La “conspiranoia” como práctica política.

Conspiracy
                                         Imagen vista en DevianArt.com.

“Resulta cada día más evidente que la mayor amenaza para la Humanidad no reside en el hambre, ni en los microbios, ni en el cáncer, sino en el hombre mismo, porque este carece de defensas contra las epidemias psíquicas, cuyos efetos son infinitamente más devastadores que los de las catástrofes naturales”

Carl G. Jung, psicoanalista suizo

El término “conspiranoia”, viene de la unión de las palabras conspiración y paranoia; hace referencia a la tendencia de algunos grupos creyentes en teorías de conspiración de proponer los más increíbles argumentos para explicar las causas de los acontecimientos mundiales, rodeado de un aura tan inverosímil e insondable que raya en lo demencial. Sin embargo, algunos líderes políticos, por ejemplo, tienden a apelar premisas cercanas a esta tendencia para justificar sus acciones y decisiones, aún cuando no sean cónsonos con la realidad, con resultados más perjudiciales que benéficos para la sociedad.

 Se tienden a pensar que esta práctica es atribuible exclusivamente a los gobiernos demagógicos y autocráticos, donde los más absurdos argumentos son esgrimidos para distraer, manipular y exculpar a las autoridades de su responsabilidad. No obstante, los gobiernos democráticos también han sucumbido a esta tendencia provocando hasta el día de hoy una compleja relación de desconfianza entre los ciudadanos y la autoridad.  La mejor prueba de ello a nivel histórico, está en la Guerra Fría donde ambas partes emplearon la distorsión, la exageración y el más recalcitrante fanatismo para condicionar las relaciones internacionales o las decisiones políticas, liquidar cualquier oposición y garantizarse el apoyo ciego de la ciudadanía.

En aquella época, los medios de comunicación y la cultura fueron el “vector” perfecto de “convencimiento masivo”  para hacer aceptar a la gente las más descabellas historias sobre siniestros planes que “el contrario y sus secuaces” infiltrados preparaban contra el país. La táctica, prospero también, porque la información se creaba y difundía a través de medios centralizados; medios “subterráneos” o contrarios a las corrientes gubernamentales y opositores tenían que combatir toda una maquinaria de desprestigio e intolerancia de agrupaciones políticas ciegas. Historias increíbles, hechos falaces y enemigos imaginarios fueron las opciones más socorridas por ambas partes en ese conflicto.

En el siglo XXI,  no estamos lejos de caer nuevamente en un escenario como el anterior. A pesar de la descentralización de la información, gracias a Internet, y la Globalización que nos permite conocer fácilmente otros puntos de vistas alternativos, los gobernantes democráticos o no, han sucumbido al temor más irracional y luchan contra amenazas más propias de la ficción que la realidad; remozando las prácticas de épocas pasadas para proteger sus intereses. Pero, ¿cómo hacerlo en este siglo, si tenemos más información y opciones?, no es sencillo responder ante esta interrogante de forma abstracta, aunque podemos identificar algunas características que apoyan lo planteado:

1. La utilización de “realidades virtuales”: el apoyarse en las “realidades virtuales” consiste en construir escenarios y situaciones ilusorias, que justifican la adopción de medidas punitivas drásticas con el fin de “proteger al pueblo”. Las “realidad virtuales” son fáciles de construir si tomamos en cuenta los avances de tecnologías como los efectos especiales por ordenador, que permiten recrear cualquier cosa con una solidez que compite con la realidad.

El cine y los videojuegos ya “acostumbraron” a la mente humana a este tipo de virtualidades por lo que una distinción, entre lo real y lo irreal, casi no existe. En la práctica podemos ver como muchos incautos creen que es real lo narrado en los  llamados “falsos documentales” o el éxito que tienen los cibercriminales para engañar a sus victimas con el empleo de la ingeniaría social. Todo parte de nuestra pobre capacidad de captar detalles evidentes que pasan desapercibidos, la rutinización y la obsesión de vivir experiencias irreales a través de roles distintos al que tenemos, nos hacen presa fácil de cualquier maquinación política.

2. Construcción de enemigos falsos: es una táctica más longeva, pero sigue siendo efectiva. Consiste en construir una entidad maléfica a la cual atribuirles poderes superiores que conspiran contra la sociedad y sus “legitimas instituciones”. Si alguien duda de ella un sistemático ejercicio de repetición que pone en evidencia el mal estado en que se encuentran las cosas, orientado a culpabilizar a ese enemigo, seguramente convencerá a muchos. Otro uso de esta táctica, es “vestir” a la disidencia de un “ropaje” destructivo para calificarla de enemigo buscando disminuirla y privarla de cualquier apoyo. Muy frecuentemente puede emplearse epítetos despectivos para identificarla y reducirla. Usando esta táctica la gente se distrae en luchar contra esos enemigos para tener el favor del gobierno y de la sociedad; creándose imágenes ejemplificantes de “ciudadanos ideales” que deben imitarse. Los ciudadanos terminan obedeciendo y deidificando al gobierno, creyendo que el mismo vencerá la amenaza, logrando liberar al país de las calamidades provocadas por el enemigo creado.

3. Gobernar a través de “guiones cinematográficos”: todo gobierno sabe que el cine construye ficciones con fines lúdicos o didácticos. El principal apoyo de una buena película es tener un sólido guión; en él está la historia que se quiere contar y el público se entretenga. Un gobierno puede construir una compleja trama, de largo plazo preferiblemente, donde la “historia” son los acontecimientos que quiere provocar en busca de lograr un objetivo. Debe entonces, estudiar meticulosamente al público, determinar su comportamiento y sistematizar sus patrones de respuesta; completado esta fase se erige una historia convincente que el público acepte. Si lo logra, puede causar aquellos acontecimientos que desea materializar.

