Reflexiones sobre los videojuegos.

PicMonkey Collage
                           ¿Son los videojuegos peligrosos?- Google Images.

Los videojuegos, siempre han sido objeto de incontables controversias: se les acusa de distraer a los jóvenes, de anular la creatividad, de servir de estímulo a comportamientos antisociales o de incluso de destruir la comunicación verbal.  En parte, la recriminación hacia esta forma de entretenimiento, tiene verosimilitud en muchos aspectos y puede extenderse hacia otros campos del mundo digital; sin embargo el tema no se debe limitar a lo meramente técnico sino al humano, que es de donde parte toda la polémica.

 El formato de los nuevos videojuegos, no quiere limitarse a ser un entretenimiento pasajero como lo sería en épocas pasadas; han evolucionado a ser “realidades alternativas” casi palpables con el fin de sugestionar al videojugador, de ponerlo en un trance hipnótico imposibles de resistir. En esa realidad virtual en la cual se sumerge, las reglas y responsabilidades adquiridas por el individuo pierden toda importancia con tal de superar los retos que impone el juego.  Podríamos sospechar, que los videojuegos se crean más para diluir todo interés por la vida fuera de esa realidad virtual; aunque suene extremista.

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿dónde radica lo polémico? en sus contenidos. Los videojuegos más exitosos actualmente son los que oscilan en la violencia y el militarismo. Son los que más buscan los videojugadores, sus personajes son harto imitados por ellos y cuentan con interminables secuelas cada una más increíbles. En pocas palabras, los que reflejan una característica rechazable del ser humano son los más populares; si a eso le agregamos otros contenidos –igual de reprobables- como sexo, erotismo y un humor chabacano junto con una buena estrategia de mercadeo, es muy seguro tener el éxito deseado.

Todo eso se ha incluido en los videojuegos y muchas familias -aparentemente- lo han aceptado, se ha subestimado –e ignorado- que este tipo de entretenimiento debe ser supervisado y orientado. No obstante, la aparente letárgia  de muchos padres y el no superado “asombro” por el desbordante progreso de nuestra tecnología, han facilitado el paso para que algunos videojuegos sean vectores de antivalores y mensajes negativos, más que una inofensiva distracción. Los jóvenes ya no valoran los videojuegos como una afición sino como una obligación esclavizante que deben cumplir sin excepción. De allí parte la polémica y la alerta tardía de la sociedad.

Los videojuegos, también es otro reflejo de las contradicciones en que se encuentran la sociedad digital: hemos proclamado el conocimiento y la cultura como medio de progreso pero nos distraemos con los más exóticos placeres, para también premiarlos. Dichos placeres no permiten el avance interno del individuo sino su empobrecimiento mental, relegándolo a la adicción y la dependencia; subcapacitamos al individuo al forzarlo –sutilmente- aislarse en una realidad virtual, donde solo podrá ser reconocido en ese medio más que en el mundo real. El individuo será, inevitablemente, un deshecho humano puesto que solo será socialmente útil en lo virtual; si es apartado de esa fuente no sabrá que hacer.

Si usted tiene dudas, solo consulte la cantidad de jóvenes que han ingresados a centros de rehabilitación porque son diagnosticados como ciberadictos­­­*  causado por el abuso de los videojuegos o los incontables estudios que demuestran alarmantes porcentajes de potenciales adictos de estos mundos irreales. Sobra decir, que muchos de los jóvenes ingresados a centro de rehabilitación admiten que eran empedernidos jugadores de videojuegos violentos o de otros no violentos cuya dinámica tan intensa no evita volverlos adictos; ¿podemos seguir creyendo entonces que este entretenimiento es “inofensivo”?.

No podemos excluir de esta situación, a aquellos adultos que sucumben a este hipnótico placer. Es demasiado frecuente  muchos casos de irresponsabilidad familiar, todo porque los adultos han abandonado su rol de dirigir con sabiduría sus hogares, quieren experimentar otros papeles distintos a los reales y los videojuegos les ofrecen eso, pero sin medir la consecuencias. Muchas familias se han desmembrado por causa de esto y cada día las autoridades atienden más casos de este tipo, sin que los esfuerzos para contrarrestarlos sean efectivos y no lo son porque tenemos una sociedad que se dedica a hacer culto al placer;  a un placer virtual que quiere desplazar a lo real.

