Month: October 2013

Reflexiones sobre los videojuegos.

PicMonkey Collage
                           ¿Son los videojuegos peligrosos?- Google Images.

Los videojuegos, siempre han sido objeto de incontables controversias: se les acusa de distraer a los jóvenes, de anular la creatividad, de servir de estímulo a comportamientos antisociales o de incluso de destruir la comunicación verbal.  En parte, la recriminación hacia esta forma de entretenimiento, tiene verosimilitud en muchos aspectos y puede extenderse hacia otros campos del mundo digital; sin embargo el tema no se debe limitar a lo meramente técnico sino al humano, que es de donde parte toda la polémica.

 El formato de los nuevos videojuegos, no quiere limitarse a ser un entretenimiento pasajero como lo sería en épocas pasadas; han evolucionado a ser “realidades alternativas” casi palpables con el fin de sugestionar al videojugador, de ponerlo en un trance hipnótico imposibles de resistir. En esa realidad virtual en la cual se sumerge, las reglas y responsabilidades adquiridas por el individuo pierden toda importancia con tal de superar los retos que impone el juego.  Podríamos sospechar, que los videojuegos se crean más para diluir todo interés por la vida fuera de esa realidad virtual; aunque suene extremista.

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿dónde radica lo polémico? en sus contenidos. Los videojuegos más exitosos actualmente son los que oscilan en la violencia y el militarismo. Son los que más buscan los videojugadores, sus personajes son harto imitados por ellos y cuentan con interminables secuelas cada una más increíbles. En pocas palabras, los que reflejan una característica rechazable del ser humano son los más populares; si a eso le agregamos otros contenidos –igual de reprobables- como sexo, erotismo y un humor chabacano junto con una buena estrategia de mercadeo, es muy seguro tener el éxito deseado.

Todo eso se ha incluido en los videojuegos y muchas familias -aparentemente- lo han aceptado, se ha subestimado –e ignorado- que este tipo de entretenimiento debe ser supervisado y orientado. No obstante, la aparente letárgia  de muchos padres y el no superado “asombro” por el desbordante progreso de nuestra tecnología, han facilitado el paso para que algunos videojuegos sean vectores de antivalores y mensajes negativos, más que una inofensiva distracción. Los jóvenes ya no valoran los videojuegos como una afición sino como una obligación esclavizante que deben cumplir sin excepción. De allí parte la polémica y la alerta tardía de la sociedad.

Los videojuegos, también es otro reflejo de las contradicciones en que se encuentran la sociedad digital: hemos proclamado el conocimiento y la cultura como medio de progreso pero nos distraemos con los más exóticos placeres, para también premiarlos. Dichos placeres no permiten el avance interno del individuo sino su empobrecimiento mental, relegándolo a la adicción y la dependencia; subcapacitamos al individuo al forzarlo –sutilmente- aislarse en una realidad virtual, donde solo podrá ser reconocido en ese medio más que en el mundo real. El individuo será, inevitablemente, un deshecho humano puesto que solo será socialmente útil en lo virtual; si es apartado de esa fuente no sabrá que hacer.

Si usted tiene dudas, solo consulte la cantidad de jóvenes que han ingresados a centros de rehabilitación porque son diagnosticados como ciberadictos­­­*  causado por el abuso de los videojuegos o los incontables estudios que demuestran alarmantes porcentajes de potenciales adictos de estos mundos irreales. Sobra decir, que muchos de los jóvenes ingresados a centro de rehabilitación admiten que eran empedernidos jugadores de videojuegos violentos o de otros no violentos cuya dinámica tan intensa no evita volverlos adictos; ¿podemos seguir creyendo entonces que este entretenimiento es “inofensivo”?.

No podemos excluir de esta situación, a aquellos adultos que sucumben a este hipnótico placer. Es demasiado frecuente  muchos casos de irresponsabilidad familiar, todo porque los adultos han abandonado su rol de dirigir con sabiduría sus hogares, quieren experimentar otros papeles distintos a los reales y los videojuegos les ofrecen eso, pero sin medir la consecuencias. Muchas familias se han desmembrado por causa de esto y cada día las autoridades atienden más casos de este tipo, sin que los esfuerzos para contrarrestarlos sean efectivos y no lo son porque tenemos una sociedad que se dedica a hacer culto al placer;  a un placer virtual que quiere desplazar a lo real.

