Month: January 2014

Claves para identificar un político “Neoludita”.

 

 

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“Atención, obras en atraso”- Imagen de Bing.com

Aunque la filosofía del “Neoludismo” no tiene nada que ver con ciertas decisiones políticas, lo cierto es que algunos políticos y partidos parecieran actuar guiados por los preceptos de esta particular corriente de pensamiento. Las medidas que escogen se caracterizan por un irracional temor al progreso –con sus virtudes y defectos-, un abierto rechazo a que todos los miembros de la sociedad, se desarrollen aprovechando las bondades que ofrecen las nuevas tecnologías. Al igual que los adeptos al neoludismo, creen que los cambios sociales del actual siglo, no deben depender de una equilibrada relación hombre-civilización sino exclusivamente del hombre prescindiendo de este vínculo. Creen fervientemente que el avance es un peligro y no puede ser controlado por el correcto uso de la razón,  considerando mejor estancarse en un estado primitivo y austero porque “así si se constituye una sociedad de iguales”, una sociedad de ciudadanos ejemplares desprovisto de los egoísmo provocados por “ese demoníaco progreso”.

 La historia esta repleta de arcaicos ejemplo de gobernantes de tan pobre mentalidad, individuos excéntricos seducidos por una peligrosa unión de ansias de poder, egoísmo y carencia de visión. Llevaron a sus patrias a los períodos más oscuros, donde la racionalidad y el iluminismo mental fueron desplazados por la barbarie y el atraso. Todavía en esta era muchas de esas naciones, padecen como una maléfica herencia los problemas que ocasionaron en el pasado dichos gobernantes, hasta el punto que muchos miembros de esas sociedades no creen ni conciben otro modo de vida. Plantearle alternativas a esas paupérrimas condiciones en que malviven les parece una “ofensa”, son almas resignadas.

Lo anterior quizá podríamos reducirlo a un grupo de países selectos, pero cada día se hace evidente que muchas líderes, incluso de naciones avanzadas, creen virtuoso un ciudadano no civilizado, que sea reducido a vivir de forma primitiva y alejada de los beneficios del buen uso del progreso. Han aceptado que la causas de tantos desafortunados errores, no es su responsabilidad ni la de ciudadanos indiferentes sino del progreso, del cambio, de todo las novedades positivas que los potenciales humanos puedan concebir. Ello es, según su forma de verlo, la causa de todas las cosas negativas que aquejan a la sociedad y hay que ir contra ello como sea, a través de la manipulación, la fuerza o incluso el más grotesco chantaje, a conducir a todos a vivir en el atraso. Hay que aclarar que no todos los líderes simpatizan con esta visión, así como tampoco podemos catalogar de “político neoludita”  a quienes tomen decisiones con las que no estemos de acuerdo. Se tratará de definir un arquetipo de tan pernicioso personaje mediante algunas claves que nos permita reconocerlo:

1. Glorificar la pobreza como sinónimo de humildad: este rasgo es harto conocido por muchos, dado que es frecuentemente utilizado por los dictadores. Tristemente demagogos de países democráticos también piensan así. Creen que el estar en la miseria y vivir de una forma subhumana es “benéfico”, porque el pueblo no es egoísta ni se deja seducir por ideas peligrosas que conlleven a superar ese estado tan deplorable. Están convencidos de que la gente es menos materialista y feliz porque sobreviven con lo estrictamente necesario, muy al contrario de aquellos que viven en una sobreabundancia que terminará destruyendo al planeta.

Todos sus discursos están sobrecargados con la idea de hacer sentir culpa si se piensa distinto o quiera vivir de forma opuesta. Tildará de criminal a aquel que exija vivir mejor (educado, con opciones, independiente, teniendo sus propias ideas, sin carencias…) y siempre verá como amenaza “para la paz y seguridad nacional” cualquier signo de progreso, porque eso significaría que el pueblo “pierda su integridad espiritual y sea alienado por el materialismo extranjero”. Hará más énfasis en aquellos grupos humanos, que por motivos históricos y culturales, llevan un modo de vida tribal para que ellos no vean nada positivo en la civilización, y se queden estancados.  Nunca falta el demonizar la riqueza, el que usted aspire a tener mejores condiciones económicas es equivalente a que ha “sucumbido a la codicia”.