Si los videojugadores y sus familias son responsables, también los que crean los juegos. Parecieran tener más en mente las ganancias que su responsabilidad social, no evalúan las posibles consecuencias que podrían tener sus productos en la mente de las personas y se mofan de cualquier advertencia que se haga del contenido de sus videojuegos. El poder tan relevante que tienen las compañías creadoras, les ha permitido convencer a legiones de videojugadores para que sean sus más abyectos “protectores” de cualquier intento de corrección. Desde el hogar, el videojugador presiona al resto de la familia con tal de satisfacer sus demandas de entrenimiento lo cuál se traduce en beneficios para las compañías.

Pero lo más llamativo del caso, es que en este siglo nuestro culto al placer virtual nos ha llevado a darle a las compañías creadoras de videojuegos atribuciones casi divinas y estas nos exigen construirles altares para invocar sus dones cibernéticos: tenemos torneos de videojugadores, locales ultramodernos para jugar sin descanso, canales de televisión dedicados exclusivamente a los videojuegos y los videojugadores más capaces se han vuelto celebridades dignas de ser imitadas.

Nadie evalúa que el costo de tan “alto honor” es de sacrificar su tiempo, esfuerzo, salud, relaciones, e incluso sus estudios con tal de ser el mejor videojugador…la vida se transforma en un mero ludismo y se le paga a estos jóvenes como premio por mantener esta maquinaria virtual en funcionamiento. Si esto continúa así, ¿a qué joven le importará concluir sus estudios o colaborar con alguna idea brillante para mejorar la calidad de vida de los demás; teniendo sólo que autohipnotizarse durante horas para tener “todo en la vida”?, simplemente hay que creer ser el mejor videojugador para ser reconocido socialmente… todo por satisfacer unas irracionales ansias de fantasía.

Ahora, la sociedad despierta violentamente: los más recientes tiroteos en escuelas y lugares públicos han arrojado dudas si los videojuegos son “inofensivos”, los asesinatos más crueles tienen como causa o fuente de inspiración un videojuego, muchos cometarios machistas y sexistas provienen de algún bizarro personaje de videojuego, y los ciberadictos aumentan cada día por el abuso de los videojuegos…Pero ¿qué hacemos? Buscar culpables donde no los hay, en vez de asumir responsabilidades. No vamos a lograr nada culpabilizando o prohibiendo los videojuegos es menester que todas las partes involucradas deben establecer límites incluso antes de que un videojuego salga al mercado.

Nadie en este asunto puede seguir amparándose en interpretaciones licenciosas de la libertad de expresión para mantener esta maquinaria virtual del placer; que empieza a mostrar síntomas de ser peligrosa para la sociedad. Tampoco podemos creer erróneamente que los videojuegos son culpables de todo, eso es una exageración. Menos aún podemos utilizar una controversia como esta para eximirnos de nuestras responsabilidades. Es necesario plantearnos ¿qué queremos como sociedad?, ¿qué vale la pena enseñar a los jóvenes: los vicios o las virtudes?

El debate está abierto solo falta empezar a hablar y escuchar.

Nota: podríamos definir como ciberadicto a toda persona que no puede estar sin conexión a Ia red o a cualquier tecnología digital.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Advertisements

2 thoughts on “Reflexiones sobre los videojuegos.

  1. Muy buen comentarlo, fantástico y muy bien expresado. La verdad que no se a donde va a parar esto, pero tarde o temprano va a ver que reaccionar. Conozco a gente y muy cercana que dejan sus estudios de lados y faltar a clase simplemente por estar detrás de una pantalla e inclusive decirme a mi que no vale la pena estudiar, que es una pérdida de tiempo. Ahora mismo se de uno que está en la ESO y por más que intente convencerlo no vale de nada. ¡No me quiero ni imaginar lo que sera de las futuras generaciones!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s