Si los videojugadores y sus familias son responsables, también los que crean los juegos. Parecieran tener más en mente las ganancias que su responsabilidad social, no evalúan las posibles consecuencias que podrían tener sus productos en la mente de las personas y se mofan de cualquier advertencia que se haga del contenido de sus videojuegos. El poder tan relevante que tienen las compañías creadoras, les ha permitido convencer a legiones de videojugadores para que sean sus más abyectos “protectores” de cualquier intento de corrección. Desde el hogar, el videojugador presiona al resto de la familia con tal de satisfacer sus demandas de entrenimiento lo cuál se traduce en beneficios para las compañías.

Pero lo más llamativo del caso, es que en este siglo nuestro culto al placer virtual nos ha llevado a darle a las compañías creadoras de videojuegos atribuciones casi divinas y estas nos exigen construirles altares para invocar sus dones cibernéticos: tenemos torneos de videojugadores, locales ultramodernos para jugar sin descanso, canales de televisión dedicados exclusivamente a los videojuegos y los videojugadores más capaces se han vuelto celebridades dignas de ser imitadas.

Nadie evalúa que el costo de tan “alto honor” es de sacrificar su tiempo, esfuerzo, salud, relaciones, e incluso sus estudios con tal de ser el mejor videojugador…la vida se transforma en un mero ludismo y se le paga a estos jóvenes como premio por mantener esta maquinaria virtual en funcionamiento. Si esto continúa así, ¿a qué joven le importará concluir sus estudios o colaborar con alguna idea brillante para mejorar la calidad de vida de los demás; teniendo sólo que autohipnotizarse durante horas para tener “todo en la vida”?, simplemente hay que creer ser el mejor videojugador para ser reconocido socialmente… todo por satisfacer unas irracionales ansias de fantasía.

Ahora, la sociedad despierta violentamente: los más recientes tiroteos en escuelas y lugares públicos han arrojado dudas si los videojuegos son “inofensivos”, los asesinatos más crueles tienen como causa o fuente de inspiración un videojuego, muchos cometarios machistas y sexistas provienen de algún bizarro personaje de videojuego, y los ciberadictos aumentan cada día por el abuso de los videojuegos…Pero ¿qué hacemos? Buscar culpables donde no los hay, en vez de asumir responsabilidades. No vamos a lograr nada culpabilizando o prohibiendo los videojuegos es menester que todas las partes involucradas deben establecer límites incluso antes de que un videojuego salga al mercado.

Nadie en este asunto puede seguir amparándose en interpretaciones licenciosas de la libertad de expresión para mantener esta maquinaria virtual del placer; que empieza a mostrar síntomas de ser peligrosa para la sociedad. Tampoco podemos creer erróneamente que los videojuegos son culpables de todo, eso es una exageración. Menos aún podemos utilizar una controversia como esta para eximirnos de nuestras responsabilidades. Es necesario plantearnos ¿qué queremos como sociedad?, ¿qué vale la pena enseñar a los jóvenes: los vicios o las virtudes?

El debate está abierto solo falta empezar a hablar y escuchar.

Nota: podríamos definir como ciberadicto a toda persona que no puede estar sin conexión a Ia red o a cualquier tecnología digital.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

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La inoperancia de los padres en Internet.

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El mal uso de la red es responsabilidad de los padres- Devianart.com

Las nuevas generaciones de internautas conocidos como nativos digitales, son las que se han criado con la tecnología y pueden dominarla con gran rapidez en comparación a generaciones anteriores. El mundo virtual no representa ninguna novedad para ellos por lo que no posee los temores ni prejuicios que podrían tener personas de épocas pasadas; para ellos la red no sólo representa una simple herramienta de comunicación e información (como realmente lo es) sino una realidad concreta con la que puede interactuar y hasta remplazar la realidad física a la cuál todo individuo pertenece. Es en este punto, donde empieza lo preocupación.

