Month: November 2013

Una mirada a las tecnocracias distópicas en el cine.

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La dictadura es una forma terrible de gobierno- Google Images

Una tecnocracia distópica, tiene como referente histórico los regimenes totalitarios que azotaron a la humanidad como la Unión Soviética, la Alemania Nazi, las dictaduras de extrema derecha, o los gobiernos “progresistas” de los dictadores venezolanos Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Gobiernos que muchas veces se aprovechan de periodos de anarquía para ascender al poder; bajo la promesa de solucionar los agudos problemas que enfrenta la sociedad en un determinado periodo histórico, sin embargo, terminan siendo una tiranía terrible cuyo soporte es el uso abusivo de la ciencia y la técnica para reprimir. Son evidentes, las terribles secuelas que dejan a largo plazo estos gobiernos cuya sola mención provoca las más inesperadas reacciones. El cine muchas veces, a modo de sátira o crítica, ha tomado elementos de estos gobiernos para cuestionar algunos abusos en los que incurren las autoridades.

Son hipotéticos gobiernos los que recrean los cineastas en sus películas, algunos cargados de excentricidades, para mostrar más que futuros pesimistas, un punto de reflexión en los que la gente analice su papel tanto ciudadano como humano. En una sociedad como la actual, donde “pareciera” que los gobiernos no están para servirnos sino para defenderse así mismos; la opinión de muchos es que nos dirigimos a algún tipo de autocracia mundial porque las autoridades, incluso de naciones democráticas, han tomado direcciones casi totalitarias. Para “justificar” dichas cambios, nada democráticos, se apela al mediatismo, la creación de enemigos ilusorios, al alarde del poderío militar o el convencernos de que equis medidas podrán “mantener a salvo al pueblo” de algún cataclismo cercano.

En este escenario la tecnología y la ciencia juegan un papel interesante. Las tecnocracias distópicas ya no dependen de una “figura mítica” para imponerse, apela a grupos reducidos de individuos especializados quienes crean una falsa figura con la cuál esclavizar al pueblo mediante el culto o justifican la malversación de recursos científicos para someter cualquier disidencia. La ciencia se usa para garantizar el orden interno y vigilar a cualquier opositor sin grandes esfuerzos o en el peor de los casos; aniquilar sistemáticamente a individuos considerados como posibles amenaza. Ningún avance se destina con el fin de mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos; su empleo se destina para mantenerlos distraídos y oprimidos. Mientras, tanto quienes dirigen crean un mundo aparte, celosamente protegido, beneficiándose del esfuerzo colectivo. El deber de todo cineasta que toque el tema, es denunciar los rasgos maléficos en la sociedad que podrían conducirnos a tiranías peligrosas.

Las grandes obras cinematográficas que retratan estas sociedades, nos muestran tramas difíciles, los héroes no existen y si los hay no encarnan los “altos valores” con los que estamos acostumbrados a modelarlos, en cambio, se nos ofrece protagonistas complejos que sólo reaccionan a una serie de circunstancias confusas en las que se ven envueltos sin quererlo. Nos muestran terribles minorías de hombres, quienes metódicamente desarrollan poderosos medios sugestivos para “idiotizar” a la gente y así mantenerse en el poder. En algunos casos su dominio es directo y destructivo caso contrario, es sutil infiltrándose en las mentes de las personas a través de mecanismo aparentemente inofensivos. Otros prefieren construir “realidades ideales” como medio de control y ocultar la verdad. A veces, como metáfora de  deshumanización, es atribuido a seres artificiales o exóticos el papel autoritario y manipulador a esta forma de gobierno.

Las sociedades así constituidas, enfocan las aspiraciones humanas hacia metas ilusorias y colectivistas, nunca se respeta los reales deseos de los ciudadanos reprimiéndose cualquier tentativa individual distinta al determinismo del sistema. Construyen falsos ideales plagados de contradicciones, orientan el esfuerzo colectivo a las más bajas pasiones, conciben las más surrealistas amenazas con el fin de reforzar el control, obligan a la gente a vivir en la precariedad o fomentan deliberadamente “conflictos controlados” para sofocarlos y mostrarse ante la opinión pública como “benefactores del pueblo.” En estos gobiernos hipotéticos, siempre va a existir personas “desechables” individuos que por capricho de la dirigencia son vistos como “estorbos”, los más comunes son los disidentes políticos, o aquellos que tengan alguna característica “especial” que para las autoridades resulta amenazante, así su influencia sigue intacta y el miedo paraliza a la gente.

