El fenómeno “Celebrities”.

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La fama en la actulidad se ha visto distorsionada-Google Images

“Una sociedad depende de la calidad de sus dioses”.

                         María Zambrano, filósofa española

Un aspecto de la sociedad contemporánea que no deja de causar controversia es la necesidad de ser famoso y reconocido, de ser aprobado por un público diverso sólo con el interés de gratificar el ego. No se puede condenar esta peculiaridad siempre que esta fama se deba a un mérito o logro obtenido por el esfuerzo en alguna disciplina creada por el hombre, cuyo fin es resaltar las destrezas del espíritu humano ante la adversidad. La fama es una consecuencia causada por un hecho atípico.

 Pero, ¿qué pasa sí la fama sólo busca reflejar lo efímero?, ¿qué clase de ejemplos resaltamos si aceptamos conductas antisociales como parte de la vida de alguien célebre?, ¿no se estaría aprobando una forma, poco sutil, de antivalores?

 En una época hipermediática como la actual, se considera “normal” que personas sin ningún aporte positivo para el progreso humano sean famosa y se resalten sus acciones como ejemplificantes; esto no necesariamente es deliberado pero sus consecuencias terminan por destacarlos. Son personas carentes de talentos trabajados, fácilmente propensas a la vanidad que siempre viven del reconocimiento social y juegan de forma poco ingeniosa, con su imagen proyectada en los medios de comunicación. Sin embargo, lo preocupante no es el personaje en sí, sino la reacción de la gente.

 Se supone que nuestra cultura enseña que el esfuerzo y la dedicación así como la debida ilustración de un individuo pueden abrir las puertas al éxito social. Resalta, por ejemplo, el conocimiento para lograr un fin elevado; con la premiación de la celebridad sin ningún aporte relevante para el desarrollo humano se crea un camino paralelo pernicioso, que atenta contra la meritocracia existente en una sociedad abierta. La gente aceptando sin meditar estas celebridades no solo exhibe un morbo despreciable por lo nimio sino que también buscará imitar dicha conducta. Cualquier persona deja de vivir su realidad  por buscar una ilusión peligrosa creada sin escrúpulos.

Las personas siguiendo estos ejemplos parecieran negarse a asumir la responsabilidad de dirigir su destino bajo su propio criterio, prefieren renunciar a todo con tal de experimentar algo que no surgió de sus ideas sino que es un burdo espejismo ideado en mentes perturbadoras no porque sean maléficas, sino inconcientes y creen que así pueden lograr el éxito social. Nos enfrentamos ante un público pobre de alma, pero “rico” en impurezas mentales que les impide ver con sentido crítico lo que le ofrece la celebridad de turno. Hasta la palabra fama se ha visto deformada ante tantos personajes dañinos popularizados por el público.

 Lo más lamentable de todo es el caso de aquellos “artistas” cuyo éxito no radica tanto por su trabajo sino en el vivir del escándalo, a veces provocado, y de la excesiva atención mediática, cualquier insensatez que digan o hagan es celebrado por sus admiradores al tiempo que se da la mayor cobertura posible aún cuando lo que hagan sea amoral u ofensivo. Si su acción tropieza con temas sensibles lo resuelven con una “disculpa” fabricada e insincera, igual sabe que reincidirá mientras lo anterior pasará al olvido. Sus admiradores lo aprobarán sin cuestionar, sonreirán y dirán: “el show debe continuar”.

 Los admiradores de algunos artistas contemporáneos, lejos de ser personas que aprecian sus talentos parecen miembros de una fraternidad fanática que impone su voluntad y protagonizan episodios bochornosos en nombre de su “ídolo”, aprueban todo lo que haga, no reflexionan sobre sus actos y viven adictos al mundo que ha creado el “artista”, carecen de otro interés en la vida que el “adorarlo”. Su conducta, es próxima al de cualquier fanático integrante de una secta o grupo político radical. A parte de eso, existen casos de seguidores que buscan llamar la atención de su “ídolo” llegando a participar en actos absurdos, aunque ante los ojos de los demás admiradores no lo es, es parte del furor que causa su “ídolo” y lo aprueban, salen en su defensa, llama la atención e irónicamente se vuelve una celebridad.

 Otro curiosa fase de este fenómeno, es el de personas que accidentalmente se vuelven populares aunque parezca ilógico, existen casos de sujetos que por una serie de hechos casuales y cotidianos se vuelven famosos, siendo blanco de burlas, comentarios, o chanzas. Se crean historias “fantásticas” alrededor de la causa de su fama, formando prejuicios de esa persona que terminan por destruir su imagen ante los demás; basta solamente con consultar sitios como YouTube o en las redes sociales para ver la ingente cantidad de fotomontajes, cometarios, grupos o videomontajes que denigra y populariza a una persona sin ser esta su voluntad. Lo rutinario se vuelve objeto de culto, cualquier acontecimiento “inusual” termina siendo glorificado en la red.

 ¿Qué refleja el fenómeno “celebrities”?, como mencione más arriba vivimos en una sociedad hipermediática que en poco menos de un siglo se ha vuelto adicta a la imagen, a lo externo y a la provocación. Se creó una idea transgresora de romper los límites que deben existir entre la imagen pública y el respeto de una persona; sin ellos junto con la tecnología actual, la irresponsabilidad es premiada porque se obtiene fama. Un concepto de fama narcisista, que no concibe metas ni objetivos únicamente lo inmediato, un perpetuo presente que se mide por la cantidad de personas que acepta lo que ven sin cuestionar, porque existe una identificación con lo mediocre.

 Refleja una conflictiva relación hereditaria no resuelta entre los valores y sus opuestos en la esfera mediática que vuelve adicto al público a lo negativo, a la destrucción de la sana convivencia entre los miembros de una sociedad. Forma mitos absurdos de temas delicados para deformar la verdad que hay  detrás de ellos, así vemos como las mentes más jóvenes se degeneran haciendo caso omiso a la templanza dejándose arrastrar por la sed de reconocimiento social.

 Nadie puede negar que muchos adolescentes parecieran más ocupados en lograr notoriedad que trazarse metas que les permitan ser personas de bien; la misma sociedad y sus “ídolos” los presionan a que se preocupen por cosas vacías e inviertan sus energías en ellas, después nos quejamos que tenemos una “sociedad enferma, llena de jóvenes alienados”. Lo mejor que se puede hacer para enfrentar esta contrariedad es rescatar los valores, debemos comprometernos desde lo cotidiano y más allá a enseñar lo que es realmente importante, entiéndase, el respeto por los demás, tomar conciencia de que todos nuestros actos tienen consecuencias.

 Debe resaltarse que una persona debe apreciarse a si misma, sin caer en el narcisismo, más que depender de la aprobación  de los demás para valorarse, al mismo tiempo se le invita a interiorizarse para resaltar sus cualidades positivas y ser alguien valioso por sus talentos, no por lo que se diga de ella. De no hacer nada contra esto, estaremos permitiendo que las próximas generaciones se vuelvan adictos a comportamientos antisociales, lo cuál no sería deseable para el progreso humano.     

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

 Nota: el autor recomienda la siguiente literatura con el fin de profundir este y otros temas que sirvieron para la redacción de la presente entrada.

  • Narcisismo: una epidemia de nuestro días. Encantado de conocerme. Artículo de la revista Muy Interesante año 17, número 193.
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