los más radicales buscarán siempre los más increíbles culpables en vez de analizar los hechos con objetividad. El miedo a lo que no entendemos, nos paraliza, y no vemos las posibilidades de hacer el bien en nada; nos conduce a un estancamiento innecesario.

También hay que considerar que, contradictoriamente, tenemos una mentalidad anticientífica. Quiérase o no nuestra cultura -todavía- promueva la apatía hacia la ciencia y buena parte de la gente desconoce como funciona realmente las cosas, siendo presa fácil de charlatanes. Se supone que la educación debe evitar ese desinterés, sin embargo, la mentalidad predominante sobre las ciencias entre los estudiantes es “que las ciencias son muy difíciles” o “son materias para genios y superdotados”, es así como el entendimiento objetivo de la ciencia se reduce a grupos reducido de individuos especializados -que posteriormente-, sufre la incomprensión del resto de los miembros de la sociedad porque esa apatía cultural crea una brecha insondable entre científicos y ciudadanos.

La cuestión de la rentabilidad económica, también ensombrece el tener un verdadero acceso universal a la tecnología. En sociedades donde pareciera que se premia lo banal e intrascendente, se cree que toda investigación para desarrollar nuevas tecnologías debe estar ajustada a un presupuesto, por encima de lograr las metas que dicha investigación desea cumplir. No nos permitimos dejarnos llevar por una creatividad responsable y didáctica, sino en satisfacer a quienes inviertan en dicha investigación. Hay que considerar que dichos inversores, le interesan los resultados inmediatos y su juicio no muchas veces se ajusta a la realidad de la laboriosidad que implica una investigación seria. Otras veces los inversores, toman en cuenta proyectos que no necesariamente implican respeto a la ética científica y suelen ser frecuentes escándalos de fraudes, de prácticas inhumanas o el apoyo de programas destructivos.

El otro aspecto que sigue sin resolverse, es hacia donde orientar los recursos tecnológicos. Es evidente que la realidad social humana, es muy divergente, pero existe asuntos comunes que debidamente atendidos podrían aliviar las cargas de muchos grupos humanos. Sin embargo, los radicalismos políticos, la corrupción de ciertos gobernantes y el excesivo interés de destinar los recursos científicos en materia militar; refuerza la idea que las capacidades tecnológicas humanas no están para servir a la humanidad sino para crear nuevas formas de esclavizarla y dominarla. Demás esta decir, que no existe un acuerdo concreto entre todas las sociedades sobre que es una prioridad y que no lo es; definir claramente esto, es un tema que muchas veces no depende de criterios científicos, sino de tener delimitado como ajustar en cada cultura un uso productivo de la tecnología sin que exista exclusiones. El identificar las pautas culturales comunes de cada grupo humano, podría permitir contactos no conflictivos con la tecnología… pero todo depende que tan dispuesto esta un país en avanzar.

De todo lo anterior, surge la lógica interrogante: ¿Cómo reformulamos nuestro concepto de tecnología  de forma que no se aleje de su papel social? en primer lugar, habría que identificar plenamente cuales son los factores sociales que ocasionan apatía hacia la ciencia, cada sociedad es única, y si cada una logra reconocer dichos factores podrá introducir cambios significativos. Estos cambios deben hacer énfasis, en que la tecnología esta para servirnos y ayudar –para bien- a la humanidad, que todo lo que mueve una máquina esta gobernado por una serie de principios y leyes explicables. Hay que hacer ver que todo lo logrado por la humanidad en esta materia, no es solo fruto de la tenacidad de un puñado de hombres, sino de la buena disposición de la gente por querer avanzar. Hay que desterrar, la mentalidad anticientífica, dejar de hacer creer que el papel de todo progreso es siniestro y peligroso.

El ir convenciendo que los errores y éxitos de la ciencia son fruto de la misma voluntad humana, no de una fuerza extraordinaria que está por encima de todos, pueden incentivar a cambiar la percepción equivocada que se tiene de la tecnología y abrirla a la sociedad.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

    

 

 

         

Una mirada a los “magufos” digitales.