2.  Empleo masivo de la contradicción evidente: mientras sumergen a los ciudadanos en el barbarismo, los gobernantes públicamente hacen alarde de las más burdas excentricidades que confunden con “estar en igualdad de condiciones con el pueblo”: apelan a un falso aprecio por el folklore y la cultura nacional, presumen de un conocimiento –memorizado- de épocas pasadas que encumbren de una “gloria suprema”, que dignificará a todo al mundo… siempre evocando lo más arcaico y atrasado de ese tiempo pasado, modelando una ilusa concepción de que ese es el camino de los hombres que aspiran a la libertad. Llegan al punto, de vestirse con atuendos típicos que esgrimen como ejemplo de “amor por lo nacional y sencillo”. Todo proyectado con una imagen mísera e hipócrita, pero que la gente debe aceptar.

Sin embargo, ellos no viven así, tienen todos los beneficios y ventajas que deberían ser destinadas a los ciudadanos. Usan lo más costoso y exclusivo, se permiten incontables caprichos  que paga el pueblo que dicen “dignificar”. Y si se le cuestiona sobre dichos hábitos, contrastándolos con el arcaico modo de vida de la gente, cínicamente responde con: “es un regalo que me da el pueblo por mi labor y no puedo rechazarlo”, “no tendríamos que comprar esto en el extranjero; si no fuera por culpa de: “(cualquier excusa absurdamente acomodaticia)” que odia nuestro país y no invierte en él”, “eso no es verdad, es una trampa -o conspiración- de…”, “sí en el país se fabricarán cosas así, no tendría que comprarlas en el extranjero”…  Todo un discurso complicado e ilógico utilizado para tratar de ocultar la falsedad con que “gobiernan”, ya que ellos sólo disfrutan de los beneficios que las posiciones de poder pueden otorgar.

3. La información no puede ser libre: como saben que tener servicios de telecomunicaciones eficientes, masivos y al alcance de todos significaría que la gente pueda conocer más del mundo, así como evaluar otros puntos de vista enriquecedores simplemente bloquean su desarrollo o sino imponen controles excesivos argumentando que tanta información podrían “saturar a la gente y ser medio para que los jóvenes se corrompan”, pueden también apelar a seudo ideales nacionalista para no permitir el libre flujo de información recurriendo a la manida historia del “enemigo virtual” o excusarse diciendo que el país “no puede permitirse una tecnología tan cara”. Llegan a excusarse repetidas veces, que el presupuesto de la nación esta enfocado en “lo social, no en frivolidades” (De acuerdo a su concepto de frivolidades, sólo aplicadas a otros no a ellos) o decir que esta tecnología es la guarida de malhechores que quieren extender en el país sus actividades ilícitas. Así se garantizan que la gente crea lo que ellos quieran, reprimen la disidencia y mantienen asegurado, por más tiempo, el poder. Claro, no pierden la oportunidad de usar, de forma encubierta, las más sofisticadas tecnologías de televigilancia para liquidar rivales políticos y censurar información que afecte sus intereses.

4. Destrucción sistemática de la educación: la educación es el principal pilar que toda sociedad debe procurar lo mejor para poder desarrollarse; allí se deposita los valores de un pueblo, se construye el pensamiento crítico y el debate equilibrado de las ideas. Es también el espejo de una sociedad. A los políticos neoluditas una buena educación, no les interesa en lo más mínimo, dejará en el abandono las escuelas y de ser posible, tratará de sofocarla con los más infames obstáculos. El objetivo es no permitir que las mentes más jóvenes se desarrollen, ni piensen críticamente, quieren evitar una futura generación pensante que los cuestione. Pueden apelar al adoctrinamiento o a condicionantes burdos que produzcan individuos sumisos. En otros escenarios preferirán sacrificar la educación y destinar sus presupuestos a “salvar” otros intereses.

