Una mirada a las tecnocracias distópicas en el cine.

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La dictadura es una forma terrible de gobierno- Google Images

Una tecnocracia distópica, tiene como referente histórico los regimenes totalitarios que azotaron a la humanidad como la Unión Soviética, la Alemania Nazi, las dictaduras de extrema derecha, o los gobiernos “progresistas” de los dictadores venezolanos Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Gobiernos que muchas veces se aprovechan de periodos de anarquía para ascender al poder; bajo la promesa de solucionar los agudos problemas que enfrenta la sociedad en un determinado periodo histórico, sin embargo, terminan siendo una tiranía terrible cuyo soporte es el uso abusivo de la ciencia y la técnica para reprimir. Son evidentes, las terribles secuelas que dejan a largo plazo estos gobiernos cuya sola mención provoca las más inesperadas reacciones. El cine muchas veces, a modo de sátira o crítica, ha tomado elementos de estos gobiernos para cuestionar algunos abusos en los que incurren las autoridades.

Son hipotéticos gobiernos los que recrean los cineastas en sus películas, algunos cargados de excentricidades, para mostrar más que futuros pesimistas, un punto de reflexión en los que la gente analice su papel tanto ciudadano como humano. En una sociedad como la actual, donde “pareciera” que los gobiernos no están para servirnos sino para defenderse así mismos; la opinión de muchos es que nos dirigimos a algún tipo de autocracia mundial porque las autoridades, incluso de naciones democráticas, han tomado direcciones casi totalitarias. Para “justificar” dichas cambios, nada democráticos, se apela al mediatismo, la creación de enemigos ilusorios, al alarde del poderío militar o el convencernos de que equis medidas podrán “mantener a salvo al pueblo” de algún cataclismo cercano.

En este escenario la tecnología y la ciencia juegan un papel interesante. Las tecnocracias distópicas ya no dependen de una “figura mítica” para imponerse, apela a grupos reducidos de individuos especializados quienes crean una falsa figura con la cuál esclavizar al pueblo mediante el culto o justifican la malversación de recursos científicos para someter cualquier disidencia. La ciencia se usa para garantizar el orden interno y vigilar a cualquier opositor sin grandes esfuerzos o en el peor de los casos; aniquilar sistemáticamente a individuos considerados como posibles amenaza. Ningún avance se destina con el fin de mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos; su empleo se destina para mantenerlos distraídos y oprimidos. Mientras, tanto quienes dirigen crean un mundo aparte, celosamente protegido, beneficiándose del esfuerzo colectivo. El deber de todo cineasta que toque el tema, es denunciar los rasgos maléficos en la sociedad que podrían conducirnos a tiranías peligrosas.

Las grandes obras cinematográficas que retratan estas sociedades, nos muestran tramas difíciles, los héroes no existen y si los hay no encarnan los “altos valores” con los que estamos acostumbrados a modelarlos, en cambio, se nos ofrece protagonistas complejos que sólo reaccionan a una serie de circunstancias confusas en las que se ven envueltos sin quererlo. Nos muestran terribles minorías de hombres, quienes metódicamente desarrollan poderosos medios sugestivos para “idiotizar” a la gente y así mantenerse en el poder. En algunos casos su dominio es directo y destructivo caso contrario, es sutil infiltrándose en las mentes de las personas a través de mecanismo aparentemente inofensivos. Otros prefieren construir “realidades ideales” como medio de control y ocultar la verdad. A veces, como metáfora de  deshumanización, es atribuido a seres artificiales o exóticos el papel autoritario y manipulador a esta forma de gobierno.