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Los charlatanes son lo opuesto a la razón- Bing.com

Desde tiempos pretéritos, la humanidad ha tenido que lidiar con los charlatanes y timadores más curiosos. Individuos inescrupulosos que han utilizado la sugestión; para cautivar a aquellas personas ingenuas o muy crédulas con tal de beneficiarse de ellas. Han aparecido a lo largo de la historia apelando a aquellas creencias mágicas y desechadas por la racionalidad para convencer a los incautos; su poder radica en sustentar hábilmente una realidad fantástica e inexistente, como un prestidigitador, pero con fines perversos. El presente siglo tiene sus charlatanes, que usando el poder de la tecnología digital y los trucos ancestrales que ha acumulado el “oficio” han dado paso a toda una suerte de absurdas creencias; contrarias a los que debería ser de una “sociedad del conocimiento”.

Los charlatanes del presente siglo se les denomina “magufos”, término producto de la unión de las palabras mago y ufólogo. Estos individuos explotan las fantasías de la creencia popular sobre la existencia de conocimientos esotéricos, supuestos poderes interiores que dicen poseer y la naturaleza extraterrestre que se le atribuye al fenómeno OVNI. Hilvanando cuidadosamente, para que no haya dudas de sus capacidades sobrenaturales o de sus evidencias irrefutables; toda una suerte de tramas e historias increíbles sobre temas carentes de trascendencia. Juegan con la credulidad de la gente -especialmente- la que no posee una adecuada educación o las que tienen tendencia a creer en el esoterismo o el ocultismo, no obstante, hay muestras de que personas muy serias y educadas también caen en sus trampas; convirtiéndose en sus “discípulos” o colaboradores. Hay ocasiones, que ellos mismos se convierten en magufos.

Construyen una reputación, a partir de sus “trabajos” que resaltan repetidas veces y nunca rechazan una entrevista en los medios de comunicación. Pueden llegar a confundir, si tienen experiencia y malicia suficiente, a los más duros cuestionamientos incluso apelando al fanatismo recalcitrante de quienes creen en ellos; como elemento disuasorio. Utilizan la teatralidad, una emotividad casi manipuladora para convencer y enfatizan que sus “prodigios” no son obra suya, sino de algún “poder superior” que actúan a través de ellos, eso los convierte en “showmans” -comercialmente atractivos- para ciertos medios de comunicación quienes lo tratan como una “celebridad” o un “tipo curioso”. Pueden recurrir y alardear de las más curiosas excentricidades, las cuales proyectan en el público como una forma de “lograr conectarse con las fuerzas superiores”, como una consecuencia de luchar contra un “malvado gobierno que oculta la verdad” o solamente para llamar la atención. Los fines varían según la circunstancias.

Pueden ser agradables, bromistas, exóticos y carismáticos. También pueden ser fanáticos, extremadamente serios y hasta apocalípticos. Están informados de todo tipo de fantasía popular que mezclan con argumentos seudocientíficos, religiosos, culturales e históricos y no permiten que la gente interprete su punto de vista sino quiere que se le tome por cierto. Sin embargo, algunos de estos personajes aparentan querer permitir que sus argumentos sean evaluados críticamente por el público, aunque primero pide que le permita explicar “con pruebas irrefutables”  sus razonamientos empleando un lenguaje enrevesado que dificulta su compresión. Por supuesto, como buen charlatán, plantean la realidad social contemporánea dentro de una óptica conspiranoica, de intrigas sin fin, donde él es el único capaz de descubrirlas; esto último les hace creer que tiene la autoridad moral suficiente para involucrarse en los asuntos políticos nacionales e internacionales apoyando una causa que interpreta justa; ya sea como “consejero espiritual”, asesor o activista mediático.

El aspecto digital de un magufo, radica en su permanente interés en sacar de contexto un símbolo, argumento o elemento significativo para darle su propia valoración, de forma que pueda ser rápidamente recibido por el público y este lo difunda. De esa manera, los mismos “engranajes” de Internet trabajan a su favor, basta con un solo estímulo concreto del subconsciente colectivo de la comunidad de internautas que ellos produzcan, para que la red divulgue sus “revelaciones”. Si le da una mirada a sus cuentas en redes sociales, se nota la “histeria digital” que producen sus comentarios, mensajes, videos o las controversias públicas en que participan, todo eso forma parte de su “show”. Nada debe ser aislado, todo tiene que ser público y si es necesario llegar al escándalo a fines de captar la atención de todos lo medios disponibles. Por supuesto, si ha eso le sumamos que la red -tristemente-  también está plagada de webs que soportan sus supuestas revelaciones muchas personas caen en la trampa, algo bastante fácil si consideramos la vorágine de información con la que contamos actualmente, gracias a Internet.