Si los alumnos y los padres, protestan,  dirán que es “infame” que se les culpe del mal estado de la educación, diciendo “no ha existido ningún gobierno más interesado en la educación que el nuestro” pero las fallas que existan se la atribuyen a cualquier elemento exterior como: una crisis, los antivalores heredados de gobiernos anteriores, que los alumnos están manipulados, factores históricos, culpables como la tecnología o los tiempos modernos… Prefieren que las aulas sean dominadas por la mediocridad, los falsos valores supremos que ellos encarnan o cualquier otra mentira que conciban. Su deseo es dominar a los demás a como de lugar, así tenga que apelar a los vicios o la corrupción para lograrlo. Si pudiéramos definirlo con una frase sería algo como: “no cuestiones, obedece, se un mediocre feliz”.

5.  Atribuirse una misión mesiánica: en este punto un político neoludita apuesta por el quiebre de la lógica, ya que puede apelar a ciertas coyunturas mundiales para atribuirse un papel heroico, de liderar un gran movimiento mundial contra todos los males ocasionados por la desmedida voracidad de otros países –siempre se acusará a los más avanzados- que terminaran condenando a la humanidad. Dirán que ellos han oído el clamor de los pueblos por tener un mundo donde nadie sea sacrificado a causa de ese malvado pragmatismo de ciertos grupos que “explotan a las naciones y dominan todo”. Llegaran a convertir la política exterior, en una suerte de batalla épica entre el bien y el mal donde creen que vienen a salvar a los hombres de sucumbir a las tentaciones esgrimidas por esos grupos de poder. Han sido escogidos, dirían ellos, por alguna  providencia casi divina e histórica para salvar al mundo de la autodestrucción y harán de eso su bandera política.

Procuraran construir un discurso “atractivo” de connotaciones religiosas con miras a “moralizar” a una humanidad indiferente y no militante; buscaran el apoyo de grupos afines en el extranjero para extender su influencia. Tratarán de socavar el equilibrio diplomático, a través de una actitud altanera, chabacana, desafiante, revanchista… como para hacer creer que esa actitud desenfadada es propia de un renovador. Estarán en cualquier confrontación política que cuestione los valores de los países con los que tienen desacuerdos; nada más para hacer valer su punto de vista y justificar su hostilidad, recurrirán a la figura de un mártir que valientemente se enfrenta a todo un monolito de mentiras. Siempre consideraran su causa como trascendente y encarnada en su figura; cambian la mesura por el fanatismo más enfermizo, al mismo tiempo construyen una imagen de falso benefactor.

Resulta comprensible que en cualquier sociedad, exista recelo o temor hacia ciertos aspectos del progreso humano. También es admisible que existan individuos que quieran vivir de forma diferente a los demás, siempre y cuando no perjudique a nadie. Lo que resulta reprochable, es pretender imponer el más anticuado concepto demonizante hacia la civilización y sus éxitos. El no ver que todo los estados previos de la humanidad son solo fases que cumplieron su ciclo y ya no se puede volver atrás. No se puede aceptar que gobernantes incapaces, quieran hacer retroceder a toda una nación y privarle de los beneficios del progreso sólo porque su carencia de visión e irracional temor a los cambios les impide abrirse a la novedad.

Nadie niega, mucho menos ahora, que en nombre del progreso se han cometido atrocidades, pero tampoco se puede consentir que viviendo como bárbaros estaremos mejor, eso es una falacia. La ciudadanía debe luchar por su libre determinación de evolucionar conforme a los tiempos que transcurren; manteniendo la equidad, el respeto y la sensibilidad humana como medio para evitar excesos. Sobra decir, que el concepto de poder, como codiciado objeto de omnipotencia sobre los demás, debe ser superado por dar paso a una definición enfocada a la cooperación, la meritocracia y el desarrollo de los potenciales humanos. No tiene sentido, un mundo sin transformaciones, eso nada tiene que ver con el ritmo que le imprime la historia a la humanidad.