Otro rasgo notable de estos gobiernos maléficos es que a través de ellos; se advierten las terribles consecuencias de los excesos humanos sobre el medio ambiente. Destruimos el delicado equilibrio del planeta hasta quedarnos sin recursos, llevándonos a un periodo de anarquía que impulsa la necesidad de tener una autoridad severa para restablecer el orden. Y si no es lo anterior, otros factores “extraordinarios” facilitan la toma del poder de una elite autoritaria que mediante la fuerza y los más terríficos instrumentos tecnológicos; nos reduce a la esclavitud. También se usan estas películas, para denunciar las “falsas rebeliones y héroes” quienes derrocan al régimen gobernante para tonarse peor que el anterior; sin grandes distinciones del gobierno depuesto.

En la actualidad, las tecnocracias distópicas vuelven al cine con puntos de vistas contrapuestos, puesto que algunos estudios cinematográficos no parecieran estar tan interesados en el aspecto reflexivo y crítico que este tipo de películas debe tener, sino en la taquilla o en explotar la máximo una franquicia. Algunos cineastas, por el contrario, prefieren conservar el aspecto didáctico y reflejar las inquietudes de la sociedad a fin de saber “hacia donde vamos”. El caso es que podemos identificar películas de tramas accesibles, sin grandes recursos simbólicos o discursivos, que delimitan al gobierno tiránico como “malo” al cuál se oponen unos “héroes idealizados” que nacen incluso del seno del mismo sistema. Pero en sus tramas no se retrata de forma profunda el sufrimiento de la gente por el gobierno, se omite el clima de “paranoia” y desconfianza imperante en la sociedad. Las contradicciones y conflictos internos que pueden existir en el interior de los “héroes” que aspiran a un cambio, son sustituidas por insulsos “romanticismos” y “sentimentalismos” que contrastan con el ambiente deshumanizante y cruel que les rodea.

Otros se decantan por una línea argumental crítica, se prefiere retratar con crudeza las desigualdades que existen bajo gobiernos como estos, a veces con tramas accesibles o complejas. Dependiendo de los creadores, podemos oír elaborados diálogos y notar ingeniosas metáforas o contemplar un relato asequible pero honesto; en cuyo desarrollo no quede la menor duda del peligro de un gobierno totalitario. Siempre la intensión de los creadores, en este caso, es el de buscar que el espectador reflexione y “despierte del letargo”. Algunas muy al contrario, prefieren obvias tramas de acción, simplistas, llenas de morbo cuyo soporte sean rimbombantes efectos especiales y actores “taquilleros”, que reducen la historia a un predecible enfrentamiento entre unos “héroes atípicos” y “villanos todopoderosos”. Evidentemente, la reflexión no existe en una película así.

Sea como fuere, el cine distópico no es un simple retrato pesimista de la condición humana ni debe encasillarse en la mera crítica. Debe ser un espacio para la meditación y el debate sobre el destino de la humanidad; tomarse como una poderosa advertencia sobre que consecuencias podría tener nuestros excesos. Es también valido que se emplee como medio de protesta, ante la indiferencia e incompetencia de las autoridades que dirigen a las naciones y de despertar en la gente la necesidad de luchar por una sociedad mejor. No se puede reducir este tipo de historias, a meros efectivos sin sentido o apelar a esteriotipados “amores imposibles” en sociedades represivas. Hay que respetar al espectador e invitarlo a pensar sobre su propia situación y como puede cambiar en lo cotidiano, para bien, la negatividad imperante en el ambiente social.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

        

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¿Es el cine de zombies un símbolo ludita?