 Se supone que en el núcleo de toda familia, los valores y principios que poseen es el medio que logra mantener su unidad, al mismo tiempo esta es heredada a los hijos quienes los emplearan para avanzar en la vida. Sin embargo, si esta unidad se destruye o esta empobrecida los hijos terminaran buscando en el exterior lo que no hay en el interior de la familia, de allí parte casi todas las tragedias de muchos padres que se dan cuenta de sus omisiones al verse los hijos involucrados en situaciones lamentables.

 Hasta cierto período del presente siglo el miedo de los padres era que sus hijos consumieran drogas, tuvieran una sexualidad errática, o enfrentaran  problemas con las autoridades por algún hecho ilegal, hoy los padres parecieran que se han convencido que todos esos peligros físicos junto a los que circulan en la red no existen. Que sólo son exageraciones de “gente demasiado pesimista”. En apariencia están convencidos de que los hijos al ser “todos unos expertos” desde que nacen con la tecnología, sabrán distinguir entre el bien y el mal, deben simplemente preocuparse “de que el niño no se quede fuera de la red” y mantenerlo actualizado con lo más recientes dispositivos electrónicos.

 En pocas palabras, este nativo digital, los padres descuidados lo vuelven en un caprichoso “tecnomimado” arrogante, hábil con el manejo de la tecnología pero pobre interiormente para distinguir las cosas como son y no como parecen. Los padres que ya acostumbran a sus hijos, incluso antes de siquiera tener consciencia de algo, a interactuar con los más sofisticados dispositivos electrónicos comienzan a desvincularse de ellos al encontrar en las máquinas una “niñera perfecta”, un medio idóneo para mantener al “niño ocupado” mientras realizan alguna labor.

 El niño entonces, ya se va desvinculando de su entorno, empieza a verlo diferente, a no sentirse identificado con él y encontrar en el ciberespacio un buen lugar donde refugiarse. La comunicación entre padres e hijos se deteriora, limitándose a una relación de “tú, padre o madre, me das Internet” y los padres deben irremediablemente satisfacer al niño.  Las alarmantes cifras de menores enfermos de diabetes, con obesidad, problemas visuales, trastorno de sueño, lesiones cervicales y motoras…son productos de malos hábitos de los chicos a la hora de usar la red y eso es responsabilidad absoluta de los padres. En otro escenario, también es frecuente que los chicos se vean involucrados en casos de cibercriminalidad ya sean como los delincuentes o como víctimas; a causa de la falta de la supervisión de los padres.

Es muy habitual que los chicos comentan el deshonesto acto de robar las tarjetas de crédito o datos bancarios, de sus padres para comprar cosas innecesarias que encuentren en Internet, todo porque los padres no les inculcan a sus hijos que no todo lo que aparece en Internet es cierto. Contrario a lo esperado, los padres descuidados se esconden detrás de las excusas más fantásticas: si no tiene Internet, ¿como lo controlo?, pero así se mantiene distraído y puedo trabajar, es que después “forma un berrinche”, no tengo con quién dejarlo por eso dejo que use el ordenador de la empresa, no sabía que eso era posible ¿por que ustedes del gobierno no nos dicen nada?, no soy un hacker para saberlo todo…

 Entre tantas excusas, la más resaltante es yo no se nada de Internet, solo se prender la máquina, enviar un correo, publicar en Facebook, usar Office…los chicos de ahora nacen aprendidos; aquí cabe la lógica pregunta: ¿si usted no sabe, porque no aprende con su hijo y así aprovecha para indicarle como debe usar correctamente la red?. Es evidente que la influencia, no supervisada de Internet, puede diluir fácilmente una sana relación entre las personas por lo que si los padres apelan a las excusas o a una represión simplona para corregir  a sus hijos no están mejorando en nada la situación.  Los padres deben recordar que ellos como adultos, tienen la experiencia de vida cosa que nunca tendrá un chico a menos a que ellos se la transmitan.

