La excesiva sexualización de la sociedad.

FRANCE AIDS DAY
¿El sexo se ha vuelto una obsesión?-Google images

En la actualidad se evidencia que la niñez está desapareciendo, la inocencia que debe ser natural en muchos infantes está siendo sustituida por una falsa “adultez” que ni los mismos chicos saben para que les sirve en su crecimiento personal. Muchos padres han ignorado este cambio y se lo atribuye a “cosas de las nuevas generaciones” o las nuevas dinámicas  sociales, que exigen una temprana escogencia de un rol sin respetar las distintas fases que debe experimentar un individuo para tener una madurez mental definitiva. Esto también afecta gravemente su identidad sexual, porque la misma sociedad incita a tan temprana edad a definir su preferencia sexual aún sin tener la conciencia necesaria para entender este tema.

 La sociedad contemporánea a través de un pernicioso uso de los medios de comunicación masivo ha deformado la sexualidad humana, se han potenciado una serie de mitos que afecta la salud psíquica de los niños quienes terminan por creer que una conducta o acción debe ser interpretada dentro de un contexto sexual, cuando esta interpretación carece de todo sustento. Los mismos adultos confunden a tan temprana edad a los infantes, les “inculcan” errados conceptos de lo que es sexo o de cómo debe tratarse a las personas del género opuesto y si el adulto no esta en capacidad de educar a un niño en algo tan delicado, entonces ¿cómo podemos confiar en que ese futuro adulto será una persona de bien?

 Pero el factor más preocupante es el cómo moldeamos la mente tanto del padre como del hijo: el ambiente social presiona incesantemente a ambos a experimentar con el sexo sin ninguna responsabilidad, todo en nombre de las “libertades sexuales” conquistadas. Hemos normalizado el libertinaje y lo disfrazamos de “entretenimiento para adultos” que aunque vengan con advertencias, igualmente llega por caminos ocultos a la mente de los niños para deformarla. Basta ver detalladamente el mercado de los videojuegos para notar como se muestra de forma descarada personajes, situaciones, vestuarios…con una marcada intención de llamar la atención sexual del jugador.

La falta de escrúpulos comerciales en el mundo publicitario, siempre objeto de convulsas polémicas, ya no se limita a explotar mediáticamente el sexo con una serie de productos específicos ahora se ha aceptado que cualquier producto se vende si se le saca provecho a ello; es así como los publicistas inundaron los sentidos de la gente con atrevidas compañas para vender cualquier cosa y siembran ridículas fantasías en las mentes de las personas. A pesar de que sectores claves de la sociedad civil y del gobierno protesten, la astucia de los publicistas para introducir sexo hace difícil detectarlo con prontitud. Las mentes adultas se deforman y después degeneraran a las de los niños creándose un evidente ciclo vicioso.

 Tampoco se puede omitir como la música se ha sexualizado, es lamentable el enorme impacto que tienen “cantantes” que en sus videos y letras explotan el sexo de forma libertina o sino lo usan en sus espectáculos para sacar el mayor partido a su fama, si algún acontecimiento de su vida privada surge en los medios de comunicación; tienen más atención lo relacionado a su vida sexual que otra cosa: vestuarios provocativos, gusto atípicos, comportamientos “liberales”, los escándalos amorosos o en lugares públicos protagonizados por ellos que tengan el sexo como núcleo es sobreexpuesto en la escena pública.

 Estamos tan acostumbrados a este grosero bombardeo mediático que muchos no evitan pensar en sexo cuando se vuelve conocida una estrella pop femenina, es frecuente que se realicen apuestas para ver cuando se “desnudará” dicha estrella porque se ha aceptado que la fama se mantiene mediante actos deshonestos, incluido el explotar la sexualidad humana de forma enajenante. El mérito artístico no existe para el gran público. Quienes aspiren a lo contrario, más si son mujeres, son tildados de “anticuados” o de “ilusos” por ello muchas damas con criterio deben enfrentar a un mundo que pareciera preferir lo más bajo y obvio, en vez del talento.

 En este mismo orden de ideas, vemos que los caballeros dedicados a la música tampoco se salvan de las presiones sociales sobre su sexualidad, los mismos admiradores han creado un oscuro culto lujurioso sobre su imagen y dejándose llevar por una perturbadora imaginación ya no distinguen, a diferencia de otras épocas, lo que es el ídolo como persona del ídolo como objeto de placer carnal. Los “fan pages” de muchos grupos juveniles masculinos se saturan de cibernovelas* protagonizadas por ellos llenos de aberrantes historias de  alto contenido sexual donde sus autores -y lectores- son cada vez más jóvenes, mentes poco preparadas como para pensar –y entender debidamente- en sexo. Hay cantantes que denuncian haber sido acosados por admiradoras enloquecidas quienes tocaron sus partes intimas o que les robaron su ropa interior… prenda que fácilmente nuestra sociedad lo vinculan con sexo, en vez de ropa.

 Internet tampoco se escapa de ser un vehículo de sexualidad deformada, su masificación provocó la multiplicación de sitios pornográficos legales e ilegales a los cuáles todos tienen acceso, incluidos menores de edad. Hasta aquí, esto no es novedoso, lo que si es alarmante es que los padres no presten atención de que ven sus hijos en la red, hay mucho relajamiento por parte de estos dado que se siente en desventaja frente a sus hijos porque estos dominan la tecnología y ellos no. Subestiman los peligros que conllevan los contenidos pornográficos que existen en la red para su seguridad física y psíquica siendo frecuente que los chicos terminen siendo tristes protagonistas de hechos lascivos o victimas de pedófilos. En el peor de los casos, los chicos pueden volverse adictos a la pornografía y enfermar su mente.