Todo país debe aspirar a mirar hacia delante, nunca quedarse atrás…

Cierro esta entrada, con un discurso del actor mexicano Mario Moreno Cantinflas, extraído de su película “Su excelencia” (1966).

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar

@C1udadan0x.

Nota: recomiendo leer el artículo Momento de la Evolución a lo Venezolano.

 

 

La “conspiranoia” como práctica política.

Conspiracy
                                         Imagen vista en DevianArt.com.

“Resulta cada día más evidente que la mayor amenaza para la Humanidad no reside en el hambre, ni en los microbios, ni en el cáncer, sino en el hombre mismo, porque este carece de defensas contra las epidemias psíquicas, cuyos efetos son infinitamente más devastadores que los de las catástrofes naturales”

Carl G. Jung, psicoanalista suizo

El término “conspiranoia”, viene de la unión de las palabras conspiración y paranoia; hace referencia a la tendencia de algunos grupos creyentes en teorías de conspiración de proponer los más increíbles argumentos para explicar las causas de los acontecimientos mundiales, rodeado de un aura tan inverosímil e insondable que raya en lo demencial. Sin embargo, algunos líderes políticos, por ejemplo, tienden a apelar premisas cercanas a esta tendencia para justificar sus acciones y decisiones, aún cuando no sean cónsonos con la realidad, con resultados más perjudiciales que benéficos para la sociedad.

 Se tienden a pensar que esta práctica es atribuible exclusivamente a los gobiernos demagógicos y autocráticos, donde los más absurdos argumentos son esgrimidos para distraer, manipular y exculpar a las autoridades de su responsabilidad. No obstante, los gobiernos democráticos también han sucumbido a esta tendencia provocando hasta el día de hoy una compleja relación de desconfianza entre los ciudadanos y la autoridad.  La mejor prueba de ello a nivel histórico, está en la Guerra Fría donde ambas partes emplearon la distorsión, la exageración y el más recalcitrante fanatismo para condicionar las relaciones internacionales o las decisiones políticas, liquidar cualquier oposición y garantizarse el apoyo ciego de la ciudadanía.

En aquella época, los medios de comunicación y la cultura fueron el “vector” perfecto de “convencimiento masivo”  para hacer aceptar a la gente las más descabellas historias sobre siniestros planes que “el contrario y sus secuaces” infiltrados preparaban contra el país. La táctica, prospero también, porque la información se creaba y difundía a través de medios centralizados; medios “subterráneos” o contrarios a las corrientes gubernamentales y opositores tenían que combatir toda una maquinaria de desprestigio e intolerancia de agrupaciones políticas ciegas. Historias increíbles, hechos falaces y enemigos imaginarios fueron las opciones más socorridas por ambas partes en ese conflicto.

En el siglo XXI,  no estamos lejos de caer nuevamente en un escenario como el anterior. A pesar de la descentralización de la información, gracias a Internet, y la Globalización que nos permite conocer fácilmente otros puntos de vistas alternativos, los gobernantes democráticos o no, han sucumbido al temor más irracional y luchan contra amenazas más propias de la ficción que la realidad; remozando las prácticas de épocas pasadas para proteger sus intereses. Pero, ¿cómo hacerlo en este siglo, si tenemos más información y opciones?, no es sencillo responder ante esta interrogante de forma abstracta, aunque podemos identificar algunas características que apoyan lo planteado:

1. La utilización de “realidades virtuales”: el apoyarse en las “realidades virtuales” consiste en construir escenarios y situaciones ilusorias, que justifican la adopción de medidas punitivas drásticas con el fin de “proteger al pueblo”. Las “realidad virtuales” son fáciles de construir si tomamos en cuenta los avances de tecnologías como los efectos especiales por ordenador, que permiten recrear cualquier cosa con una solidez que compite con la realidad.