Las sociedades así constituidas, enfocan las aspiraciones humanas hacia metas ilusorias y colectivistas, nunca se respeta los reales deseos de los ciudadanos reprimiéndose cualquier tentativa individual distinta al determinismo del sistema. Construyen falsos ideales plagados de contradicciones, orientan el esfuerzo colectivo a las más bajas pasiones, conciben las más surrealistas amenazas con el fin de reforzar el control, obligan a la gente a vivir en la precariedad o fomentan deliberadamente “conflictos controlados” para sofocarlos y mostrarse ante la opinión pública como “benefactores del pueblo.” En estos gobiernos hipotéticos, siempre va a existir personas “desechables” individuos que por capricho de la dirigencia son vistos como “estorbos”, los más comunes son los disidentes políticos, o aquellos que tengan alguna característica “especial” que para las autoridades resulta amenazante, así su influencia sigue intacta y el miedo paraliza a la gente.

Otro rasgo notable de estos gobiernos maléficos es que a través de ellos; se advierten las terribles consecuencias de los excesos humanos sobre el medio ambiente. Destruimos el delicado equilibrio del planeta hasta quedarnos sin recursos, llevándonos a un periodo de anarquía que impulsa la necesidad de tener una autoridad severa para restablecer el orden. Y si no es lo anterior, otros factores “extraordinarios” facilitan la toma del poder de una elite autoritaria que mediante la fuerza y los más terríficos instrumentos tecnológicos; nos reduce a la esclavitud. También se usan estas películas, para denunciar las “falsas rebeliones y héroes” quienes derrocan al régimen gobernante para tonarse peor que el anterior; sin grandes distinciones del gobierno depuesto.

En la actualidad, las tecnocracias distópicas vuelven al cine con puntos de vistas contrapuestos, puesto que algunos estudios cinematográficos no parecieran estar tan interesados en el aspecto reflexivo y crítico que este tipo de películas debe tener, sino en la taquilla o en explotar la máximo una franquicia. Algunos cineastas, por el contrario, prefieren conservar el aspecto didáctico y reflejar las inquietudes de la sociedad a fin de saber “hacia donde vamos”. El caso es que podemos identificar películas de tramas accesibles, sin grandes recursos simbólicos o discursivos, que delimitan al gobierno tiránico como “malo” al cuál se oponen unos “héroes idealizados” que nacen incluso del seno del mismo sistema. Pero en sus tramas no se retrata de forma profunda el sufrimiento de la gente por el gobierno, se omite el clima de “paranoia” y desconfianza imperante en la sociedad. Las contradicciones y conflictos internos que pueden existir en el interior de los “héroes” que aspiran a un cambio, son sustituidas por insulsos “romanticismos” y “sentimentalismos” que contrastan con el ambiente deshumanizante y cruel que les rodea.

Otros se decantan por una línea argumental crítica, se prefiere retratar con crudeza las desigualdades que existen bajo gobiernos como estos, a veces con tramas accesibles o complejas. Dependiendo de los creadores, podemos oír elaborados diálogos y notar ingeniosas metáforas o contemplar un relato asequible pero honesto; en cuyo desarrollo no quede la menor duda del peligro de un gobierno totalitario. Siempre la intensión de los creadores, en este caso, es el de buscar que el espectador reflexione y “despierte del letargo”. Algunas muy al contrario, prefieren obvias tramas de acción, simplistas, llenas de morbo cuyo soporte sean rimbombantes efectos especiales y actores “taquilleros”, que reducen la historia a un predecible enfrentamiento entre unos “héroes atípicos” y “villanos todopoderosos”. Evidentemente, la reflexión no existe en una película así.

Sea como fuere, el cine distópico no es un simple retrato pesimista de la condición humana ni debe encasillarse en la mera crítica. Debe ser un espacio para la meditación y el debate sobre el destino de la humanidad; tomarse como una poderosa advertencia sobre que consecuencias podría tener nuestros excesos. Es también valido que se emplee como medio de protesta, ante la indiferencia e incompetencia de las autoridades que dirigen a las naciones y de despertar en la gente la necesidad de luchar por una sociedad mejor. No se puede reducir este tipo de historias, a meros efectivos sin sentido o apelar a esteriotipados “amores imposibles” en sociedades represivas. Hay que respetar al espectador e invitarlo a pensar sobre su propia situación y como puede cambiar en lo cotidiano, para bien, la negatividad imperante en el ambiente social.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

        

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