 Sobra decir que detrás de la pornografía, existe la mezquindad, porque son muchos los países quienes perciben considerables ganancias con este “mercado”. Todo intento de prohibir o aplicar censuras más drásticas contra la pornografía  chocan con manidos discursos que invocan la “libertad de expresión” dentro del medio o chantajes de grupos económicos poderosos que se benefician de este “negocio” que obligan a abortar cualquier iniciativa de cambio, sin olvidar las presiones de los consumidores asiduos.

 Ante la falta de acuerdos, creemos que darle a la industria pornográfica “legal” una imagen “socialmente responsable” e incluirlas en los esfuerzos para luchar contra la pedofilia, el maltrato hacia las mujeres, la práctica del sexo seguro… somos menos dañinos, cuando la realidad es que nadie quiere perder sus beneficios en un negocio que esta demostrado degenera los instintos humanos, estimula los prejuicios, promueve el machismo –y el sexismo-, reduce a la mediocridad al ser humano entre otras males que quisiéramos atribuir a algún “demiurgo” sobrenatural inexistente. Nos destruye la hipocresía y no queremos admitirlo.

 Habría que agregar la insólita “tradición” en algunas familias de “invitar al sexo” a las fiestas infantiles. Aunque suene absurdo en las redes sociales, por ejemplo, podemos ser testigos de cómo padres irresponsables alienan a sus hijos en sus fiestas de cumpleaños mediante pasteles, dulces u objetos con forma de órgano sexual sin olvidar las piñatas con dicha figura. Tampoco podemos dejar pasar que  esas fiestas están acompañadas de la música más sexualizada que el mercado puede ofrecer y los padres no pierden la oportunidad de “enseñarles” a sus hijos como bailar el ritmo de turno que nunca esta libre de tener alguna pose o gesto sexual. Los padres lo celebran, posteriormente lo publican y comparten en las redes sociales contando con el apoyo de familiares y amigos.

 ¿A qué nos enfrentamos actualmente, a nivel social, en lo que respecta al sexo? Simplemente tenemos una sociedad que confunde el sexo con el amor, no termina de entender que lo primero es una expresión de lo segundo; parte de una sensación tan profunda que difícilmente se puede expresar en palabras. Ambos van de la mano y en perfecta relación armónica, pero el ser humano con sus adicciones ha destruido ese delicado equilibrio. Creemos que las preferencias sexuales tienen que ver con el amor, esto es un error, las preferencias parten de los preconceptos que tenemos de “ideal sexual” y de nuestros instintos.

 El amor parte de una sensibilidad de los sentimientos muy superior a la mente y al instinto, está en un nivel “espiritual” cuya teorización es imposible. Sin embargo, estamos tan confundidos por causa de nuestro entorno alienante y nuestra mediocridad que no sabemos distinguir nada, abrazamos el hedonismo para atribuirle una condición que sólo puede ser experimentada desde lo más grande de nuestras almas, si es que nos queda. En el siglo pasado la gente se quejaba de “no contar con libertad amorosa y sexual”, protestaba por los “perniciosos tabúes que impedían un diálogo sincero sobre el sexo”…han pasado los años, los resultados no son tan alentadores, los enemigos de una sexualidad responsable ya son tabúes o “mentalidades pacatas”, ahora son el libertinaje, el culto al sexo, la sacralización de los banal, la incomunicación de padres e hijos y la degeneración de los instintos humanos… ¡Ah!  Pero si usted se opone a la “modernidad sexual” quizá lo tilden de pacato, aún cuando usted sea una persona consciente, preocupada del bienestar de la sociedad.

 Si los padres no les transmiten a sus hijos su sabiduría, si la sociedad no le da importancia de la responsabilidad, si sólo nos entregamos a la vaciedad del más obsceno hedonismo, entonces, nuestro futuro no será nada alentador… el ser humano como ser consciente perdería sentido y nos hundiríamos en la barbarie.

 Cierro esta entrada con este fragmento del libro Los derechos del niño y la salud mental  Caracas, Venezuela. Monte Ávila Editores Latinoamericana, C.A. 1997. De el eminente médico,  profesor e investigador venezolano José Orellana:

 “….aparece la postmodernidad, o neomodernismo como sería más apropiado, ávida de cambios y celeridad y con ella emerge un individualismo exagerado, expresado a nivel de un narcisismo patológico; la postmodernidad significa el predominio de lo efímero, de lo fugitivo, de lo discontinuo, con un ser humano absorto, deslumbrado, expectante y seducido por los modernos magos, sembradores de ilusiones, representados por la extrema potencialidad de los medios de comunicación masivos y el despliegue de tecnologías que reemplazan a la realidad y nos crean una realidad virtual, ilusoria, que nos estimula mucho más que lo real verdadero; el tiempo lento, circular, detenido de “Cien años de soledad” se contrapone a los tiempos ultrarrápidos del momento actual. Ya casi nada parece generar perplejidad ni asombro; la única realidad válida es la del presente; el aquí y ahora; todo vale y todo se puede;  la reflexión da paso a la emoción; a lo pasajero. Todo este pensamiento postmoderno influye sobre el sexo; un buen porcentaje de hombres y mujeres se han apresurado a vivir el momento; a la relación fugaz; al placer de lo inmediato, a conciencia de que con ello renuncian al verdadero placer, al placer decantado y maduro”.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Nota: una cibernovela es un relato que se publica en Internet por entregas parecido a las “novelas de folletín” del siglo XIX. Cada nueva entrada que haga su autor en un blog, foro, página web o red social constituye una continuación del relato. Es frecuente que escritores noveles se den a conocer por este medio, antes de ser contratados por una editorial reputada.

 

 

 

 

 

 

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