El cine y los videojuegos ya “acostumbraron” a la mente humana a este tipo de virtualidades por lo que una distinción, entre lo real y lo irreal, casi no existe. En la práctica podemos ver como muchos incautos creen que es real lo narrado en los  llamados “falsos documentales” o el éxito que tienen los cibercriminales para engañar a sus victimas con el empleo de la ingeniaría social. Todo parte de nuestra pobre capacidad de captar detalles evidentes que pasan desapercibidos, la rutinización y la obsesión de vivir experiencias irreales a través de roles distintos al que tenemos, nos hacen presa fácil de cualquier maquinación política.

2. Construcción de enemigos falsos: es una táctica más longeva, pero sigue siendo efectiva. Consiste en construir una entidad maléfica a la cual atribuirles poderes superiores que conspiran contra la sociedad y sus “legitimas instituciones”. Si alguien duda de ella un sistemático ejercicio de repetición que pone en evidencia el mal estado en que se encuentran las cosas, orientado a culpabilizar a ese enemigo, seguramente convencerá a muchos. Otro uso de esta táctica, es “vestir” a la disidencia de un “ropaje” destructivo para calificarla de enemigo buscando disminuirla y privarla de cualquier apoyo. Muy frecuentemente puede emplearse epítetos despectivos para identificarla y reducirla. Usando esta táctica la gente se distrae en luchar contra esos enemigos para tener el favor del gobierno y de la sociedad; creándose imágenes ejemplificantes de “ciudadanos ideales” que deben imitarse. Los ciudadanos terminan obedeciendo y deidificando al gobierno, creyendo que el mismo vencerá la amenaza, logrando liberar al país de las calamidades provocadas por el enemigo creado.

3. Gobernar a través de “guiones cinematográficos”: todo gobierno sabe que el cine construye ficciones con fines lúdicos o didácticos. El principal apoyo de una buena película es tener un sólido guión; en él está la historia que se quiere contar y el público se entretenga. Un gobierno puede construir una compleja trama, de largo plazo preferiblemente, donde la “historia” son los acontecimientos que quiere provocar en busca de lograr un objetivo. Debe entonces, estudiar meticulosamente al público, determinar su comportamiento y sistematizar sus patrones de respuesta; completado esta fase se erige una historia convincente que el público acepte. Si lo logra, puede causar aquellos acontecimientos que desea materializar.

La “trama” que se va develando, son cada uno de las consecuencias producto de las decisiones gubernamentales que deben estar enmarcadas en el “guión”. Nada podrá suceder por casualidad. Los acontecimientos y sus actores, así como las situaciones deben ser lo bastante complejos para resistir cualquier cuestionamiento; ocultando su génesis. Obviamente, el hermetismo es la clave para el éxito.

4. Desgastar a los opositores para reducir las opciones políticas: es una operación delicada, ya que se busca eliminar la disidencia o puntos de vistas críticos sin necesidad de emplear la fuerza, salvo contadas excepciones. Puede emplearse la más hostil retórica contra los críticos para mantenerlos atrapados en un ciclo interminable de insultos, exigencias de respeto y desprestigio. Atribuirles cualidades maléficas que obliguen a actuar “legalmente” contra ellos, paralizando una respuesta efectiva. El dividir a sus miembros explotando viejas rencillas, diferencias de opinión o abortando la conformación de un bloque unido usando el “chisme de pasillo”  para provocar la desconfianza. El espionaje y la corrupción de los miembros opositores es también válido, si se desea “controlarlos” hasta el punto de no representar una amenaza seria. En caso de necesitar “desaparecer” físicamente a un opositor, debe construirse un “guión” que respalde la versión oficial de los acontecimientos y luzca creíble para el público, reduciendo a ser una sospecha sin fundamento, una opinión opuesta. También coaccionar a los medios de comunicación para no darle espacio mediático a los disidentes o su encarcelación con acusaciones falsas, pero fundamentadas en una imagen ilusoria de quién es el acusado, es factible.