Es bien sabido por muchos expertos, de los cuantiosos servicios en línea que explotan para su beneficio económico, las fantasías de la cultura popular, ya sean tratando de posicionar en los primeros puestos en los resultados de búsquedas webs con contenido mágico, esotérico u ocultista y de supuestos “contactados” por extraterrestres cargados de un tono exagerado. Otras veces,  a través de tácticas como la minería de datos, la captura de palabras clave, el envío masivo de mensajes no deseados, aplicaciones “encantadas” para móviles… tratan de obtener ganancias mediante estos temas, que son el soporte de muchos magufos para beneficiarse. En pocas palabras, nuestra sociedad de la información, otorga herramientas sofisticadas a estos charlatanas contradiciendo el pensamiento objetivo, crítico, veraz y analítico que exige la “sociedad del conocimiento”.

En conclusión, los magufos digitales no son más que los charlatanes que siempre han acompañado a la humanidad con sus exageraciones y disparates. Son los que, empleando la credulidad de muchos buscan satisfacer los mismos objetivos terrenales de cualquier persona común: el ser reconocido, tener un buen sueldo, las mayores satisfacciones materiales y sobre todo, no tener que preocuparse por el futuro. La existencia de ellos, nos advierte que a pesar de tener un mundo tecnocrático y científico no hemos podido desterrar de nuestra especie, la irracional tendencia de creer en absurdos seudoprofetas y supuestas revelaciones de individuos ajenos a la realidad. Creer en cosas “mágicas” como un sano ejercicio de distracción, no es negativo para la mente porque forma parte de nuestra naturaleza imaginativa; lo preocupante es tomar la fantasía como verdad absoluta para beneficiarse de ella y en el peor de los casos caer en la más delirante locura, situación frecuente entre quienes depositan su fe en las palabras de un magufo digital.

Hay que recordar que por encima de cualquier circunstancia, toda persona debe ser responsable de su destino y debe decidir conforme a su propio juicio, no a partir de sugestiones ni creencias extraordinarias, que atentan contra el éxito del esfuerzo intelectual de la especie humana que ha dado más resultados comprobables en contraposición a los de inexistentes “fuerzas sobrenaturales”  invocadas por un hombre común, convencido de que es extraordinario, ante su incapacidad de encontrar su camino en la vida.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

Los caudillos de la red.

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La red permite crear identidades subversivas- DevianArt.com

La figura caudillesca, siempre ha sido vista como un elemento nefasto en el devenir histórico de la humanidad. Ha ganado -con buena razón- esa imagen por los distintos actores que han encarnado este arquetipo y no está demás agregar, que por su “legado” desastroso, muchos tengan repulsión a este tipo de liderazgo. No obstante, con la llegada de Internet, muchos actores y grupos relevantes ha construido una imagen no muy lejana al de un caudillo; diferente al concepto “clásico” y pernicioso que tenemos dado que las motivaciones y momentos históricos del presente siglo divergen totalmente al de épocas anteriores. Si estos caudillos existen ¿cómo son?, ¿qué nexo tienen en común con dicha figura?…

Los caudillos de la red, aparecen en momentos controversiales o cuando se presumen que se está atentado contra la naturaleza abierta de Internet. Surgen de forma imprevista, con cautivantes discursos que sobrevaloran las bondades del ciberespacio, siempre ubicándose del lado del internauta. Están en abierta hostilidad con aquellos sectores que representan una amenaza para Internet y pueden caer fácilmente en la más absoluta intransigencia, no necesariamente son los típicos hackers que se atribuyen el papel de protectores de una red abierta y neutral; en realidad puede ser cualquier persona que tenga la habilidad suficiente como para atomizar a los internautas a su favor. Su móvil será el ciberespacio y todo lo relacionado a él. Podrían ser etiquetados de “adictos” a la red, pero en realidad son individuos disconformes, carismáticos con una interpretación particular del mundo digital.