 Las redes sociales junto a los videojuegos en línea son los dos ecosistemas virtuales que acaparan más atención a los chicos de hoy, al mismo tiempo son los lugares predilectos para que cualquiera se vea involucrado en actos deshonestos o en propagador de antivalores. Sobra decir, que los criterios de la mayoría de los creadores de juegos es enfocar a la violencia más explicita los contenidos de sus productos; esta de más decir que si los padres no averiguan que clase de contenidos tienen esos videojuegos sus hijos se verán expuestos a toda suerte de antivalores que, sin supervisión adecuada, podrían convertirlos en potenciales amenazas para la sociedad.

 Las actuales controversias, protagonizadas por adolescentes y niños, involucrados en actos de violencia tienen algo en común: la influencia de videojuegos muy violentos y la no supervisión de los padres. Podrán refutar los jugadores más abyectos las acusaciones de ser promotores de la violencia a este tipo de títulos, los creadores ampararse en la libertina interpretación que le dan a la libertad de expresión para proteger sus productos, o de ciertos gobiernos y comunidades científicas de “que no hay evidencia que demuestre que estos juegos incentiven a la violencia” pero lo que si es evidente es que existe una relación causa-efecto entre ambos, y por eso los padres deben salir de la letargia, estar atentos con que se “entretienen” sus hijos en sus ratos libres.

 Lo anterior aplica a las redes sociales, los padres deben convencer a sus hijos que el ecosistema social es igual a salir a la calle: las personas deben seguir unas pautas de comportamiento adecuadas al ambiente, saber respetar a los demás a pesar de no compartir su punto de vista, a no confiarse de las propuestas de desconocidos y de tener precaución ante las posibles amenazas; sobre todo a no ser cómplice y difundir contenido inmoral o colaborar en actos delictivos que violen las leyes nacionales así como las normas del servicio.  Los padres ignoran, que sus hijos en apenas unos segundos banalizan la violencia real, se han vuelto chabacanos y groseros, han colaborado en alguna actividad criminal, participan en la redacción de cibernovelas de alto contenido sexual en algún “fan page” sin tener la madurez mental para pensar en sexo o acepta sin su consentimiento alguna propuesta engañosa que comprometa su seguridad física.

 En tan sólo unos segundos sus hijos, por falta de vigilancia, se pueden estar convirtiendo en unos degenerados que posiblemente saldrá en las páginas de los diarios, por algún delito que cometió o colaboro en el mismo  o  será una desafortunada victima de los tantos malintencionados que abundan en la red. Todo esto puede pasar en tan solo segundos si ustedes, padres, no supervisan, no hablan con sus hijos, no le pone límites a sus horas en la red, no establecen prioridades sobre que dispositivo electrónico necesitan para mantenerse comunicados con sus hijos, no transmiten su experiencia de vida, y sobre todo no educan para la vida…

 Están todavía a tiempo de cambiar esta desafortunada situación, de evitar que sus hijos sean tristes protagonistas de hechos lamentables. Se enseña con el ejemplo, así que las excusas no sirven de mucho cuando esta la responsabilidad de un hijo. Solo la educación, constante y sin flaquezas, podrá formar ciudadanos de bien así como generaciones más humanas quienes al igual que las actuales, tendrán en la opción de ser padres.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

 

 

 

 

La excesiva sexualización de la sociedad.

FRANCE AIDS DAY
¿El sexo se ha vuelto una obsesión?-Google images

En la actualidad se evidencia que la niñez está desapareciendo, la inocencia que debe ser natural en muchos infantes está siendo sustituida por una falsa “adultez” que ni los mismos chicos saben para que les sirve en su crecimiento personal. Muchos padres han ignorado este cambio y se lo atribuye a “cosas de las nuevas generaciones” o las nuevas dinámicas  sociales, que exigen una temprana escogencia de un rol sin respetar las distintas fases que debe experimentar un individuo para tener una madurez mental definitiva. Esto también afecta gravemente su identidad sexual, porque la misma sociedad incita a tan temprana edad a definir su preferencia sexual aún sin tener la conciencia necesaria para entender este tema.