Las consecuencias de tal accionar, convencen a la gente que el gobierno no puede ser cambiado, que las autoridades “lo saben todo” y provocar desconfianza entre los ciudadanos. Y aún cuando no se descarte la opción  electoral, la gente puede no participar o convencerse de que “ningún político es honesto” y apelar a la violencia, cosa que el gobierno tomará como argumento para ser más represivo e invertir cuantiosos recursos en defenderse de “elementos perturbadores del orden”.

5. Empleo masivo del miedo: el miedo es una emoción harto explotada con un sólo fin: paralizar, incapacitar a cualquier persona para que no pueda siquiera pensar en porque tiene miedo. Los gobiernos actualmente, cambiaron un poco el foco de atención para producir miedo en algo sencillo pero muy valorado: en aferrarnos a… se puede convencer hábilmente a la gente que “si no se hace esto” o “si usted se atreve a hacer aquello…” puede perder algo valioso; necesario en la vida, en el trabajo o cualquier aspecto de la cotidianidad que resulte esencial. El obvio resultado es que no obramos, conforme a nuestra conciencia, sino a partir de esta emoción tan baja. El ciudadano sucumbe ante el perverso juego del chantaje y la manipulación. Podemos identificar algunas de estos síntomas en máximas como: “pretenden  destruir nuestro gobierno”, “están socavando las bases de nuestra sociedad”, “detrás de eso hay un plan oscuro para destruir el país”, “si no están conmigo, son enemigos del pueblo”…

Interminables argumentos que obligan a la gente a actuar a favor del gobierno al creer verse privadas de más opciones. La idea es sentir el mayor terror posible hasta el punto que la existencia gravite alrededor de esta emoción y resignar a los ciudadanos a ser “marionetas”.

Como se puede apreciar, la razón fundamental de que los gobernantes toman acciones tan descabelladas es que sus intereses, no necesariamente los del pueblo, se pueden ver afectados o para conquistar un objetivo político. Todo bajo la tutela, de un elaborado y metódico “programa” que busca dominar a los demás e ir suprimiendo cualquier resistencia que se interponga en el camino. No se puede generalizar que todos los gobiernos trabajan en contra de los ciudadanos, ni muchos menos convencernos que todo político tiene una conspiración como plan de gobierno. En realidad se trata de exponer, una tendencia muy extendida, entre los gobernantes de dirigir los destinos de sus respectivos países usando los más contradictorios métodos; que no hacen otra cosa que alimentar el actual clima de inestabilidad social en que transita el mundo actualmente.

Ese mismo clima de inestabilidad, creado por estas practicas, logran beneficiar a algunos pocos intereses malignos que se ocultan tras lo evidente; sin embargo, las consecuencias han sido desastrosas hasta para los más “metódicos conspiradores” quienes tienen que hacerle frente a una desconfianza acentuada de la ciudadanía hacia el gobierno y los partidos políticos, el auge de agrupaciones políticas radicales anteriormente marginadas y el aumento de problemas sociales que se creían “manejables”. Es probable también, como argumentan algunos, que se quiera acostumbrar a la gente a vivir en la zozobra para sacar beneficios políticos o económicos; no obstante la historia demuestra, que los gobiernos que viven del caos terminan por autodestruirse, perjudicándose todo el cuerpo social, incluido los gobernantes.

El mejor consejo que se le puede dar a los gobernantes, es desechar este tipo de prácticas absurdas y pensar más en el bienestar de los ciudadanos; dejar de despilfarrar los recursos nacionales en “programas” de dominación social que tarde o temprano destruirán el delicado equilibrio nacional e internacional y llevarnos a situaciones impredecibles. Quizá para muchos lo anterior, sea visto con sorna, pero es deber de la ciudadanía –no solo de sus gobernantes- marcar límites antes de que sea tarde. Las crisis también suceden por inacción o complicidad de los ciudadanos así como de “relegar en otros” la responsabilidad de la toma de desiciones a nivel de gobierno.

Quedarse de brazos cruzados, teniéndose posibilidades de cambiar las cosas es también alimentar las práctica conspiranoica de gobernar.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.