La “trama” que se va develando, son cada uno de las consecuencias producto de las decisiones gubernamentales que deben estar enmarcadas en el “guión”. Nada podrá suceder por casualidad. Los acontecimientos y sus actores, así como las situaciones deben ser lo bastante complejos para resistir cualquier cuestionamiento; ocultando su génesis. Obviamente, el hermetismo es la clave para el éxito.

4. Desgastar a los opositores para reducir las opciones políticas: es una operación delicada, ya que se busca eliminar la disidencia o puntos de vistas críticos sin necesidad de emplear la fuerza, salvo contadas excepciones. Puede emplearse la más hostil retórica contra los críticos para mantenerlos atrapados en un ciclo interminable de insultos, exigencias de respeto y desprestigio. Atribuirles cualidades maléficas que obliguen a actuar “legalmente” contra ellos, paralizando una respuesta efectiva. El dividir a sus miembros explotando viejas rencillas, diferencias de opinión o abortando la conformación de un bloque unido usando el “chisme de pasillo”  para provocar la desconfianza. El espionaje y la corrupción de los miembros opositores es también válido, si se desea “controlarlos” hasta el punto de no representar una amenaza seria. En caso de necesitar “desaparecer” físicamente a un opositor, debe construirse un “guión” que respalde la versión oficial de los acontecimientos y luzca creíble para el público, reduciendo a ser una sospecha sin fundamento, una opinión opuesta. También coaccionar a los medios de comunicación para no darle espacio mediático a los disidentes o su encarcelación con acusaciones falsas, pero fundamentadas en una imagen ilusoria de quién es el acusado, es factible.

Las consecuencias de tal accionar, convencen a la gente que el gobierno no puede ser cambiado, que las autoridades “lo saben todo” y provocar desconfianza entre los ciudadanos. Y aún cuando no se descarte la opción  electoral, la gente puede no participar o convencerse de que “ningún político es honesto” y apelar a la violencia, cosa que el gobierno tomará como argumento para ser más represivo e invertir cuantiosos recursos en defenderse de “elementos perturbadores del orden”.

5. Empleo masivo del miedo: el miedo es una emoción harto explotada con un sólo fin: paralizar, incapacitar a cualquier persona para que no pueda siquiera pensar en porque tiene miedo. Los gobiernos actualmente, cambiaron un poco el foco de atención para producir miedo en algo sencillo pero muy valorado: en aferrarnos a… se puede convencer hábilmente a la gente que “si no se hace esto” o “si usted se atreve a hacer aquello…” puede perder algo valioso; necesario en la vida, en el trabajo o cualquier aspecto de la cotidianidad que resulte esencial. El obvio resultado es que no obramos, conforme a nuestra conciencia, sino a partir de esta emoción tan baja. El ciudadano sucumbe ante el perverso juego del chantaje y la manipulación. Podemos identificar algunas de estos síntomas en máximas como: “pretenden  destruir nuestro gobierno”, “están socavando las bases de nuestra sociedad”, “detrás de eso hay un plan oscuro para destruir el país”, “si no están conmigo, son enemigos del pueblo”…

Interminables argumentos que obligan a la gente a actuar a favor del gobierno al creer verse privadas de más opciones. La idea es sentir el mayor terror posible hasta el punto que la existencia gravite alrededor de esta emoción y resignar a los ciudadanos a ser “marionetas”.

Como se puede apreciar, la razón fundamental de que los gobernantes toman acciones tan descabelladas es que sus intereses, no necesariamente los del pueblo, se pueden ver afectados o para conquistar un objetivo político. Todo bajo la tutela, de un elaborado y metódico “programa” que busca dominar a los demás e ir suprimiendo cualquier resistencia que se interponga en el camino. No se puede generalizar que todos los gobiernos trabajan en contra de los ciudadanos, ni muchos menos convencernos que todo político tiene una conspiración como plan de gobierno. En realidad se trata de exponer, una tendencia muy extendida, entre los gobernantes de dirigir los destinos de sus respectivos países usando los más contradictorios métodos; que no hacen otra cosa que alimentar el actual clima de inestabilidad social en que transita el mundo actualmente.

Ese mismo clima de inestabilidad, creado por estas practicas, logran beneficiar a algunos pocos intereses malignos que se ocultan tras lo evidente; sin embargo, las consecuencias han sido desastrosas hasta para los más “metódicos conspiradores” quienes tienen que hacerle frente a una desconfianza acentuada de la ciudadanía hacia el gobierno y los partidos políticos, el auge de agrupaciones políticas radicales anteriormente marginadas y el aumento de problemas sociales que se creían “manejables”. Es probable también, como argumentan algunos, que se quiera acostumbrar a la gente a vivir en la zozobra para sacar beneficios políticos o económicos; no obstante la historia demuestra, que los gobiernos que viven del caos terminan por autodestruirse, perjudicándose todo el cuerpo social, incluido los gobernantes.

El mejor consejo que se le puede dar a los gobernantes, es desechar este tipo de prácticas absurdas y pensar más en el bienestar de los ciudadanos; dejar de despilfarrar los recursos nacionales en “programas” de dominación social que tarde o temprano destruirán el delicado equilibrio nacional e internacional y llevarnos a situaciones impredecibles. Quizá para muchos lo anterior, sea visto con sorna, pero es deber de la ciudadanía –no solo de sus gobernantes- marcar límites antes de que sea tarde. Las crisis también suceden por inacción o complicidad de los ciudadanos así como de “relegar en otros” la responsabilidad de la toma de desiciones a nivel de gobierno.

Quedarse de brazos cruzados, teniéndose posibilidades de cambiar las cosas es también alimentar las práctica conspiranoica de gobernar.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

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