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La “tecnofobia” es una tendencia entre algunas personas- Google Images

Al inicio del siglo XIX, durante la Revolución Industrial, surgió un curioso movimiento opuesto a la mecanización de las fábricas y talleres de la época. Este movimiento compuesto de artesanos, obreros, y dueños de pequeñas fábricas veían en las máquinas una amenaza para sus negocios y puestos de trabajo. Destruían las fábricas y las máquinas destinadas a la producción, extendiéndose este movimiento a otras instalaciones con funestos resultados. Este movimiento se le llamó “ludismo”, en referencia a su presunto líder Ned Ludd cuyo existencia histórica es dudosa. Sin embargo, el ludismo revelo una nueva arista de la naturaleza social humana: el irracional odio hacia las máquinas y al progreso, fruto del avance científico y técnico.

 A pesar del paso del tiempo, existen grupos afines a este movimiento al que se le ha denominado “neoludismo” cuyas motivaciones no difieren mucho de los activistas del siglo XIX: grupos anticiencia, ecoterroristas, anarcoprimitivistas, tecnófobos, sectas seudo místicas, algunas fracciones religiosas radicales, excéntricas individuales o nefastos líderes políticos; manifiestan un desprecio hacia al progreso científico y técnico, al cuál atribuyen ser la “causa real” de todos los males que aquejan a la sociedad. Algunos de estos grupos, llegan a “enfrentar a la civilización” mediante la violencia o el terrorismo. Otros por el contrario, prefieren apartarse de la sociedad y vivir en “comunión con la naturaleza”, llevar un modo de vida opuesto al convencional y realizar curiosas manifestaciones públicas.

Sea como fuere, las personas con esta mentalidad expresan una inexplicable aversión hacia el progreso logrado por la humanidad tras la Revolución Industrial, no creen en los valores aceptados por la sociedad ni reconocen a sus instituciones, prefieren llevar un modo de vida atípico, los motiva ideas radicales y albergan un profundo sentimiento destructivo hacia la civilización. Teniendo delimitado quienes son estos grupos, la pregunta que cabe hacerse es: ¿Son estos grupos un reflejo de un morboso sentimiento subconsciente de rechazo a la civilización y sus logros? El cine de zombis podría darnos una pista sobre esta interrogante.

GUERRA-MUNDIAL-Z¿El cine de zombies es una forma de desprecio hacia la civilización?- Google Images

Al observarse a los zombies, tal como lo ha arquetipado el cine moderno nos encontramos con una criatura irracional, torpe y peligrosa quienes no tienen otro objetivo que el “sobrevivir” alimentándose de los “vivos” para así también multiplicar su número. Aparte de eso, se convierten en una gran amenaza para la civilización cuyos “mecanismos de control”, luchan desesperadamente por erradicarlos, pero sucumben ante la incierta naturaleza de estos seres. Los zombies son adversos al “orden”, destruyen todo lo que signifique civilización e impiden que la sociedad progrese derribando su poder hasta sus cimentos más fuertes.

La premisa de los zombies, aun cuando no son racionales, es que sin civilización que los combata o trate de “explicar” su origen podrán construir un mundo acorde a sus necesidades, un mundo primitivo y reducido a estímulos, un mundo donde la posibilidad de recuperar el “orden” sea mínima y para ello atacan a los “vivos” quienes son los que creen y sostienen la sociedad. A pesar de la existencia de sobrevivientes, los zombies no dejaran de perseguirlos no tanto por sus necesidades alimenticias sino porque ellos son fragmentos de la civilización que deben ser destruidos para que no resurja. Cada sobreviviente encierra en si mismo, la posibilidad de resucitar a la civilización según como la conocía e interpretaba.

La mayoría de las películas de zombies siempre nos muestran que ellos aparecen en entornos civilizados; (ciudades, pueblos, instalaciones de investigación científica, bases militares…) son creaciones directas e indirectas de la misma sociedad, quién de alguna forma se permite incubar en su seno características autodestructivas que conducen al barbarismo. Los que sobreviven al desastre, también ceden su racionalidad y terminan siendo tan brutales como los zombies. Esto último es una suerte de “relativismo”: nos indica que a pesar de las diferencias tanto de los “vivos”, como de los no muertos ambos tienen mucho en común. Los intentos de rehacer la civilización, siempre están amenazados por los conflictos de intereses entre los sobrevivientes, incapaces de llegar a un acuerdo y la presión de los zombies. Si la civilización se logra levantar, será por poco tiempo.