 La sociedad contemporánea a través de un pernicioso uso de los medios de comunicación masivo ha deformado la sexualidad humana, se han potenciado una serie de mitos que afecta la salud psíquica de los niños quienes terminan por creer que una conducta o acción debe ser interpretada dentro de un contexto sexual, cuando esta interpretación carece de todo sustento. Los mismos adultos confunden a tan temprana edad a los infantes, les “inculcan” errados conceptos de lo que es sexo o de cómo debe tratarse a las personas del género opuesto y si el adulto no esta en capacidad de educar a un niño en algo tan delicado, entonces ¿cómo podemos confiar en que ese futuro adulto será una persona de bien?

 Pero el factor más preocupante es el cómo moldeamos la mente tanto del padre como del hijo: el ambiente social presiona incesantemente a ambos a experimentar con el sexo sin ninguna responsabilidad, todo en nombre de las “libertades sexuales” conquistadas. Hemos normalizado el libertinaje y lo disfrazamos de “entretenimiento para adultos” que aunque vengan con advertencias, igualmente llega por caminos ocultos a la mente de los niños para deformarla. Basta ver detalladamente el mercado de los videojuegos para notar como se muestra de forma descarada personajes, situaciones, vestuarios…con una marcada intención de llamar la atención sexual del jugador.

La falta de escrúpulos comerciales en el mundo publicitario, siempre objeto de convulsas polémicas, ya no se limita a explotar mediáticamente el sexo con una serie de productos específicos ahora se ha aceptado que cualquier producto se vende si se le saca provecho a ello; es así como los publicistas inundaron los sentidos de la gente con atrevidas compañas para vender cualquier cosa y siembran ridículas fantasías en las mentes de las personas. A pesar de que sectores claves de la sociedad civil y del gobierno protesten, la astucia de los publicistas para introducir sexo hace difícil detectarlo con prontitud. Las mentes adultas se deforman y después degeneraran a las de los niños creándose un evidente ciclo vicioso.

 Tampoco se puede omitir como la música se ha sexualizado, es lamentable el enorme impacto que tienen “cantantes” que en sus videos y letras explotan el sexo de forma libertina o sino lo usan en sus espectáculos para sacar el mayor partido a su fama, si algún acontecimiento de su vida privada surge en los medios de comunicación; tienen más atención lo relacionado a su vida sexual que otra cosa: vestuarios provocativos, gusto atípicos, comportamientos “liberales”, los escándalos amorosos o en lugares públicos protagonizados por ellos que tengan el sexo como núcleo es sobreexpuesto en la escena pública.

 Estamos tan acostumbrados a este grosero bombardeo mediático que muchos no evitan pensar en sexo cuando se vuelve conocida una estrella pop femenina, es frecuente que se realicen apuestas para ver cuando se “desnudará” dicha estrella porque se ha aceptado que la fama se mantiene mediante actos deshonestos, incluido el explotar la sexualidad humana de forma enajenante. El mérito artístico no existe para el gran público. Quienes aspiren a lo contrario, más si son mujeres, son tildados de “anticuados” o de “ilusos” por ello muchas damas con criterio deben enfrentar a un mundo que pareciera preferir lo más bajo y obvio, en vez del talento.

 En este mismo orden de ideas, vemos que los caballeros dedicados a la música tampoco se salvan de las presiones sociales sobre su sexualidad, los mismos admiradores han creado un oscuro culto lujurioso sobre su imagen y dejándose llevar por una perturbadora imaginación ya no distinguen, a diferencia de otras épocas, lo que es el ídolo como persona del ídolo como objeto de placer carnal. Los “fan pages” de muchos grupos juveniles masculinos se saturan de cibernovelas* protagonizadas por ellos llenos de aberrantes historias de  alto contenido sexual donde sus autores -y lectores- son cada vez más jóvenes, mentes poco preparadas como para pensar –y entender debidamente- en sexo. Hay cantantes que denuncian haber sido acosados por admiradoras enloquecidas quienes tocaron sus partes intimas o que les robaron su ropa interior… prenda que fácilmente nuestra sociedad lo vinculan con sexo, en vez de ropa.