Algunos eruditos creen que estos personajes, no son más que los obvios “contestatarios” de siempre cuya singularidad está en que sus herramientas son ordenadores y mucha información. Las promesas de utopías sociales, no tienen cabida en sus intereses, les estimula las búsquedas creativas de soluciones a todo tipo de problemas, pero apelando a la red, de cuya dependencia es casi total. Aunque no se puede decir que son reacios a trabajar en equipo, son selectivos, ya que quieren conservar su independencia; rechazan cualquier persona limitante u oportunista. Si el ambiente y las circunstancias lo permiten, resaltan como lideres absolutos de cualquier iniciativa relacionada a la red con la que muestren interés. Por supuesto, en su ideario personal la figura de autoridad no suele tener una imagen positiva, la considera incomoda  y arcaica. Algunos llegan a tener aspiraciones políticas, esgrimiendo discursos alternativos a los postulados por los políticos tradicionales, apoyando la idea de tener “gobiernos abiertos”, que no estafen al ciudadano con promesas ni utopías sino con soluciones transparentes y respetuosas, enmarcadas en una ética y moral personal con tintes universalista. No creen en un mundo aislado, sino conectado como un todo omnipotente próximo a lo que sería la red.

Los rasgos caudillescos de estos personajes, suelen ser accidentales en muchas ocasiones, ya que es la misma comunidad internauta quien termina por considerarlo como únicos lideres de toda controversia relacionada a Internet; rápidamente pueden convertirse en referentes obligatorios de cualquier tema tecnopolítico, descartándose otros puntos de vistas. Nunca desaprovechan, la oportunidad de participar en cualquier acción solidaria del mundo digital y la gente terminan por ceder -naturalmente- la dirección de la “causa” a él, sin cuestionar. Todos confían ciegamente en su honestidad.  Al igual que un caudillo, puede tener conflictos con otros líderes que estén a la par de él pese a que luchen por los mismos ideales, porque considera más adecuado su forma de hacer las cosas que “complementar” su visión con la de otros.

Es bien sabido de que muchos de estos caudillos tienen contrafiguras que les cuestionan, la mayoría disidentes del movimiento que lideran. Estos disidentes siempre se quejan de que su antiguo compañero de lucha,  actúa de manera absolutista, absorbente, se vuelve maniático de mantener el control total sobre los demás integrantes del movimiento que encabezan. Dichos disensos internos, hacen aún más compleja su figura ya que muchos no entienden cómo es que una persona que se muestra “colaborativa y abierta” puede al mismo tiempo ser intolerante.

Sin embargo, con todo y sus escándalos, no dejan de ser personajes construidos por la misma vorágine actual de disponibilidad de medios. Quizá tanta atención atraída, les traiga alguna morbosa gratificación personal que prefieren disfrutar en solitario, controlando cuidadosamente el esfuerzo colectivo a su servicio. No obstante, a estos caudillos de la red siempre les será útil una retórica rebelde, de subversivo incansable que lucha por una “libertad de información” que está amenazada y de las cuales él ofrece su “voluntad desinteresada” para preservarla. Es notable su capacidad para configurar fácilmente una imagen de opositor extremo que difícilmente pasa desapercibido, tomándose como parábolas altamente verídicas todas sus declaraciones.

¿Cómo podría catalogarse este fenómeno de los caudillos de la red?, se podría decir que es la consecuencia directa de la misma “sociedad de la información”, tratan de llenar ese vacío que dejó el desencanto ideológico del siglo pasado. Es una desesperada reacción inconciente de la gente de no perder la fe en los héroes que vendrán a salvar a la sociedad en tiempos oscuros. Encarna el típico “ideal romántico” de rebeldía adaptada a nuestra era digital, donde un individuo “genial” pone en jaque a un sistema viciado usando la tecnología de forma poco ortodoxa. Trata de ser un anarquista atípico y complejo que ha hecho del ciberespacio su morada y su bandera ideológica en un tiempo donde los dogmas ya no funcionan. La misma simpatía que despierta, lo convierte en catalizador de cambios, por su apoyo irrestricto a ideas progresistas nacidas del universo digital. Tampoco es descartable que influya mucho en su materialización el estilo contestatario y su apología a lo tecnológico del género Cyberpunk, quienes han servido de inspiración a muchos de estos rebeldes contemporáneos.

En vista de lo anterior, ¿estos caudillos terminaran sucumbiendo a las tentaciones del poder?, sólo el tiempo dirá si dichos personajes harán un bien -o mal- a la sociedad de la información; por lo pronto conviene saber que ellos existen…     

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.