Pero quizá lo más llamativo, y que conecta aún más el cine de zombies con el ludismo es su antipatía hacia las instituciones e instalaciones que encarnan el éxito del proceso civilizatorio en la evolución de la humanidad: laboratorios, medios de comunicación, centros de investigación universitaria, fábricas, instalaciones de servicios públicos, compañías privadas, estaciones de policía, hospitales, centros comerciales…hasta los medios de transporte masivos, son objetivos predilectos de los no muertos quienes los destruyen e inutilizan para paralizar el funcionamiento de la sociedad. Las escenas donde algunos de estos “escenarios” son invadidos por los zombies, son un claro símbolo de la falta de confianza hacia el progreso.

Otros aspectos a considerar, del vínculo de cine de zombies con el ludismo, está en las películas que se decantan por atribuir a los no muertos un origen más racional: encontramos a zombies que aparecen a consecuencia de errores o usos abusivos de la ciencia provocando una catástrofe de la cuál muy difícilmente los “vivos” saldrán indemne, aparte, se le achaca toda la culpa del desastre a figuras científicas quienes irresponsablemente han creado a estos monstruos; aun cuando no haya sido su intención. Aquí se muestra, una clara demonización a la ciencia a quién se le acusa de solo traer calamidades al ser humano. No se destaca el hecho, de que es el mal uso de la ciencia lo que realmente perjudica a la humanidad y no todas las consecuencias de los descubrimientos científicos pueden ser conocidas en corto plazo.

Los sobrevivientes de un “apocalipsis zombie” siempre tienden a huir de las ciudades o pueblos, porque los no muertos tienen más ventajas en esos entornos que ellos, dado que numéricamente son superiores y están en todas partes. El único lugar “seguro” que les queda son los ambientes naturales (bosques, montañas, selvas, los polos…), lejos de la civilización y de la amenaza zombie. Los “vivos”, cual ángeles caídos, han perdido su “Olimpo civilizado” para regresar al mundo del cual viene y explotaba sus recursos con el fin de mantener su mundo artificial y social. En este mundo los zombies no son capaces de llegar. La humanidad que queda debe, forzosamente, restablecer la comunión con la naturaleza si quiere sobrevivir.  Ese “retorno” a la naturaleza es proclamado por muchos grupos catalogados como “neoluditas”

Lo irónico del caso es que los zombies, a pesar de ser hostiles hacia la civilización, no pueden abandonarla. No es nada más por motivos físicos –Su figura contrahecha y demacrada es un obstáculo- mentales –sin una racionalidad desarrollada, no tienen capacidad de interpretar su entorno- o porque todavía hayan supervivientes en las zonas que dominan; sino porque en el fondo de sus mentes, su “pasado yo civilizado” todavía añora el mundo que su “yo zombificado” ha destronado.

Como ambos comparten el mismo cuerpo y  la misma “mente”, no pueden destruirse, así que el quedarse en el mundo civilizado sin rumbo ni objetivos, puede interpretarse como un “pacto” que garantice la existencia de ambos “yo”.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Nota: el autor recomienda la siguiente literatura con el fin de profundir este y otros temas que sirvieron para la redacción de la presente entrada. Tambien pueden consultar mi anterior artículo Otra mirada al fenómeno de los zombies.

  • Enemigos de la ciencia. Luditas modernos. Artículo de la revista Muy Interesante Junio de 2013, No.06.

La tecnoeducación es un hecho.

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La educación debe evolucionar junto a la tecnología-Google Images

“La tecnología no es una opción”

                                           Dolors Reig, Psicóloga, formadora y consultora TIC

Es evidente que con los recientes avances tecnológicos, los conceptos que se tienen sobre la educación deben ser modificados. No aceptarlos, implica condenar al atraso a los educandos que ingresen a las aulas; lo cuál podría crear un clima conflictivo que en nada beneficiará al progreso social. Es por ello que lo primero que habría que definir es, cuáles son las metas que desea alcanzar la sociedad a través de la tecnología para poder traducirlo en cambios efectivos en la educación. El éxito de muchas naciones radica en saber adaptarse a los cambios, sin perder de vista sus metas.