 Internet tampoco se escapa de ser un vehículo de sexualidad deformada, su masificación provocó la multiplicación de sitios pornográficos legales e ilegales a los cuáles todos tienen acceso, incluidos menores de edad. Hasta aquí, esto no es novedoso, lo que si es alarmante es que los padres no presten atención de que ven sus hijos en la red, hay mucho relajamiento por parte de estos dado que se siente en desventaja frente a sus hijos porque estos dominan la tecnología y ellos no. Subestiman los peligros que conllevan los contenidos pornográficos que existen en la red para su seguridad física y psíquica siendo frecuente que los chicos terminen siendo tristes protagonistas de hechos lascivos o victimas de pedófilos. En el peor de los casos, los chicos pueden volverse adictos a la pornografía y enfermar su mente.

 Sobra decir que detrás de la pornografía, existe la mezquindad, porque son muchos los países quienes perciben considerables ganancias con este “mercado”. Todo intento de prohibir o aplicar censuras más drásticas contra la pornografía  chocan con manidos discursos que invocan la “libertad de expresión” dentro del medio o chantajes de grupos económicos poderosos que se benefician de este “negocio” que obligan a abortar cualquier iniciativa de cambio, sin olvidar las presiones de los consumidores asiduos.

 Ante la falta de acuerdos, creemos que darle a la industria pornográfica “legal” una imagen “socialmente responsable” e incluirlas en los esfuerzos para luchar contra la pedofilia, el maltrato hacia las mujeres, la práctica del sexo seguro… somos menos dañinos, cuando la realidad es que nadie quiere perder sus beneficios en un negocio que esta demostrado degenera los instintos humanos, estimula los prejuicios, promueve el machismo –y el sexismo-, reduce a la mediocridad al ser humano entre otras males que quisiéramos atribuir a algún “demiurgo” sobrenatural inexistente. Nos destruye la hipocresía y no queremos admitirlo.

 Habría que agregar la insólita “tradición” en algunas familias de “invitar al sexo” a las fiestas infantiles. Aunque suene absurdo en las redes sociales, por ejemplo, podemos ser testigos de cómo padres irresponsables alienan a sus hijos en sus fiestas de cumpleaños mediante pasteles, dulces u objetos con forma de órgano sexual sin olvidar las piñatas con dicha figura. Tampoco podemos dejar pasar que  esas fiestas están acompañadas de la música más sexualizada que el mercado puede ofrecer y los padres no pierden la oportunidad de “enseñarles” a sus hijos como bailar el ritmo de turno que nunca esta libre de tener alguna pose o gesto sexual. Los padres lo celebran, posteriormente lo publican y comparten en las redes sociales contando con el apoyo de familiares y amigos.

 ¿A qué nos enfrentamos actualmente, a nivel social, en lo que respecta al sexo? Simplemente tenemos una sociedad que confunde el sexo con el amor, no termina de entender que lo primero es una expresión de lo segundo; parte de una sensación tan profunda que difícilmente se puede expresar en palabras. Ambos van de la mano y en perfecta relación armónica, pero el ser humano con sus adicciones ha destruido ese delicado equilibrio. Creemos que las preferencias sexuales tienen que ver con el amor, esto es un error, las preferencias parten de los preconceptos que tenemos de “ideal sexual” y de nuestros instintos.

 El amor parte de una sensibilidad de los sentimientos muy superior a la mente y al instinto, está en un nivel “espiritual” cuya teorización es imposible. Sin embargo, estamos tan confundidos por causa de nuestro entorno alienante y nuestra mediocridad que no sabemos distinguir nada, abrazamos el hedonismo para atribuirle una condición que sólo puede ser experimentada desde lo más grande de nuestras almas, si es que nos queda. En el siglo pasado la gente se quejaba de “no contar con libertad amorosa y sexual”, protestaba por los “perniciosos tabúes que impedían un diálogo sincero sobre el sexo”…han pasado los años, los resultados no son tan alentadores, los enemigos de una sexualidad responsable ya son tabúes o “mentalidades pacatas”, ahora son el libertinaje, el culto al sexo, la sacralización de los banal, la incomunicación de padres e hijos y la degeneración de los instintos humanos… ¡Ah!  Pero si usted se opone a la “modernidad sexual” quizá lo tilden de pacato, aún cuando usted sea una persona consciente, preocupada del bienestar de la sociedad.

 Si los padres no les transmiten a sus hijos su sabiduría, si la sociedad no le da importancia de la responsabilidad, si sólo nos entregamos a la vaciedad del más obsceno hedonismo, entonces, nuestro futuro no será nada alentador… el ser humano como ser consciente perdería sentido y nos hundiríamos en la barbarie.

 Cierro esta entrada con este fragmento del libro Los derechos del niño y la salud mental  Caracas, Venezuela. Monte Ávila Editores Latinoamericana, C.A. 1997. De el eminente médico,  profesor e investigador venezolano José Orellana:

 “….aparece la postmodernidad, o neomodernismo como sería más apropiado, ávida de cambios y celeridad y con ella emerge un individualismo exagerado, expresado a nivel de un narcisismo patológico; la postmodernidad significa el predominio de lo efímero, de lo fugitivo, de lo discontinuo, con un ser humano absorto, deslumbrado, expectante y seducido por los modernos magos, sembradores de ilusiones, representados por la extrema potencialidad de los medios de comunicación masivos y el despliegue de tecnologías que reemplazan a la realidad y nos crean una realidad virtual, ilusoria, que nos estimula mucho más que lo real verdadero; el tiempo lento, circular, detenido de “Cien años de soledad” se contrapone a los tiempos ultrarrápidos del momento actual. Ya casi nada parece generar perplejidad ni asombro; la única realidad válida es la del presente; el aquí y ahora; todo vale y todo se puede;  la reflexión da paso a la emoción; a lo pasajero. Todo este pensamiento postmoderno influye sobre el sexo; un buen porcentaje de hombres y mujeres se han apresurado a vivir el momento; a la relación fugaz; al placer de lo inmediato, a conciencia de que con ello renuncian al verdadero placer, al placer decantado y maduro”.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Nota: una cibernovela es un relato que se publica en Internet por entregas parecido a las “novelas de folletín” del siglo XIX. Cada nueva entrada que haga su autor en un blog, foro, página web o red social constituye una continuación del relato. Es frecuente que escritores noveles se den a conocer por este medio, antes de ser contratados por una editorial reputada.

 

 

 

 

 

 

La fauna urbana: víctimas silenciosas.

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                           Imagen de Manejo Humanitario de Fauna Callejera.

Ya es demasiado frecuente en las grandes urbes, escuchar las escalofriantes noticias sobre las atrocidades que comenten las personas contra los animales domésticos. Si bien no es novedosa esta realidad, lo que preocupa en los actuales momentos es la percepción absurda de considerar a los animales como objetos que puedes usar y tirar.  Creemos erróneamente que los animales como no poseen facultades racionales deben estar en absoluta dependencia del ser humano que si piensa y razona, sin embargo, olvidamos que ellos pueden sentir y “comunicar”, de manera distinta, las mismas necesidades básicas que podría requerir un ser humano. Esta evidenciado por medio de la ciencia, que los animales desarrollan capacidades complejas que no los alejan mucho de los humanos y no esta demás decir que ellos pueden desarrollar habilidades increíbles en beneficio del hombre, por eso surge la interrogante: ¿Por qué los subestimamos?

Los animales domésticos, los adoptamos desde tiempos ancestrales para servirnos de compañía y apoyarnos en sus facultades, a protegernos de amenazas comunes, no obstante han tenido que soportar en silencio las irracionalidades humanas, son irrespetados por la gente quienes los ven como un “foco de infección”, las autoridades corruptas quienes prefieren abandonarlos a su suerte o asesinarlos en masa cuál genocidio urbano, a parte de lidiar con el abandono. Muchas ciudades se vuelven en auténticos  “zoológicos públicos” donde los animales luchan para sobrevivir, sorteando las dificultades de un ambiente lleno de peligros ante la perplejidad e indiferencia de la gente.