Tendiendo en cuenta lo anterior, cada nación debería ajustar sus recursos para realizar los cambios pertinentes y mantenerlos con el tiempo, así, adaptarse a los cambios no será una contrariedad. Sin embargo, las transformaciones que se hagan también deben incluir a aquellos actores que dominan la tecnología e incluirlos, será sinónimo de beneficios para todos los involucrados  siempre que se resuelva las posibles discordias que todavía se mantienen en ciertos círculos del mundo de la tecnología. Un ejemplo de ello, es el enfrentamiento que existe entre el software libre y su par privado.

Una política de transformación educativa no será efectiva si no existe un consenso entre dichos círculos. Cierto es, que cada uno se maneja bajo “filosofías” opuestas, pero la diversidad que presenta la realidad tecnológica obliga a tener que formar alumnos capaces de entender entornos distintos entre si; sin que le ocasione retrasos. Los jóvenes pueden dominar con rapidez las funciones más elementales de la tecnología y hasta incrementarlas gracias a la información disponible en Internet, al margen del sistema educativo.

Ante esto, ¿Qué debe hacer la educación para no quedarse rezagada? Debe guiar a los alumnos para que encuentren un “sentido” a su aprendizaje, hacerles ver que la tecnología puede servir para su desarrollo individual y colectivo. El alumno debe convencerse, sin imposiciones, que la tecnología es un medio para lograr fines elevados y si ellos profundizan en su funcionamiento podrán lograr desarrollar un pensamiento enfocado a solucionar problemas concretos. La educación debe persuadir, que la tecnología, no es algo lúdico ni una distracción efímera sino es una herramienta que se emplea con responsabilidad, es decir,  hay que trasmitir valores con respecto a su correcto uso.

Esta misma “conciencia” que se le inculca al alumno, ha de trasmitirse a los docentes para poder equilibrar la estructura educativa con miras ha superar las resistencias que puedan existir. Los docentes no necesariamente deben convertirse en “sabelotodos de la tecnología”, porque podría ser interpretado como un “competidor” por los alumnos, más bien, su rol será el de un “aliado” que le hará ver las maravillas que se puede apreciar a través del conocimiento. Si bien, ninguna realidad educativa es igual a otra, solo una metódica formación del buen uso de la tecnología podrá ayudar al docente a adoptar las herramientas más efectivas en sus clases.

El cambio que supone para cualquier sociedad, puede encontrar obstáculos internos considerables, empero la realidad actual, ya no conoce de esperas. Las naciones deben superar sus conflictos interiores e involucrarse activamente en el desarrolla de una educación acorde a los retos del mundo actual. Está evidenciado que el progreso de una sociedad, depende más de los resultados obtenidos de su educación que la exclusiva inversión económica, el “capital humano” nacional debe ser “desarrollado” si una nación quiere alcanzar su bienestar.

El correcto equilibrio tecnología-educación es la clave del éxito.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Las contradicciones de las redes sociales.

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                         Imagen extraída de Devianart.com

Las redes sociales son el medio más influyente de los que podemos encontrar en Internet hoy en día; son los ecosistemas virtuales* más determinantes en cualquier acontecer noticioso y lamentablemente, es el ambiente predilecto para dejar en evidencia la falta de claridad de sus administradores en hacer cumplir sus propias normas para un correcto uso. Recientemente, las redes sociales han sido objeto de fuertes criticas debido a que algunos de sus miembros difunden contenido “molesto” en ellas y los administradores, lejos de solventar coherentemente la controversia, se han escudado en una curiosa “interpretación” de sus propias normas para dejar que dichos contenidos sigan disponibles, aún cuando sea denunciado por numerosos miembros de la comunidad.

Ante esta situación cabe la obvia pregunta: ¿Qué utilidad tienen las normas que establece una red social si no se hacen cumplir correctamente? Es una contradicción muy grave de los administradores de una red social ampararse en “interpretaciones”,  para permitir que contenidos “molestos” circulen en sus redes cuando es evidente que dichos contenidos resultan perniciosos para la comunidad; también es absurdo ponerle “clasificaciones especiales” prometiendo que con esta medida podrán controlar mejor que publican sus miembros cuando la realidad nos muestra que persiste  la tendencia por parte de personas irresponsables de publicar material desagradable. Es esa posición tan laxa la que ha permitido que grupos delictivos prosperen en el ecosistema social con total impunidad.