 Si no es la vejación pública lo que tienen que soportar, esta la que sucede en la vida privada. Algunos dueños los toman para desahogar sus frustraciones dejándolos en un estado deplorable, las más bárbaras prácticas se realizan sobre sus cuerpos sin poder siquiera protestar estando a merced de la insensatez de mentes enfermas. Aquellos que tienen hijos, son más brutales todavía pues tienden a convertirlos en cómplices y participes del maltrato hacia al animal que posean, hasta el punto que estos terminan viéndolo como “un juego” macabro, pero gratificante. No es entonces descabellado pensar que nuestra sociedad incuba monstruos que más adelante harán lo mismo con todos los demás, sin importar las consecuencias. Nadie puede negar que eso sea fascismo.

 Será entonces ¿qué tenemos una sociedad que odia a los animales?, más bien odia la naturaleza y a sus creaciones, inclúyase los animales domésticos, estamos tan habituados a creer que ellos provienen del mundo del hombre y no que son fruto de la naturaleza, ella nos dio la responsabilidad de cuidarlos y quererlos, pero nosotros con nuestro egoísmo hemos fallado. Estamos demasiado convencidos de que somos la especie más relevante por el simple hecho de pensar y razonar, le arrebatamos a las demás especies su dignidad en “nombre de la satisfacción de nuestras necesidades”, porque si no experimentamos en los animales el progreso médico no sería posible o porque nuestra soledad es tan abrumadora, que debe ser curada con la compañía de algo externo aún cuando no podemos comprenderlo, sufriendo los animales las consecuencias de nuestras carencias existenciales.

 Hemos aceptado una premisa fascista* de que los animales son inferiores, los vemos como estorbos en nuestra vorágine de acaparar más de lo que necesitamos, cosa que en una urbe se refuerza eficientemente más aún si esta regida por valores morales laxos y autoridades indolentes. La competencia desmedida del ser humano por obtener placer o un espacio físico acorde a sus necesidades priva a los animales domésticos de sosiego: la contaminación, el ruido, el hacinamiento de los espacios públicos, el auge de la distracción por la electrónica de consumo, la reducción del espacio físico y la deshumanización de la ciudades deja vulnerables a los animales a peligros indirectos creados por el crecimiento desmedido de las urbes. Cuando esto pasa nadie presta atención a los animales, solo a los seres humanos que ignoran de la suerte fatal de ellos.  La excusa predilecta para ocultar esta lamentable realidad es: “bueno, si ellos no viven bien, que se consuelen con saber que nosotros vivimos peor”.

 No vamos a cambiar nada solamente con leyes más severas a quienes maltratan a los animales, aplicando controles más estrictos a quienes poseen mascotas o tratando como criminales, por ejemplo, a ciertas razas de perros quienes por motivos genéticos pueden ser peligrosos. Eso sólo solventa temporalmente un problema externo, más no a los animales ni a los seres humanos. Craso error. Debemos dejar atrás nuestra patética creencia que somos una raza superior, el seguir negando que parte de nosotros provenga del reino animal y por eso respetar a la naturaleza con sus creaciones. Haciendo un esfuerzo en modificar nuestra civilización, hostil a la naturaleza, por una empatica hacia ella podría solucionar tantos conflictos.

 Aceptando que ella es parte también de nosotros podríamos remediar nuestra triste condición de bárbaros intelectualmente evolucionados. Todas las escuelas de pensamiento coinciden en que el daño que les hacemos a los animales también nos los hacemos a nosotros además, refleja como somos interiormente. No es posible ni justo que siendo tan evidente que el hombre depende de la naturaleza y sus hijos para existir; pretenda renegar de ella queriendo esclavizarla para los más banales propósitos, y el maltrato de los animales es un llamado de alerta para que se detenga de lo contrario, aunque colonicemos otro planeta, la humanidad como especie se terminará marchitando.

 Renunciando a maltratar a los animales domésticos, también curamos el dolor de la madre naturaleza…

Recomiendo unirse a estos dos grupos en Facebook si quieren cambiar la situación de los animales.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Nota: Se aplica el término fascista en este caso, a la mentalidad supremacista del ser humano de creer que es el más evolucionado del reino animal y amparándose en eso, abusar de las demás especies con las cuáles comparte el mundo.