Lo que menos se comprende es porque se tiene que esperar a que se genere un “escándalo” para poner coto a la divulgación a un material específico, cuando ya lleva mucho tiempo circulando y toda la comunidad –incluido cuerpos policiales- lo denuncian a los administradores para recibir por respuesta: “no consideramos que este contenido viole nuestras normas”. Los contenidos desagradables más difundidos son los que -amparándose eufemísticamente- buscan “denunciar a las autoridades” un hecho delictivo siendo todos los miembros de una red social testigos de violaciones, asaltos, torturas, maltrato o acoso… aún cuando esta prohibido por el servicio.  Es cierto que la responsabilidad individual es determinante, pero si se denuncia un contenido evidentemente “molesto” debería ser retirado y no esconderse en excusas para no hacer nada.

No menos cierto es que los mecanismos de denuncias han mejorado mucho, se ha logrado una mejor cooperación con las unidades ciberpoliciales  y que hay más contundencia contra los infractores sin embargo, pareciera que todas estos cambios fueran más de “forma que de fondo”, puesto que son más los usuarios que se quejan de la falta de efectividad de los mecanismos de denuncia o los gobiernos serios que consideran que quienes administran una red social no fueran lo suficientemente capaces para darse cuenta cuando se viola la ley y las normas del servicio. Los constantes escándalos han obligado a las compañías detrás de una red social, a considerar que bajo su criterio eliminaran o no un contenido con la promesa de que así no habrá conflictos. No obstante, para los internautas y las autoridades esta desición no es más que un eufemismo, porque si esta en duda la capacidad de los administradores ¿Cómo ellos van a determinar que no puede estar en una red social…?

Lógicamente a falta de entendimiento entre internautas, autoridades y administradores, hace que surjan  acciones subterráneas por parte de usuarios disconformes quienes prefieren actuar por su cuenta -e incluso- al margen de la ley. Algunos prefieren utilizar las herramientas de las redes sociales, para formar una “denuncia masiva”: un miembro del servicio identifica un grupo o perfil infractor lo comunican a todos sus amigos o seguidores y todos lo denuncian al mismo tiempo lo que obliga al servicio a tener que eliminarlos. Otros por el contrario, prefieren “secuestrar” las cuentas de los infractores y exponerlos ante la comunidad. Algunos más radicales –un rasgo muy preocupante- llegan a la agresión física a quienes infringen las normas apelando a la información que recogen de ellos mismo en la red social. Las redes sociales, terminan convirtiéndose en un “Viejo Oeste” donde cualquiera puede tomar la justicia por sus manos.

Diera la impresión de que quienes administran las redes sociales, no han terminado de aceptar que la línea que divide lo virtual de lo real es difusa y es necesario ser cautos cuando se trata de “interpretar” la naturaleza de un contenido denunciado. Detrás de cada denuncia existe una pequeña historia, a veces truculenta, que es necesario evaluar concienzudamente; dejarse llevar por un juicio simplista que reduzca estas pequeñas historias en un segundo plano es un grave error que pone en duda su reputación como servicio serio y la credibilidad que se tiene ante los internautas. Ignorar esos detalles podrían hacerlos cómplices de que todo lo negativo que desafortunadamente circula en la red y actuar de forma “autosuficiente”, dejando por fuera la opinión de los internautas y las autoridades, hará concluir a todos que ustedes ocultan algo…

No podemos condenar, prohibir o censurar el uso de las redes sociales porque esta es una herramienta inevitable en la red y casi toda la red ha “migrado” al ecosistema social, tampoco se pide  implementar sistema de vigilancia masivos para detener a los infractores…ninguna medida reaccionaria sirve de algo. Sólo se pide a los administradores más flexibilidad de juicio cuando se realice una denuncia, se pide “desempolvar” el sentido común e ir investigando agudamente el origen de por qué un contenido es considerado molesto. No sigan esperando un escándalo y sacar excusas para resolver una controversia.

Nota: podríamos definir un ecosistema virtual a aquellos “mundos” que existen en Internet que poseen su propia lógica para determinar su funcionamiento, poseedores de una caraterísticas entrópicas propias y capacidades evolutivas condicionadas por el medio ambiente virtual.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.